Ella renace con la posibilidad de salvarse a ella y a su familia.
*Está novela pertenece a un mundo mágico*
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Mansion Bruyne 1
Una vez dentro de su habitación, se sentó frente a una mesa y comenzó a revisar los documentos relacionados con el condado Bruyne.
Informes agrícolas.
Rutas comerciales.
Proyectos de infraestructura.
Donaciones.
Muchísimas donaciones.
El conde realmente gastaba cantidades absurdas de dinero ayudando personas.
Arely estaba tan concentrada que perdió la noción del tiempo.
Hasta que alguien llamó a la puerta.
—Adelante.
Su doncella entró.
Pero parecía extrañamente confundida.
—¿Lady Arely?
—¿Sí?
—Hay algo extraño afuera.
Arely levantó la vista de los documentos.
—¿Extraño?
—Sí.
—¿Qué sucede?
La doncella dudó unos segundos.
—El duque Fitzpatrick dejó guardias frente a su habitación.
Silencio.
Arely parpadeó.
—¿Qué?
—Guardias.
—¿Guardias?
—Sí.
La joven señaló la puerta.
—Los vi cuando fui por agua.
Arely dejó los documentos sobre la mesa.
Completamente confundida.
—Eso no tiene sentido.
Se levantó inmediatamente.
Abrió la puerta.
Y se quedó inmóvil.
Porque efectivamente había soldados allí.
Dos hombres uniformados.
Altos.
Serios.
Y ambos llevaban la insignia celeste del ducado Fitzpatrick sobre el pecho.
No eran guardias Bruyne.
Eran soldados personales de Mylo.
Arely salió al pasillo.
Los hombres se enderezaron inmediatamente.
—Lady Hoffman.
—¿Qué hacen aquí?
Los soldados intercambiaron una mirada.
Como si la respuesta fuera obvia.
Finalmente uno habló.
—Cumplimos órdenes del duque Fitzpatrick.
—¿Órdenes?
—Sí, lady.
Arely frunció el ceño.
—¿Qué órdenes exactamente?
El guardia respondió con absoluta naturalidad.
—Garantizar su seguridad.
—¿Mi seguridad?
—Así es.
Ella parpadeó varias veces.
—Estoy dentro de una mansión noble.
—Correcto.
—Con guardias propios.
—Correcto.
—Y rodeada de sirvientes.
—Correcto.
Arely abrió las manos.
—Entonces ¿por qué necesito guardias adicionales?
El soldado respondió sin la menor duda.
—Porque así lo ordenó el duque.
Eso no aclaraba absolutamente nada.
—¿Y qué les ordenó exactamente?
Esta vez respondió el segundo guardia.
—Que nadie pueda entrar a molestarla.
Arely quedó inmóvil.
—¿Molestarme?
—Sí, lady.
—¿Nadie?
—Nadie.
—¿Ni sirvientes?
—Los autorizados sí.
—¿Ni invitados?
—No.
—¿Ni nobles?
—No.
—¿Ni comerciantes?
—No.
—¿Ni...?
—Nadie.
Silencio.
Arely comenzó a sospechar algo.
Algo muy específico.
Y muy absurdo.
—¿El duque dijo por qué?
Los guardias permanecieron firmes.
Finalmente uno respondió..
—Solo indicó que era una medida necesaria.
Necesaria.
Arely miró a los soldados.
Luego al pasillo.
Y después hacia alguna parte lejana de la mansión donde probablemente se encontraba cierto duque de hielo.
[Por favor no me digan...]
Porque estaba comenzando a recordar algunas cosas.
La habitación junto a la del conde.
La sonrisa demasiado tensa de Mylo.
El hecho de que el conde Bruyne fuera joven.
Soltero.
Amable.
Y aparentemente muy apreciado por todo el reino.
Arely sintió una creciente incredulidad.
[No puede ser. No puede ser tan ridículo.]
Seguramente no.
Definitivamente no.
Mientras tanto, al otro extremo de la mansión, Mylo Fitzpatrick revisaba unos documentos tranquilamente.
Uno de sus asistentes se acercó.
—Duque.
—¿Sí?
—Los guardias ya están apostados frente a la habitación de lady Hoffman.
Mylo asintió.
—Bien.
—Aunque...
—¿Qué ocurre?
El asistente dudó.
—Los guardias Bruyne parecían algo confundidos.
—Lo superarán.
—Entiendo.
El asistente guardó silencio unos segundos.
Y luego, reuniendo valor, preguntó..
—¿Existe alguna amenaza específica contra lady Hoffman?
Mylo levantó la vista lentamente.
Pensó unos segundos.
Y respondió con total seriedad..
—Sí.
—¿Cuál?
El duque volvió a mirar sus documentos.
—Un conde excesivamente amable.
El asistente quedó completamente confundido.
Mientras Mylo continuaba leyendo como si acabara de decir algo perfectamente razonable.
A la mañana siguiente, Arely despertó todavía pensando en los guardias.
Porque cuanto más lo analizaba...
Menos sentido tenía.
Estaba alojada en la mansión de un conde respetado.
Rodeada de sirvientes.
Rodeada de guardias.
Y aun así Mylo había decidido colocar soldados Fitzpatrick frente a su puerta.
Era absurdo.
Completamente absurdo.
Por eso, después de arreglarse para el desayuno, salió de su habitación decidida a obtener respuestas.
Y para su suerte...
Encontró al culpable.
El duque Fitzpatrick caminaba por el pasillo leyendo unos documentos.
Su cabello claro estaba perfectamente acomodado.
Su ropa impecable.
Y su expresión tan tranquila como siempre.
Arely aceleró el paso.
—Duque.
Mylo levantó la vista.
Y apenas la vio, apareció una pequeña sonrisa.
—Lady Hoffman.
—Quiero preguntarle algo.
—Ya lo está haciendo.
Ella ignoró el comentario.
—Los guardias.
—¿Qué ocurre con ellos?
—¿Por qué están frente a mi habitación?
Mylo cerró los documentos.
—Por precaución.
—¿Precaución de qué?
—Simple cuidado.
—¿Cuidado de qué?
El duque la observó unos segundos.
Y luego sonrió.
Aquella sonrisa.
La misma sonrisa que aparecía cada vez que estaba ocultando algo.
—No lo entendería.
Arely parpadeó.
—¿Cómo que no lo entendería?
—Exactamente eso.
—Explíquelo.
—No.
—¿Por qué?
—Porque no lo entendería.
Arely sintió deseos de arrojarlo por una ventana.
—Eso no tiene ningún sentido.
—Para mí sí.
—Duque.
—Lady Hoffman.
Ella abrió la boca para insistir.
Y entonces una nueva voz interrumpió la conversación.
—Parece que llegué en un momento interesante.
Ambos giraron la cabeza.
Y por primera vez Arely conoció al famoso conde Bruyne.
El hombre era exactamente como describían los informes.
Alto.
Delgado.
De cabello oscuro.
Y con una sonrisa extraordinariamente amable.
Era el tipo de persona que transmitía tranquilidad apenas entraba en una habitación.
Nada intimidante.
Nada amenazador.
Todo lo contrario.
El conde realizó una elegante reverencia.
—Lady Hoffman.
Luego se dirigió a Mylo.
—Duque Fitzpatrick.
Arely respondió la reverencia.
—Conde Bruyne.
El hombre sonrió.
—Debo disculparme por no haber podido recibirlos personalmente anoche.
Su voz sonaba sincera.
No como una cortesía vacía.
—La situación en el pueblo tomó más tiempo del esperado.
—No se preocupe —respondió Arely—. Entendemos perfectamente.
Bruyne pareció agradecido.
—Aun así lamento la inconveniencia.
—No fue ninguna inconveniencia.
Y sinceramente lo decía en serio.
Después de todo, ayudar a personas afectadas por una inundación parecía una razón bastante válida para ausentarse.
El conde sonrió nuevamente.
Y luego volvió la vista hacia Mylo.
—Debo admitir algo.
El duque levantó apenas una ceja.
—¿Sí?
—Me sorprendió gratamente saber que finalmente visitaría mis territorios.
Arely observó la escena con curiosidad.
Porque aquello sonaba como si ambos ya se conocieran.
Bruyne continuó..
—Durante años intenté convencerlo.
—Lo recuerdo.
—Y siempre encontraba alguna excusa.
Mylo permaneció impasible.
—Estaba ocupado.
—Durante años.
—Fueron años complicados.
—Naturalmente.
El conde parecía divertirse.
Y para sorpresa de Arely, Mylo no parecía molesto.
Al menos no demasiado.
Finalmente Bruyne sonrió.
—Entonces debo preguntar.
—¿Qué cosa?
—¿Qué cambió esta vez?
Arely vio algo extraño.
Muy extraño.
Porque por un instante...
Los ojos celestes de Mylo se desplazaron hacia ella.
Solo un segundo.
Apenas un segundo.
Y luego regresaron al conde.
—Digamos que tenía mis razones.
Silencio.
Bruyne parpadeó.
Luego miró a Arely.
Después volvió a mirar a Mylo.
Y lentamente...
Una expresión divertida apareció en su rostro.
Oh no.
Arely conocía esa expresión.
Era la expresión de alguien que acababa de entender algo.
Y por la forma en que Bruyne estaba sonriendo...
Parecía haber entendido muchísimo más de lo que ella quería que entendiera.