Klaus Glendson Cassano es el primogénito de la familia más temida de Manchester. CEO de una gran empresa y Don de una de las mafias más influyentes, es conocido por su frialdad, su inteligencia aguda y una brutalidad sin límites. Entre noches llenas de fiestas y una vida de poder absoluto, Klaus vive bajo la constante presión del consejo para cumplir un deber que insiste en postergar: el matrimonio.
Tras años evitando compromisos, el consejo decide intervenir y pone en riesgo su título como Don. Obligado a elegir una esposa entre las herederas de la mafia, Klaus se niega a ser manipulado. Acepta casarse… pero con una condición: la elección será suya, y solo suya.
Entre amenazas veladas, alianzas políticas y juegos de poder, Klaus inicia su propia cacería. Pero lo que era solo una obligación estratégica puede convertirse en un desafío aún mayor cuando la mujer equivocada —o demasiado correcta— cruza su camino.
Porque, en el mundo de Klaus Cassano, amar es debilidad. Y él no acepta flaquear.
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Capítulo 22.
Felicia.
Llevar tantos días cerca de este tipo me está volviendo loca. Tengo ganas de matarlo con mis propias manos, pero tengo que mantener la calma; no puedo echar todo a perder. Klaus me confió esta misión.
Guxta lleva días intentando encontrar a alguien que sea su aliado contra Manchestary; sin embargo, incluso con tantos enemigos, todos saben que Manchestary es la que manda en el bajo mundo. Nadie es tan estúpido como para invadir el territorio de una mafia tan peligrosa.
Salgo de mis pensamientos con un estruendo que viene de detrás de la puerta. Ahora estoy como escolta de este imbécil; vino hasta el departamento de otro enemigo, pero por los golpes, creo que este también rechazó la alianza.
—Qué idiota...
Susurro para mí misma mientras miro a los lados.
La puerta se abre y él sale del departamento con la camisa manchada de sangre.
—¡Vámonos!
Lo dice firme. Sale caminando y yo voy justo detrás.
—¿Lo mató, señor?
—¿No está claro, imbécil?
Responde como el cabrón que es. Aprieto el puño y suspiro para no tener que demostrar por qué soy la de confianza del temido Klaus.
No fue muy difícil cambiar de documentos; lo peor fue tener que teñirme el cabello de rojo, aunque tengo que admitir que me gustó el resultado. Solo necesito seguir cuidando mi tatuaje. Cuando decidimos entrar al bajo mundo, juramos lealtad y nos marcan con el símbolo de la mafia a la que pertenecemos; así somos reconocidos y respetados en este mundo oscuro.
Mi tatuaje está encima de mi cadera del lado izquierdo, un lugar que no queda expuesto, lo que facilita mucho las cosas. Elegí ese lugar porque soy la que más misiones recibe, y la mayoría son peligrosas.
Fuimos al garaje; la parte de la camisa manchada la tapó colocándose el saco encima. En cuanto entramos al carro, yo tomé el volante y él se sentó del lado del copiloto.
—¿Directo a la base, señor?
Lo pregunto a regañadientes.
—Sí.
Arranco y él toma su celular; probablemente llamará a su hermano. Lo intenta varias veces y al final resopla irritado.
—¡Leon, en cuanto escuches este mensaje, llámame, carajo!
Se guarda el celular en el bolsillo y mira por la ventana molesto. Enseguida vuelve su mirada hacia mí, observándome durante varios minutos.
—Quiero que vengas conmigo esta noche. Vamos a ver a alguien que estoy seguro jamás se acobardará como los demás.
—Sí, señor.
Lo digo, pero él no deja de mirar. Estoy empezando a irritarme.
—¿Cómo te llamas, medio metro?
Por primera vez lo miro furiosa, pero en seguida vuelvo los ojos a la carretera.
—Me llamo Sophie, señor.
Miento, y noto que entrecierra los ojos. En ningún momento me muestro nerviosa ni tensa; me entrenaron toda la vida para situaciones como esta.
—Tu nombre no va contigo, parece no tener ninguna compatibilidad con tu personalidad. Prefiero llamarte medio metro.
Siento la sangre hervir. Odio que quiera llamarme así, y odio todavía más esa pequeña sonrisa de burla.
—Con todo respeto, señor, mido 1.70.
Lo digo intentando mantener la calma.
—Y yo mido 1.90, además de ser tu superior. Así que sí, a partir de hoy, para mí serás "medio metro".
¡Qué desgraciado tan audaz! Tengo tantas ganas de clavarle dos dagas en los ojos y arrancárselos.
Decido no decir nada, porque cualquier cosa que salga de mi boca ahora sería demasiado ofensiva y no puedo correr riesgos. Klaus dejó claro que debo ser como una neblina en este lugar: visible, pero intocable.
Después de media hora, llegamos a la base de la Camorra; o mejor dicho, a una base que la Camorra robó y usa como propia.
Los demás hombres estaban en sus puestos cuando llegamos. Ser la única mujer aquí es asfixiante; de vez en cuando escucho silbidos y comentarios asquerosos, y lo peor es que debo aguantar callada sin poder romperle el cuello a nadie para no llamar la atención.
Guxta entra al estudio y yo me quedo en la puerta.
—Sophie, en serio, hoy estás buenísima, quisiera yo ser tu ropa interior-
Antes de que termine la frase, saco mi arma y se la pongo en la garganta.
—Tranquila, gatita...
—Si no quieres ir a arrastrarte lentito al infierno, es mejor que finjas que tengo tres piernas.
Lo digo amartillando el arma, haciéndolo sudar frío.
—Ahora lárgate de aquí, basura.
Lo digo y él se va. Respiro hondo, conteniendo las ganas de ir tras él y clavarle agujas en el corazón.
gracias por compartirla escritora hermosa historia 💯💯💯💯💯💯♥️🥰