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Sangre De Dragones Y Corona De Guerra

Sangre De Dragones Y Corona De Guerra

Status: En proceso
Genre:Fantasía épica / Amor-odio / Dragones
Popularitas:1.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Uma campo

un libro con personajes de ficción, dragones, ogros, un enemies to lovers y demás. ¿será que conseguirán enamorarse mutuamente? o solo seguirán en guerra. quién sabe depende de como ellos se traten a sí mismos

NovelToon tiene autorización de Uma campo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

XIX. El Ayuno del Alma y la Promesa de Sangre

(El aire en el patio del castillo se siente estancado, cargado de un frío que no pertenece a la estación, sino al presentimiento de la tragedia. La voz de Elaraethelir surge de nuevo, como un susurro que se arrastra entre las piedras húmedas, cargada de una melancolía que parece humedecer el ambiente).

Ha pasado otra noche. El sol ha vuelto a asomarse por el horizonte, pero su luz es pálida, casi avergonzada de iluminar el desastre que hemos creado. Observen este cuadro de desolación: el mundo sigue su curso, los pájaros cantan en los jardines ajenos al dolor, pero aquí, en el epicentro de la estirpe Vaelkríass, el tiempo se ha congelado.

Vharok, esa magnífica bestia de los cielos, parece ahora una estatua de salitre y escamas opacas. Se ha quedado allí, inmóvil, con el cuello apoyado sobre las losas frías, dejando que la escarcha de la madrugada cubra su lomo cobalto. No ha probado bocado, ni ha cerrado sus ojos ámbar en toda la noche. Su espíritu está seco, marchito por la ausencia de la chispa que lo unía a su jinete.

Pero miren a la mujer. Xylanthiaerith no ha dormido. Sus ojos están hinchados, rodeados de sombras violetas, y su túnica de seda está manchada de ceniza y rocío. Ella se niega a abandonar al dragón, se niega a entrar en la calidez de su alcoba mientras la mitad de su alma —su hija— y la mitad del alma de su hija —el dragón— se consumen en la nada.

La veo acercarse a la inmensa cabeza del animal. Lleva consigo una bandeja de carne fresca, pero Vharok ni siquiera exhala humo. Está dejándose morir. Es un ayuno del alma.

—Mírame... —susurra Xylanthiaerith, y su voz se quiebra como el cristal bajo el martillo—. Mírame, Vharok.

El dragón apenas mueve un párpado, un gesto pesado que denota una fatiga infinita. La mujer se arrodilla en el barro, sin importarle su linaje ni su ropa fina, y apoya su mano temblorosa sobre el belfo frío del animal.

—Sé que duele —dice ella, y las lágrimas comienzan a correr de nuevo por sus mejillas, trazando surcos de sal sobre su piel pálida—. Yo también siento ese dolor. Es un agujero negro aquí dentro, ¿verdad? Siento que me falta el aire, igual que a ti. Pero escúchame bien, guardián de mi hija... si quieres seguir buscándola, debes comer.

Vharok emite un gemido sordo, una vibración que sacude el suelo y el pecho de la mujer.

—No lo hagas por mí —continúa ella, sollozando abiertamente mientras las palabras se agolpan en su garganta—. Ni lo hagas por ti. Hazlo por ella. Zhaeryntha te necesita fuerte. Si ella está ahí fuera, perdida en la oscuridad, te necesita surcando los cielos, no muriendo aquí en el suelo como un lagarto herido. Necesita que tus ojos sean su luz y tus alas su refugio cuando la encontremos.

La madre se limpia las lágrimas con la mano sucia, mirando directamente a los ojos del dragón, estableciendo un pacto de madre a madre, de protectora a protectora.

—Cuando termines —le propone con un hilo de esperanza desesperada—, puedes regresar al bosque. Puedes buscarla junto a los demás. No te detendré. Volaremos hasta encontrarla, cueste lo que cueste. ¿Trato?

El silencio que sigue es eterno. El dragón mira a la mujer, y por un instante, parece que entiende toda la magnitud de la miseria humana. Ve en los ojos de Xylanthiaerith el mismo incendio de culpa y amor que él siente en su pecho. Tras un largo suspiro que desprende un olor a azufre y tristeza, Vharok baja la cabeza hacia la bandeja.

Comienza a comer. Despacio, sin ganas, pero lo hace. Cada bocado es un acto de voluntad, un sacrificio para recuperar la fuerza que le permita rescatar a su Tormenta.

Qué escena tan desgarradora... una madre llorando de alivio mientras alimenta a una bestia que solo quiere morir. El pacto está sellado. La búsqueda se reanuda, pero el bosque es vasto y el corazón de Zhaeryntha está más escondido que cualquier cueva profunda. Solo espero que el fuego de Vharok llegue antes de que el frío termine de apagar a la niña que ya no quiere ser encontrada.

Zhaeryntha:

El espacio era estrecho, frío y olía a madera vieja y humedad, pero era el único lugar en el mundo que no me juzgaba. Me encontraba dentro de una cavidad arbórea, un hueco profundo en el tronco de un roble milenario que parecía haberme abierto sus entrañas para ocultar mi vergüenza. Me ovillé en posición fetal, abrazando mis rodillas contra el pecho, sintiendo cómo la corteza rugosa raspaba mi espalda.

Afuera, el mundo seguía existiendo, pero aquí dentro, el tiempo se había detenido.

Me dolía el alma con una intensidad que me robaba el aliento. Cada vez que cerraba los ojos, escuchaba de nuevo los gritos de mi padre y sentía el peso de la traición de Kaelthoryn. Quería dejarme ir. Quería que el frío terminara de adormecer mis sentidos y que la soledad me consumiera hasta que no quedara nada de la chica que una vez soñó con las estrellas. La idea de morir allí, fundirme con las raíces y desaparecer para siempre, era lo más tentador que había sentido jamás.

Pero entonces, un eco antiguo comenzó a retumbar en mi cabeza, una frase que nos tatuaban en la mente desde el primer día que pisábamos la Academia:

"Un Jinete no es más que polvo sin alas que lo sostengan, y un Dragón no es más que una bestia muerta vagando sin rumbo fijo por el cielo. Unidos son tormenta; separados, solo son ceniza al viento."

Vharok.

La imagen de mi dragón cruzó mi mente como un relámpago de fuego azul. Podía sentirlo. A través del vínculo, me llegaba su angustia, un peso muerto y frío que me decía que él también se estaba apagando. Sabía que, al igual que yo, él estaba sufriendo; que se negaría a comer, que sus escamas perderían el brillo y que su fuego se volvería humo negro si yo no regresaba.

Ese pensamiento me pesaba más que cualquier insulto de mi padre. Más que el "ramera", más que la deshonra, más que el odio que sentía por mí misma. El dolor de Vharok era una carga insoportable porque él era inocente. Él no merecía morir de tristeza en un patio de piedra solo porque su jinete era una cobarde que no podía enfrentar sus propios errores.

Él no tenía rumbo fijo en el cielo si yo no estaba allí para guiarlo. Y yo... yo no era nada sin él.

—Perdóname, Vharok —susurré con una voz que era solo un soplido afónico en la oscuridad del tronco.

Luché contra la oleada de dolor emocional que intentaba mantenerme pegada al suelo. El deseo de morir seguía ahí, latente y seductor, pero la responsabilidad hacia mi otra mitad era un ancla que me obligaba a mantenerme a flote. No podía dejarlo solo. No podía permitir que la mejor parte de mí —la única parte que aún era pura— se marchitara por mi culpa.

Con un esfuerzo que me desgarró los músculos y el corazón, comencé a moverme para salir de mi escondite de madera, mientras las lágrimas volvían a brotar, no por mi humillación, sino por el hambre y la pena que sentía vibrar desde el otro lado de nuestra unión. Tenía que volver, no por el honor de los Vaelkríass, sino por el dragón que me estaba esperando para volver a ser tormenta.

(la conciencia de Vharok)

La conciencia de Vharok no era de palabras, sino de matices, de olores y de una conexión que se extendía como un hilo de plata líquida a través de la negrura del mundo.

Vacío.

Eso era lo único que el gran dragón cobalto sentía mientras arrastraba sus garras pesadamente por las losas del patio de los Vaelkríass. Cada paso era un esfuerzo titánico, como si sus escamas ya no fueran de queratina endurecida, sino de plomo sólido. El suelo bajo sus pies, que antes le parecía un trampolín hacia las nubes, ahora se sentía como una tumba abierta.

¿Dónde está la Luz?

En su mente, Zhaeryntha no era un nombre, ni una "deshonra", ni un linaje. Ella era el latido rítmico que equilibraba su propio corazón. Era el calor que encendía su horno interno. Sin ella, el fuego en su pecho era apenas una brasa moribunda que soltaba un humo amargo y frío.

Vharok caminaba con la cabeza baja, casi rozando el suelo, sus ojos ámbar fijos en la oscuridad del bosque que rodeaba el castillo como un muro de espinas. Podía sentir el rastro de ella, pero era un rastro que se desvanecía, impregnado de una agonía que lo hacía estremecerse. No era el dolor de una herida física; los dragones sabían cómo lamer la sangre y esperar a que la carne cerrara. Esto era diferente. Era un pesar doloroso, un veneno invisible que corría por el vínculo que compartían.

Vuelve... —el pensamiento de la bestia era un rugido silencioso que buscaba desesperadamente una respuesta en la red de su alma—. Vuelve, otra mitad. El cielo está roto sin tu peso sobre mi lomo. Las corrientes de aire son solo viento muerto si no estás tú para decirme hacia dónde girar.

El dragón se detuvo, alzando ligeramente el cuello hacia la bruma nocturna. Un gemido sordo, una vibración que nació desde sus pulmones y sacudió sus costillas, escapó de sus fauces. Era una súplica elemental. Él sentía que su otra luz se estaba apagando en algún lugar entre las raíces de los árboles, asfixiada por sombras que él no podía quemar con su aliento.

Ella sufre. Ella se oculta. Ella cree que es nada.

Vharok golpeó su cola contra la piedra, agrietándola. En su mente de depredador ancestral, el mundo carecía de sentido si su jinete decidía rendirse. Un dragón sin su guía era una bestia errante, un alma en pena que solo esperaba que el frío terminara de reclamar sus huesos.

Busca. Busca. No te apagues...

Extendió sus alas un poco, sintiendo el dolor del ala herida, pero ignorándolo con la ferocidad de quien prefiere romperse antes que perder lo que ama. El vínculo volvió a tensarse, un tirón débil pero real. Por un instante, sintió una chispa de calor, un soplido afónico que llegaba desde el corazón del bosque.

Vharok exhaló una llamarada azulada que iluminó el patio por un segundo, un faro de esperanza para la chica que se escondía en la madera. Sus ojos brillaron con una determinación salvaje: si ella no podía encontrar el camino de regreso, él derribaría cada árbol del bosque hasta que la luz volviera a casa. Porque un dragón no conoce el olvido, y su otra mitad era lo único que le recordaba que él también tenía un alma.

Traición. Olor a traición.

Mis sentidos se agudizan en un segundo. Giro la cabeza con una rapidez que hace crujir las vértebras de mi cuello y mis ojos, dos brasas de color rojo sangre, se clavan en la figura que se atreve a profanar mi espacio. Es él. El macho humano del linaje Dravenkael. Huelo su preocupación, ese hedor agridulce que emana de su piel, pero para mí no es más que una burla. Es el olor del culpable que mira el incendio que él mismo provocó.

Mi garganta burbujea con un odio que nunca antes había sentido. Él es la razón de que mi Luz se haya desvanecido. Él es el veneno que hizo que mi jinete se ocultara en las entrañas de la tierra como un animal herido.

Un rugido que nace de mis entrañas sacude los cimientos del castillo de los Vaelkríass, una onda sónica diseñada para paralizar los corazones de los ejércitos, pero mi furia es demasiado grande para solo gritar. Me lanzo a cuatro patas, golpeando las losas con mis garras de obsidiana, mi cuerpo gigante e imponente moviéndose como una avalancha de noche pura. Voy a arrancarle la vida. Voy a tragarme sus lamentos.

Pero antes de que mis fauces de sombra alcancen al humano, una masa de ceniza se interpone.

Rhyx.

El dragón gris, frío y silencioso como un cadáver, se interpone en mi camino. Siento el viento cortante de sus alas golpearme el hocico y el humo ardiente de su aliento nublar mi visión roja. Él protege al culpable. Él defiende a la mano que hirió a mi otra mitad.

¡APÁRTATE, BESTIA DE HUMO! —ruge mi mente mientras colisionamos con un estruendo que parece partir el cielo.

La guerra se desata. Mis escamas negras como la noche chocan contra sus escamas duras de acero. Rhyx es veloz, una sombra cenicienta que intenta flanquearme, pero yo soy la Tormenta. Lanzo un zarpazo que deja surcos profundos en su pecho, buscando la carne bajo el metal. Él responde con una ráfaga de viento cortante que intenta desgarrar mis alas enormes, pero yo cierro la distancia, envolviéndolo en mi imponente envergadura.

Abro mis fauces y libero mi fuego negro. No es una llama común; es una oscuridad líquida que consume la luz a su alrededor. El calor es insoportable, una furia ancestral que busca reducirlo todo a cenizas por el simple pecado de existir mientras mi jinete llora.

Rhyx no emite sonido alguno; es letal en su silencio. Me muerde el cuello, buscando mi yugular, y nuestras colas se azotan como látigos de hierro, derribando estatuas y muros de piedra. El patio es un caos de escamas negras y grises, de fuego oscuro y humo ardiente. No me detendré. Mi lealtad a Zhaeryntha es mi única ley, y si para vengar su dolor tengo que devorar al dragón de acero y a su jinete, que así sea.

¡MORIRÁS POR HABERLA APAGADO! —grito internamente mientras clavo mis colmillos en el hombro de Rhyx, sintiendo el sabor del acero y la sangre, dispuesto a llevar esta guerra hasta que no quede nada más que el silencio de la tumba.

Kaelthoryn Dravenkael:

El mundo se ha vuelto una pesadilla de escamas y fuego, y yo soy el único culpable de este apocalipsis de bolsillo.

Me quedé allí, de pie en el patio, sintiendo el peso de cada palabra de odio que le escupí a Zhaeryntha en el calabozo. Mi preocupación me quema más que el aliento de los dragones, pero para Vharok, mi presencia es un insulto que no piensa perdonar. Cuando esos ojos rojos, como pozos de sangre hirviente, se fijaron en mí, supe que mi vida pendía de un hilo. El dragón de Zhaeryntha no es una bestia común; es el vacío mismo cobrando forma, y venía a cobrar mi cabeza por haber roto a su otra mitad.

—¡Vharok, basta! ¡Detente! —grité, aunque mi voz era una hormiga frente al rugido que paraliza ejércitos.

Corrí hacia adelante, con los brazos extendidos, en un intento suicida e inútil de interponerme. Pero antes de que Vharok me redujera a ceniza negra, Rhyx cayó del cielo como un bloque de acero ceniciento. El choque de sus cuerpos me lanzó por los aires, haciéndome rodar por el suelo pedregoso.

—¡Rhyx, no! ¡Suéltalo! ¡Atrás! —rugí, levantándome como pude, con la cara bañada en polvo y sangre.

Era inútil. Totalmente inútil.

Intenté usar el vínculo con mi dragón, ordenándole que retrocediera, que no lastimara al compañero de Zhaeryntha, pero Rhyx estaba en modo defensivo, frío y letal. El instinto de protección hacia su jinete era más fuerte que mis órdenes. Vharok, por su parte, era una tormenta de odio negro; lanzaba dentelladas que buscaban mi carne a través de los huecos que dejaba Rhyx, y cada vez que su fuego negro estallaba, el aire se volvía irrespirable.

—¡PAREN! ¡POR TODOS LOS DIOSES, VÍCTOR, DETENLOS! —le grité a la nada, tratando de acercarme de nuevo a esa maraña de garras y colmillos.

Lanzaba piedras, gritaba hasta desgarrarme la garganta, corría entre sus colas que azotaban el suelo como troncos cayendo, pero yo no era nada para ellos en este momento. Solo era un humano insignificante bajo la furia de dos titanes que se estaban despedazando por mis errores. Me sentí impotente, pequeño y miserable. Ver a Vharok —el dragón que ella tanto ama— herido y sangrando por culpa de mi propia montura, me hizo comprender la magnitud del desastre.

No podía detenerlos. Estaban en una espiral de violencia que solo terminaría con uno de los dos muerto, y lo peor es que yo sabía que, si Vharok moría hoy, yo habría asesinado a Zhaeryntha de la forma más cruel posible.

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Cliente anónimo
hay pobreeee😔😭🥺
Cliente anónimo
🥺😔😭
Cliente anónimo
no, 🥺 😔 ese no es cansancio, niño... eso se llama dolor pero tú terquedad y orgullo no lo haces que se deje ver 🥺🥺🥺
Cliente anónimo
pobres! 🥹😭 sufren muchísimo 🥺
Cliente anónimo
me encantó /Drool//Drool/
Adeilis
Me fascina, más capítulo por favor
Adeilis
La historia es muy interesante
Uma campo
🤣🤣🤣🤣 AMO A LA NARRADORA
Cliente anónimo
me va encantando. donde narra la narradora me hizo reir mucho 🥹💗🐉 además, me encanta como se desarrolla la historia
Uma campo
😂😂😂😂
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