En el poderoso reino de Valdoria, la belleza es poder… y el amor, una condena.
Lady Anya Naville, segunda hija de un influyente archiduque, ha sido admirada toda su vida como el diamante del reino. Prometida desde la infancia al príncipe heredero, Maxime Iker Lindberg, Anya creció creyendo que su destino era convertirse en reina… y esposa del único hombre que había amado.
Pero todo se derrumba cuando una noble extranjera cautiva el corazón del príncipe.
Consumida por los celos y la humillación, Anya comete un acto imperdonable usando la magia prohibida que corre por su sangre. Su crimen la convierte en la villana del reino y la lleva a enfrentar la ejecución pública.
Sin aliados. Sin amor. Sin esperanza.
Hasta que, en su última hora de vida, lanza un hechizo imposible.
Anya despierta años en el pasado, atrapada nuevamente en su cuerpo de cinco años, pero conservando todos los recuerdos de su trágico futuro.
Esta vez no cometerá los mismos errores.
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Capítulo 22 | Asignaciones
Las palabras quedaron en el aire apenas un segundo, lo suficiente como para que todos las registraran sin necesidad de responder. Nadie insistió.
Un profesor se acercó poco después, indicando con un gesto breve que avanzáramos hacia el edificio principal. No explicó nada, no era necesario. La mayoría ya sabía qué hacer.
Nos movimos con el resto.
El flujo de estudiantes era constante, ordenado de una forma que no parecía forzada. Los nuevos eran fáciles de distinguir, no por la ropa ni por la edad, sino por la forma en que miraban todo como si necesitaran entenderlo de inmediato.
Los demás no, los demás simplemente avanzaban.
Entramos al salón principal junto con ellos. El espacio no había cambiado. Techos altos, ventanales amplios, una estructura sólida que no buscaba impresionar, sino sostener.
La magia seguía ahí, siempre estaba. No como algo visible, sino como una presión constante, sutil, que se filtraba en cada rincón. No todos la notaban, pero yo sí, siempre lo había hecho.
Nos ubicamos sin que nadie lo indicara. Kael a mi lado, los otros a una distancia que no era casual, pero tampoco marcada. No había necesidad de acercarse más, pero tampoco de separarse.
El murmullo fue bajando cuando las puertas del frente se abrieron. El director entró sin apuro, no necesitaba anunciarse. Su sola presencia bastó para que el salón quedara en silencio.
Era alto, con una postura firme que no parecía afectada por los años. El cabello completamente blanco contrastaba con la intensidad de su oscura mirada. No era una mirada que se detuviera demasiado tiempo en alguien en particular.
—Bienvenidos —dijo, con una voz clara—. Mi nombre es Caelum Viremont.
No era la primera vez que lo escuchaba, no en esta vida, pero tampoco importaba.
—Para algunos, este es su primer año —continuó—. Para otros, solo un paso más.
Su mirada recorrió el salón sin detenerse.
—En cualquier caso, las reglas no cambian —un par de los nuevos se tensaron. Los demás no reaccionaron, ya lo sabían—. La academia no está diseñada para ser cómoda —añadió—. Está diseñada para ser funcional.
Ian soltó aire apenas, casi como una risa contenida.
—Aquí no solo se estudia magia.
«No me digas.»
Mi pensamiento sarcástico me provocó una sonrisa casi imperceptible.
—Recibirán formación en historia, política, economía y gestión financiera —algunos de los nuevos intercambiaron miradas—. No es un complemento. Es parte de su formación.
Eso sí era importante.
—La magia sin estructura no sostiene nada —se produjo un silencio casi teatral—. Muchos de ustedes heredarán responsabilidades. No basta con poder ejercer poder.
Su tono no cambió.
—Deben saber administrarlo.
Nada en sus palabras era exagerado. Era directo y conciso.
—También tendrán formación física obligatoria —un leve movimiento recorrió el grupo—. Esgrima para los varones. Bádminton para las mujeres.
Ian inclinó la cabeza apenas hacia mí.
—Sigo sin entender eso.
—No necesitas entenderlo —respondí en voz baja—. Solo hacerlo.
Eso le sacó una leve sonrisa.
El director continuó sin interrupciones.
—La academia se organiza en ocho años. Cada ciclo tiene sus propias exigencias.
Ocho años. Un tiempo suficiente para moldear a cualquiera.
—Las habitaciones cambian cada año —los nuevos hicieron una mueca de asombro, seguro pensaban que usarían la misma todos los años—. Las asignaciones no son permanentes. No están diseñadas para su comodidad.
Nunca lo estaban.
—Buscan adaptación —la palabra quedó en el aire—. Aprenderán a convivir con diferentes perfiles. Diferentes formas de pensar.
Eso era más difícil que cualquier clase.
—Serán evaluados constantemente.
Algunos de los nuevos se tensaron más.
—No siempre sabrán cuándo.
Eso era lo que más les costaría.
—Aquí, el error tiene consecuencias —hizo una pausa breve—. Y el acierto también.
Eso no siempre era evidente.
—Serán organizados en grupos, no por afinidad y no por elección —algunas miradas se levantaron de golpe—. Cada grupo estará compuesto por habilidades distintas.
Sentí cómo el ambiente cambiaba apenas.
—La magia no funciona de forma aislada.
Eso era cierto.
—Aprenderán a coordinarse.
No dijo “a confiar”.
Dijo coordinarse.
—Los grupos no son permanentes, pero mientras lo sean, influirán directamente en su progreso.
No en su resultado. En su progreso.
—Hoy no comenzarán con clases formales —un leve alivio en algunos—. No obstante, eso no significa que no estén siendo observados.
Ese alivio desapareció rápido.
—Aquí, siempre lo están.
El silencio volvió, más pesado y más consciente. Nadie se atrevía a musitar palabra ni a moverse. El director asintió levemente.
—Pueden retirarse.
Y eso fue todo.
El movimiento comenzó casi de inmediato después de que el director se retirara.
Los profesores se distribuyeron por el salón con listas en mano, organizando a los estudiantes según su año. No hubo confusión, no real. Cada grupo sabía a dónde debía ir, incluso antes de que se lo indicaran.
Me separé de los demás sin necesidad de decir nada. No hacía falta.
Ellos no estaban en mi año y nunca lo estarían. Yo era menor a todos ellos.
—Primer año, hacia este lado —indicó una profesora, señalando uno de los pasillos laterales.
La seguí junto con el resto. El cambio era evidente, no en el lugar, sino en las personas. Aquí sí había duda.
Miradas que se movían demasiado, pasos apenas descoordinados, silencios incómodos entre desconocidos que no sabían si hablar o quedarse quietos.
Nada de eso era nuevo para mí. Ya había estado ahí, pero no así.
Nos detuvimos en una sala más pequeña. No era un aula, pero tampoco un espacio abierto. Lo suficiente para organizar sin dispersar.
—Grupos de primer año —dijo la profesora, desplegando la lista—. Escuchen con atención.
El murmullo bajó.
—Los grupos estarán conformados por cinco integrantes. Permanecerán juntos durante todo el ciclo lectivo —nada cambió en mi expresión—. Se espera que colaboren, se adapten y mantengan un rendimiento acorde.
Siempre lo mismo.
La lista comenzó.
Los nombres fueron saliendo uno tras otro. Algunos reaccionaban, otros tardaban un segundo en entender que habían sido llamados.
No presté atención a los primeros, no importaban.
—Anya Naville.
Levanté la mirada.
—Elian Voss.
Un chico dio un paso al frente, algo rígido. Cabello oscuro, ojos claros, postura demasiado correcta.
—Serah Lune.
Una chica se acercó sin dudar, con una expresión tranquila que no era exactamente confianza.
—Tarek Ilyas.
Más relajado. Mirada rápida, evaluando sin disimular demasiado.
—Mira Kestrel.
La última en acercarse. Observadora. Silenciosa.
—Grupo tres —la profesora bajó la hoja —. Organícense. Un asistente los llevará a sus habitaciones.
Eso fue todo. No hubo más indicaciones.
El silencio entre nosotros duró un segundo más de lo necesario, nadie parecía seguro de quién debía hablar primero. Predecible.
—Bueno… —empezó Tarek, mirando alrededor—. Supongo que somos nosotros.
Nadie respondió de inmediato.
Serah cruzó los brazos suavemente.
—Eso parece.
Elian asintió, demasiado rápido.
—Sí.
Mira no dijo nada, solo observaba.
Desvié la mirada apenas, no necesitaba intervenir, no todavía al menos.
—Podríamos… —dijo Elian, dudando un segundo—. Presentarnos.
—Buena idea —respondió Tarek.
Serah lo miró, evaluando si era sarcasmo. No lo era.
—Empieza tú —añadió.
Elian pareció tensarse apenas.
—Elian Voss —hizo un silencio breve—. Magia de refuerzo.
Directo y simple. Me agradó.
Serah fue la siguiente.
—Serah Lune. Manipulación de energía.
Tarek inclinó la cabeza.
—Tarek Ilyas. Proyección.
No explicó más, no hacía falta. Todos sabíamos para qué servía su poder.
Mira habló sin levantar mucho la voz.
—Mira Kestrel. Sensitiva.
Eso sí era interesante, pero no reaccioné.
Todos miraron en mi dirección, era lógico. Era mi turno.
—Anya Naville.
No añadí nada más.
Tarek arqueó una ceja.
—¿Y?
—¿Y qué? —pregunté de vuelta, levantando una ceja.
—Tu magia.
Lo miré un segundo.
—Control.
No era una mentira, pero tampoco era todo. El silencio volvió, distinto esta vez.
—Bueno… —dijo Tarek—. Es un grupo variado.
—Ese es el punto —respondió Serah.
Elian asintió otra vez, Mira seguía observando.
El asistente llegó poco después.
—Grupo tres —asentimos—. Síganme.
Salimos de la sala en silencio.
El pasillo era más tranquilo que el principal, menos transitado. La academia parecía reorganizarse a medida que uno avanzaba, como si cada sector tuviera su propio ritmo.
—Las habitaciones de primer año están en esta ala —explicó el asistente—. Son individuales.
Nadie comentó.
—Pueden contar con un sirviente y un guardia. La responsabilidad es suya.
Eso sí generó algunas miradas.
—El uniforme está dispuesto en sus habitaciones.
Verde oscuro y negro. Siempre igual.
—Las habitaciones cambian cada año —otra constante—. No se acostumbren demasiado.
Nos detuvimos frente a una serie de puertas.
—Aquí.
Revisó la lista.
—Naville, 8.
Asentí.
—Voss, 9.
—Lune, 10.
—Ilyas, 11.
—Kestrel, 12.
Simple y ordenado, sin margen para discusión.
El asistente se retiró sin añadir nada más y el pasillo quedó en silencio otra vez.
—Bueno… —dijo Tarek—. Supongo que nos veremos después.
—En la cena —añadió Serah.
Elian asintió, Mira no dijo nada.
Me detuve frente a la puerta, no los miré al entrar. No era necesario.
El espacio era mío, por ahora. Y eso… era suficiente para mí.
La que la llama es ella del futuro o quien puede ser!?