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SOMBRAS BAJO LA LEY

SOMBRAS BAJO LA LEY

Status: En proceso
Genre:Demonios / Casos sin resolver
Popularitas:539
Nilai: 5
nombre de autor: Dorothea"

En una ciudad donde los crímenes no siempre son humanos, los detectives Lin Yue y Zhao Ren pertenecen a una división secreta de la policía encargada de casos que jamás aparecen en los informes oficiales. Apariciones que matan, cadáveres que regresan caminando y asesinos que no dejan huellas… porque no están vivos.
Mientras resuelven sucesos cada vez más atroces y paranormales, ambos descubren que los monstruos no solo se esconden en la oscuridad, sino también dentro del sistema que juraron proteger.
Y algunos casos… jamás debieron abrirse.

NovelToon tiene autorización de Dorothea" para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 24 — Un nombre para la muerte.

El regreso a la división había devuelto algo parecido a la normalidad… o al menos a la versión extraña de normalidad que existía desde que dos entidades sobrenaturales infantiles caminaban libremente por los pasillos como si fueran dueñas del lugar.

El pequeño niño de cabello blanco —la encarnación de la muerte— seguía refunfuñando desde temprano.

—Este mundo apesta… —gruñía mientras pateaba una silla giratoria—. Humanos ruidosos, comida sin alma y reglas absurdas.

A su lado, la pequeña manifestación parcial de Higanbana, una niña de cabello oscuro con ojos brillantes y un viejo peluche de conejo arrastrando por el suelo, lo observaba con paciencia casi maternal pese a parecer igual de pequeña.

El conejo estaba viejo, lleno de tierra seca y manchas oscuras imposibles de borrar. Era un recuerdo de siglos atrás, el único objeto que Higanbana conservaba del humano que alguna vez le dio un nombre… y algo parecido al afecto.

—Deberías dejar de quejarte —dijo la niña con calma—. Ahora tienes compañía.

—No pedí compañía.

—Mentira.

El niño cruzó los brazos, molesto.

Desde lejos, Mateo los observaba tomando café.

—Nunca pensé que terminaría cuidando niños cósmicos —murmuró—. Niñera interdimensional no estaba en mi contrato laboral.

Aiko, revisando documentos a su lado, ignoró el comentario… aunque una leve sonrisa apareció por un segundo.

---

Mientras tanto, en otro sector de la división, Zhao Ren revisaba informes cuando su teléfono vibró.

Un número desconocido.

Frunció el ceño.

No solía recibir llamadas personales.

Abrió el mensaje.

> “¿Zhao Ren? No sé si este sigue siendo tu número… Soy Hana. La boticaria de las montañas. Perdí tu contacto cuando mi celular murió… Estoy en China ahora.”

El tiempo pareció detenerse.

Un recuerdo apareció con claridad inesperada.

Montañas cubiertas de neblina.

Hierbas colgadas secándose bajo techos de madera.

El aroma medicinal mezclado con té caliente.

Y ella.

Una joven de rasgos suaves, mezcla coreana y mexicana, sonrisa tranquila y manos siempre manchadas de plantas medicinales. Durante su año desaparecido, cuando Zhao Ren había vivido fuera del mundo oficial, ella había sido su único vínculo humano estable.

Habían pasado un año entero juntos.

Cocinando. Recolectando hierbas. Curando aldeanos. Viviendo una paz que él jamás creyó merecer.

Ella hablaba demasiado. Él escuchaba demasiado poco.

Y una mañana… simplemente se fue.

Sin despedirse.

Porque quedarse significaba arrastrarla a su mundo.

El recuerdo del rostro de Hana apareció nítido en su mente: ojos cálidos, ligeramente tristes, como si siempre hubiera querido decir algo más.

Zhao Ren apretó el teléfono.

No respondió de inmediato.

Por primera vez en mucho tiempo… dudó.

---

En la sala común, mientras tanto, ocurría una discusión extremadamente seria.

—Necesitas un nombre —dijo Higanbana con firmeza infantil.

—No lo necesito.

—Todos lo necesitan.

—Soy la muerte.

—Eso es un trabajo, no un nombre.

El niño quedó en silencio.

Nunca… nadie le había dicho algo así.

Durante eras incontables había sido solo “La Parca”, “La Muerte”, “El Final”.

Nunca alguien lo había llamado de otra forma.

Nunca alguien pensó en él como algo más que una función.

—Los nombres son importantes —continuó Higanbana mientras abrazaba su conejo—. Te atan al mundo.

El niño miró el suelo.

—No tengo uno.

—Entonces elegiremos uno.

Ambos comenzaron a pensar con expresiones exageradamente concentradas.

—¿Destructor Absoluto? —propuso él.

—Muy largo.

—¿Aniquilación Suprema?

—Peor.

—¿Señor Oscuro?

—Ridículo.

Mateo, pasando por ahí con una botella de agua, escuchó la conversación y suspiró.

—Dios… esto parece discusión de gamers creando usuario.

Ambos niños lo miraron.

—Oye humano —dijo la muerte—. Tú habla. ¿Qué nombre sería digno?

Mateo se quedó pensando unos segundos.

Miró al niño.

Cabello blanco despeinado. Ojos rojos vacíos pero curiosos. Cara seria… pero claramente infantil.

Y sin pensarlo demasiado dijo:

—Kai.

Silencio absoluto.

El aire vibró suavemente.

El niño abrió los ojos con sorpresa.

Algo invisible recorrió su cuerpo, como si una cadena antigua acabara de romperse.

Por primera vez… sintió peso.

Identidad.

Existencia individual.

—Kai… —repitió en voz baja.

El suelo emitió una leve onda espiritual.

Higanbana sonrió ampliamente.

—Te queda bien.

El niño —ahora Kai— llevó una mano a su pecho confundido.

—Esto… se siente raro.

Mateo levantó los hombros.

—Pues acostúmbrate, pequeño. Ya no eres solo “la muerte”. Ahora eres alguien.

Kai lo miró largo rato.

Y por primera vez desde que apareció… no se quejó.

---

Mientras tanto, Zhao Ren seguía observando el mensaje.

Sus dedos finalmente comenzaron a escribir.

> “Sí… sigo usando este número.”

Se detuvo.

Borró el texto.

Volvió a escribir.

> “Hana… cuánto tiempo.”

Envió el mensaje.

Un segundo después llegó la respuesta.

> “Sabía que seguirías vivo.”

Zhao Ren dejó escapar una pequeña risa casi imperceptible.

Un recuerdo cálido regresaba… justo cuando su vida volvía a complicarse.

---

En la sala común, Kai observaba a Higanbana arrastrar su viejo conejo.

—¿Alguien te dio ese nombre? —preguntó.

Ella asintió.

—Hace mucho… alguien humano.

Kai pensó en ello.

Ahora entendía algo nuevo.

Los nombres… eran regalos.

Y por primera vez en toda su existencia eterna, la muerte ya no se sentía completamente sola.

Al fondo, Mateo gritaba:

—¡Oigan! ¡Si ahora somos familia disfuncional sobrenatural exijo aumento salarial!

Aiko levantó la mirada sin emoción.

—Solicitud rechazada.

—¡Tiranía laboral!

La división volvía a llenarse de ruido.

Pero esta vez… había algo diferente.

Algo más ligero.

Como si, después de tantas batallas, el destino finalmente hubiera permitido un pequeño respiro antes del siguiente caso.

Y sin que nadie lo notara, una energía nueva comenzó a moverse lentamente dentro de la división.

Porque darle un nombre a la muerte… siempre tiene consecuencias.

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