Raeliana fue despojada de la mansión murió sabiendo que fue utilizada.. despierta en el pasado, con todos sus recuerdos intactos y una sola meta: no volver a casarse con el conde que la llevó a la muerte. Esta vez, antes de que el palacio la destruya, ella cambiará el destino…
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Casería real
El despacho estaba bañado por la luz dorada de la tarde cuando Noah habló, sin levantar la vista de los documentos.
—Partimos mañana al amanecer —dijo el duque Noah.
Raeliana levantó la vista.
—¿Mañana?
Edgar asintió desde un lado.
—La cacería imperial durará una semana, milady. Todo está preparado.
Raeliana dudó.
Las prometidas solían quedarse… pero también podían acompañar.
—Si no desea ir, puedo dejarla en la capital —añadió Noah, serio.
Ella negó de inmediato.
—Iré.
Él la observó unos segundos.
Como si eso fuera exactamente lo que quería oír.
—Entonces prepare lo necesario.
Se giró para irse… y se detuvo.
—Las prometidas suelen entregar algo antes de la partida.
Raeliana parpadeó.
—¿Algo?
Edgar aclaró con suavidad:
—Un pañuelo bordado. Es una tradición.
Noah no dijo nada más.
Pero tampoco se fue hasta que ella asintió.
—Lo prepararé.
Aunque en mi vida anterior no sabia nada de bordado , Raeliana si que sabe es como si siempre lo hubiera hecho .
A la mañana siguiente, el patio estaba lleno de caballos, estandartes y armaduras.
Los nobles montaban uno tras otro.
Las damas observaban desde la escalinata.
Raeliana se acercó a Noah.
Le extendió un pequeño pañuelo blanco, bordado con hilo plateado.
Sus manos se rozaron.
—Para que regrese sano y salvo —dijo ella.
Noah lo miró.
Sus dedos se cerraron despacio sobre la tela.
—Regresaré.
No lo guardó en el bolsillo.
Lo ató a su muñeca.
Varias damas murmuraron.
Edgar disimuló una sonrisa.
Horas después, las mujeres fueron llevadas a la mansión de caza.
Un lugar elegante en medio del bosque.
Raeliana apenas se sentó cuando una voz dulce sonó a su lado.
—Lady Raeliana… cuánto tiempo.j
Era una joven de cabello claro y sonrisa perfecta.
Demasiado perfecta.
—Lady Seraphine —murmuró otra dama—. La hermana del marqués.
Raeliana entendió.
La chica que siempre estuvo cerca del duque.
Seraphine se sentó sin pedir permiso.
—El duque y mi hermano crecieron juntos. Solíamos vernos muy seguido.
Sonrió.
—Muchos pensaron que terminaríamos comprometidos.
Silencio incómodo.
—Pero supongo que algunas cosas cambian.
Sus amigas rieron bajo.
—Aunque hay cosas que no cambian —añadió otra—. El duque nunca ha ofrecido un trofeo a ninguna dama.
—Jamás —confirmó otra—. Ni siquiera a las más importantes.
Seraphine miró a Raeliana con dulzura falsa.
—Así que no se haga ilusiones.
Raeliana tomó su taza con calma.
—No las hago.
Pero su pecho se apretó un poco.
Al atardecer, los cuernos anunciaron el regreso.
Las damas salieron a la terraza.
Los caballos aparecieron entre los árboles.
Cubiertos de polvo.
Cansados.
Victoriosos.
Noah desmontó de un salto.
Sus ojos buscaron algo.
La encontraron.
Caminó directo hacia ella.
Sin mirar a nadie más.
En su mano llevaba un pequeño monstruo de bosque, derrotado. Una criatura rara, cubierta de escamas oscuras.
Las damas se quedaron heladas.
Noah se detuvo frente a Raeliana.
—Para usted.
Silencio total.
Ella parpadeó.
—¿Para… mí?
—Es la primera presa que obtuve hoy.
Se la entregó como si fuera lo más normal del mundo.
—Quería dársela.
Detrás, alguien dejó caer un abanico.
Seraphine estaba pálida.
Raeliana sintió el corazón golpearle el pecho.
—Gracias… Duque Noah .