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¿Te Amo O Te Odio?

¿Te Amo O Te Odio?

Status: Terminada
Genre:Amor-odio / Matrimonio arreglado / Completas
Popularitas:1.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Lisi A. A

Mauricio y Celine no tuvieron el mejor comienzo, así que les tocará a ellos vencer los obstáculos que el destino les ha puesto para determinar que final quieren para su matrimonio. intrigas, secretos, envidias y más

NovelToon tiene autorización de Lisi A. A para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO FINAL: Donde el amor no fue una mentira

El silencio después de aquella voz no fue vacío.

Fue suspensión.

Como si el mundo hubiera dejado de obedecer las reglas de siempre.

Celina seguía con el teléfono pegado al oído, pero su cuerpo no respondía del todo.

—Mi niña…

Esa frase.

Esa voz.

Algo dentro de ella, algo que no había sido tocado por años de dudas, se quebró lentamente.

—¿Mamá…? —susurró.

Del otro lado no hubo respuesta inmediata.

Solo respiración.

Temblorosa.

Humana.

Real.

Valentina dio un paso hacia adelante.

—Celina, no… no sigas esa llamada.

Pero Celina no la escuchó.

Mauricio sí.

Y lo único que hizo fue mirarla.

No con miedo.

No con sorpresa.

Sino con algo mucho más profundo.

Como si ya no hubiera vuelta atrás… pero tampoco quisiera que ella estuviera sola en ese instante.

—Estoy aquí —dijo él en voz baja.

Celina giró apenas la cabeza hacia él.

Los ojos llenos de lágrimas.

Y en ese gesto mínimo, Mauricio entendió algo que no necesitaba explicación.

Ella no estaba eligiendo entre verdades.

Estaba sobreviviendo a ellas.

—Celina… —la voz del teléfono volvió—. No deberías estar escuchando esto aquí.

Celina tragó saliva.

—¿Dónde estás?

Silencio.

Luego:

—No puedo decírtelo todavía.

El aire en la habitación se volvió más pesado.

Inés apretó los labios.

El padre de Celina no se movió.

Valentina parecía haber perdido por primera vez el control de la situación.

Y Mauricio… simplemente dio un paso más cerca de Celina.

No para tomar el teléfono.

Sino para sostenerla.

—Dime la verdad —dijo Celina, con la voz rota—. ¿Estás viva?

La respiración del otro lado se detuvo.

Y entonces:

—Sí.

Una sola palabra.

Suficiente para derrumbar veinte años de ausencia.

Celina cerró los ojos.

Las lágrimas ya no se contenían.

—¿Por qué…? —su voz se quebró—. ¿Por qué me dejaste?

Un silencio largo.

Doloroso.

Y luego:

—Porque si me quedaba… te destruían conmigo.

Mauricio cerró los ojos un segundo.

Porque entendía demasiado bien ese tipo de decisión.

Celina negó lentamente.

—Yo no necesitaba protección… necesitaba a mi madre.

El teléfono guardó silencio otra vez.

Y esta vez, la voz al otro lado se escuchó más cercana emocionalmente, aunque no físicamente.

—Te amo.

Celina apretó el teléfono con fuerza.

—Yo también te amé sin conocerte.

Esa frase cayó como un golpe silencioso.

Mauricio la miró.

Y algo en su pecho se apretó de una forma inesperada.

Porque entendió que el amor de Celina no era ingenuo.

Era resistencia.

Era supervivencia emocional.

Era vacío convertido en fuerza.

—Voy a encontrarte —dijo Celina de repente.

—No —respondió la voz—. No todavía.

—¿Por qué?

—Porque aún no es seguro.

Valentina cerró los ojos.

Como si esa frase confirmara todo lo que había temido.

Mauricio dio un paso más.

—Celina… —susurró.

Ella no lo miró.

No porque lo ignorara.

Sino porque estaba sosteniendo un mundo entero con una sola conversación.

Mauricio entendió.

Y esperó.

Cuando la llamada terminó, el silencio fue diferente.

Ya no era misterio.

Era duelo.

Celina bajó el teléfono lentamente.

Como si el peso de la realidad fuera demasiado para sus manos.

Se quedó quieta.

Respirando entrecortado.

Mauricio no esperó permiso.

Se acercó.

Y la abrazó.

Sin palabras.

Sin preguntas.

Solo presencia.

Celina no reaccionó al principio.

Luego, lentamente, se rompió.

Apoyó la frente en su pecho.

Y lloró.

Sin control.

Sin vergüenza.

Sin fuerza.

Mauricio cerró los ojos.

Y la sostuvo como si fuera lo único estable en un mundo que ya no lo era.

—No estás sola —dijo él en voz baja.

Celina negó contra su pecho.

—Sí lo estoy… he estado sola toda mi vida.

Mauricio apretó un poco más el abrazo.

—No más.

Silencio.

Celina respiró hondo.

—Me mintieron todos…

—Lo sé.

—Mi padre…

—Lo sé.

—Mi madre…

Mauricio cerró los ojos con fuerza.

—Está viva.

Celina se apartó apenas lo suficiente para mirarlo.

Sus ojos rojos.

Rotos.

Humanos.

—¿Y qué hago con eso ahora?

Mauricio no dudó.

—Lo que tú decidas.

Celina lo miró.

Como si esa respuesta fuera demasiado simple para el caos que vivía.

—No tengo decisiones… solo ruinas.

Mauricio negó suavemente.

—No.

Pausa.

—Tienes una verdad. Y sigues aquí.

Celina lo observó en silencio.

Y por primera vez en todo el caos… algo cambió en su expresión.

No era esperanza aún.

Pero era algo parecido.

Valentina observaba desde un rincón.

Inés también.

El padre de Celina estaba sentado, derrotado.

Y el teléfono en la mesa había quedado en silencio.

Pero la historia no.

Mauricio finalmente habló sin soltar a Celina del todo.

—Esto no termina aquí.

Valentina lo miró.

—No.

Inés añadió:

—Esto apenas está comenzando.

Celina levantó la vista.

—¿Qué significa eso?

Valentina dudó.

Por primera vez.

Y luego dijo:

—Significa que el hecho de que Lucía esté viva… no es una victoria.

Pausa.

—Es una reactivación.

Mauricio frunció el ceño.

—¿Reactivación de qué?

Valentina lo miró con seriedad.

—De todo lo que intentaron enterrar.

El silencio volvió a caer.

Pero esta vez Celina no se quebró.

Se sostuvo.

Y Mauricio lo notó.

Porque su mano seguía en la de él.

Y no la soltaba.

Horas después, ya fuera de aquella casa, el mundo parecía el mismo.

Pero no lo era.

El aire era distinto.

Más consciente.

Más pesado.

Celina caminaba lentamente junto a Mauricio.

Sin prisa.

Sin destino claro.

Solo caminando.

—No sé quién soy ahora —dijo ella.

Mauricio la miró.

—Eres la misma.

Celina negó.

—No.

Pausa.

—Soy alguien que fue escrita por otros.

Mauricio se detuvo.

Y la miró de frente.

—No.

Celina lo observó.

Él dio un paso más cerca.

—Te contaron una historia. Pero tú sigues aquí. Respirando. Decidiendo.

Celina bajó la mirada.

—Me duele todo.

Mauricio asintió.

—Lo sé.

Silencio.

Luego:

—Pero no estás sola en eso.

Celina lo miró.

Y esta vez no apartó la vista.

—¿Por qué sigues aquí?

Mauricio no dudó ni un segundo.

—Porque desde que te conocí… incluso en medio de todo este desastre… eres lo único que me ha parecido real.

Celina lo observó.

Como si esa frase fuera más peligrosa que todas las mentiras anteriores.

—Mauricio…

Él negó suavemente.

—No lo digas como si fuera un error.

Celina respiró hondo.

—Todo esto es un error.

Mauricio dio otro paso más cerca.

—No tú.

Silencio.

El mundo alrededor siguió existiendo.

Pero entre ellos… algo se detuvo.

Celina levantó una mano lentamente.

Y tocó su rostro.

Como si necesitara confirmar que él también era real.

Mauricio cerró los ojos un segundo.

—No te voy a dejar caer —susurró.

Celina tragó saliva.

—No sabes lo que viene.

Mauricio la miró.

—Entonces lo descubriremos juntos.

Celina lo sostuvo con la mirada.

Y por primera vez no huyó.

No retrocedió.

Solo se quedó ahí.

Respirando con él.

Compartiendo el peso.

Muy lejos de allí, en una habitación oscura, una mujer observaba una pantalla apagarse.

Y sonrió.

—Ya despertó —susurró.

La verdad no había terminado.

Solo había cambiado de manos.

Y el juego…

seguía abierto.

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