Durante toda su vida, Lyra creyó que había nacido para ser olvidada y odiada por todos.
Mientras su hermosa y perfecta hermana Anastasia era admirada por todos, Lyra creció entre desprecios, sacrificios y secretos. Obligada a vivir en las sombras de la familia Valmont, jamás imaginó que el destino terminaría llevándola hasta el corazón del reino de Kryndall... y hasta los brazos del príncipe heredero.
Conociendo por primera vez el amor, encontrando una familia, descubriendo lo que significa ser feliz.
Pero cuando la verdad sobre Anastasia comience a salir a la luz, todo aquello que Lyra ha construido empezará a tambalearse.
Porque hay personas dispuestas a matar para ocultar el pasado y porque una pregunta imposible se niega a desaparecer: ¿Qué pasó realmente con Anastasia?
Entre conspiraciones, secretos familiares, traiciones, misterios y un amor capaz de desafiar el destino, Lyra deberá descubrir quién es realmente... antes de que las verdades enterradas destruyan aquello que ama
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Capítulo 7 – La Verdadera Prometida
El silencio afuera del salón era insoportable.
Lyra permanecía sentada rígidamente sobre uno de los largos bancos de mármol mientras mantenía las manos juntas sobre su regazo. Todavía llevaba el vestido blanco. Todavía sentía el peso de la mirada del príncipe clavada en ella.
“No puede ser…”
Aquellas palabras seguían resonando dentro de su cabeza.
A su lado, el conde Octavian golpeaba impacientemente el suelo con su bastón, estaba irritado, ansioso.
—Todo salió mal… —murmuró entre dientes.
Lyra bajó más la mirada.
—Padre, yo…
—¡Te dije que esto pasaría!
La voz del hombre sonó cargada de fastidio más que de tristeza.
—Apenas te vio nos sacó del salón como si fuéramos criminales.
Lyra sintió un nudo en la garganta. Si. Era exactamente lo que ella esperaba. Porque nadie miraba a Lyra Valmont y pensaba en una futura princesa o una prometida digna. Nadie.
—Es tu culpa por aparecer así… —continuó el conde con desprecio—. Con ese cabello maldito llamando la atención.
Lyra presionó lentamente los dedos. No respondió.
¿Qué podía decir?
Toda su vida había escuchado lo mismo.
· Maldita.
· Desgracia.
· Error.
Incluso ahora, después de la muerte de Anastasia, seguía siendo la culpable de todo.
El silencio volvió a caer entre ambos, cada vez más pesado, frío.
Y mientras el conde se desesperaba por la espera…
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—¿Entonces sí era ella?
La voz suave del asistente rompió el silencio del enorme salón.
El príncipe permanecía inmóvil junto a la ventana, todavía intentando procesar lo ocurrido.
—Sí… —respondió finalmente en voz baja—. Era ella.
Sus ojos verdes se endurecieron lentamente.
—No entiendo nada.
La joven asistente lo observó con atención.
—Pensé que había muerto… —continuó él pasando una mano por su rostro—. Estaba seguro de que ella era Anastasia.
La asistente suspiró suavemente.
—Yo también me sorprendí al verla. Por eso decidí dejarlos pasar.
El príncipe giró lentamente hacia ella.
—Samira…
La joven apenas levantó la mirada.
—Esa muchacha no era Anastasia?
Samira negó lentamente.
—Aparentemente no, Su Alteza. Su nombre es Lyra.
El silencio cayó de golpe.
El príncipe sintió algo pesado hundiéndose dentro de su pecho. Lira. Nada de Anastasia. Lira. La muchacha de la fuente, la chica que hablaba emocionada sobre Kryndall, la que conoció al Famélico Gato Rojo. La joven que se sonrojó tímidamente cuando él la llamó hermosa.
El príncipe cerró los ojos lentamente.
—Cometí un grave error…
Samira frunció ligeramente el ceño.
Y por primera vez en mucho tiempo… El heredero de Kryndall parecía genuinamente afectado.
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Afuera, el conde comenzaba a perder completamente la paciencia.
—¿Qué están haciendo tanto tiempo? —gruñó molesto—. Si piensa rechazarla que lo haga de una vez.
Lyra apenas levantó la mirada.
Octavian bufó irritado.
—Quiero regresar a Zahrek cuanto antes.
Porque claro. Eso era lo único que le importaba. Volver y poder deshacerse de ella otra vez.
—Mientras el príncipe rompió el compromiso por voluntad propia no tendremos que devolver nada de los regalos… —murmuró más para sí mismo que para Lyra.
La joven sintió que el pecho se apretaba.
Así que incluso ahora… Ella seguía siendo una herramienta para salvar dinero. Nada más.
Las enormes puertas finalmente se abrieron. Samira salió elegantemente al corredor.
El conde se puso de pie inmediatamente.
—¿Y bien?
El asistente mantuvo su compostura impecable.
—Su Alteza ha tomado una decisión temporal.
Octavian frunció el fruncido.
-¿Temporal?
Samira miró directamente a Lyra.
—La señorita Lyra permanecerá esta noche en el palacio.
El silencio cayó abruptamente.
Lyra abrió levemente los ojos. ¿Había escuchado bien?
—¿Qué? —espetó el conde.
—Usted puede retirarse, conde Valmont —continuó Samira con calma—. Cuando Su Alteza tome una resolución definitiva, se le notificará.
Lyra sintió que el corazón comenzaba a latirle con fuerza.
Su padre… ¿Se iría sin ella? ¿Qué estaba pasando?
El conde dio un paso adelante indignado.
—¡Eso es absurdo! ¡Ella es mi hija!
—Y ahora es huésped del príncipe heredero de Kryndall.
La voz de Samira era firme, elegante e incómodamente autoritaria.
Octavio presionó la mandíbula. Era evidente que quería discutir. Pero también sabía que no podía enfrentarse a la familia real de Kryndall. No allí. No siendo un noble extranjero endeudado.
Maldijo por lo bajo.
—Bien.
Luego giró bruscamente hacia Lyra. Ni siquiera parecía preocupado por dejarla sola en un reino desconocido.
—Compórtate y no cause problemas.
Lyra bajó apenas la cabeza.
—Sí, padre.
Y eso fue todo. Ni una despedida, ni una palabra amable. Nada.
El conde Octavian Valmont simplemente se marchó. Dejándola atrás sin mirar una sola vez hacia ella.
Lyra observa cómo desaparece por el corredor sintiendo algo extraño en el pecho. Sin tristeza, no hay alivio. Algo vacío. Como si una parte de ella finalmente entendiera que jamás había significado nada para él.
Samira volvió la mirada hacia la pelirroja. Y esta vez, su expresión se suavizó apenas.
—Mi nombre es Samira.
Lyra reaccionó rápidamente.
—L-Lyra Valmont…
La joven asistente inclinó ligeramente la cabeza.
-Perder.
Luego hizo un pequeño gesto elegante con la mano.
—Por favor, sígame. Le mostraré su habitación.
Lyra se movió en silencio. Y comenzó a seguirla por los inmensos pasillos del palacio.
Todo era demasiado hermoso, demasiado grande. Demasiado distinto a cualquier cosa que hubiera conocido.
Las paredes estaban adornadas con mosaicos brillantes, lámparas colgantes iluminaban suavemente los corredores y el aire olía a especias dulces y flores exóticas.
Lyra sintió que estaba caminando dentro de uno de sus libros.
Finalmente, Samira se detuvo frente a unas enormes puertas blancas decoradas con delicados detalles dorados.
Las abrieron lentamente. Y Lyra se quedó sin aliento.
La habitación era gigantesca.
Una enorme cama cubierta de telas suaves ocupaba el centro del lugar. Las cortinas claras caían elegantemente alrededor de las ventanas abiertas y una fuente pequeña decoraba uno de los rincones de la habitación.
Todo parecía irreal. Hermoso, cálido y seguro.
—Esta será su habitación, señorita Lyra.
La pelirroja tardó unos segundos en reaccionar.
—Todo esto… ¿es para mí?
Samira la observó ligeramente confundida. Aquella reacción no era normal en la hija de un conde. Pero no comentó nada.
-Si.
Lyra recorrió la habitación con la mirada como si temiera tocar algo y romperlo. La cama sola era más grande que todo su cobertizo.
—Si necesita cualquier cosa, no dude en pedirla. —añadió Samira.
Lyra reaccionó rápidamente.
—¡Gracias…! Muchas gracias…
Samira apenas inclinó la cabeza antes de retirarse.
La puerta se cerró suavemente.
Y Lyra finalmente quedó sola. El silencio de la habitación era distinto al de Zahrek. No era frío, no dolía.
La joven caminó lentamente hasta la cama. Tocó las telas suaves con cuidado. Como si no creyera que fueran reales.
Luego se sentó apenas… Y abrió ligeramente los ojos sorprendida. Era increíblemente suave. Como cien nubes.
Lyra se quitó lentamente el velo mientras observaba la habitación otra vez. Nadie jamás le había dado algo así. Nunca había tenido una habitación. Nunca una cama cómoda. Nunca un espacio propio.
El agotamiento finalmente cayó sobre ella de golpe… Físico, emocional, devastador. Y sin darse cuenta siquiera… Terminó recostándose apenas sobre la cama.
Y por primera vez en muchísimo tiempo… Su cuerpo se relajó.
Los ojos se le cerraron lentamente. Y terminó quedándose dormida.
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En el gran salón, el príncipe seguía de pie junto a la ventana.
Samira acababa de regresar.
—Ya está instalada.
Él se estaba distrayendo. Luego pasó una mano por su cabello castaño.
—Juro que pensé que se llamaba Anastasia…
Samira permaneció en silencio escuchándolo.
—La invitación decía claramente que aquella noche celebraban el cumpleaños de Anastasia —continuó él frunciendo el ceño—. Pensé que la chica pelirroja era ella.
El asistente cruzó suavemente las manos frente a sí.
—Por lo que pude notar… el conde Octavian no quiere a su hija Lyra.
El príncipe levantó lentamente la mirada hacia ella.
Samira continuó:
—Probablemente la trajo esperando que usted la rechazara inmediatamente.
El silencio se volvió pesado.
Entonces el príncipe soltó una pequeña risa amarga.
—Cometí un terrible error…
Sus ojos verdes se oscurecieron lentamente.
—Cuando envié la carta pidiendo la mano de Anastasia… estaba pensando en la chica de la fuente… En Lyra.
Siempre había sido Lyra.
Samira lo observó unos segundos.
Y entonces dijo algo que lo dejó completamente inmóvil.
—Tal vez no fue algo tan malo.
Él frunció ligeramente el ceño.
El asistente apenas bajó la mirada.
—Porque si hubiera escrito correctamente el nombre de Lyra desde el principio…
Su voz se volvió más baja, más seria.
—La joven que habría muerto en el río sería ella.
El príncipe quedó completamente tranquilo.
Y por primera vez desde que recibió la noticia del accidente… Sintió verdadero terror.
mientras Kael manda. a investigar a Samira. para saber lo que pasa con la familia Valmonta
es cierto que ellos mismos la llevaron a Kryndall y ahora resulta que no quieren responder la compromiso que ellos mismos buscaban? jummm🤔🤔🤔🤔
pero también fue al huerto, leyó libros en la biblioteca.... ha tomado pequeñas decisiones que para ella son enormes
Ambos se parecen ... son amables y no tienen miedo de estar en medio de las personas... no hacen esas diferencias entre clases sociales
Aún así revisa que llevará botas para poder entrar al huerto!
esa conversación entre ellos nos revela que Osea elegió a Lyra como su prometida por alguna razón... y no lastima ni compasión....
y Karl se comportó a la altura al despedirlas como perros.... como lo que son ju mmmm....
Comos e atreven a cuestionar a una noble... sin importar como sea 🤬🤬🤬🤬🤬