Luna es una creadora de contenido y diseñadora UX que se hace pasar por su hermana Sol para contraer un matrimonio arreglado con Gael, un fundador de ciberseguridad al que todos llaman "lobo de negocios". Pero él ya sabe la verdad – su fachada feroz es solo para proteger a los suyos – y juntos hacen un pacto para investigar las amenazas que acechan a la empresa de su hermana.
Mientras trabajan en equipo, las reglas de su mentira empiezan a romperse: descubren una pasión compartida por la tecnología con propósito, y cada día se acercan más. En un mundo donde la imagen parece todo, tendrán que decidir si seguir fingiendo o atreverse a ser ellos mismos – porque el único código que nunca falla es el del amor construido sobre la autenticidad.
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capitulo 21
Un mes después de que saliera la portada en la revista, las cosas habían vuelto a la normalidad – aunque una normalidad mucho más emocionante de lo que estábamos acostumbrados. Las inscripciones para las próximas jornadas de “Tecnología con Causa” habían superado todas nuestras expectativas, y ya estábamos preparando la expansión a otras ciudades de España. VerdeFuturo había lanzado la plataforma para creadores jóvenes, y en solo una semana ya había miles de usuarios registrados.
Gael y yo estábamos más ocupados que nunca – entre el trabajo, los proyectos conjuntos y los preparativos de la boda, apenas teníamos tiempo para respirar. Pero no nos importaba – nos sentíamos llenos de energía, de propósito, de felicidad.
Un martes por la mañana, estaba en casa preparando el desayuno cuando Gael entró en la cocina con su ordenador portátil en la mano y una expresión seria en la cara.
“Luna”, dijo, sentándose frente a mí. “Necesito que hablemos de algo importante.”
Me quedé nerviosa – ¿había pasado algo?
“¿Qué pasa?” pregunté, sirviéndole café.
“Mi equipo y yo hemos estado trabajando en la plataforma global para proteger los datos de los creadores”, respondió Gael, abriendo su ordenador. “Ya tenemos la versión final lista, y las empresas que se han unido al proyecto quieren que la presentemos en un congreso de tecnología en Japón dentro de tres semanas.”
“¡Qué genial!” dije, emocionada. “Ese congreso es uno de los más importantes del mundo – vais a tener mucho éxito.”
“Pero hay un problema”, añadió Gael, mirándome a los ojos. “Quieren que tú también presentes – dicen que tu visión de diseño y contenido es fundamental para explicar el propósito de la plataforma.”
Me quedé sin aliento. Había siempre soñado con asistir a un congreso de tecnología en el extranjero, pero nunca había imaginado que tendría la oportunidad de presentar allí.
“¿De verdad quieren que yo vaya?” pregunté con voz temblorosa.
“Claro que sí”, respondió Gael con una sonrisa. “Tú eres la mente creativa detrás de este proyecto – sin ti, no sería lo que es ahora.”
Pero entonces me acordé de los preparativos de la boda. La fecha estaba fijada para dentro de dos meses, y todavía teníamos muchas cosas por hacer – probar el vestido de novia, confirmar los invitados, preparar las decoraciones.
“Pero la boda”, dije, preocupada. “Todavía tenemos mucho que hacer.”
“La abuela y Sol ya se han ofrecido a encargarse de todo mientras estemos fuera”, respondió Gael, cogiendo mi mano. “Y además, ¿no crees que sería una experiencia increíble? Presentar nuestro proyecto en el extranjero, conocer a otros creadores y empresarios, aprender de las últimas tendencias de la tecnología.”
Tenía razón. Esta era una oportunidad única que no podía dejar pasar.
“¡Claro que sí!” dije con alegría. “Me encantaría ir contigo.”
Gael sonrió y me dio un beso suave en los labios.
“Entonces es oficial”, dijo. “Vamos a Japón.”
Los días siguientes estuvieron llenos de preparativos – organizar el trabajo para que funcionara sin nosotros, hablar con los organizadores del congreso sobre la presentación, preparar los materiales y hacer las maletas. La abuela y Sol se encargaron de todo lo relacionado con la boda – desde probar el vestido de novia hasta confirmar el catering y las flores.
“No os preocupéis por nada”, dijo la abuela, cuando fuimos a visitarla en Sevilla para decirle la noticia. “Yo me encargaré de que todo salga perfecto. Solo tenéis que disfrutar de vuestro viaje y presentar vuestro proyecto con orgullo.”
El día de nuestro viaje llegó más rápido de lo esperado. Valen nos acompañó al aeropuerto, con una bolsa llena de snacks y una lista de recomendaciones de lugares que teníamos que visitar en Tokio.
“¡No olvidéis enviar fotos!” dijo, abrazándonos fuerte antes de abordar. “Y no compréis demasiados recuerdos – ya no cabe nada en vuestro apartamento.”
Nos reímos y le prometimos que le enviaríamos fotos de todo. Luego abordamos el avión, emocionados por la aventura que nos esperaba.
Llegamos a Tokio al día siguiente por la mañana. El cielo estaba azul y despejado, y el aire llevaba el aroma de flores de cerezo y comida callejera. El organizador del congreso nos recogió en el aeropuerto y nos llevó a nuestro hotel – un lugar moderno y elegante en el centro de la ciudad, con vistas al monte Fuji en los días claros.
Las primeras dos semanas estuvieron llenas de trabajo – reuniones con otros participantes del congreso, ensayos de la presentación y visitas a empresas de tecnología locales. Pero también encontramos tiempo para conocer la ciudad – paseamos por los jardines imperiales, comimos ramen en pequeños restaurantes callejeros, visitamos mercados de pulgas y admiramos los rascacielos iluminados por la noche.
Un día por la tarde, después de una larga reunión, Gael me llevó a un pequeño café oculto en una calle estrecha de Shibuya. Teníamos mesas de madera, paredes cubiertas de libros y un jardín interior con un pequeño estanque de koi.
“Quería traerte aquí”, dijo Gael, sirviéndome té verde. “Es un lugar tranquilo en medio del caos de la ciudad – perfecto para pensar y descansar.”
Mientras bebíamos té y comíamos dulces tradicionales japoneses, hablamos de nuestro proyecto, de las cosas que habíamos aprendido en el congreso y de nuestros planes para el futuro.
“Me gustaría que la plataforma llegara a más países”, dije, mirando los peces koi nadar en el estanque. “Quiero que más jóvenes creadores tengan acceso a herramientas de seguridad y diseño que les ayuden a proteger su trabajo.”
“Ese es justo nuestro objetivo”, respondió Gael, cogiendo mi mano. “Y con la experiencia que estamos adquiriendo aquí, seguro que lo conseguiremos.”
La noche antes de la presentación, no conseguí dormir. Estaba nerviosa, emocionada, con miles de pensamientos en la cabeza. Gael se dio cuenta y se acercó a mí en la cama, abrazándome desde atrás.
“¿Estás nerviosa?” preguntó en mi oído.
“Un poco”, respondí, apoyando mi cabeza en su pecho. “Es la presentación más importante de mi vida – quiero que todo salga bien.”
“Todo saldrá bien”, dijo Gael, acariciándome el pelo. “Eres la mejor en lo que haces, mi amor. Solo tienes que ser tú misma – eso es lo que más valora la gente.”
A la mañana siguiente, nos dirigimos al centro de congresos con los corazones latiendo a mil por hora. El auditorio estaba lleno de personas – empresarios, diseñadores, programadores y jóvenes estudiantes de todo el mundo. Nos subimos al escenario, cogidos de la mano, y empezamos nuestra presentación.
“La tecnología no debería ser un privilegio – debería ser una herramienta para todos”, empecé a decir, mirando a la audiencia con voz clara y segura. “Y para que todos puedan usarla, necesitamos proteger sus datos, su trabajo y sus sueños. Ese es el propósito de nuestra plataforma – dar a los creadores jóvenes las herramientas que necesitan para brillar.”
Gael continuó hablando de los aspectos técnicos de la plataforma – de los sistemas de seguridad, del cifrado de datos y de las formas en que ayudaba a los creadores a gestionar su trabajo. Mientras hablaba, miré a la audiencia y vi cómo muchas personas tomaban apuntes, hacían preguntas y mostraban interés en lo que estábamos diciendo.
Después de la presentación, muchos participantes se acercaron a nosotros para felicitarnos y hablar de posibles colaboraciones. Una joven diseñadora de Brasil se acercó a mí y me dijo:
“Tu presentación me ha inspirado”, dijo con voz emocionada. “Siempre he pensado que la tecnología era solo para hombres, pero tú me has demostrado que también podemos llegar muy lejos.”
Me abracé a ella y le dije:
“Claro que sí – nunca dejes que nadie te diga lo contrario. El mundo necesita tu creatividad, tu visión.”
Ese mismo día por la noche, el organizador del congreso nos invitó a una cena de gala en un restaurante tradicional japonés en lo alto de un rascacielos. Mientras comíamos sushi y bebíamos sake, mirábamos las luces de Tokio iluminar la ciudad por la noche.
“¿Te acuerdas de cuando nos conocimos?” pregunté a Gael, cogiendo su mano bajo la mesa. “Cuando te hice pasar por Sol y tú ya sabías la verdad.”
“Sí”, respondió Gael, sonriendo. “Desde ese momento supe que eras una mujer especial – inteligente, valiente y con un corazón enorme.”
“Y desde ese momento supe que tú eras la persona con la que quería pasar el resto de mi vida”, dije, mirándolo a los ojos. “Aunque tuviéramos que pasar por muchas cosas para llegar hasta aquí.”
Gael se acercó a mí y me dio un beso suave en los labios, mientras la música de fondo sonaba y las luces de la ciudad brillaban a nuestro alrededor.
“Las reglas del juego han cambiado mucho desde entonces”, dijo Gael, sonriendo. “Pero una cosa nunca cambiará – mi amor por ti.”
Me acerqué más a él y le respondí:
“Mi amor por ti tampoco cambiará nunca, Gael. Nunca.”
Mientras seguíamos cenando y hablando, me di cuenta de que habíamos creado nuevas reglas para nuestra vida – reglas basadas en la verdad, el respeto y el amor. Habíamos pasado de fingir ser personas que no éramos a ser completamente nosotros mismos, de vivir en la mentira a vivir en la verdad. Y aunque el camino había sido difícil, valía la pena – porque habíamos encontrado la felicidad y el propósito que siempre habíamos buscado.
El viaje a Japón había sido una experiencia increíble – no solo por la presentación, sino porque nos había dado la oportunidad de fortalecer nuestra relación y nuestros proyectos. Sabíamos que el futuro seguiría siendo lleno de desafíos y aventuras, pero también sabíamos que estábamos preparados para enfrentarlos juntos.
Las nuevas reglas habían llegado – y eran perfectas.