⚠️🔞🚫Un detective, hombre de acción, serio y dedicado. Su matrimonio con su esposa es más una sociedad de convivencia que una relación romántica. Él se siente vacío, pero es leal. La falta de hijos y de sexo ha convertido su hogar en una oficina más.
Un mafioso que no es el típico villano que quiere dinero. Quiere el control total sobre la única persona que se atrevió a perseguirlo. Su obsesión es física y psicológica. Al descubrir que el detective es un hombre insatisfecho, usa eso para tentarlo y quebrarlo.
Esto contiene maltrato físico y psicológico.🚫🔞⚠️
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Va a aprender a disfrutar del dolor
La oficina del Departamento de Investigaciones Especiales olía a una mezcla rancia de café quemado, papel viejo y tabaco disimulado. Eran las seis de la mañana y Ethan ya estaba sentado frente a su escritorio, rodeado de carpetas con el apellido Schwarz en cada etiqueta.
Sus nudillos todavía estaban blancos de tanto apretar el volante la noche anterior. No había pegado ojo. Cada vez que cerraba los párpados, veía la sonrisa de Lantz y sentía ese aroma extraño, esa fragancia que parecía habérsele quedado pegada en la piel, por debajo de la ropa.
-Si sigues mirando ese muro de fotos así, te van a salir canas verdes, Richter. -
La voz pertenecía a Martin, un hombre de cincuenta años con la cara surcada por cicatrices y un cinismo que solo te dan veinte años de servicio. Martin dejó un vaso de cartón con café negro frente a Ethan se sentó en el borde del escritorio.
-Lantz estuvo en el muelle anoche.- Dijo Ethan sin mirarlo. Su voz sonaba más áspera de lo habitual -Estaba solo. Podría habérmelo llevado si no fuera por Franz.-
Martin soltó un bufido y le dio un sorbo a su propio café.
-No seas ingenuo. Lantz Schwarz nunca está solo. Si lo viste, fue porque él quiso que lo vieras. Ese tipo no da un paso sin haber calculado cuántos centímetros de ventaja te lleva. Y Franz... Franz es un animal. Si Lantz es el cerebro, Franz es la mandíbula que tritura los huesos.-
En ese momento, Cecil entró en la oficina con paso rápido. Llevaba una tableta en la mano y su rostro, usualmente calmado, mostraba una mezcla de fatiga y excitación. Cecil era la mente técnica que equilibraba la fuerza bruta de Ethan y la experiencia de Martin.
-Chicos, tengo algo.- Dijo Cecil, dejando la tableta sobre la mesa -Las cámaras de seguridad del puerto fueron saboteadas, sí, pero logré recuperar un fragmento de una cámara térmica de una empresa privada a tres manzanas.-
Ethan y Martin se acercaron. En la pantalla granulada se veía la silueta de Ethan apuntando a Lantz. Lo que llamó la atención de Ethan no fue el arma, sino la postura. En el video, se veía cómo Lantz se acercaba a él sin miedo alguno, invadiendo su espacio personal de una manera que, en cualquier otro sospechoso, habría terminado con Ethan derribándolo contra el suelo.
-¿Por qué no lo detuviste ahí mismo?- Preguntó la chica, lanzando una mirada inquisitiva a su compañero -Estabas a menos de un metro. Tenías el ángulo.-
Ethan sintió un nudo en la garganta. No podía decirles que sus piernas se habían sentido de plomo. No podía decirles que el aire alrededor de Lantz parecía cargado de una electricidad que lo anulaba.
-Franz apareció en el deportivo.- Mintió, recuperando su tono profesional -No quería arriesgarme a un tiroteo cruzado en una zona abierta sin refuerzos.-
-Hiciste bien.- Intervino Martin, aunque sus ojos entrecerrados sugerían que sospechaba algo -Los Schwarz no juegan limpio. Si Lantz se te acercó tanto, es porque te estaba marcando el territorio. Es un Alfa. Y de los peores. De esos que creen que el mundo les pertenece por derecho de sangre.-
Ethan apretó la mandíbula. En ese mundo, la jerarquía biológica no era algo de lo que se hablara mucho en los informes oficiales, pero todos sabían que existía. Los Alfas dominaban las altas esferas del crimen y la política. Ethan siempre se había considerado un Beta funcional, alguien que podía resistir la presión, pero lo que sintió anoche... esa sumisión momentánea ante Lantz... lo hacía sentir sucio.
A mediodía, el equipo tuvo una reunión. La presión política para desmantelar al clan Schwarz estaba aumentando. Los negocios de Lantz estaban empezando a tocar intereses de gente poderosa.
-Quiero resultados, Ritcher- Dijo el Capitán, golpeando la mesa -No me sirven encuentros nocturnos en muelles. Quiero pruebas, quiero nombres y quiero a los hermanos tras las rejas. Si no puedes hacerlo tú, buscaré a alguien que no le tiemble el pulso.-
Ethan salió de la oficina del jefe sintiendo el peso del mundo sobre sus hombros. Al salir al pasillo, se encontró con Ari. Ella estaba allí para entregar unos informes forenses de un caso de homicidio previo. Se veía impecable en su bata blanca, con el cabello recogido en un moño perfecto.
-Hola- Dijo ella, dándole una sonrisa profesional -No sabía que estarías en el edificio principal hoy.-
-Reunión de última hora.- Respondió él, tratando de suavizar sus facciones -¿Cómo vas con los huesos del muelle 12?-
-Interesante. Son antiguos, probablemente de la época de la prohibición. Mis padres están fascinados, dicen que podría ser un hallazgo histórico.-
Se quedaron en silencio unos segundos. Ethan miró a su esposa y trató de sentir esa chispa de protección, de amor, de algo. Pero Ari parecía una extraña muy querida. Alguien a quien apreciaba, pero con quien ya no compartía un idioma común.
-¿Vendrás a cenar hoy?- Preguntó ella.
-No lo sé, Ari. El caso se está poniendo difícil.-
-Entiendo. El deber es lo primero. Te dejaré algo en el microondas.-
Ella le dio un toque ligero en el brazo y se fue. Ethan se quedó mirando cómo se alejaba. Era una mujer increíble: inteligente, leal, hermosa. Y aun así, él se sentía morir por dentro. Lo que más le dolía era que ella no parecía notar su ausencia, incluso cuando estaba presente.
La tarde cayó pesada. Ethan decidió patrullar solo por las zonas que frecuentaba Franz Schwarz. Necesitaba movimiento. Necesitaba sentir que tenía el control.
Mientras conducía por el distrito industrial, su teléfono personal vibró. Era un número desconocido.
-¿Diga?- Contestó, conectando el manos libres.
-¿Te gustó la cena de anoche, detective? ¿O prefieres algo más picante?-
La voz de Lantz entró en sus oídos como un susurro caliente. Frenó en seco en medio de una calle desierta.
-¿Cómo tienes este número, Varghese?- Preguntó, sintiendo que el corazón le empezaba a latir con fuerza.
-Tengo muchas cosas. Tengo tus rutinas, tengo el nombre de tu hermana Sara, sé que tu padre prefiere el whisky barato y sé que tu esposa duerme en el lado izquierdo de la cama mientras tú te quedas mirando el techo.-
Ethan sintió un escalofrío de puro terror y furia.
-Si tocas a mi familia, te juro por Dios que...-
-No te equivoques.- Lo interrumpió, y su tono cambió de burlón a algo mucho más oscuro y posesivo -No me interesa tu familia. Son aburridos. Me interesas tú. Me interesa cómo respiras cuando te tengo cerca. Me interesa ese fuego que intentas apagar con tu placa de policía y tu matrimonio de papel.-
-Eres un maldito enfermo.-
-Y tú eres un hombre hambriento. Mañana habrá una entrega en el viejo matadero de la zona norte. Ve solo. Si llevas a Martin o a la chica de las computadoras, el trato se rompe y empezaré a divertirme con tu hermanita.-
La línea se cortó. Ethan golpeó el volante con el puño, gritando de frustración. Sabía que era una trampa. Sabía que Lantz lo estaba cazando como a un animal de trofeo. Pero también sabía que no podía arriesgar a Sara.
Esa noche, Ethan regresó a casa y miró a Ari dormir. Se sentó en el borde de la cama, observando su rostro sereno. Ella no tenía idea del monstruo que estaba llamando a su puerta. Ethan sacó su arma de servicio, la limpió meticulosamente y la cargó.
El detective no sabía que esa sería la última noche que dormiría en su cama. El hambre de Lantz no era algo que se pudiera saciar con palabras, y el deseo a la carne que el mafioso sentía estaba a punto de devorarlo todo.
En el matadero, Franz esperaba junto a su hermano.
-¿Crees que venga?- Preguntó, jugando con una navaja. Sus ojos brillaban con una intensidad salvaje, igual que los de Lantz.
Lantz estaba sentado en una silla de cuero que desentonaba con el entorno mugriento del matadero abandonado. Miraba la puerta principal con una calma absoluta.
-Vendrá- Dijo, relamiéndose los labios -El detective es un hombre de honor. Y el honor es la correa que usaré para traerlo a mis pies. Prepárate, hermano. Esta noche, el DIE se queda sin su mejor hombre.-
Franz sonrió, mostrando los dientes.
-Me gusta cuando juegas con la comida, hermano. Pero no lo rompas demasiado rápido, quiero ver cuánto aguanta antes de suplicar.-
Lantz se levantó, ajustándose el saco.
-Oh, no va a suplicar. Va a aprender a disfrutar del dolor.-