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PACTO DE SANGRE Y CENIZAS

PACTO DE SANGRE Y CENIZAS

Status: En proceso
Genre:Omegaverse / Mafia / Traiciones y engaños
Popularitas:2.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Andy GZ

En un mundo donde la superficie de la civilización es solo una máscara para las guerras de castas entre Alfas, Betas y Omegas, la ciudad de Chicago se convirtió en el tablero de ajedrez más sangriento del siglo XXI. La obra narra la colisión de dos linajes destinados a destruirse: la Bratva Volkov, liderada por el implacable y territorial Valerius, y la dinastía Moretti, cuyo último heredero, Dante, fue entrenado como un arma de precisión conocida como "El Fénix".

Lo que comenzó como un matrimonio forzado para evitar una guerra total, se transformó en una devoción absoluta que desafió las leyes de la mafia. A través de traiciones familiares, conspiraciones científicas de la Red Zero y el acecho de padres que veían en sus hijos simples herramientas de poder, Valerius y Dante forjaron un vínculo inquebrantable que mezcló el aroma del roble quemado con vainilla negra

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Capítulo 21: El Maestro de la Agonía

El gas violáceo se expandía por el ático como una presencia viva, devorando el oxígeno y reemplazándolo con un veneno químico diseñado para atacar el sistema límbico. Para un Alfa y un Omega vinculados, aquello era una tortura indescriptible. A través del enlace, Valerius y Dante no solo sentían su propio dolor, sino el eco distorsionado del sufrimiento del otro, creando una retroalimentación de agonía que amenazaba con colapsar sus mentes.

Valerius cayó de rodillas, soltando su pistola. Sus manos se enterraron en la alfombra mientras sus ojos grises se tornaban casi blancos por la presión. El gas inhibidor estaba "gritándole" a sus instintos que el Omega que tenía detrás ya no era suyo, mientras que su alma sabía que era mentira. Esa contradicción biológica era como tener un cable de alta tensión conectado directamente al cerebro.

—¡Valerius! —gritó Dante, intentando acercarse, pero Silas se interpuso con la elegancia de una cobra.

—No te distraigas, cuervo —siseó Silas, girando su cuchillo largo en el aire—. Tu Alfa está experimentando lo que sucede cuando intentas domesticar a un lobo con química. En dos minutos, su corazón se detendrá por el estrés del vínculo roto. Muévete.

Silas se lanzó al ataque. Dante apenas tuvo tiempo de desenvainar su daga de obsidiana. El choque del acero contra la piedra volcánica produjo una chispa que iluminó momentáneamente el rostro frío de su antiguo mentor. Silas no peleaba con la furia de la mafia; peleaba con la eficiencia de un verdugo. Cada estocada estaba dirigida a arterias principales, cada movimiento buscaba desequilibrar a Dante.

—Te enseñé todo lo que sabes —dijo Silas, bloqueando un tajo descendente de Dante y dándole una patada en el pecho que lo lanzó contra la mesa de cristal—. Pero te falta la frialdad. Estás vibrando, Dante. Estás sintiendo su miedo. Esa es la debilidad de los vinculados.

Dante se levantó, escupiendo sangre. A través de la marca en su cuello, sentía que Valerius se estaba apagando. La conexión se volvía tenue, fría. Si Valerius moría, una parte de la psique de Dante se iría con él. Ese pensamiento, en lugar de debilitarlo, encendió un fuego nuevo. La rabia de saber que su padre había enviado a este hombre para profanar lo único real que había tenido en su vida superó el efecto del gas.

—No me enseñaste a ser un esclavo, Silas —respondió Dante, su aroma a vainilla negra estallando con una potencia tal que logró perforar la nube púrpura—. Me enseñaste a sobrevivir. Y voy a sobrevivir a ti.

Dante cambió su postura. Ya no peleaba como el "limpiador" de los Moretti; empezó a usar la fuerza bruta que había aprendido observando a Valerius. Se lanzó en una carga suicida, ignorando el corte que Silas le propinó en el brazo. Logró cerrar la distancia y hundir su hombro en el plexo solar de su mentor, llevándolo contra la pared.

Mientras tanto, en el suelo, Valerius luchaba por recuperar la conciencia. El dolor era inmenso, pero el grito interno de Dante a través del vínculo funcionó como un desfibrilador. "¡Lucha, ruso!", escuchó en su mente. Valerius forzó sus pulmones a inhalar, filtrando el aire a través de sus dientes apretados. Su mano buscó a ciegas un jarrón de cristal pesado y lo estrelló contra el suelo, usando el dolor del impacto para anclarse a la realidad.

Valerius se arrastró hacia el sistema de ventilación manual de la habitación. Con un último esfuerzo, activó la purga de emergencia. Un potente chorro de aire puro empezó a barrer el gas violáceo hacia el exterior.

Silas, al ver que el gas se disipaba, intentó terminar con Dante rápidamente. Alzó su cuchillo para un golpe final, pero Dante fue más rápido. Usando un movimiento que Silas nunca le había enseñado —una técnica de lucha callejera rusa que Valerius usaba a menudo—, Dante atrapó el brazo de Silas, lo giró sobre su propio eje y le clavó la daga de obsidiana en el muslo.

Silas soltó un gruñido y cayó sobre una rodilla. En ese momento, una sombra inmensa se proyectó sobre él.

Valerius se había puesto en pie. No parecía un hombre, sino un demonio de venganza. Sus ojos grises estaban inyectados en sangre y su aroma a roble quemado regresó con la fuerza de un incendio forestal, reclamando cada rincón del ático. Agarró a Silas por el cuello con una sola mano y lo levantó del suelo como si no pesara nada.

—Has entrado en mi casa —rugió Valerius, su voz vibrando con una frecuencia que hacía doler los oídos—. Has intentado romper lo que me pertenece.

—Mátame... —jadeó Silas, sonriendo a pesar de la asfixia—. Pero Vincenzo... ya tiene el siguiente... movimiento...

Valerius no le dio tiempo a terminar. Con un movimiento seco, lanzó a Silas a través del ventanal roto. El cuerpo del asesino cayó al vacío, desapareciendo en la oscuridad de las calles de Chicago.

Hubo un silencio largo, solo roto por el sonido del viento entrando por el cristal roto. Valerius se giró hacia Dante. Ambos estaban cubiertos de cortes y ceniza, sus pechos subiendo y bajando con violencia. El vínculo se restableció de golpe, una oleada de alivio y deseo mutuo que casi los hace caer de nuevo.

Valerius caminó hacia Dante y lo envolvió en un abrazo tan fuerte que parecía querer fusionar sus huesos. Enterró su rostro en el cuello del Omega, justo sobre la marca, respirando con desesperación.

—¿Estás bien? —susurró Valerius, su voz temblando por primera vez.

—Sigo vivo, ruso —respondió Dante, rodeando el cuello de Valerius con sus brazos—. Pero Silas tenía razón en algo. Mi padre no se va a detener. Esto solo ha sido el aviso.

Valerius se separó lo justo para mirar a Dante a los ojos. La posesividad en su mirada era ahora absoluta, ciega. —Entonces no esperaremos al próximo ataque. Si Vincenzo quiere guerra total, se la daremos mañana mismo. Vamos a ir a su mansión, Dante. Vamos a terminar con esto antes de que ese "hijo" que tanto temen sea una posibilidad real.

Dante asintió, sintiendo cómo el vínculo con Valerius se volvía más fuerte que nunca. Ya no eran solo un Alfa y un Omega vinculados por la fuerza; eran dos soldados que habían sobrevivido al veneno y habían salido de él más letales que antes.

1
YRUM
excelente 👍🏻
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