Laura lo tenía todo: un esposo millonario, una carrera exitosa, y el amor de sus hijos. Pero el pasado no perdona. Y el suyo está a punto de volver para cobrarse el precio.
Un viaje soñado a Colombia se convierte en la peor de las pesadillas. Los Zetas los secuestran. Andrés, su hijo de cuatro años, es arrancado de sus brazos. Y Valeria, la ex esposa de Alfred, ha vuelto de la cárcel con una sola misión: hacerle pagar cada minuto que pasó encerrada.
En medio de la selva, sin armas, sin aliados y sin esperanza, Laura deberá tomar el mando. No es una heroína. Nunca quiso serlo. Pero cuando se trata de proteger a los suyos, no hay línea que no esté dispuesta a cruzar.
"El precio de tu amor 2: El regreso" — una novela de acción, romance y supervivencia. La espera terminó. La venganza comenzó.
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Capítulo 24: El Anzuelo
CAPÍTULO 24: "El Anzuelo"
Laura llegó al café a las diez de la mañana. El lugar era pequeño, con mesas de madera y una barra antigua. Olía a café recién hecho y a facturas. Laura pidió su habitual: un capuchino y una medialuna. Se sentó en la mesa del fondo, junto a la ventana. Desde allí podía ver la calle. Y la calle podía verla a ella.
— ¿Todo bien? —preguntó Alfred por el auricular.
—Todo bien —respondió Laura, fingiendo que hablaba por teléfono.
— ¿Ves algo raro?
—No.
—Los agentes están en su lugar.
—Lo sé.
—No hagas nada heroico.
—Tranquilo que conozco los límites.
—Eso lo dices ahora, pero en el momento de la acción lo olvidas.
—Tal vez por eso todavía estamos vivos.
Alfred sonrió. Laura también.
La espera se hizo larga. Durante una hora no pasó nada. A las dos horas Laura pidió otro café, abrió un libro que traía en la cartera, y miró el celular actuando con total normalidad.
—Todavía no se ha mostrado —dijo Margaret, por el auricular.
—Va a venir —respondió Laura—Yo sé como piensa esa bandida.
— ¿Por qué estás tan segura de que vendrá?
—Porque si yo estuviera en su lugar, vendría.
Fue a la una de la tarde cuando Laura la vio. Valeria entró al café como si fuera una clienta más. Llevaba una peluca rubia, unas gafas de sol y un vestido holgado. Parecía otra
Persona. Pero Laura la reconoció. No por su cara, ni por su forma de caminar
demostrando tensión en sus hombros. Fue por el odio que irradiaba.
—Llegó —susurró Laura.
— ¿Dónde está? —preguntó Alfred.
—En la puerta. Lleva una peluca rubia y gafas de Sol.
—Ya la ví. Ten mucho cuidado a partir de este momento.
— ¿Díganme qué hago?
—Espera como si no la hubieras visto—Indicó Margaret.
Valeria caminó hacia el fondo. Se sentó en la mesa contigua a la de Laura, y pidió un té. No se miraron.
—Hola, Laura —dijo Valeria, sin volverse.
—Hola, Valeria.
— ¿Sabías que iba a venir?
—Lo sospechaba.
— ¿Por qué no huiste?
—Porque estoy cansada de huir.
Valeria se volvió.
—Entonces morirás aquí.
—Tal vez. Pero tú también.
—No tengo nada que perder.
—Tienes la vida.
—La vida que llevo ya no me sirve.
Laura la miró a los ojos.
— ¿Qué quieres, Valeria? ¿Venganza? ¿Sangre? ¿Que Alfred te mire?
—Quiero que sufras.
—Ya sufrí. ¿Y ahora?
—Ahora quiero verte muerta.
—Lamento decirte que eso no va a pasar.
— ¿Cómo te atreves a desafiarme de esa manera?
—Porque no estoy sola. Y varios agentes encubiertos apuntándote con sus armas, por si intentas escapar.
En ese momento varios agentes entraron al café, al tiempo que cuatro hombres vestidos de civil, se acercaron a la mesa de Valeria.
—Señora, tiene que acompañarnos. —Dijo uno de ellos en voz baja y tono imperativo.
— ¿Por qué tengo que acompañarlos? —Replicó Valeria, al percatarse de que estaba rodeada.
—Por amenazas contra la vida de Laura McCormick.
—No tienen pruebas en mi contra.
—Tenemos la carta, la peluca, y los testimonios de las personas que lograron escapar, del campamento de los Zetas donde los mantuviste prisioneros.
Valeria miró a Laura destilando odio y rabia por los ojos.
—Volviste a salirte con la tuya. Pero ya tendrás noticias mías. ¡Tú y el estúpido de Alfred me la van a pagar!
—No…Valeria. Esta vez me voy a encargar personalmente, de que tus amigos te vuelvan a organizar otra fuga. ¡Ahora si te enterraste en la prisión!
Los agentes la esposaron. Valeria no opuso resistencia.
—Me vas a pagar so maldita —dijo, mientras la sacaban.
—Ya pagué —respondió Laura—Ahora llegó mi turno de cobrar lo que le debes a la justicia.
El café quedó en silencio. Laura se quedó sentada, con el corazón latiéndole con fuerza.
— ¿Estás bien? —preguntó Alfred, cuando llegó a su lado.
—Estoy mejor que nunca.
— ¿Estás segura?
—Estoy viva y Valeria está presa, que es lo que importa.
Alfred la abrazó.
—No vuelvas a hacerme eso —dijo.
—No puedo comprometerme a tanto, pero me esforzaré por no repetirlo.
—Si lo vuelves a intentar, yo no lo voy a permitir.
—Yo lo sé. Por eso me siento segura a tu lado.
Laura se apoyó en él. Afuera, una multitud se agolpaba en la puerta. Adentro del café Laura y Alfred se abrazaban. La pesadilla por fin había terminado.
Valeria cayó en la trampa, no por ingenua. Si no por obsesiva. No pudo resistirse a la carnada que el FBI puso en el anzuelo.
Laura que sirvió de carnada, no tuvo que mover un dedo. Solo esperar. El odio cegó a Valeria y la condujo a una trampa. Mientras que el amor y la inteligencia, volvieron a salvar a Laura y a su familia.