NovelToon NovelToon
El Despertar De La Flor De Plata

El Despertar De La Flor De Plata

Status: En proceso
Genre:Cambio de Imagen / Viaje a un mundo de fantasía / Mundo de fantasía / Bestia
Popularitas:7.9k
Nilai: 5
nombre de autor: ska

En un mundo salvaje donde las hembras son escasas, codiciadas y acumulan harenes de múltiples esposos para asegurar la supervivencia de la especie, Lin Mei (la antigua "hembra perezosa y fea") toca fondo tras intentar forzar al guerrero oso Boran a amarla. Al borde de la muerte tras un intento de suicidio, su cuerpo es ocupado por Mei, una brillante estudiante de agronomía y medicina alternativa del mundo moderno.

Decidida a no ser el juguete ni el parásito de nadie, Mei revoluciona la Tribu de la Roca con conocimientos de higiene, agricultura y costura. Su transformación física y mental la convierte en la hembra más hermosa y deseada del continente. Mientras rechaza los lamentos del arrepentido Boran, Mei desafía las leyes del mundo de las bestias al entregar su corazón a uno solo: Kaelen, el imponente y devoto líder de los leones, demostrando que en un mundo de poligamia, el verdadero poder radica en elegir a quién amar.

NovelToon tiene autorización de ska para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPITULO 14

Las palabras de Kaelen quedaron suspendidas en el aire de la cueva, pesadas y cargadas de una promesa que hizo que el pulso de Mei se acelerara sutilmente. La cercanía del líder de los leones era casi abrumadora; el calor que desprendía su piel dorada contrastaba de forma violenta con las corrientes de aire helado que se filtraban por la entrada. Sin embargo, Mei no era una mujer que se dejara cegar por la retórica de un macho alfa, por muy imponente o atractivo que este fuera.

Con un movimiento firme y deliberado, Mei dio un paso hacia atrás, zafando el mechón de su cabello de los dedos del felino. Lo miró con los ojos entrecerrados, manteniendo esa expresión analítica que tanto desconcertaba a los habitantes de este mundo primitivo.

—Hablas de reinas, de tronos y de destinos como si todo estuviera escrito en las estrellas, Kaelen —replicó Mei, su voz recuperando una frialdad matemática—. Pero yo soy científica. Creo en las causas, en los efectos y en los recursos tangibles. Lo que tú llamas un "despliegue táctico" para asegurar el futuro, en mi mundo se conoce como una invasión geopolítica. Quieren las tierras altas de la Roca porque sus valles del sur se quedarán sin presas durante la gran helada. No me uses como una excusa romántica para justificar tu estrategia militar.

Kaelen soltó una carcajada ronca, un sonido que vibró en sus costillas y que denotaba una profunda admiración. Lejos de molestarse por la agudeza de la joven, sus ojos ámbar brillaron con un deleite renovado.

—Eres increíble, Lin Mei —ronroneó el león, cruzando sus enormes brazos sobre su torso desnudo—. Ninguna hembra en todo el continente se atrevería a hablarle así al líder de la Tribu del León. Los machos de tu especie se guían por el olor de la sangre y el rugido del más fuerte; tú, en cambio, desarmas mis intenciones con la pura fuerza de tu mente. Tienes razón en parte. Mis guerreros necesitan asegurar estas colinas. Pero te equivocas en algo: no eres una excusa. Eres el premio más valioso que he encontrado en estas tierras de piedra.

—No soy el premio de nadie —sentenció Mei, dándole la espalda para caminar hacia su fogón y avivar las brasas con una rama seca—. Si la Tribu del León decide marchar sobre la Roca, yo no seré un trofeo que recojas del suelo. Me quedaré aquí, protegeré mi espacio y a las hembras que han confiado en mí. Así que si viniste a pedirme que empaque mis hilos y te siga sumisamente a tu campamento, puedes irte por donde viniste.

Kaelen la observó en silencio durante unos instantes. La luz anaranjada del fuego delineaba el perfil perfecto de la joven, resaltando la firmeza de su mandíbula y la gracia de sus movimientos. El león comprendió que las tácticas habituales de cortejo de su especie —la exhibición de fuerza, los regalos de caza y la dominación territorial— no tendrían ningún efecto sobre esta mujer. Ella exigía un respeto que iba más allá de lo biológico; exigía ser tratada como una igual en el tablero de juego.

—No te pido que me sigas como una sombra, mi flor de plata —dijo Kaelen, su tono volviéndose más bajo, abandonando la arrogancia y adoptando una seriedad estratégica—. Te estoy ofreciendo una alianza. Los osos no sobrevivirán a este invierno bajo el mando de Gorik y la estupidez de machos como Boran. Cuando la comida escasee en la gran cesta, la violencia interna destruirá esta tribu antes de que mis guerreros den el primer paso. En el sur, respetamos el conocimiento. Si vienes conmigo, tus telares, tus medicinas y tu agricultura no serán un secreto oculto en una cueva; serán la base de un nuevo imperio. Piénsalo. No te obligaré, pero la tormenta de nieve que viene mañana cambiará muchas cosas en este valle.

Sin esperar una respuesta, Kaelen se giró con la fluidez de un fantasma dorado y se adentró en la oscuridad del túnel de salida, desapareciendo en la noche invernal tan silenciosamente como había llegado.

Mei se quedó sola, sosteniendo la rama seca frente al fuego. Las palabras del león sobre la fragilidad interna de la Tribu de la Roca resonaron en su mente con una alarmante veracidad. Ella misma había visto esa mañana cómo la desesperación ya se había apoderado de las recolectoras de los nidos bajos. La estructura social de los osos era defectuosa: dependía exclusivamente de la fuerza bruta de los cazadores, dejando a las hembras y a las crías a merced de la caridad de los líderes. Si la caza fallaba debido a las tormentas, el sistema colapsaría.

—Tengo que acelerar el trabajo —se dijo Mei, sus ojos almendrados fijos en el telar de cintura que descansaba a un lado—. La tela no solo será para mí. Necesito crear mantas y abrigos si quiero mantener la lealtad de la facción de Sora.

A la mañana siguiente, el vaticinio de Kaelen se cumplió con una precisión matemática. El cielo amaneció de un color blanco cegador y los primeros copos de nieve, gruesos y pesados, comenzaron a caer sobre el valle, cubriendo las colinas con un manto espeso que dificultaba el tránsito. El invierno severo había comenzado oficialmente.

Mei pasó las primeras horas del día encerrada, trabajando en su telar con un ritmo frenético. Sus manos se movían con una destreza casi sobrehumana. Clac, clac, ajustar. La tela avanzaba, volviéndose más densa y resistente con cada pasada. Sin embargo, alrededor del mediodía, un coro de gritos eufóricos y pisadas pesadas provenientes de la plaza central interrumpió su labor.

Curiosa, y con la necesidad de evaluar el estado de la tribu, Mei se colocó su capa de piel modificada y descendió por el sendero cubierto de nieve. Al llegar a la plaza, se encontró con una escena de celebración tosca.

Un grupo de cazadores, liderados por un Boran que lucía una sonrisa de oreja a oreja, acababa de entrar a la aldea arrastrando el cuerpo colosal de un mamut lanudo joven. El animal, cuyos colmillos curvos estaban manchados de sangre congelada, representaba una cantidad masiva de carne y grasa, suficiente para alimentar a la sección alta de la tribu durante varias semanas.

—¡Miren esto! —rugía Boran, subiéndose sobre el lomo de la bestia caída y levantando su hacha de piedra manchada de sangre—. ¡Los leones dicen que los osos nos debilitamos, pero la Roca siempre provee! ¡Tenemos carne para pasar la Luna Blanca! ¡Ningún gato del sur vendrá a decirnos cómo sobrevivir!

La multitud de la plaza vitoreaba con entusiasmo. Talia, luciendo una nueva capa y con el rostro pintado con rayas rojas que denotaban victoria, caminaba alrededor del mamut con un aire de superioridad insoportable. Al divisar a Mei en la periferia de la multitud, la hembra zorro alzó la barbilla y caminó a grandes zancadas hacia ella, seguida por un par de guerreros jóvenes que buscaban su favor.

—Vaya, miren quién decidió bajar de su nido de tierra —dijo Talia, su voz destilando un veneno dulce que pretendía humillar a Mei frente a los presentes—. La gran "sabia" que desentierra raíces amargas. ¿Ves esto, Lin Mei? Esto es verdadera comida. Esto es lo que los machos de verdad traen a la tribu. Mientras tú pasas los días jugando con hilitos y hierbas muertas, mi Boran ha asegurado la supervivencia de los nidos reales. No necesitamos tus trucos de paria.

Mei observó el cuerpo del mamut con una fijeza que descolocó a Talia. No miró la carne, ni los colmillos; sus ojos científicos se posaron en la herida del cuello del animal y en la contextura de su piel. Luego, levantó la mirada hacia el horizonte, donde las nubes de tormenta se volvían cada vez más oscuras y densas. Una sonrisa sutil, carente de cualquier timidez o envidia, se dibujó en sus labios.

—Es una gran pieza de caza, Talia —respondió Mei, su voz resonando con una claridad que atrajo la atención de varios cazadores cercanos—. Pero como siempre, tu mente solo ve el banquete de hoy y no el hambre de mañana. Ese mamut es un ejemplar joven, lo que significa que la manada principal está huyendo de algo mucho más grande en el norte. Las tormentas de nieve severas están empujando a las bestias hacia el sur. Si gastan toda su energía en celebrar y devorar esta carne fresca ahora, en lugar de secarla, salarla y almacenarla adecuadamente, la grasa se pudrirá en menos de tres soles debido a la humedad de las cuevas bajas.

Boran, que había bajado del lomo del animal al escuchar la voz de Mei, se acercó con paso pesado, sus ojos marrones encendidos en desprecio.

—¡Cállate, Lin Mei! —rugió el guerrero oso—. Siempre hablando con palabras raras para ocultar tu envidia. Hemos cazado la bestia más grande del valle. La carne se mantendrá congelada por la nieve. No necesitamos tus consejos de cocina. Quédate con tus papas de barro y deja que los verdaderos guerreros alimenten a la tribu.

Mei lo miró fijamente, con una lástima profunda que caló hondo en el orgullo del oso. —La nieve congela el exterior, Boran, pero la humedad dentro de las cuevas comunales genera hongos que arruinan la carne si no se procesa con humo y sal. Pero está bien. Sigan celebrando. Cuando el frío impida que vuelvan a salir de caza y la carne congelada se transforme en veneno para las crías, recuerden este momento.

Mei dio media vuelta y comenzó a subir el sendero de regreso a su cueva. Mientras caminaba, notó que Sora y Nila la observaban desde la distancia, asintiendo con la cabeza en señal de entendimiento; ellas ya habían probado las papas asadas y sabían que las advertencias de la joven agrónoma no eran simples palabras al viento.

Al llegar a su claro, Mei miró hacia el bosque bajo. Una silueta dorada se recortó brevemente entre los pinos cubiertos de nieve antes de desaparecer. Kaelen tenía razón: la arrogancia de los osos aceleraría su propia caída. Pero Mei ya había tomado su decisión: ella no sería una víctima del invierno, ni el trofeo de un imperio. Ella sería el eje sobre el cual giraría la supervivencia de quienes tuvieran la inteligencia de seguir su hilo.

1
Irma Morena Ruelas Cueva
🥰🥰🥰🥰🥰
Irma Morena Ruelas Cueva
🥰🥰🥰🥰🥰🥰
Irma Morena Ruelas Cueva
,🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰
Irma Morena Ruelas Cueva
🥰🥰🥰🥰🥰🥰
Irma Morena Ruelas Cueva
🥰🥰🥰🥰🥰👏
Victoria Avon Chang
ME GUSTA LA TRAMA ES NUEVA PARA MI POR LAS TRIBUS DE BESTIAS
Irma Morena Ruelas Cueva
🥰🥰🥰🥰🥰🥰
Irma Morena Ruelas Cueva
🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰
Irma Morena Ruelas Cueva
🥰🥰🥰🥰🥰🥰
Irma Morena Ruelas Cueva
🥰🥰🥰🥰🥰
Irma Morena Ruelas Cueva
,🥰🥰🥰🥰🥰🥰
Irma Morena Ruelas Cueva
🥰🥰🥰🥰🥰🥰👏
Yarelis Armas Pérez
q tipo de hembra es mei ? una osa ?

zorra ? ¿ q animal ?
Yarelis Armas Pérez: ahora me quedare con la duda 😗😗😗

bueno a seguir leyendo
total 2 replies
Irma Morena Ruelas Cueva
🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰
Irma Morena Ruelas Cueva
🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰
Irma Morena Ruelas Cueva
🥰🥰🥰🥰🥰🥰
Victoria Avon Chang: Ne encanta la trama Autora gracias
total 1 replies
Irma Morena Ruelas Cueva
🥰🥰🥰🥰👏
Irma Morena Ruelas Cueva
🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰
Irma Morena Ruelas Cueva
🥰🥰🥰🥰🥰
Irma Morena Ruelas Cueva
🥰🥰🥰🥰🥰🥰
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play