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La mujer que despertó mi corazón.

La mujer que despertó mi corazón.

Status: En proceso
Genre:Romance / Matrimonio contratado / Matrimonio arreglado / Enfermizo
Popularitas:111.4k
Nilai: 5
nombre de autor: lulu

Sol Linares no tenía tiempo para soñar con vestidos blancos ni finales felices. Su mamá necesitaba una cirugía urgente, y su padre, que llevaba años mirándola desde lejos, le ofreció una sola salida: casarse con Bruno Alcázar, el heredero de una de las familias más poderosas de Buenos Aires.

Bruno no podía hablar. No podía moverse. Después de una caída extraña, todos lo daban por perdido.

Pero Sol descubre algo que nadie le había dicho: ese hombre inmóvil fue quien la salvó una noche en la que ella creyó que no iba a salir viva.

Lo que empezó como un trato frío se vuelve una deuda, después una promesa, y finalmente una guerra silenciosa dentro de una casa llena de secretos. Mientras Sol cuida a Bruno, alguien intenta terminar lo que empezó aquella caída.

Y Bruno, atrapado en su propio cuerpo, escucha todo.

La chica que compraron para acompañarlo no se parece a nadie de su mundo. Habla demasiado, cocina como si pudiera curar con las manos, pelea cuando la acorralan y no sabe rendirse.

Él sólo tiene una idea fija: despertar antes de que la destruyan.

NovelToon tiene autorización de lulu para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 24

Capítulo 24

Era el primer día del vivo y Tomás estaba ahí, supervisando todo.

A medianoche ordenó que el equipo descansara unas horas y siguiera temprano.

No tenía opción. Las influencers ya no aguantaban. Tenían la garganta rota y los ojos se les cerraban de sueño.

La contadora de la empresa llegó feliz con el reporte financiero.

—Señor Alcázar, el resultado de hoy fue muy bueno. Ganamos más de diez millones. Mire, acá está el informe.

Tomás se iluminó. Agarró el papel y fue directo al último número. Esa fila de cifras largas le acarició el ego.

—Bien. Vamos todos a comer algo. Invito yo.

El equipo estalló en aplausos.

—¡Grande, señor Tomás!

—¡Eso es un jefe!

—¿Se puede tomar alcohol?

Tomás estaba acostumbrado a que lo adulaban, pero esa sensación de poder le gustaba demasiado.

—Hoy no. Dentro de tres días hacemos festejo y ahí sí tomamos hasta caernos. Hoy les doy sobres. Sobres grandes.

Salieron todos entre risas.

Tomás subió al auto de lujo y miró las luces amarillas de la calle pasar por la ventanilla. Era tarde y casi no había gente, pero él estaba encendido. La sangre le hervía de entusiasmo.

Su abuelo le había pedido convertir diez millones en once. Al principio le había parecido una montaña imposible. Y en un solo día ya lo había logrado.

Él no era menos que Bruno.

Alcázar Group iba a ser suyo.

La ambición le llenó el pecho. Sonrió.

—Sol Linares, no creas que vas a escaparte.

Rodrigo dejó a Sol frente al sector de mujeres de la residencia y esperó hasta verla entrar. Recién entonces volvió al hospital.

Bruno seguía despierto. Miraba documentos con la cabeza baja, como si hubiera recuperado su ritmo habitual de trabajo.

Eran apenas más de las nueve. Todavía era temprano.

Cuando Rodrigo entró, Bruno solo le lanzó una mirada breve.

—Señor, la señorita ya llegó a la residencia.

—Mm.

Nada más.

Al día siguiente, Tomás llegó al set del vivo con una energía casi febril. Tenía los ojos rojos de emoción.

—Trabajen bien estos días. Después les doy un sobre grande.

Las influencers respondieron de inmediato:

—¡Gracias, señor Tomás!

Otro día exitoso.

Tomás estaba eufórico.

La contadora llegó con la cara brillante.

—Señor, el cierre de hoy da diecisiete millones limpios.

Tomás se golpeó el muslo.

Carajo. Era un genio.

El equipo de redes se acercó.

—Señor, hubo un pequeño problema en los grupos de seguidores. Alguien está metiendo publicidad de Clara Piel. Subieron un paquete promocional y comparan el gramaje del lápiz de Reina con el precio del oro. Dicen que Reina cuesta como oro.

Tomás estaba metido en los números. Ni levantó la cabeza.

—¿Y eso me venís a informar? ¿Para qué está el equipo de moderación? Ven que vendemos bien y se ponen celosos. No les des bola. ¿Unos muertos de hambre van a moverme el piso?

El encargado de redes y la contadora se miraron, pero no dijeron nada.

No era una pavada. Les estaban robando comida de la boca en su propio territorio. Pero el jefe ni lo registraba.

Mejor hacer su trabajo y listo. Mientras el bono saliera completo, ¿para qué meterse?

Pasaron varios días sin tropiezos.

Un asistente entró con la cara tensa.

—Señor, el stock de Reina se agotó. Hoy solo pueden entregar una décima parte de lo vendido ayer.

—Hagan preventa.

El asistente dudó.

—¿Preventa? Los seguidores quizá no lo acepten. Y la preventa puede disparar devoluciones. Además, nos bloquearía flujo de caja por siete días y generaría pérdidas. También necesitamos autorización de la plataforma.

Agregó con cuidado:

—Si cambiamos de producto, hace falta tiempo. Y también hay riesgo.

La selección de productos para vivo era complicada: investigar, negociar, firmar contratos, grabar videos, empujar promoción. Aunque al público le parecían solo dos transmisiones, atrás podían trabajar cien personas. Tomás quería informar resultados a Don Ernesto cuanto antes. No estaba dispuesto a esperar.

Frunció el ceño.

—¿Qué le pasa a Reina? ¿No era una marca internacional? Vendimos unos días y ya se quedaron sin stock. Justo cuando el vivo está levantando nombre, me cortan el negocio. Llamalo al dueño.

Tomás se aflojó la corbata, abrió dos botones de la camisa y se dejó caer en el sillón. Fumó dos bocanadas de su cigarro.

Qué molesto era hacer negocios.

El asistente le pasó el celular cuando la llamada conectó.

Tomás empezó a los gritos:

—Walter, soy Tomás Alcázar. ¿Qué clase de desastre manejan? Dijeron que tenían stock suficiente. ¿Cuántos días vendí? ¿Y ya no hay? ¿Me están tomando el pelo?

Del otro lado, Walter no podía darse el lujo de ofender a la familia Alcázar.

—Señor Tomás, no esperábamos que su equipo fuera tan impresionante. Vendieron en días lo que nosotros vendemos en dos meses. Tenemos que agradecerle.

El halago le cayó justo. La cara de Tomás pasó de tormenta a nublado.

—No cambies de tema. Decime qué hacemos.

Walter hizo una mueca. Ellos solo proveían mercadería, no habían prometido cantidades infinitas. Pero el vivo de Tomás era una mina de oro, así que no iba a cortar la relación.

—Como marca, podemos acelerar. Llamamos a todos los empleados y ponemos las líneas al máximo. Eso alcanza para medio día de venta mañana.

Tomás volvió a explotar.

—¿Medio día? ¿Querés que venda aire? Te aviso, Walter, no me chamuyes. Si me cortás el negocio, te hundo.

Walter miró al jefe de ventas. El hombre le susurró algo. Enseguida Walter sonrió.

—Señor Tomás, mire. Reina apunta a un público alto, por eso el stock nunca fue enorme. Pero tenemos bastante producto cercano al vencimiento. Usted sabe... vendido es vendido. Nadie odia el dinero, ¿no?

¿Producto cercano al vencimiento?

La viveza de Tomás se activó.

—No digo que no. Pero cambien las fechas de los envases. Para ustedes es fácil. Y también vamos a modificar el porcentaje de ganancias.

Walter entendió que había arreglo.

—¿Dónde está, señor Tomás? Lo invito a comer. Me gustaría hablarlo en persona.

Tomás no contestó.

Walter siguió:

—Le mando la dirección. Ojalá pueda venir a orientarnos un poco. Nos vemos.

Tomás cortó. La comisura de su boca mostró un desprecio claro.

Ese Walter al menos sabía leer el viento.

Un día después, cuando el médico que le hacía masajes y acupuntura a Bruno se retiró, Elías aprovechó para informar.

En esos días el humor de Bruno estaba negro. Solo hablaba si era necesario. Los subordinados tenían que elegir muy bien el momento o comerse esa cara fría.

Ahora parecía más cómodo físicamente.

—Señor, hoy el vivo de Clara Piel va a probar cuatro horas. El producto será simple: un combo de setenta y nueve mil pesos. Ayer dejamos comentarios en los vivos de Tomás y bastante gente los vio. Varios preguntaron por Clara Piel. Otros ni conocían la marca.

—Hagan un video de promoción bien simple. Nada ostentoso.

Bruno habló, pero su voz estaba baja, distraída.

—Señor, Reina tuvo buenas ganancias estos días. Según la información más reciente, el stock original está agotado. Aunque la fábrica trabaje al máximo, no puede sostener ese volumen. Sin embargo, las ventas del vivo de Tomás siguieron creciendo. Ahí hay algo raro.

Rodrigo agregó:

—Mandamos gente a meterse en la línea de producción de Reina. Están usando productos cercanos al vencimiento. Y además mezclaron una parte de productos vencidos.

Vender productos próximos a vencer no era necesariamente ilegal si se aplicaba un descuento razonable y el consumidor aceptaba. Vender vencidos, en cambio, sí era un delito.

Los ojos negros de Bruno brillaron.

—Manden más gente a la fábrica. Revisen especialmente las fechas de los envases. Quiero testigos y pruebas reales. No hacemos denuncias sin base.

—Sí —dijo Elías.

Elías salió a coordinar. Rodrigo pidió que trajeran el almuerzo de Bruno.

—Señor, hora de comer. Don Ernesto va a venir más tarde.

Bruno comió en silencio. La dieta estaba diseñada por nutricionistas: carne, huevo, leche, productos importados de primera calidad. No era algo que se consiguiera solo con dinero.

Pero no le entraba.

Ella llevaba cuatro días sin venir.

Al final sí la había enojado.

Aquella noche él la había empujado porque no tuvo otra salida. ¿Quién iba a imaginar que una chica capaz de trepar ventanas e instalar cámaras era tan fácil de empujar?

¿También era de esas que no podían abrir una botella?

Con esa fuerza mínima, ¿cómo hacía para comer?

Además, no tenía palabra. Había firmado con su abuelo para cuidarlo de cerca y ahora abandonaba a mitad de camino.

Bruno desbloqueó el celular. Lo bloqueó. Lo desbloqueó otra vez.

Rodrigo lo miró jugar con el teléfono sin parar.

¿Ahora esa era una moda?

No preguntó.

Don Ernesto llegó y, como siempre, tomó la mano de Bruno.

—Bruno, el otro día tu tío hizo ese escándalo y desde entonces el corazón me molesta. Quizá la muerte se siente sola y quiere que vaya a acompañarla. Vos tenés que estar bien. Los médicos dijeron que en unos días podés volver a casa.

Suspiró.

—¿No le di diez millones a tu primo para probarlo? Quién iba a decir que este chico iba a ganar dos o tres millones en pocos días. No está mal.

—No gana como vos, y el capital se lo di yo. Pero al menos parece más confiable que su padre. No sabés, Bruno, tu tío... tu tío dijo que soy parcial...

El anciano estaba amargado.

—Rodrigo, ¿por qué no está Sol?

—Don Ernesto, la señora tiene exámenes toda la semana. Está con poco tiempo y estos días no va a ir y venir tanto.

—Ah. Entonces cuidá vos. ¿Y Elías? ¿Todavía no lo encontraron?

—Bueno...

Rodrigo esquivó la pregunta.

Cuando Don Ernesto se fue, Elías entró desde la habitación contigua.

—Señor, llegó información de la fábrica de Reina. Están extendiendo un año la fecha de vencimiento de productos próximos a vencer. Ya salieron a venta y el volumen es grande.

—Los productos vencidos los convierten en “próximos a vencer” y los ponen como regalos dentro de los paquetes, subiendo el precio de forma indirecta y vendiendo atado. Los fans creen que aprovechan una oferta. El vivo no para de recibir elogios. Tomás está ganando muchísimo.

Elías esperó la orden.

Era el momento perfecto para golpear.

El vivo de Clara Piel, donde Alcázar Group había invertido, todavía tenía pocos seguidores, apenas unos miles. Muchos venían del vivo de Tomás solo para mirar. Aunque dejaban publicidad todo el tiempo en Reina, la pantalla se movía tan rápido que los comentarios se hundían al instante.

Bruno bajó la mirada y dejó el documento sobre la mesa ratona.

Recordó que su abuelo había dicho que le dolía el corazón.

No.

Don Ernesto era viejo. No podía soportar un golpe demasiado fuerte. Iba a dejarle una salida a Tomás.

Pero Tomás había sido irrespetuoso con Sol. Había deseado lo que era suyo.

Eso sí debía pagarlo.

—Elías, llamá a Tomás. Decile que tenemos pruebas de que cambió fechas de productos próximos a vencer y que pague diez millones por ese silencio.

Elías y Rodrigo se quedaron quietos.

¿Diez millones no era demasiado?

Bruno habló con calma:

—Ese dinero se lo dio mi abuelo. En estos días ganó alrededor de cuatro millones. Descontando influencers, plataforma y compra de mercadería, tiene unos tres millones en efectivo limpio.

—Tomás es codicioso. Probó el gusto del vivo y no va a soltarlo. Puede dejar Reina y vender otra cosa. La reputación es la vida de un comerciante, y eso lo sabe.

—Así que, para conservar el negocio rápido del futuro y mantener la credibilidad del canal, va a aceptar. Cambiará de producto. Nosotros vamos a empujar Clara Piel con fuerza justo en ese cambio. Hacelo.

Su voz era baja, pero convencía.

—Sí, señor.

Elías salió con la orden. Rodrigo quedó junto a Bruno.

Al atardecer, Tomás salió del vivo encendido. Miró el reporte financiero que le había mandado contabilidad y casi salió volando.

No podía creerlo. Las redes generaban dinero como una máquina.

Superaban a los negocios físicos. Aplastaban al comercio tradicional.

Él iba a hacerlo grande. Iba a crecer. Iba a superar a ese magnate de Estados Unidos que dejó la universidad para fundar un imperio tecnológico. Iba a ser el número uno del mundo.

Un millón por día. Diez días, diez millones. Cien días, cien millones. Un año, trescientos millones.

En su cabeza explotaban fuegos artificiales. Ya se veía nadando en oro, saliendo de la Tierra y entrando en la galaxia.

Mujeres hermosas rodeándolo, besándole los pies. Los empresarios que antes miraban a Esteban y a él por encima del hombro ahora brindando para halagarlo. Políticos que lo habían despreciado arrodillándose para pedirle favor.

Le sonó el celular.

Atendió de buen humor.

La voz del otro lado le resultó conocida y hasta traía una sonrisa leve.

—Señor Tomás, ¿ganando plata? Debe estar contento. Le mando un video. Véalo primero. Después lo llamo.

Cortó.

Le llegó un mensaje.

—Qué tipo raro.

Tomás cruzó una pierna sobre la otra. Su asistente le encendió servilmente un cigarro.

Fumó y soltó varios aros de humo blanco antes de abrir el video.

Duraba un minuto veinte.

Era la línea de producción de Reina. Los trabajadores sacaban lápices de cejas, labiales y polvos de sus cajas originales, cambiaban los envases por otros con fechas nuevas y los metían en cajas grandes para sacarlos de la línea.

La cámara hizo un primer plano de los envases viejos, dejando ver las fechas.

En otro sector, unos trabajadores rompían el precinto de varias cajas, sacaban productos de Reina, abrían envases y los cambiaban por cajas nuevas.

El lente enfocó el precinto retirado. La palabra “vencido” se veía con claridad.

En el video, un supervisor de unos cuarenta años gritaba:

—Se acabaron los próximos a vencer. El señor Walter dijo que usemos los vencidos. Cambien las fechas rápido. Hoy todos hacemos horas extra. Después Walter paga bono...

El video terminó.

Tomás se puso de pie de golpe.

El corazón le golpeaba como loco.

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Belkis Sioli
????? 👀👀👀👀👀 que necesidad de alargarla tanto,
Nellys Bericote
Excelente Inicio de la Novela Escritora Felicitaciones tienes buena narración mantienes al lector queriendo más vamos a ver como se desarrolla la historia 👏👏👏👏👏
Belkis Sioli
a esta altura que aparezcan personajes nuevos, no da .
Belkis Sioli
apareció la madre 😕😕😕😕
Belkis Sioli
ayyyy por favorrrrr, no.pueden ser tan nabos los dos. 😅😅😅
Belkis Sioli
quiero un abogado así 😅😅😅
Belkis Sioli
claro ahora que está flaca la mira, antes no, que feo y vos narradora también, dejas mucho que desear con ese comentario , te fuiste al pasto.
Belkis Sioli
ya que esperamos más de 50 capítulos para su primer beso, espero que su primera vez valga la pena.
Tina Farias
uufff me e leído 3 novelas completas
y aun esta autora no sube el otro Capítulo
aprende a ser más responsable al momento de escribir una novela
las novelas tienen principio y final
😡😡😡
Belkis Sioli
ay no , no puede ser tan estúpida, no sabes si abrazarla o darle una patada para que despierte 😕😕😕👀👀
Belkis Sioli
muyyyyy lenta 🤔🤔🤔
Belkis Sioli
muyyyyy lenta 🤔🤔🤔
Belkis Sioli
siempre alguien interrumpe ???? es muy repetitivo, además Elias no había ido , solo fue Rodrigo
Belkis Sioli
que estúpida, hace cosas de pendeja.
Belkis Sioli
ya veo que esta tarada se va a estudiar y el viejo aprovecha y lo obliga a casarse con la siliconada fruncida. QUE LENTO TODO.
Jorge luis Méndez Montaño
porque está incompleta?
Belkis Sioli
comparto lo de Graciela, larga ,aburrida, me parece innecesario, se pudo abreviar y contar lo mismo 😒😒😒😕😕
Belkis Sioli
está un poco lento esto, 😕😕😕
Tina Farias
bueno de verdad que esta Novela no tiene final
sino tienen idea de como escribir una novela
mejor no lo aga
Belkis Sioli
esta muy linda la historia pero por favor que dejen de aparecer personajes, después no se sabe quién es quien.
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