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Volver A Vivir No Está Mal

Volver A Vivir No Está Mal

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Romance / Venganza
Popularitas:5.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Yinet Leonor

Noelia Pérez es una mujer mayor de 89 años que muere de un ataque al corazón, pero inexplicablemente despierta en otra realidad. No se ha convertido en ninguna preciosa jovencita, sigue siendo una mujer mayor, pero esta vez tiene unos 50 años, un gato tuerto, una casa desvencijada y un nieto delicado que viene a vivir por ser rechazado por su preferencia sexual. ¿Qué hará Noelia con esta nueva vida? Acompáñame y verás como solo hay que desear vivir con mucha fuerza para brillar desde la miseria más absoluta.

NovelToon tiene autorización de Yinet Leonor para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Megan. El peso de la perfección

Megan Ferrer tenía quince años y una vida que cualquiera habría envidiado. Al menos, eso era lo que todos creían. Su cabello castaño rojizo caía en ligeras ondas perfectas sobre sus hombros y brazos. Su sonrisa era la envidia del equipo de porristas y su cuerpo, moldeado por horas de arduo entrenamiento, parecía cumplir con todos los ideales que la adolescencia del planeta había decidido imponer. Los maestros la adoraban. Los chicos suspiraban cuando pasaba junto a ellos. Las chicas querían ser ella y ella irónicamente quería ser cualquiera menos ella misma, pero eso nadie lo sabía. "Tengo talento para ser actriz". Pensaba.

Megan sabía sonreír en el momento exacto. Responder con educación o con rudeza según se requiriera, mantener la espalda erguida y comportarse como si nada pudiera alterarla. Había aprendido a hacerlo tan bien que nadie sospechaba que, debajo del uniforme impecable de porrista, escondía moretones que el maquillaje y las vendas apenas conseguían disimular. Ni que algunas noches lloraba en silencio, con la almohada contra el rostro, para que nadie pudiera escucharla. Porque la perfección tenía un precio y el de Megan se pagaba con miedo.

El día que todo cambió nada indicaba que su mundo se desmoronaba. El sol amaneció radiante y el cielo estaba despejado, excepto Carmen. Aquella mañana, Megan comprendió que ya no podía limitarse a sobrevivir. Tenía que proteger a Kristen. Carmen había estado bebiendo desde la noche anterior. Su mirada estaba perdida, vidriosa, como si la persona que alguna vez había sido se hubiera escondido detrás de una niebla imposible de atravesar. Kristen, con apenas dos años, gateaba por el suelo de la sala. Carmen la vio. Se acercó a ella y la tomó del brazo con una fuerza que no correspondía a su delgada figura. La pequeña no lloró. Eso fue lo que más miedo le dio a Megan. Kristen simplemente encogió su cuerpecito y bajó la cabeza. Como si ocupar espacio fuera un delito. Como si ya hubiera aprendido que llorar podía empeorar las cosas.

-¡Suéltala!

Megan se interpuso entre ambas. No pensó en las consecuencias. No pensó en el castigo. Ni en el peligro. Ni siquiera pensó en sí misma. Solo pensó en la pequeña Kristen, en la muñequita callada y frágil. Carmen levantó el brazo. El golpe llegó como un latigazo. La hebilla le abrió la piel de la espalda y el dolor hizo que Megan perdiera el aire durante unos segundos, pero no retrocedió. Se quedó allí. Entre Carmen y la niña. Con los ojos llenos de lágrimas, pero sin permitir que ninguna cayera. Porque podía soportar otro golpe. Lo que no podía soportar era ver cómo se lo daban a Kristen y el cinturón volvió a caer otra vez con la misma fuerza.

Minutos después llegó Sebastián Ferrer su padre. Vio a Carmen tambaleándose. Vio a Kristen temblando en el suelo. Vio a Megan con la mandíbula apretada, intentando ocultar el dolor. Vio la sangre en la espalda. No preguntó qué había sucedido. Era evidente. No abrazó a sus hijas. No llamó a un médico. Simplemente tomó una decisión práctica, fría, como si aquello fuera otro problema doméstico que debía resolver antes de marcharse a trabajar. Encerró a Carmen en la bodega.

-No la saques hasta que esté sobria. -ordenó. Después miró el reloj. -Hay vendas y desinfectantes en el botiquín del baño de mi habitación. Cúrate como puedas hasta que yo regrese. -no añadió "no digas a nadie". No hacía falta. En cambio dijo apresurado mirando el reloj. -Tengo que ir a la ciudad. No puedo posponer esto. Discúlpame, sí preciosa. Ya lo arreglaremos de alguna manera. -y se fue. Megan lo observó alejarse desde la puerta. Durante unos segundos sintió ganas de gritarle. De preguntarle ¿cómo podía marcharse así? ¿Cómo podía dejar a su esposa encerrada y a sus hijas solas después de lo ocurrido? Pero entonces escuchó un pequeño sollozo. Se volvió. Kristen la estaba mirando y todas las preguntas dejaron de importar. Megan se agachó frente a ella.

-Estoy aquí pequeña. -susurró.

Kristen se lanzó a sus brazos. Megan la abrazó con fuerza y en ese instante comprendió algo que cambiaría su vida para siempre. Si los adultos no iban a proteger a Kristen, entonces ella lo haría. Aunque tuviera quince años. Aunque tuviera miedo. Aunque nadie se lo hubiera pedido. Una familia de mentiras. Para el mundo, los Ferrer eran una familia perfecta. Sebastián era un abogado exitoso. Carmen, una mujer elegante y dedicada al hogar. Megan, la hija ejemplar y Kristen había llegado como un milagro tardío, completando aquella fotografía familiar que todos admiraban.

Nadie veía lo que ocurría detrás de las puertas cerradas.

Carmen había comenzado a cambiar casi dos años atrás, poco después del nacimiento de Kristen. Al principio habían sido pequeños olvidos. Cosas son importancia. Las llaves. Las fechas. La estufa encendida. El desorientarse y no saber dónde estaba. Después llegaron los cambios de humor. La irritabilidad. La confusión. Los episodios de ira que parecían surgir de la nada y finalmente apareció el alcohol. Era su manera de intentar silenciar aquel caos que parecía crecer dentro de su cabeza, pero el alcohol no solucionaba nada. Lo empeoraba.

Sebastián lo sabía. O, al menos, sospechaba que algo no estaba bien, pero reconocerlo significaba aceptar que su familia tenía un problema y Sebastián Ferrer no podía permitirse eso. Una esposa enferma generaría preguntas. Una hija maltratada provocaría investigaciones. Una familia imperfecta podía convertirse en un escándalo. Así que eligió mirar hacia otro lado. Era más sencillo fingir que todo estaba bien y mientras Sebastián protegía el apellido Ferrer, Megan protegía a Kristen.

La diferencia era que Megan sí estaba dispuesta a pagar el precio. Después de asegurarse de que Kristen estuviera tranquila, Megan subió a su habitación. Cerró la puerta. Se quitó la camisa y se quedó frente al espejo. El moretón cruzaba su espalda en diagonal. Morado. Inflamado. Con la carne rota en algunas partes. Doloroso. Se curó y vendó como pudo. Se observó durante unos segundos. No era perfecto, pero aguantaría. Después abrió el armario y sacó su uniforme de porrista. Se lo puso lentamente. El uniforme cubría la herida. Eso era suficiente. O eso quería creer. El espejo no miente y el espejo decía que estaba perfecta. Se inclinó hacia delante. El dolor le atravesó la espalda. Cerró los ojos. Se puso pálida. Respiró. Volvió a intentarlo. Un gemido escapó de sus labios.

-Vamos, Megan... -respiró suave.

Se enderezó. Se miró nuevamente al espejo. La chica que le devolvía la mirada parecía perfecta. Sonrió con ganas. Nadie imaginaría que aquella misma mañana había recibido varios golpes. Nadie imaginaría que en casa tenía una niña de casi dos años a la que no podía dejar sola. Nadie imaginaría que estaba aterrada. Tomó dos analgésicos y esperó unos minutos a que por un remoto milagro hicieran efecto. Después apoyó las manos sobre el tocador.

-¿Por qué sigo aquí? -susurró.

Se dejó caer al suelo abrazándose las rodillas y lloró arruinando su maquillaje. Su máscara perfecta. La respuesta apareció en su mente antes de que pudiera formular otra pregunta. Kristen. Se quedaba por Kristen. Su madre biológica vivía en la ciudad y llevaba meses invitándola a quedarse con ella. Megan podría marcharse. Podría abandonar aquella casa. Podría dejar atrás los gritos, el alcohol y los golpes, pero no podía hacerlo sola. No mientras Kristen estuviera allí y esa era la razón por la que Megan permanecía en el Valle. No porque fuera débil. No porque no quisiera escapar. Sino porque había decidido que su hermanita no escaparía sola a aquella tragedia. Temía que si se iba Kristen moriría de forma lamentable. Entonces escuchó unos pasitos detrás de la puerta. Megan se volvió. Kristen apareció en el umbral. Tenía los ojos enormes y cautelosos. Megan abrió los brazos. La niña corrió hacia ella.

-Ven aquí, pequeña.

Kristen se abrazó a su cintura. Megan cerró los ojos y besó su cabello. En ese instante, comprendió que no podía permitirse el lujo de ser solamente una adolescente. Para Kristen tenía que ser mucho más. Tenía que ser hermana. Madre. Escudo y cuando fuera necesario, también tendría que ser valiente por las dos. El novio falso no era un capricho. Ella necesitaba a Lían. Cuando Carmen empeoró su padre terminó llevándola a un médico de la ciudad. Lejos del Valle. Lejos de la opinión pública. El diagnóstico fue demoledor. Carme padecía un raro caso de Alzheimer temprano. Era muy agresivo.

Su padre entonces le dijo que tendría que ir a vivir con su madre biológica a la ciudad. Ella negoció con él y le dijo que no podía hacer eso porque tenía novio y estaba muy enamorada de él. Amenazó con atentar contra su vida si los separaba. Su padre terminó cediendo. Megan necesitaba una razón para permanecer en el Valle.

Una razón que Sebastián considerara suficientemente importante para no enviarla con su madre y ella se la había dado. Por eso necesitaba un novio con urgencia. La mentira no se sostendría por sí sola y fue entonces cuando apareció Lían.

No había amor entre ellos. Al menos no de su parte. Cariño tal vez, hasta atracción, pero solo eso. Lían era amable, paciente y sobre todo, alguien en quien ella podía confiar hasta cierto punto. Lo chantajeó y eso no estuvo bien lo sabía, pero por Kristen haría cualquier cosa. Cuando Megan presentó el contrato a Lían donde se especificaba que necesitaban fingir una relación por noventa días no dijo que era para convencer a su padre de que podía quedarse, no le contó toda la verdad. No habló de los golpes. No habló del miedo. No habló de las noches en las que se despertaba sobresaltada por los gritos de Carmen. Solo le dijo que necesitaba que fueran novios. Lían aceptó. Sin preguntas. Sin exigir más explicaciones y así nació aquella relación que, para el resto del mundo, parecía real.

Sebastián sonrió satisfecho. Lían pertenecía a una familia rara, pero respetaba a su abuela Lía como todos en ese pueblo. Megan tenía un novio y si los separaba la chica había dejado claro lo que haría. Hizo lo que siempre. Lo dejó estar. Todo encajaba. La mentira funcionaba y gracias a ella, Megan consiguió quedarse. Mateo era diferente. El chico que realmente le gustaba, pero renunció a él. Mateo habría querido saber la verdad. Habría preguntado. Habría insistido y Megan no podía permitirse eso. Porque cuanto menos supiera la gente, más segura estaría Kristen. Así que eligió el camino más difícil. Guardó sus sentimientos. Arregló una relación falsa, pero conveniente y siguió adelante. No por ella. Por su hermanita. Kristen, era su razón para vivir.

En la cocina, Megan preparó cereales con leche tibia. Kristen permanecía sentada frente a ella, observándola con la cautela de una gacela asustada. Había aprendido a desconfiar incluso de la comida. En más de una ocasión había terminado intoxicada por errores de Carmen. Sal en la leche. Puré de tomate por jugo. Vinagre por agua. Una llave de gas abierta durante horas. Cosas que podían parecer accidentes para cualquiera, pero que, para Megan, se habían convertido en una amenaza constante. Las noches eran todavía peores. Carmen caminaba por la casa desorientada. A veces gritaba y anoche no reconocía a nadie. Había tomado a Kristen en brazos. Caminó hacia la puerta, convencida de que la niña era un extraño que había entrado a robar. Megan tuvo que arrancarle a su hermana de los brazos.

Esa mañana, Carmen seguía sin reconocer a Kristen. La había mirado como si fuera una desconocida y Megan supo que no podía dejar a su hermana sola ni un minuto más. No podía llamar a una canguro. Carmen estaba en el sótano y si alguien descubría la verdad, todo se derrumbaría. No podía faltar a la escuela; su padre se enfadaría. No podía dejarla con los vecinos o las preguntas comenzarían. Así que tomó una decisión arriesgada.

-Vas a venir conmigo, pequeña. -susurró, abrigando a Kristen con una chaqueta preciosa. -Te quedas calladita en mi mochila, ¿sí? -sacó libros y libretas. Kristen estaba tan menuda que el espacio era suficiente. La niña asintió con la solemnidad de un adulto. Megan la acomodó en su mochila. Se aseguró de que pudiera respirar y salió de casa. Sabía que sí la descubrían la regañarían y pedirían explicaciones. Imaginó la cara de la profesora de matemáticas con esa mirada de desaprobación. Imaginó a sus compañeras susurrando, pero Kristen estaría a salvo y eso era lo único que importaba.

Esa tarde, mientras Megan practicaba sus rutinas de porrista con Kristen escondida en el gimnasio, sintió algo que no experimentaba desde hacía meses: esperanza. Nadie se había dado cuenta y la pobre Kristen era un angelito. Sabía estar callada e inmóvil por horas. Fue todo un desafío escabullirse de su novio y sus amigos para alimentar a la pequeña, pero el día escolar casi terminaba. Sabía que no podía seguir así. Hoy era una excepción. Tendría que buscar una solución para mañana. Sabía que su padre no cambiaría, que Carmen empeoraría, que la fachada eventualmente se derrumbaría, pero tenía un plan.

Había comenzado a documentar todo. Los moretones, los episodios de Carmen, las noches de terror. Tenía un contacto en la ciudad. La hermana de su madre, que trabajaba en servicios sociales y tenía a Kristen. Por eso necesitaba tres meses. Por eso escribió en el contrato que su noviazgo duraría noventa días. Porque llegaría el momento en que tomaría a su hermana de la mano y huirían de ese infierno. Mientras tanto, seguiría sonriendo. Seguiría siendo la chica perfecta. Seguiría protegiendo a Kristen con todo lo que tenía. Porque el amor de una hermana mayor es más fuerte que cualquier golpe, más resistente que cualquier mentira y más valiente que cualquier fachada.

Megan Ferrer

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Warriorgame
Es por esto que debía aceptar voluntariamente en vez de lo que pasó. No cualquiera soporta eso.
Yinet Leonor: Así es. Ser atleta de alto rendimiento conlleva sacrificios a niveles que los espectadores nunca ven.🤷
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Warriorgame
La verdad, debieron preguntarle primero.
Yinet Leonor: Sí, por suerte a Lían le gusta lo suficientemente como para no resentir esa decisión de los adultos 😊
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Elisa Patico
Cada vez que leo sobre Andrés, me duele un poquito. Gracias a Dios nunca me ha pasado lo de él, de amar a alguien en silencio, desde la distancia y ver cómo es feliz con alguien más, pero si he tenido desamores y si eso ya duele, no me imagino lo que vive él. Ojalá pueda encontrar a alguien que lo ame de la misma manera, con quién no se tenga que esconder y que lo acepte tal y como es ❤️ de pronto en la universidad?
Yinet Leonor: Paciencia 🤣🤣🤣🤣🤣
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Marita Peña
YA LO ENTENDERAN
Yinet Leonor: Claro que sí. Cuando crezcan.
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Marita Peña
EXACTO SON AMORES DIFERENTES
Yinet Leonor: Exactamente y el corazón tiene capacidad ilimitada para amar.
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Marita Peña
ES COMPLEJO SON ADOLESCENTES Y ESTAN CELOSOS HASTA CAPITAN ESTA CELOSO
Yinet Leonor: Así es, los dos han sufrido traumas y ven en Noelia su personas segura.😊
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Marita Peña
CAPITAN ES BRAVO 🤣🤣🤣
Yinet Leonor: 🤣🤣🤣🤣🤣Sí y muy territorial🤣🤣🤣🤣🤣
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Warriorgame
Ya dijo que no lo hará. No parece que tenga malas intenciones.
Yinet Leonor: A esa edad la seguridad es muy importante. Naturalmente los temores salen a flor de piel.🤷
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Elisa Patico
son cosas que van a ir comprendiendo con el tiempo, a medida que crecen y van madurando
Yinet Leonor: Claro.🤷
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Elisa Patico
jajajajaja vaya forma de romper el hielo
Yinet Leonor: Es un hombre con sentido del humor 🤣🤣🤣
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Aniramairos
Es increíble que muchos piensen (no solo los adolescentes), que si ya pasas de cierta edad no puedes amar, tener emociones o lo peor, tener relaciones sexuales, lo que yo puedo decirle a las personas que piensan así es que se ocupen de sus vidas y dejen ser feliz a los demás 🤭.
Yinet Leonor: Exactamente porque el amor no tiene edad 😊
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Aniramairos
En las cosas del amor es normal sentir nervios y mariposas en el estómago, sin importar la edad que tengas 🤭.
Yinet Leonor: Así mismo 😊
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Elisa Patico
pequeños bribones 🤣 y que harán cuando se vayan a la universidad? o formen su propia familia? 🤣 ella más que nadie tiene derecho a volver a darse un chance en el amor, ustedes no siempre van a estar ahí, tarde o temprano se irán y haran su propia vida
Yinet Leonor: Totalmente de acuerdo, pero quién se lo explica a dos adolescentes inseguros 🤣🤣🤣🤣
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Warriorgame
Espero que no busquen enfermarse intencionalmente pensando en que pueden tomar medicinas y que sólo sea una frase romántica.
Yinet Leonor: No, claro que no piensa en enfermar. Solo quiere dejar claro sin romanticismo que estar a su lado implica apreciar cada instante de la vida más allá del pensamiento convencional.
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Elisa Patico
para que periódico 🤣 para que redes sociales 🤣 si te puedes enterar más rápido con Amparo
Yinet Leonor: 🤣🤣🤣🤣🤣 Así mismo. Tiene alma de periodista 🤣🤣🤣🤣🤣
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Warriorgame
Pues con cincuenta ya no es tan joven. Si quiere iniciar algo, que no se demore.
Yinet Leonor: No al contrario con esa edad se valoran las cosas importantes y la prisa se destierra de la lógica.🤷
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Elisa Patico
siempre, sin importar la edad, deberías buscar a alguien con quien compartir la vida, cualquiera te la puede cambiar, pero no cualquiera esta dispuesto a caminar a contigo a tu lado
Yinet Leonor: Así es y un poco de soledad no hace mal, pero mucha nos mata el alma
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Warriorgame
Totalmente cierto. Han vivido tantas cosas juntos que pueden considerarse familia.
Yinet Leonor: Claro. La familia es un concepto que se extiende más allá de la sangre.
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Elisa Patico
ese es precisamente el problema, cuando comienzas a amar a alguien por sobre ti, por sobre tu bienestar, tus sueños, tus deseos, y te dejas en segundo plano, llegas a creer que el amor es entrega absoluta y una carga
Yinet Leonor: Exactamente 😊
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Elisa Patico
No lo había comentado antes pero wow, a que edad tuvo Lía que tener a su hijo, y luego su hijo a su nieto para que ella tenga 50 y Lian unos 14-15 años. Calculo que alrededor de los 20 años... que pues está bien, y considerando que es un pueblo, es como usual
Yinet Leonor: En efecto las mujeres en los pueblos pequeños suelen casarse a edad temprana y tienen a su primer hijo inmediatamente después.🤷
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