Jessica trabaja como secretaria en una empresa de comida enlatada. Su vida es rutinaria, predecible… segura.
Aquella mañana, como cualquier otra, estaba en el comedor desayunando junto a sus compañeros, ajena a lo que estaba a punto de ocurrir.
Entonces, un escándalo estalló en la recepción.
Gritos. Golpes. Algo no estaba bien.
Movida por la curiosidad, Jessica se acercó con los demás, sin imaginar que ese sería el último momento de normalidad en sus vidas.
Porque lo que vieron… no era humano.
Ese día, el mundo cambió.
Y nadie estaba preparado para sobrevivir.
NovelToon tiene autorización de Ruczca para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
CAPÍTULO 11
Sentí cómo todos esperaban.
Cómo el silencio me empujaba.
Cómo el miedo… intentaba detenerme.
Pero algo dentro de mí ya había tomado una decisión.
Di un paso al frente.
—Por supuesto que iré.
En el momento en que lo dije, mi corazón se aceleró con fuerza.
No había vuelta atrás.
La sonrisa de Dos se ensanchó, satisfecha, casi complacida… y sin más, retiró el cuchillo del cuello de Enrique, liberándolo como si nunca hubiera existido peligro.
Enrique me miró, claramente sorprendido.
Yo misma lo estaba.
Aunque tengo miedo…
tengo que adaptarme a esta nueva realidad.
Por mis amigos...
por mí...
No podía seguir siendo la misma de antes.
No aquí.
No ahora.
—Enrique —dijo Omar con calma—, ella está bien. Mira lo determinada que está… definitivamente es una guerrera.
Sentí cómo el calor subía ligeramente a mis mejillas.
—No sé nada de lucha… —admití, tratando de mantener la firmeza en mi voz— pero daré lo mejor de mí.
Enrique se acercó a mí.
Su expresión era seria.
Más de lo habitual.
Sin decir nada, tomó mi muñeca y dijo ante los demás.
—Regresamos en un momento.
Antes de que pudiera reaccionar, me guió lejos del grupo.
Sentí la mirada de Dos sobre nosotros mientras nos alejábamos.
Pesada.
Incómoda.
Casi… posesiva.
Cuando finalmente nos detuvimos en un lugar apartado, Enrique soltó mi muñeca y se giró hacia mí.
—¿Estás realmente segura de lo que dijiste?
No dudé.
—Claro que sí.
Lo miré directamente.
—Omar, Jackson… tú… son mis amigos. ¿Cómo podría quedarme aquí sabiendo que podrían no regresar?
Mi voz se suavizó un poco, pero no perdió firmeza.
—No podría vivir con eso.
Sentí un nudo en el pecho.
—Somos amigos… y los amigos están en los buenos y en los malos momentos. Además… tengo que adaptarme a esta nueva realidad.
Enrique guardó silencio.
Por un momento pareció pensar en mis palabras con más profundidad de la que esperaba.
—No lo había visto de esa forma… —murmuró.
Pero luego negó ligeramente.
—Pero justamente por eso… no quiero que vengas.
Fruncí el ceño.
—¿Qué?
Enrique bajó la mirada por un instante.
Y aunque no lo dijo en voz alta…
le dolía no poder decirlo.
Eres importante para mí…
Cuando volvió a mirarme, su expresión ya estaba decidida.
—Respetaré tu decisión —dijo finalmente—. Pero tienes que prometerme algo.
Se acercó más.
Demasiado cerca.
Sus manos sujetaron mis brazos con firmeza.
—Quédate siempre conmigo o con Omar. No te acerques a Dos… bajo ninguna circunstancia.
Su tono cambió.
Más serio.
Más urgente.
—Él es peligroso.
Sus ojos se clavaron en los míos.
—Prométemelo.
Dudé.
Solo un segundo.
Porque en el fondo… sabía que tenía razón.
Pero también…
algo en mí no podía ignorar la presencia de Dos.
Aun así…
asentí.
—Está bien… lo prometo.
Y aunque lo dije con convicción…
una parte de mí sabía—
que cumplir esa promesa…
no sería tan fácil.
......................
Enrique me soltó lentamente.
No dijo nada.
Pero bajó la mirada… como si hubiera algo más que quisiera decirme y simplemente no encontrara la forma.
Me quedé observándolo un segundo.
Esperando.
Sintiendo que ese silencio decía más que cualquier palabra.
Pero entonces—
un escalofrío recorrió mi espalda.
Fue repentino.
Instintivo.
Como si mi cuerpo hubiera percibido algo antes que mi mente.
Y lo siguiente que sentí fue…
un aliento cálido rozando mi oído.
Mi corazón dio un salto violento.
—¿De qué tanto hablan…?
La voz fue baja.
Grave.
Demasiado cerca.
La reconocí.
El miedo me atravesó de golpe.
Me aparté bruscamente, sintiendo cómo el corazón me latía con fuerza descontrolada en el pecho.
—¡Iré! —solté sin pensar, aún alterada—. ¡Que iré contigo!
Mi propia voz me sorprendió.
Acelerada.
Nerviosa.
Como si intentara cubrir el susto que acababa de sentir.
Al levantar la mirada, lo vi.
Dos.
De pie, a pocos pasos… observándome.
Sonriendo.
Esa sonrisa suya, ladeada… como si disfrutara cada reacción mía, cada emoción que me provocaba.
Enrique frunció el ceño, claramente desconcertado.
—¿En qué momento…?
No lo había visto acercarse.
Ninguno de los dos lo había hecho.
Tragué saliva, tratando de recuperar el control.
—Más te vale que no hagas nada raro, Dos —dije, aún con la respiración agitada.
Él frunció ligeramente el ceño, como si mis palabras le resultaran casi ofensivas.
—Confía en mí, mujer —respondió con calma—. Estoy bastante lejos de ser un raro.
Lo miré.
Asentí.
Pero en el fondo…
no le creí ni una sola palabra.
Había algo en él.
Algo que no encajaba.
Algo que me hacía sentir alerta…
y al mismo tiempo…
extrañamente atraída hacia ese peligro.
Dos sonrió de nuevo.
Esta vez más marcado.
Más burlón.
Como si pudiera ver exactamente lo que estaba pensando.
Y eso—
me inquietó más de lo que estaba dispuesta a admitir.
......................
Al final, el grupo que bajaría por suministros quedó formado por seis personas: Enrique, Omar, Dos, otros dos hombres… y yo.
No éramos muchos.
Y aun así… se sentía como demasiado.
O demasiado poco.
Cada uno tomó lo que pudo como arma. Enrique, Omar y yo llevábamos palos de escoba partidos a la mitad, firmes en nuestras manos aunque sabíamos que apenas eran suficientes. Los otros dos hombres sostenían cuchillos, visiblemente nerviosos. Y Dos…
Dos ya tenía los suyos.
Como si fueran una extensión natural de su cuerpo.
Llegamos frente a la puerta de emergencia.
El silencio del otro lado pesaba.
Sabíamos lo que había ahí abajo.
Podíamos escucharlo.
Respiraciones irregulares.
Pasos arrastrados.
Algo golpeando… sin ritmo… sin sentido.
Entonces Dos se inclinó hacia mí, invadiendo mi espacio sin el menor reparo.
—Veamos si puedes mantener el ritmo… —murmuró con burla.
Sentí un pequeño enojo encenderse dentro de mí.
—Ve —añadió, como una orden—. Abre la puerta.
Eso fue suficiente.
Fruncí el ceño y caminé hacia la puerta, apretando el palo entre mis manos.
—Tú no me mandas —respondí, molesta, mientras giraba la manija.
Él solo sonrió.
Pero en el momento en que abrí completamente—
todo ocurrió de golpe.
Dos se movió.
Rápido.
Demasiado rápido.
Saltó la barricada como si no existiera, lanzándose directamente hacia las escaleras infestadas.
El sonido fue inmediato.
Húmedo.
Violento.
El impacto de los cuchillos atravesando carne.
Los gruñidos.
Los cuerpos cayendo.
Los otros muertos abalanzándose sobre él sin dudar.
Mi respiración se aceleró.
—Vamos —dijo Enrique.
La puerta se cerró tras nosotros con un golpe seco.
Logan no dudó.
Nos había dejado afuera.
absurdo pelearle a la mujer que básicamente se salvó sola de morir en último minuto.
😒😒
en fin, se creen que la mujer es de hierro.
que goze hasta que se transforme otra vez
es que tonsentia que iba a estar con Jackson alias dos
bello
autora aaaaa necesitamos más capitulos, en qué altar te ponemos ? 🤣🤣🤣
cómo me dejas con semejante evento 🤩🤩🤩🤩🤩
necesito más capitulos esto está intensoooo