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Mil Almas En Un Solo Corazón

Mil Almas En Un Solo Corazón

Status: En proceso
Genre:Reencarnación / Época / Traiciones y engaños
Popularitas:332
Nilai: 5
nombre de autor: nezhaN

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Murió mil veces y volvió a nacer otras mil, siempre sacrificándose por los demás y perdiendo todo lo que amaba. Esta vez, Elif renació con dieciséis años, cabello blanco con puntas doradas y ojos morados profundos, viviendo tranquila en un pueblo humilde, con el único deseo de ser feliz al fin. Pero la desgracia la arrastra hasta el Gran Palacio, donde gobierna el joven y ardiente Sultán Murad de diecisiete años. Allí, deberá sobrevivir a intrigas, envidias y reglas crueles usando todo lo que aprendió como doctora, espadachín, ingeniera, botánica y mucho más, demostrando que quien lleva siglos viviendo, nadie podrá vencerlo jamás.

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Capítulo 14 — El camino que nadie conocía

El alba llegó teñida de un gris plomizo, como si el propio cielo supiera que ese día nada volvería a ser igual. Desde lo alto de la torre más alta del palacio se veía la inmensa extensión del ejército de Karahisar: como un mar de lanzas y estandartes oscuros que cubría cada centímetro del valle, acampado a solo media jornada de las murallas. Selim había organizado sus defensas con cuidado, apostando a sus mejores hombres en cada puerta y torre, pero había algo que le inquietaba profundamente: el enemigo no avanzaba. No lanzaba flechas, no hacía peticiones, no daba señal de querer empezar el combate. Solo esperaba. Y solo había una persona en el mundo que sabía por qué esperaban.

En los aposentos reales, Zeynep ayudaba a atar la correa del casco a Selim, con las manos firmes aunque el corazón le latiera con fuerza bajo el pecho. Ayşe estaba sentada en un rincón, abrazada a su muñeca de trapo, sin hacer ruido, observando todo con ojos muy abiertos y serenos. Había prometido que no lloraría, que sería valiente mientras sus padres protegían el hogar.

—Han enviado tres mensajeros —dijo Selim en voz baja, mientras ella le ajustaba la capa— y ninguno ha regresado. Es como si nos estuvieran provocando, haciéndonos gastar fuerzas mirando hacia adelante, mientras preparan algo por detrás.

—Porque saben dónde mirar —respondió ella, deteniéndose un instante para ponerle ambas manos en las mejillas y mirarlo a los ojos—. Nurbanu está ahí con ellos. Ella construyó gran parte de los planos de este palacio cuando llegó al poder. Ella sabe de pasajes que ni tú mismo conoces, sellos que parecen paredes, pozos que comunican desde el río hasta el interior de los patios. Tú defiendes las puertas principales. Ella vendrá por la sombra.

Justo en ese momento se escuchó un grito lejano, seguido de un sonido metálico y confuso que venía desde el ala antigua, la parte más vieja y abandonada del complejo. Selim abrió mucho los ojos y salió corriendo al pasillo, encontrándose de inmediato con Gül que llegaba pálido como la cera:

—Han entrado, Majestad. No por ninguna puerta vigilada. Han abierto el pasaje oculto bajo la vieja capilla de invierno. Un grupo armado avanza hacia las habitaciones interiores, vienen directo aquí. Y llevan delante a la propia Nurbanu.

Selim ya tenía la espada en la mano y ordenó de inmediato:

—Gül, toma a veinte hombres y bloquea el pasaje antes de que entren más. Yo me quedo aquí para proteger a mi familia.

—No —dijo Zeynep, ya tomando su capa y metiendo en el cinturón el pequeño cuchillo que le había dado la Sultana Madre—. Si ella está ahí, no vendrá solo a matar guardias. Viene a buscarme a mí. Y si nos encerramos, nos acorralará. Vamos a su encuentro antes de que rodeen el recinto. Ayşe se quedará con las cuatro mujeres de confianza de Hürrem en la cámara secreta detrás de la chimenea. Nadie encontrará ese lugar ni aunque derriben las paredes.

Selim dudó un segundo, pero vio la verdad en la mirada de ella. Asintió con la cabeza y llamó a las mujeres, que llegaron al instante para tomar a la niña, quien besó la mano de Zeynep y le dijo bajito: *“Te espero, mamá. Tú ganas siempre”*.

Mientras tanto, Nurbanu caminaba por el pasaje secreto con una sonrisa que no llegaba a sus ojos. Llevaba una daga de plata en la mano, y a sus espaldas cuarenta de los mejores soldados de élite de Karahisar.

—Todo está exactamente igual que cuando yo lo diseñé —decía para sí misma, acariciando la pared de ladrillo—. Todo lo que Selim construyó lo hice yo posible. Y todo lo que esa mujer se ha atrevido a tomar, lo destruiré hoy mismo hasta que no quede ni memoria.

Salieron al gran jardín de los naranjos, y se detuvieron de golpe. Allí, esperándolos en medio del camino, estaban Selim y Zeynep, solos por el momento.

—Pensaste que nadie se daría cuenta —dijo Zeynep alzando la voz para que todos la oyeran—. Pensaste que nos cogerías de sorpresa y nos aterrorizarías. Pero tú siempre fuiste muy lista para hacer daño, pero muy torpe para ver que el miedo ya no vive aquí.

Nurbanu soltó una carcajada amarga y señaló con la daga hacia ella:

—¡Tú! Una cualquiera que llegó sin nombre, sin linaje, y te atreviste a quitarme mi lugar, mi poder, el cariño de todos… ¡hasta el hijo que yo intenté que nunca naciera! Hoy te arrancaré esa vida que llevas dentro con mis propias manos. Y luego entregaré este palacio a quien quiera llevarlo, con tal de verte caer.

Dio la orden de avanzar, y los soldados enemigos se lanzaron hacia adelante. Selim se colocó delante de Zeynep y empezó a pelear con una fuerza impresionante, bloqueando golpes y abriendo paso, mientras desde las torres empezaban a bajar los guardias fieles que acudían a ayudar. Pero Nurbanu no se unió al combate: aprovechó el caos, tomó dos guardias a su lado que conocían el lugar, y rodeó por un camino lateral directo hacia donde sabía que estaban escondiendo a la niña. Pensaba: *si no puedo quitarte a ti, te quitaré todo lo que amas*.

Zeynep vio su movimiento entre la multitud y supo lo que planeaba.

—Selim, ella va por Ayşe —gritó, y sin esperar respuesta salió corriendo tras ella, sabiendo que era la única que podía detenerla.

Llegó justo cuando Nurbanu estaba apartando las piedras que ocultaban la entrada del escondite.

—¡No des ni un paso más! —le gritó Zeynep, sacando su pequeño cuchillo—. Ya has perdido, Nurbanu. El ejército de afuera no se atreve a atacar porque saben que si tú mueres no tendrán nadie que les diga nuestros secretos. Estás sola.

—¡Nunca he estado sola en mi odio! —gritó ella lanzándose directamente contra Zeynep con la daga levantada.

Fue un forcejeo breve y terrible. Nurbanu era más fuerte por la rabia que la movía, y logró hacerle perder el equilibrio, pero justo cuando iba a descargar el golpe final, se detuvo al escuchar una vocecita que salía desde detrás de la pared:

—Por favor, señora Nurbanu… no le hagas daño a mi mamá. Ella nunca te hizo nada malo.

Ese momento de duda fue suficiente. Zeynep la empujó con todas sus fuerzas, y al perder el equilibrio sobre la hierba resbaladiza, Nurbanu cayó hacia atrás golpeándose la sien contra la esquina de piedra del pozo antiguo. Se quedó inmóvil en el suelo, con la mirada fija en el cielo gris, sin decir una sola palabra más.

En ese mismo instante se escuchó el sonido de las trompetas enemigas: el comandante de Karahisar veía que su única guía y ventaja había desaparecido, y sin saber los caminos secretos ni los puntos débiles, sabía que atacar ahora significaría perder a todo su ejército. Dijo con furia: *Retiramos por ahora. Pero volveremos*. Y las filas de estandartes oscuros empezaron a alejarse lentamente hacia el horizonte.

Selim llegó corriendo hasta donde estaba Zeynep, se arrodilló a su lado para revisar si estaba herida, y al ver que solo temblaba por la emoción la abrazó tan fuerte que casi le quita el aliento. La puerta secreta se abrió y Ayşe salió corriendo para unirse a ellos, abrazada a las piernas de ambos. Nadie dijo nada durante unos largos minutos. El peligro inmediato había pasado. Pero la guerra no había terminado. Solo se había transformado.

Más tarde, cuando el sol empezaba a caer, todos se reunieron en el balcón una vez más. Hürrem puso una mano sobre el hombro de Zeynep y dijo con solemnidad:

—Ella ya no podrá hacer daño a nadie jamás. Pero el reino de Karahisar sigue ahí fuera esperando su oportunidad. Ahora empieza la verdadera prueba: gobernar con justicia, unir a nuestro pueblo y hacer que nadie jamás se atreva a levantar la mano contra lo que hemos construido.

Selim miró a su mujer, a su hija, y luego bajó la mirada hacia el vientre que crecía poco a poco:

—Y lo haremos. Los tres, y todos los que vengan con nosotros. Esta tierra ya no será lugar de venenos ni de miedos. Será lugar de lealtad y esperanza.

Y mientras el último rayo de sol iluminaba el palacio entero, todos entendieron algo: Nurbanu había sido el fuego que casi los consumió, pero también fue la prueba que demostró que su amor y su unión eran lo bastante fuertes para apagar cualquier llama, por muy violenta que fuera.

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