Solo había amado una vez en la vida, solo a ella, y después de mucho tiempo lo descubrí, verlos juntos causó en mi desesperación y debo ganar esta lucha.
Debo ganar su amor.
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Cap 11
No voy a decir que no dormí. El farmacéutico me recomendó darle una pequeña dosis, pues ya le había dado suficiente del remedio de las niñas, y la temperatura por fin había bajado. Pero cuando desperté esta mañana, mi esposo tenía su cabeza en mi cuello y me abrazaba como si no quisiera que me soltara de él; jamás habíamos dormido así. Es más, su suave calor febril me agradaba, se sentía reconfortante, y ni qué decir de todas las idioteces que dijo en medio de sus delirios.
Mark dijo que era hermosa, que mi cuerpo lo volvía loco, que deseaba escucharme gemir bajo él... casi me muero de la vergüenza al escucharle decir tales cosas. Sé que no puedo ilusionarme por ese tipo de cosas, pero lo que más llamó mi atención fue el hecho de ser llamada infinidad de veces: solo me llamó a mí. Y eso fue un bálsamo.
Sabía que Mark tenía su reunión con Susana para la firma de los documentos del proyecto y sé que no debe llegar tarde, así que me removí un poco. Pero solo logré que se pegara más a mí y que su «amigo» se restregara contra mi pierna. Pegué un brinco involuntario, pues sentía que algo dentro de mí estaba a punto de vibrar.
—Mark, cariño, despiértate.
—Mmmm... tu aroma... hueles delicioso, Vero.
—Por favor, tienes que despertar. Tienes la firma del proyecto.
—No quiero... déjame estar así, cerca de ti, un poco más.
—Mark —no soportaba quedarme con la duda de lo que quería anoche—. ¿A qué te referías con tus palabras de anoche?
—Vero, me siento cansado. ¿Puedes darme otros minutos? ¿Cuánto falta para la reunión?
—Quedaste de reunirte con ellos a las diez. Son las siete.
—Tengo al menos una hora más aquí. Déjame, ¿sí? —rogó. Y no pude hacer más que dejarlo.
Sentí cómo su cuerpo se relajó de nuevo y decidí dormir un poco más; no todos los días me pasa algo así.
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He dormido con Vero muchas veces, cuando nos invitan mis padres de vacaciones o cuando visitamos la casa de los suyos, pero anoche... anoche dormí como siempre he querido: entre sus brazos, pegado a su cuerpo y sintiendo su calidez y su aroma. No, no la amo, pero no se puede negar que es una mujer maravillosa; ya lo he dicho antes. Ella aún se siente herida por lo que Cris le hizo y no quiero presionarla.
Decidí pedirle unos minutos más entre sus brazos y, sí, esta vez ella aceptó que la rodeara; estaba consciente de mi cercanía. Anoche no, pero con los minutos y su cansancio fue cediendo; ahora, ella me dejó sujetarla. Mi cabeza seguía en su cuello y decidí darle un beso allí. Se removió un poco pero no despertó, así que volví a besarla. Esta vez se despertó de golpe; sus ojos miraron los míos fijamente y yo volví a depositar un cálido beso.
—Quiero intentar... intentar ser esposos de verdad.
—¿Ah?
—Era lo que quería decir anoche. Es lo que quiero ahora: quiero intentarlo.
—Mark, estas cosas no las podemos hablar así, en estas condiciones —me miró por completo, evaluándome.
—¿Podemos hablarlo más tarde? Ya somos esposos, solo debemos empezar a hacer lo que los esposos hacen.
—¿Y eso qué sería? ¿Sexo?
—No, no es solo eso. Son más cosas.
—Mark, no quiero dañar tus intenciones ni romper el momento, pero tu reunión es en menos de una hora y no estás presentable.
—Podemos hablarlo más tarde, ¿sí? Aceptaré cualquier condición.
—¿Cualquiera? —oírla murmurar aquella pregunta me dio a entender que podía haber una respuesta positiva.
—¿Podemos hablar más tarde?
—Sí, claro que sí. Me iré en taxi a casa de mis padres; tú, por favor, ve en el auto. Nos vemos más tarde.
Vero se despidió de mí con lo que iba a ser, como siempre, un cálido beso en la mejilla, pero yo fui más rápido y me giré, logrando juntar nuestros labios. Ella se fue antes que yo y, cuando salí del baño, mi traje estaba sobre la cama, perfumado y listo para lucirlo; hasta las prendas sucias se llevó.
Ustedes estarán pensando: «¿Y por qué insiste tanto en tenerla? Es porque la ama y aún no lo sabe». No, esa no es la respuesta. No la amo, pero no soy tonto; si Vero se va con Cris, perderé a mis hijas, perderé su compañía, sus consejos, su apoyo... y me perdería de ver la dedicación que pone en cada cosa de nuestra vida. Me perdería las reuniones con su familia y verla interactuar con la mía. Me perdería su risa y sus carcajadas, ver su exquisito cuerpo en las clases de natación de nuestras hijas, verla correr en pijama cuando ellas corren a nuestra habitación.
No quiero perderme tampoco al hombre que soy a su lado; sé que soy mejor persona junto a ella. He aprendido muchas cosas: podar el jardín mientras ella prepara una limonada para mí, ayudarla a cargar las cosas del mercado y ver su trasero contonearse frente a mí... Cuando nuestros conocidos la elogian y felicitan a nuestra familia. No, no me perdería eso. Y si para no perderla tengo que amarla, lo haré, porque definitivamente saldré ganando.