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TRATADO DE DULZURA Y FUEGO

TRATADO DE DULZURA Y FUEGO

Status: Terminada
Genre:Romance / Completas
Popularitas:5.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Eliette Maldondo Velazquez

El amor entra por el estómago y los ojos

NovelToon tiene autorización de Eliette Maldondo Velazquez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

24

El jardín de la mansión se transformó de inmediato en el escenario de una ceremonia sagrada. Inna, con la autoridad que solo una niña de cuatro años puede ejercer sobre un ejército de hombres armados, tomó a Jazmín de la mano. Sus dedos pequeños y pegajosos se cerraron con firmeza sobre los de la pastelera, tirando de ella hacia la mesa imperial de madera blanca.

—Tú te sientas aquí —ordenó la pequeña soberana, señalando con un dedo imperioso la silla situada exactamente a su lado derecho.

Un jadeo colectivo, casi imperceptible, recorrió la terraza. Neón, que el día anterior había ostentado ese lugar de honor, dio un paso atrás con una mezcla de respeto y resignación, mientras los demás guardias intercambiaban miradas de asombro. Jazmín, ajena al protocolo de "guerra" que regía los asientos en el té, miró a Sergei buscando permiso, pero el Pakhan se limitó a asentir con una leve inclinación de cabeza. Sus ojos azules brillaban con algo que no era frialdad, sino una curiosidad profunda y oscura.

—Es un honor, princesa —dijo Jazmín, acomodándose en el lugar privilegiado mientras Inna colocaba al Señor Conejo en su regazo.

Mientras la "reina" se concentraba en organizar los platos y distribuir los besos de cereza con una seriedad cómica, el aire en la mesa comenzó a cargarse de una electricidad distinta. A unos metros de distancia, apoyados contra la balaustrada de piedra, Mirna e Igor habían iniciado su propia conversación... una que no necesitaba de una sola palabra.

Mirna, con una mano apoyada en la cadera y una elegancia que desafiaba su origen humilde, clavó su mirada en los ojos de Igor. No era una mirada de miedo, era un desafío descarado. Lo recorrió de arriba abajo, deteniéndose en la tensión de sus hombros bajo el traje de diseñador, y luego volvió a sus labios con una lentitud que gritaba intención.

Igor, el hombre que no se inmutaba ante el sonido de los disparos, sintió que el nudo de su corbata le apretaba de repente. Se bajó ligeramente las gafas oscuras, permitiendo que Mirna viera el brillo depredador y divertido de sus ojos. No dijo nada, pero la comisura de su boca se elevó en una sonrisa cínica, una promesa silenciosa de que él había captado el mensaje y que estaba dispuesto a jugar.

Era un baile de miradas coquetas y peligrosas. Ella lo retaba con la barbilla en alto; él la devoraba con la vista, analizando la curva de su cuello como si estuviera decidiendo por dónde empezar. El silencio entre ellos era tan denso que se podía cortar con el mismo cuchillo con el que Jazmín empezaba a repartir la tarta de chocolate.

Sergei, sentado frente a su hija, observaba el panorama. Por un lado, la dulzura casi irreal de Jazmín, que se inclinaba para limpiarle una mancha de azúcar a Inna con una ternura que le apretaba el pecho. Por otro, el juego de seducción evidente entre su mano derecha y la dueña de la cafetería. El "Demonio Ruso" se dio cuenta de que su fortaleza de mármol y acero había sido invadida por algo mucho más difícil de controlar que un cartel rival: la presencia femenina.

—Parece que tus dulces no solo han conquistado a mi hija —dijo Sergei en voz baja, dirigiéndose a Jazmín, aunque su mirada se desvió un segundo hacia Igor y Mirna—. Han alterado el orden de toda mi casa.

Jazmín levantó la vista, encontrándose con la intensidad azul de Sergei. A esa distancia, bajo la luz del sol del jardín, el hombre era una obra maestra de peligro y belleza.

—A veces el orden necesita un poco de azúcar para no volverse demasiado rígido, señor Románov —respondió ella, sorprendiéndose de su propia valentía.

Sergei dejó escapar una risa corta y ronca, un sonido que hizo que el doctor Alfonso levantara una ceja desde el otro extremo de la mesa. El té continuaba, entre risas de niña, promesas de ponis y una tensión romántica que amenazaba con hacer estallar la mansión en cualquier momento.

1
Antonia Garcia
Muy bonita historia gracias por compartir
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