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Justicia Y Amor.

Justicia Y Amor.

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Amor-odio / Malentendidos
Popularitas:1.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Gabriela

Entre rejas, mentiras y mafias, un hombre inocente lucha por recuperar su libertad mientras una abogada arriesga todo para demostrar la verdad.

NovelToon tiene autorización de Gabriela para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Descubriendo a los asesinos.

El pasillo del hospital estaba en silencio, se sentía el silencio frío, ese silencio que anuncia una gran tormenta.

Yaya caminaba lentamente detrás del médico, con los ojos hinchados, el cuerpo débil… el alma rota y el corazón oprimido.

—Puedes pasar —dijo el doctor con suavidad.

La puerta se abrió.

Yaya entró.

Ahí estaba su madre Lucía, su cuerpo estaba Inmóvil, se la veía demasiado quieta.

—Mamá… —susurró Yaya.

Se acercó lentamente con pasos temblorosos.

Tomó la mano de su madre y estaba muy fría.

—Perdóname… —dijo entre lágrimas—.

—No pude hacer más…

Apoyó su frente sobre la mano de su madre.

—Te prometo que voy a cuidar de Valentino…

—Te prometo que no lo voy a dejar solo…

El llanto llenó la habitación.

Un llanto que no pedía consuelo.

Porque ya no había nada que reparar.

En otro punto de la ciudad, en un callejón oscuro muy lejos del hospital…

Matteo estaba de pie bajo la lluvia.

Frente a los hombres que habían seguido el auto.

eran dos contra uno.

Pero no parecía importarle.

—Te advertimos que no te metieras —dijo uno de ellos.

Matteo sonrió levemente.

—Y yo te advertí que no me detendría.

El primero volvio a atacar, fue directo.

Pero Matteo no era un anciano cualquiera.

Se movió con precisión.

Evitó el golpe.

Y respondió.

Un movimiento seco.

Contundente.

El hombre cayó al suelo.

El otro se lanzó a la pelea, está se volvió brutal, llena de golpes y empujones.

La lluvia hacía todo más resbaloso.

Más peligroso.

Uno logró golpear a Matteo en el rostro.

El anciano retrocedió.

Pero no cayó.

—Aún… no aprenden… —murmuró.

Se lanzó nuevamente.

Golpeó a uno en el estómago.

Al otro en la mandíbula.

Pero apareció uno más y el tiempo… no estaba de su lado.

Uno sacó un arma.

La apuntó.

—Se acabó. murmuró Mateo.

El mundo se detuvo. Por un instante, pero pensó en no rendirse, había superado muchas cosas como para dejarse caer ahora.

—No hoy. dijo Mateo

Y en un movimiento rápido, lanzó su bastón contra el hombre.

El arma cayó.

Pero el otro aprovechó.

Un golpe fuerte en la espalda.

Mateo cayó de rodillas, si respirando era lenta, le costaba contener aire en sus pulmones.

—Viejo… debiste quedarte fuera —dijo uno acercándose.

Matteo levantó la mirada.

Sus ojos… aún firmes.

—Mientras yo respire…

—Nadie toca a esa chica.

El hombre levantó el arma nuevamente.

Pero entonces…

sirenas se escucharon a lo lejos, cada vez se oían más cerca.

—Vámonos —dijo uno.

Los hombres dudaron.

Pero se retiraron rápidamente.

Matteo se quedó en el suelo solo.

Respirando con dificultad y sangrando, pero se encontraba con vida.

—Aún… no… —susurró, mientras intentó levantarse.

Después de varios minutos de intentarlo lo logró .

Porque tenía un motivo fuerte que lo impulsaba a seguir, aún tenía algo por proteger.

Por otro lado, en Blackstone Prison, el aire estaba cargado, más pesado que nunca.

Valentino estaba frente al vidrio, alguien lo fue a visitar, era Isabella.

Pero ya no era el mismo todo había cambiado, de un momento a otro su vida se derrumbó, las tragedias lo perseguían.

Ya no era el mismo hombre.

—Dímelo —exigió, Valentino.

Isabella temblaba,.no podía decir una palabra, pero sabía que ya no podía callar, tenía que contárselo a Valentino. Entonces dijo:

—El padre del hombre asesinado…

Valentino apretó los puños.

—¿Qué pasa con él?

—Él ordenó su muerte. El ordenó la muerte de su propio hijo, querían desaserce de él sin que nadie sospechara y tú estuviste en el lugar equivocado a la hora equivocada.

El silencio fue brutal.

—¿Mató a su propio hijo…?

Isabella asintió lentamente.

—Sí.

Valentino retrocedió un paso.

—Eso no tiene sentido…

—Es poder —respondió ella—.

—Era una traición interna.

—Una forma de subir dentro de la organización.

Valentino respiraba con dificultad.

—¿Son unos desgraciados, y ahora que pasará conmigo…?

Isabella lo miró.

Con dolor.

—Tú eras el candidato perfecto para cubrir esa muerte.

El mundo se rompió.

—¿Quién más? No pudo haber planeado solo, algo así—preguntó él.

Isabella cerró los ojos.

—Mi padre…

El silencio fue absoluto.

—Él ayudó a encubrir todo.

—Manipularon pruebas.

—Te culparon.

—Te condenaron.

Las palabras no eran suficientes para describir el impacto.

Valentino golpeó el vidrio.

—¡NO!

El guardia se movió, y le hizo señas de una alerta.

Pero ninguno de los dos se separó.

—Yo no sabía… —dijo Isabella entre lágrimas—.

—Te juro que no sabía nada…

Valentino la miró.

Y por primera vez…

no vio a la mujer que confiaba en él.

Vio… a alguien del otro lado.

—Tu familia… —dijo con voz rota—.

—Tu familia me destruyó.

Isabella negó desesperadamente.

—¡No soy como ellos!

Valentino bajó la mirada.

Su voz se volvió fría.

—Pero eres parte de ellos, llevas su sangre, esa sangre sucia que cargan todos, incluso tú.

El golpe fue directo.

Silencioso.

Irreversible.

—Valentino… —susurró ella.

Él levantó la mirada.

Sus ojos aún tenían dolor…

pero también algo más.

Distancia.

—Aléjate de este caso, no te necesito, no quiero que estés cerca de mí o de mi familia.

Isabella sintió que el corazón se le rompía.

—No… Yo... déjame explicarte...

—Esto ya no es justicia —continuó él—.

—Es guerra.

El silencio se volvió insoportable.

—Y tú… —dijo él finalmente—.

—Estás en el lado equivocado.

Isabella retrocedió lentamente.

Como si cada palabra la empujara.

—No… —susurró.

Pero Valentino ya no respondió.

El guardia intervino.

—Se acabó el tiempo.

Isabella no se movió, su corazón estaba herido, roto, trizado, no podía moverse de aquel lugar, sentía que si daba un paso de derrumbaría.

Pero Valentino se dió la vuelta y se marchó, se detuvo un instante, pero el orgullo fue más fuerte y siguió su camino a la celda sin mirar atrás.

Mientras tanto en el hospital…

Yaya lloraba desconsolada por su madre, mientras pensaba en cómo darle la noticia a su hermano.

Y en la calle…

Matteo estaba herido, pero seguía en pie, tratando de llegar a un lugar seguro, tratando de llegar donde su hijo, ya que era la única persona en quién confiaba.

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