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El Lado Oscuro De Mi Tutor.

El Lado Oscuro De Mi Tutor.

Status: Terminada
Genre:Amor prohibido / Posesivo / Completas
Popularitas:13.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Roxana Fernández

Para Alexander Rivas, el control lo es todo. Como el profesor más temido de la facultad, su arrogancia es su armadura y su intelecto, su arma más letal.

Pero cuando se cruza con Valentina Soler, una alumna que no baja la mirada y que desafía cada una de sus reglas. Siente que su dominio y autocontrol está tambaleando ante el deseo de tenerla.

​Lo que comienza como una guerra de voluntades pronto se convierte en sombras y un deseo voraz que amenaza con destruirlos a ambos.

Sin embargo, en el juego de la seducción, el peligro no es solo ser descubiertos.

Un secreto familiar, enterrado bajo años de mentiras, comienza a salir a la luz.

¿Qué pasará cuando descubran que sus vidas han estado entrelazadas desde mucho antes de conocerse?

¿Lograrán mantenerse unidos después de revelar ese secreto que puede destruirlos a ambos?

NovelToon tiene autorización de Roxana Fernández para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 9. Fuego bajo la piel.

Capítulo 9

Fuego bajo la piel.

El día siguiente se veía mucho más despejado, la luz del sol resplandecía débilmente, por primera vez en toda la semana, pero la claridad del cielo no logró apagar el incendio que crecía dentro de Valentina.

La noche anterior, su cuerpo aún temblaba por el beso que Alexander le había dado. No era solo un roce de labios; fue una confesión brutal, un derrumbe emocional. Su piel aún podía sentir la fuerza con la que él la había sostenido, como si fuera su único ancla en medio del caos.

Se había dicho a sí misma que no lo presionaría. Que le daría espacio. Pero sabía que era mentira. No podía pensar en otra cosa que no sea volver a besarlo.

En clase, Alexander estaba más hermético que nunca. Vestía una camisa negra, con las mangas arremangadas hasta los codos, dejando al descubierto los antebrazos marcados. No la miraba. No le dirigía palabra. Parecía haber retrocedido tres pasos. Como si quisiera borrar todo lo que había ocurrido entre ellos.

Pero ella sabía la verdad. Sintió su respiración entrecortada, el temblor en sus dedos al sentir la piel de su cintura, el fuego en sus labios. Nada de eso podía fingirse.

Cuando la clase terminó, él recogió sus cosas con rapidez. Pero antes de que pudiera cruzar la puerta, Valentina habló:

—¿Vamos a seguir fingiendo que nada pasó?

Alexander se detuvo. Cerró los ojos por un instante. Luego, sin voltearse, dijo:

—Pasa por mi oficina esta tarde. Cuatro en punto. Y no llegues tarde.

Valentina sonrió. Eso era más de lo que había deseado escuchar.

Las horas pasaron como siglos. Valentina no lograba concentrarse en ninguna otra materia. Su cuerpo estaba inquieto, expectante, como si supiera que algo estaba por suceder.

Cuando finalmente se hizo la hora, se dio un baño rápido y se cambió de ropa, eligiendo un conjunto sencillo pero favorecedor: jeans oscuros ajustados, blusa blanca de botones, cabello suelto.

Nada escandaloso. Pero sabía perfectamente lo queprovocaría en él.

Caminó hasta la oficina de Alexander con el corazón palpitando en la garganta. Tocó la puerta con dos golpes suaves. La voz de él, grave, le respondió desde dentro:

—Adelante.

Entró. Él estaba de pie junto a la ventana, como la última vez. Pero esta vez la miró directamente. Y algo en su expresión le hizo contener la respiración.

No había enojo. No había distancia. Había deseo. Un deseo que quemaba por dentro. Un deseo insano, pero vivo.

—Cierra la puerta —dijo él.

Ella obedeció. El golpe seco del cerrojo tras asegurar el pasador fue como un disparo sordo en medio del silencio. Alexander se acercó despacio, hasta quedar frente a ella.

—Lo que pasó ayer fue un error —su voz era baja, pero firme.

—¿Y por qué me pediste que viniera aquí entonces? —replicó ella, levantando la barbilla.

Él no respondió de inmediato. La observó. Como si intentara grabarse cada detalle de su rostro.

—Porque no puedo dejar de pensarte. Porque cada vez que cierro los ojos... estás ahí. Y eso me está destruyendo por dentro.

—Entonces deja de resistirte a lo que sea que estás sintiendo —susurró ella.

Alexander levantó una mano, y la acarició con la yema de los dedos desde la mandíbula hasta la clavícula. El contacto fue tan delicado como abrasador.

—No quiero lastimarte, Valentina.

—Ya me estás lastimando con tu silencio. Y con tu indecisión.

Esa fue la gota final.

Alexander la atrapó por la cintura y la besó con toda la furia contenida. Esta vez no hubo titubeos. No hubo control. La alzó en brazos y la llevó hasta el sofá de cuero junto a la biblioteca, sin romper el contacto de sus labios.

Valentina sintió cómo el mundo se desdibujaba. Sus manos se aferraban a los hombros de él, mientras su cuerpo era devorado por unas manos grandes y firmes que sabían exactamente dónde presionar, dónde hacerla arder.

Él desabotonó su blusa con dedos impacientes, dejando al descubierto su piel pálida.

Su boca descendió por su cuello, su clavícula y sus senos, mientras ella se arqueaba debajo de él, buscando más. Queriendo todo del hombre que no podía dejar de desear.

Pero en medio del caos, él se detuvo.

—Necesito escucharlo de ti —susurró contra su oído—. Dime que lo quieres... que me quieres.

Ella abrió los ojos, jadeando.

—Te quiero. Lo quiero todo... contigo. Alexander. Todo.

Alexander soltó un suspiro tembloroso, como si esas palabras lo liberaran de toda culpa. O más bien, de una prisión interna. Bajó la cabeza y volvió a besarla, esta vez con ternura. Como si quisiera memorizar el sabor de sus labios.

Las caricias se tornaron más suaves, más íntimas. Él la apretaba con las manos, sin prisas, como si tuviera miedo de romperla. Y sin embargo, el deseo estaba ahí, latiendo como una bestia bajo la piel.

Los minutos se deshicieron entre suspiros, gemidos ahogados, palabras que no eran comprendidas, solo sonidos que salían de lo más profundo de su alma. No hubo penetración, pero fue más íntimo que cualquier acto sexual.

Fue entrega. Una confesión silenciosa de lo que no se atrevían a decir en voz alta.

Él bajó lentamente hasta su entrepierna y se deleitó de todo su néctar mientras acariciaba sus pliegues con la punta de su lengua.

Ella arqueaba su espalda, disfrutando de las sensaciones que él le brindaba con su tacto, lo que se le hacía tan desconocido como placentero.

Cuando todo terminó, él la sostuvo entre sus brazos, aún sobre el sofá. Valentina descansaba la cabeza en su pecho, escuchando los latidos acelerados de su corazón.

—Esto va a complicarlo todo —murmuró él.

—Ya estaba complicado, desde el primer día que nos vimos —respondió ella con una sonrisa satisfecha—. Pero no me importa.

Alexander acarició su cabello en silencio. Y por un momento, pensaron que el mundo podía quedarse quieto para ellos.

Pero el mundo no se detuvo.

Desde el pasillo, alguien se alejaba en silencio, tras haber visto suficiente a través de la estrecha rendija de una persiana mal cerrada.

Se marchó con los puños apretados, el rostro desencajado y los ojos encendidos por una mezcla de rabia y obsesión.

Iván.

La había seguido desde su edificio. Sabía que ella se vería con esa persona que estaba atrapando toda su atención. Estaba convencido de que algo pasaba. Pero verlos juntos... ver cómo su profesor la tocaba, cómo ella se derretía por él... fue más de lo que su mente inestable podía soportar.

—No puedes simplemente abandonarme —murmuró un Iván muy enojado—. No permitiré que se salgan con la suya... porque si ella no está conmigo. Entonces no permitiré que esté con nadie.

Y ese día, algo dentro de Iván se rompió.

Horas después, Valentina caminaba de regreso a su dormitorio, con el cuerpo vibrando y la piel aún encendida.

Su corazón latiendo como si no fuera suyo.

No era una chica inocente. Ya no. Había cruzado una línea de la cual no había retorno. Y lo había hecho con los ojos abiertos.

Pero no se arrepentía.

Porque por primera vez en su vida, sentía que alguien la estaba mirando de verdad. No como la niña rica de una familia adinerada, la alumna brillante o la chica callada.

Alexander la veía como una mujer. Y la había tocado como si fuera su única salvación.

Y eso, lo había cambiado todo.

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Alcira Ascanio Felizola
excelente historia
Yura Ran
Romana muchas gracias por tan hermosa novela. excelente /Rose//Rose//Rose//Rose//Rose//Beer/
Yura Ran
muy hermoso y tierno. 👌😊
Xair Victoria
Ese amor es invencible ☺️
Xair Victoria
Me encanta esta novela
Marita Peña
HERMOSA HISTORIA
Marita Peña
👏👏👏👏TREMENDO FINAL
Marita Peña
NO IMPORTA EL DINERO NI LA EDAD
Marita Peña
ME IMAGINO QUE SI DUELE EN DEFINITIVAMENTE ES SU PADRE
Marita Peña
ESTA PAREJA ARDE
Marita Peña
INTERESANTE
Marita Peña
POR SUERTE TODO SALIO A LA LUZ
Marita Peña
👏👏👏
Marita Peña
HERMOSO CAPÍTULO
Marita Peña
👏👏👏POR SUERTE SE SACARON UN CLAVO
Marita Peña
SIEMPRE LO E DICHO ELLOS JUNTOS SON INVENCIBLES
Marita Peña
EXACTO JUNTOS
Marita Peña
👏👏EXCELENTE
Helizahira Cohen
he leído varias con el mismo estilo pero con diferencias
Marita Peña
Y SI TOD@S VÍCTIMAS DE ESTE SOLER
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