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Donde Florece El Barro

Donde Florece El Barro

Status: En proceso
Genre:Romance / Amor-odio / Amor Campestre
Popularitas:613
Nilai: 5
nombre de autor: nezhaN

Noah tenía todo: 24 años, Milán, su regreso a la pasarela. Hasta que su hermana Lila murió mientras él se probaba un abrigo. Dejó todo botado, recayó y lo echaron de Europa.

Sin nada, vuelve al sur, a la casa chueca de su abuela cerca de Traiguén. Al lado vive Tomás, 32, agricultor, callado, conservador. Lo odia a primera vista.

Tres meses es el trato. Tomás le enseña a trabajar la tierra. Noah le enseña a no tenerle miedo a sentir.

Entre gallinas metidas, un tractor chocado, un invernadero saboteado y un desfile en un granero, se enamoran lento. Con barro en las manos y miedo de volver a caer.

NovelToon tiene autorización de nezhaN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 22: La lluvia y el bloque

Al día siguiente llovió. No llovizna. Llovió de verdad. De esa lluvia de sur que parece que cielo se rompe y cae todo junto y no para nunca.

Me desperté con ruido de zinc de mi casa que sonaba tac tac tac fuerte. Me levanté a ver primera piedra. Seguía ahí en medio de barro pero ahora estaba bajo agua. Como isla chica fea en medio de poza.

Corrí a ponerle bolsa encima para que no se deshiciera. Me puse botas rosadas rápido y salí con bolsa de basura negra grande.

Tomás ya estaba ahí, también con bolsa, también con botas negras.

Llegaste tarde, dijo riendo. Ya le puse techo.

Le había puesto pedazo de zinc viejo inclinado sobre bloque como paraguas chico.

¿Va a aguantar? Pregunté.

No sé, dijo. Si no aguanta hacemos otro. No importa. Barro se puede hacer de nuevo. Como panqueques quemados. Haces otro nomás.

Nos quedamos mirando bloque bajo zinc bajo lluvia. Lluvia nos mojaba igual aunque teníamos abrigo de barro y gorro.

¿Y ahora qué hacemos si llueve todo el día? Pregunté. ¿No podemos hacer segundo bloque porque barro está muy mojado?

No, dijo Tomás. Hoy no se construye. Hoy se escucha lluvia.

¿Se escucha lluvia?

Sí. En campo cuando llueve no se trabaja afuera. Se queda adentro, se toma mate, se escucha lluvia caer en zinc y se piensa.

Volvimos a mi casa corriendo, con botas clac clac en charcos. Entramos todos mojados.

Puse tetera a hervir. Tomás se sacó gorro, tenía pelo mojado pegado en frente.

¿Sabes hacer mate? Preguntó.

No, dije. En Milán tomaba café de máquina que hacía espuma.

Yo te enseño, dijo.

Sacó mate de madera que yo no sabía que tenía. Yerba que olía a pasto seco. Agua caliente no hirviendo, tibia nomás.

Toma, dijo pasándome mate. Se toma así, de a poco, no como shot.

Tomé. Amargo. Muy amargo. Hice cara.

Amargo, dije.

Sí, dijo riendo. Como yo antes de que llegaras. Ahora soy menos amargo.

Tomé otro sorbo. Ya no tan amargo. O me estaba acostumbrando.

¿Y por qué tomas mate si eres de acá? Pregunté. Pensé que en sur tomaban mate solo argentinos.

Mi abuela tomaba mate, dijo Tomás. Rosa también tomaba mate en mañana con azúcar quemada. Me enseñó.

Tomamos mate los dos mirando lluvia caer en ventana que estaba empañada. Afuera primera piedra seguía bajo zinc.

¿Te da pena si se deshace? Pregunté.

Un poco, dijo. Pero no tanto. Porque hicimos primera piedra juntos y eso no se deshace aunque bloque se deshaga. Queda en cabeza.

Como abrigo de barro, dije. Aunque se rompa queda historia.

Sí, dijo. Como abrigo de barro.

Se quedó callado un rato, tomando mate.

Noah, dijo de repente. ¿Puedo preguntarte algo?

Sí.

¿Por qué te fuiste a Milán? De verdad. No por moda. Por qué te fuiste de tu casa.

Me quedé con mate en mano. Nadie me había preguntado eso así directo. Sin vuelta.

Me fui porque mi papá me dijo que si me quedaba iba a terminar como él, dijo. Amargado, trabajando en cosa que no le gusta. Y mi mamá lloraba harto cuando discutían y yo no quería ver eso. Y Lila... Lila me decía vámonos juntos a Milán algún día. Y yo me fui primero para hacer camino para ella.

¿Y hiciste camino?

No, dije. Hice ropa cara que nadie usa en invierno de verdad y me drogué y me sentí solo y Lila se murió igual y no hice camino para nadie.

Tomás no dijo nada. Solo me pasó mate de nuevo. Mate ya estaba tibio.

Yo también me quise ir, dijo después. Cuando tenía 18 y mi papá me dijo mariconadas. Quise irme a Conce a estudiar arquitectura aunque fuera sin plata. Junté plata de lechugas un año. Tenía como 300 lucas.

¿Y qué pasó?

Mi papá me pilló plata escondida en cajón y me dijo que si me iba me quemaba invernadero. Y yo le creí porque mi papá quema cosas cuando se enoja. Una vez quemó fotos de mi mamá.

¿Te quemó plata?

No. Me quitó plata y se compró trago. Y yo me quedé. Y después Rosa me ayudó con invernadero chico y ya no me quise ir. Porque acá tenía a Rosa y a Elisa y a Juana y tenía tierra que no me pegaba.

Nos quedamos callados. Lluvia seguía tac tac tac en zinc.

¿Te arrepientes de quedarte? Pregunté.

A veces, dijo. Cuando veo revista de arquitectura con casas lindas que yo podría haber hecho. Pero después veo tomate que planté y que crece y pienso que tomate también es arquitectura. Porque abriga también.

Me reí un poco con mate amargo en boca.

Tomate arquitectura, dije. Me gusta.

Sí, dijo. Tomate arquitectura.

Siguió lloviendo toda la tarde. No pudimos hacer segundo bloque. Solo tomamos mate y comimos pan de ayer de Marta que estaba duro pero con mate pasaba.

Como a las cinco lluvia paró un poco. Salimos a ver primera piedra. Zinc seguía ahí. Bloque seguía ahí. Un poco más blando por humedad pero entero.

Aguantó, dije tocándolo.

Aguantó, dijo Tomás.

¿Viste? Casa de barro aguanta lluvia si le pones techo, dijo. Como persona aguanta pena si le ponen abrigo.

Le saqué zinc y puse mano sobre bloque. Frío, húmedo, pero duro.

Mañana hacemos segundo bloque, dijo Tomás.

Mañana, dije.

Esa noche lluvia volvió más fuerte. Puse radio a pilas que por primera vez agarró algo más que cumbia del 98. Agarró cumbia nueva, con voz de mujer cantando.

Dejé radio sonando bajito y me dormí pensando en mate amargo y en 300 lucas que papá de Tomás se tomó en trago y en primera piedra que aguantó lluvia bajo zinc viejo.

Y soñé que hacíamos casa entera de bloques feos como pan quemado pero que no se caía nunca porque tenía techo curvo y porque la habíamos pisado los dos con pies a pata pelá.

Desperté en mañana y ya no llovía. Y había sol chiquitito entre nubes. Y primera piedra seguía ahí. Y yo tenía ganas de hacer segunda piedra aunque fuera fea y chueca como primera.

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Michel Yandi
me encanta esta historia 🦆✨
Maria Consuelo Rodriguez Berriz
Muy buena narrativa y, buen contenido.
Maria Consuelo Rodriguez Berriz
Me gusta esta Novela, es diferente tiene un buen contenido urbano.☺️
Brisa Romero
/Sweat/
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