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Al Diablo Con Mi Prometido.

Al Diablo Con Mi Prometido.

Status: En proceso
Genre:Villana / Reencarnación
Popularitas:4.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Leydis Ochoa

Lady Eleanor lo dio todo por amor y recibió a cambio una taza de té envenenado, la humillación pública y una ejecución silenciosa ordenada por el hombre al que juró amar: el príncipe heredero y su propio prometido. Pero la muerte no fue el final, sino el despertar de una furia milenaria.

Reencarnada en su propio cuerpo justo antes del baile de compromiso que selló su perdición, Eleanor decide cambiar las reglas del juego. Ya no será la damisela sumisa; abrazará la oscuridad que corre por sus venas, desatando la magia arcana de las brujas de sangre y firmando un pacto prohibido con un dragón milenario que duerme bajo las catacumbas del imperio. Entre pasiones peligrosas, un dark romance tan adictivo como letal y una venganza meticulosamente planeada, Eleanor está lista para destruir a todos los que la traicionaron... comenzando por el hombre que creyó que podía romperla dos veces.

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Capítulo 20

Me acerqué un paso. Dentro del arcón, sobre un lecho de sal y rosas blancas marchitas, yacía la cabeza decapitada de una mujer anciana. Sus cabellos plateados estaban manchados de sangre.

Era Martha. Mi nodriza. La única persona que me había abrazado cuando mi padre me encerraba. La mujer que me cantaba cuando era una niña asustada.

Prendida al cuello de Martha, había una nota con la caligrafía perfecta de Lyra:

"Para mi querida prima Eleanor: La vieja rata intentó quemar tus documentos antes de que entráramos a tu alcoba. Considera esto un adelanto de lo que ocurrirá a todos los que te aman si no te entregas. Con amor, Lyra".

El mundo se detuvo. El calor de los braseros pareció evaporarse. Miré los ojos muertos de Martha. Tenía sesenta y cinco años. No sabía nada de tronos. La habían asesinado para enviarme un mensaje.

Una lágrima solitaria se formó en mi ojo derecho. Rodó por mi mejilla, caliente. Pero antes de caer, se evaporó con un siseo, convirtiéndose en humo violeta.

—¿Y bien, Lady Eleanor? —se burló Malakor—. ¿Aceptaréis la clemencia, o preferís que vuestro padre envíe los dedos de vuestro hermano menor en el próximo correo?

Me di la vuelta lentamente. Mis ojos ya no eran azules. Eran dos pozos de fuego negro y púrpura, ardiendo con un resplandor demoníaco. La marca de bruja en mi brazo se encendió, y el suelo bajo mis botas comenzó a resquebrajarse.

Malakor retrocedió, su arrogancia agrietándose.

—¿Qué... qué haces? —balbuceó—. ¡Estamos protegidos por la bandera de tregua!

—Al diablo con tu tregua —mi voz no sonó humana. Salió duplicada por un eco milenario—. Y al diablo con tus dioses de papel.

No extendí la mano. Simplemente exhalé. Una columna de fuego negro envolvió a los doce caballeros de la Orden en una fracción de segundo. No hubo tiempo para rezos. El fuego consumió las armaduras de plata como paja seca. Los doce guerreros fueron reducidos a cenizas antes de que sus gritos se formaran.

Los sirvientes de los Fiargod cayeron de rodillas, suplicando piedad. Malakor se quedó solo, manchado por el hollín de sus propios hombres. Caminé hacia él. Mis pasos resonaron con la solemnidad de un verdugo.

—Tú... eres una abominación... —gimoteó Malakor, sacando un relicario de oro—. ¡El dios sol te arrojará...!

Llegué hasta él. Mi mano derecha se cerró alrededor de su garganta. La piel de mi palma estaba al rojo vivo. El lino de su túnica se incendió y Malakor soltó un alarido agónico. Lo levanté en vilo con un solo brazo.

—Dile a Aedric que recibí su regalo —le susurré al oído—. Dile que me gustó tanto... que he decidido enviarle uno de vuelta.

—¡P-piedad...!

—En el norte no hay piedad, sacerdote. Solo justicia para los muertos.

Cerré el puño. Un chasquido seco resonó en el salón. El cuerpo de Malakor se convulsionó antes de quedar inerte. Lo arrojé al suelo. Con mi daga, corté la cabeza del inquisidor.

Tomé la cabeza ensangrentada y caminé hacia los sirvientes de los Fiargod. Arrojé el despojo frente a ellos.

—Llévenle esto a mi prima Lyra —les ordené con una calma aterradora—. Díganle que guarde bien el arcón... porque la próxima cabeza que entrará ahí no será la de un sirviente. Será la de su prometido imperial. Y si vuelven a enviar a un emisario... les enviaré los corazones de toda la corte ensartados en lanzas de hielo.

Los sirvientes recogieron la cabeza de Malakor y huyeron del salón. Me quedé allí, en medio de las cenizas. Me acerqué al arcón donde descansaba Martha y cerré suavemente sus párpados.

—Descansa en paz, Martha —susurré—. Tu sangre será pagada con un reino.

Una mano grande y pesada se posó sobre mi hombro. Aleixandre estaba allí. Sus ojos carmesí brillaban con orgullo feroz. Su mano se deslizó hasta mi nuca, atrayendo mi rostro hacia el suyo.

—Acabas de ejecutar al Inquisidor General en mi salón —dijo en voz baja—. El emperador declarará una cruzada total antes de que termine la semana.

Lo miré fijamente.

—¿Te arrepientes de haberme traído, Aleixandre?

El archiduque soltó una risa oscura.

—Arrepentirme es para los cobardes que temen a su sombra, Eleanor. Hacía trescientos años que no veía una declaración de guerra tan perfecta. Que vengan. Que traigan sus legiones... porque tú y yo pintaremos la nieve de este continente con la sangre de su imperio.

Miré hacia las puertas abiertas. La tregua había muerto. Al diablo con mi prometido. La guerra de las cenizas acababa de comenzar.

***

El eco del rugido de Vaelgoth todavía parecía vibrar en las vigas del salón mucho después de que los sirvientes imperiales desaparecieran en la tormenta. Los Señores de la Escarcha, antes escépticos, ahora guardaban un silencio respetuoso, casi sagrado. Branok, el gigante pelirrojo, ni siquiera se atrevía a mirar el charco de estaño derretido a sus pies. Habían visto a una mujer de dieciocho años asesinar al hombre más temido de la iglesia con la facilidad con la que se apaga una vela, y habían sentido la sombra de un dragón ancestral despertando sobre sus cabezas.

Aleixandre me soltó el cuello, pero sus ojos no se apartaron de los míos. Había una electricidad palpable entre nosotros, una complicidad forjada en la carnicería.

—Varek —llamó Aleixandre sin romper el contacto visual conmigo—. Prepara el entierro de la nodriza en el cementerio de los reyes de antaño. No será enterrada como una sierva, sino como una guardiana de la reina.

El capitán asintió, recogiendo el arcón de ébano con una solemnidad que no habría mostrado horas antes.

Me sentí agotada, pero la furia me mantenía erguida. Cada fibra de mi ser estaba ahora dedicada a un solo propósito. La muerte de Martha había borrado cualquier rastro de la Eleanor que dudaba.

—¿Cuál es el siguiente paso, Aleixandre? —pregunté, mi voz volviendo a su tono frío y calculador—. Aedric usará esta muerte para movilizar al pueblo. Dirá que soy un demonio que asesina a hombres de fe.

—Deja que lo diga —respondió Aleixandre, caminando de vuelta a la mesa y señalando un mapa del sur—. Los graneros de Valenor están aquí, en tus tierras. Si el sur deja de enviar grano debido a tu "maldición", el pueblo no comerá propaganda, comerá barro. Y cuando el hambre apriete, buscarán a un culpable. Aedric se dará cuenta de que una corona no vale nada si el estómago del reino está vacío.

—Entonces empezaremos con las heladas —dije, sintiendo la marca de bruja arder bajo mi piel—. Si quieren una bruja de sangre, les daré un invierno que no olvidarán en mil años.

Aleixandre extendió su mano, invitándome a sentarme a su lado en el consejo de guerra. Por primera vez, no me senté como una invitada, sino como la co-soberana de la tempestad que estaba por venir.

La guerra no era solo por un trono. Era por cada lágrima, cada gramo de veneno y cada gota de sangre de Martha. Y yo no me detendría hasta que Aedric y Lyra suplicaran por la misma muerte que ellos habían repartido con tanta ligereza.

Al diablo con mi prometido. Ahora, yo era la pesadilla.

1
A.B. 💜🐨
Tremenda constestada 🤣😅🫰
A.B. 💜🐨
Eso mi reina, eso!!
A.B. 💜🐨
El villano...digo nuestro protagonista
A.B. 💜🐨
Infeliz
A.B. 💜🐨
Que arda el reino!!
A.B. 💜🐨
Hermoso 💜, bello.
A.B. 💜🐨
Oh.

Impresionante comienzo.
Arriba las villanas!
Arely Castañeda
mas por favor🥰👏👏👏
Gleirys Carolina
Buen empezar😊
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