El profesor de lenguas Yoshiya Taksumagi ha recibido una segunda oportunidad de vivir. Pero este nuevo mundo le demostrará que una segunda vida no significa una vida perfecta.
Ahora, atrapado en el cuerpo de un niño llamado Joshua Moretti, deberá descubrir los secretos detrás de su llegada y enfrentarse a un destino que jamás pidió.
¿Cómo es que un profesor de una de las mayores facultades de Japón terminó siendo un simple niño en un mundo de magia?
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Fuego
Las cortinas rojas estaban abiertas, dejando pasar los rayos del sol que chocaban con mi cuerpo. Abrí los ojos lentamente. Mis ojos recorrieron toda la habitación gigantesca, cubierta de pintura blanca y dorada. Por más tiempo que pase, no puedo acostumbrarme a esto. Sigue siendo increíble estar en un mundo de fantasía. Es sin duda una de las experiencias que a cualquier lector de novelas web le gustaría experimentar al menos una vez en la vida.
Pero yo no soy cualquier lector. Yo soy un profesor fracasado que murió solo en un hospital.
Tenía puesta una toalla blanca, un poco esponjosa. Caminé hacia el baño, dejando caer la toalla y metiéndome en la tina. El agua estaba tibia. Aunque salía vapor que cubría todo el baño, no me molestaba. Era reconfortante.
Después de media hora, salí y me vi en el espejo. Lo que vi fue:
Un niño de once años. Aspecto delgado. Ojos negros con unas leves ojeras escasas, aunque notables. Cabello negro con varios mechones blancos: dos por la parte inferior y un solo mechón en frente. El flequillo era largo e incluso le llegaba hasta los ojos.
Así es. Este es el cuerpo de Joshua Moretti. Pero yo, Yoshiya Taksumagi, transmigré en este cuerpo infantil.
Ya han pasado varios años y he pasado dificultades desde que estoy aquí. Pero me estuve haciendo el ignorante todo el tiempo. ¿Quién me envió? ¿Qué quería o quiere de mí? ¿Qué tanto sabe de mí?
No, espera. Cálmate. Estas preguntas dejémoslas para después. Por ahora, tengo que concentrarme en dominar el atributo de fuego. Aunque ya sé usarlo, quiero ver hasta dónde puedo llegar.
Salí de la habitación y me fui hacia el jardín trasero. El libro que sostenía lo cogí de la mesa cuando vine corriendo hasta aquí.
—¿Qué es el fuego?—dije en voz alta, como si el viento pudiera responderme.
Una llama radiante. Pura basura. Nada irrelevante. Pasemos mejor a las runas.
A medida que paso en este cuerpo, es como si el mundo me obligara a ser un niño. E incluso mi actitud de profesor se ha esfumado de mi ser. Sí, sé que estoy perdiendo mi interés por las cosas que antes me hacían estar vivo. ¿Por qué ya no siento nada?
Mientras pensaba en todo ello, dibujé una runa en la tierra con mis dedos. Un círculo y dentro del círculo un triángulo.
Empecé a ver el libro mientras murmuraba cosas inentendibles. ¿Qué carajos estoy diciendo? Ni siquiera yo lo sé.
Pero cuando dominas un elemento con runas, empezando por los otros elementos, se vuelven más fáciles de aprender y controlar.
La runa se prendió en fuego sin mucho esfuerzo. Aunque sí me hizo sudar. Era un fuego entre naranja y amarillo. El vapor subía hasta arriba. Me quedé observando las llamas mientras pensaba para mí mismo.
Ahora que lo pienso, esto es diferente a cuando aprendí con Kathy. Allí fue un caos. Una explosión. Dolor. Pero aquí, en silencio, el fuego me obedece. Es como si me conociera.
Antes, cuando pensaba en Ayame, mi pecho dolía. Pero ahora no. ¿Por qué? ¿Es a causa del tiempo? ¿O a causa de que soy Joshua?
Si no, pues realmente no sé qué es. Estar enamorado es lindo, pero también doloroso. Cuando ella se fue de viaje, me causó dolor. Pero sus ojos me miraban con lástima. Jamás fue amor. Ya que creció conmigo. Ya que mis padres murieron cuando tenía once años.
Fui egoísta, pero realmente no me siento culpable.
Me preferí a mí mismo que a otra persona. Ella tenía más oportunidades. En cambio, yo no. Pero, ¿qué importa?
Yo estaba sentado en el suelo mientras abrazaba mis piernas. Dejé escapar una leve sonrisa mientras aún observaba la runa de fuego. ¿Por qué sigue en llamas después de varios minutos?
Hice una runa de agua en el aire, apagando el fuego.
Los días pasaban rápidamente mientras intentaba controlar el elemento de fuego. Pero no era solo controlarlo. Era dominarlo. Hacer que hiciera lo que yo quisiera, no solo lo que le salía.
Aunque pasaron varios accidentes. El árbol que estaba en la puerta principal, sin querer, lo volví leña. El arbusto con forma de conejo dejó de existir. Una cortina de mi cuarto también la quemé. Pero claro, nunca fue a propósito.
Después de doce días, controlé el elemento de fuego.
No solo eso. Podía hacer que el fuego tomara formas. Una pequeña llama en forma de pájaro. Un círculo de fuego que giraba alrededor de mi mano. Una esfera que flotaba sin quemar nada.
—Hasta que al fin—Dije, tirándome hacia atrás. Mi cuerpo cayó en el césped con un ruido sordo. Mi cuerpo estaba cubierto de sudor. Miré el cielo azul con nubes gigantes de distintas formas.
Qué refrescante.
Ahora que lo pienso, he estado tan concentrado en controlar este elemento que me olvidé por completo de mi familia. Soy un degenerado.
Me levanté poco a poco, limpiándome el sudor y el polvo de mi ropa. Caminé en dirección de línea recta hacia el patio trasero. La puerta ya estaba abierta. Enderecé mi postura y acomodé mi ropa. Di pasos firmes hasta llegar al comedor.
Isabella, Ed y Daniel ya estaban aquí. Todos me miraron con caras confundidas.
¿Es tan raro comer en familia?
Los tres me dieron una sonrisa. Me senté enfrente de Isabella. Esto es tan incómodo. ¿Además, por qué Daniel ya no me da malas miradas ni me está fastidiando?
Bueno, debe ser porque ya tiene quince años. Ya debe estar en su etapa de madurez.
Bueno, eso espero.