Cristani por fin tenía una vida normal. O eso creía. Hasta que se dio cuenta de que el poder en su cuerpo empezaba destruirla por dentro.
Al mismo tiempo que los problemas volvieron con sus amigos. Primero fue esa espada. La querían para mantener bajo control a Cristani.
Luego supieron del ser que entró a su mundo, un peligro para su plano. Debían eliminarlo.
Entonces llegó Carl Rowen. Decía conocerla y que podía ayudarla a contener esa energía ancestral.
Y la búsqueda comenzó.
Después, Cristani supo que todas las vidas que trataban de recordarle, no eran suyas. Sino de un fragmento más. Uno que vivía en otro plano.
Y un encuentro con una mujer le hizo darse cuenta que sin ese fragmento podría morir.
Pero eso implicaba que Carl pudiera encontrarse con quien deseaba.
La decisión era suya.
Elegir su vida o elegir la felicidad de Carl.
¿Vivir para verlo desaparecer o morir para verlo encontrarse con ella?
¿Ser el monstruo que tanto temía o ser la heroína que Carl necesitaba?
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Capítulo 3: Un día bastante normal.
La cena no fue tan interesante, solo fueron conversaciones banales sobre mi día y el de la familia.
—La navidad se acerca, me pregunto ¿qué regalo me dará Santa este año? —Pregunta Albert con la euforia de un pequeño emocionado, causando risa entre los presentes.
—Solo ten paciencia. —Le responde mi madre tranquilizándolo, el niño asiente terminando su comida.
—¿Ya pensaste que exámen tomar el próximo marzo? —
Esta vez ella se dirigió a mí. Sin haber pensado todavía en ello negué sincerándome, algo que había aprendido hacer para no guardar las cosas solo para mí.
—Está bien, todo lleva su tiempo —finalizó.
Por un momento mi mente se había llenado de alegría por volver a ver a mis amigos, pero la pregunta de mi madre —sé que sin malas intenciones— cayó como un balde de agua fría en un invierno helado, devolviéndome a la realidad.
Una vez más, las preocupaciones de una vida normal me atacaron como dagas filosas desgarrando la piel.
— Lo pensaré antes de que llegue enero. —
Traté de sonar segura de esas palabras, aunque mi voz tembló en la última línea y terminé bajando la cabeza avergonzada de mi propia inseguridad.
Mi madre terminó su cena en silencio, dejó los cubiertos con un pequeño tintineo al compactar con el plato, para luego recargar su mentón sobre sus manos que estaban apoyadas en la mesa, su mirada se deslizó sobre mi rostro.
Quizás buscando algún cambio de expresión.
—Tomátelo con calma, si no puedes el año que viene. Entonces será el próximo. No te estreses, aún eres muy joven.
Me mordí el interior de la mejilla sintiendo frustración al escuchar esas palabras que podrían ser un intento de tranquilizar mi ajetreada mente; sin embargo, hicieron lo contrario.
—Trataré.
Fue lo último que respondí antes de levantarme de la mesa y llevar los platos hacia la cocina, huyendo de esa conversación que me incomodaba en cada momento.
Luego de ayudarla con la limpieza, volví a mi habitación lugar donde me encerré mientras buscaba información sobre distintas carreras que podría ejercer si quisiera.
Pronto el sueño venció, las teclas del ordenador dejaron de sonar y mi cabeza cayó suavemente sobre el escritorio mientras la melodía suave de una canción de algún artista coreano hacía compañía al silencio que se formó.
Esta vez fue Blue & Grey que tomó protagonismo en esa noche fría.
La música parecía escucharse en la lejanía, pero lograba atravezar mi sueño y llegar a mis oídos; pronto todo quedó en la oscuridad.
No fue hasta la madrugada cuando me moví suavemente intentando estar en una mejor pose, cuando me dí cuenta que seguía en ese escritorio y que estuve a punto de caerme de la silla.
Con pereza me estiré sintiendo el aire entrar por la ventana que se encontraba abierta, cerré las cortinas y me encaminé hacia la cama, solté un bostezo mientras me acomodaba en el suave colchón y segundos después mis ojos se cerraron automáticamente.
Cuando por fin abrí los ojos por la molesta alarma que había puesto desde que comencé a trabajar, entendí que era un nuevo día y debía levantarme.
Con toda la pereza del mundo me levanté, me dí una ducha y me cambié.
Al entrar a la cocina, mi abuela ya estaba ahí preparando un delicioso atole para el frío, sin pedírselo me sirvió una taza humeante de este.
—Gracias.
Alcancé a decir cuando sostuve la taza entre mis manos frías y empecé a soplarle como si de esa manera bajara la temperatura al contenido.
—Pareces preocupada —dijo, después de varios minutos de silencio.
—Melanie me invitó a una pequeña fiesta que hará por navidad. Dice que reunirá a todos —le expliqué tomando el atole con cuidado de no quemarme.
Ella sonrió sentándose frente a la mesa donde estaba.
—¿Irás?
Me encogí de hombros sin responder.
—Deberías. No creo que tu madre te niegue el permiso.
Y solo asentí ligeramente mirando algun punto muerto de la cocina.
—¿Decirme que?
La voz de mi progenitora se escuchó casi sin amabilidad entrando al comedor. La mayor la fulminó con la mirada, pues no le gustaba ese tono seco que su hija usaba a veces.
—La invitaron a una fiesta, Melanie la invitó a su casa.
Respondió ella con ese tono suave que siempre supo utilizar. Su hija se sirvió un poco del atole y se sentó junto a nosotras antes de decir con cuidado esta vez.
—Es bueno que salga, no lo ha hecho en estos últimos meses.
Miré la hora en mi móvil, luego me levanté de la mesa para tomar mi almuerzo y guardarlo en mi mochila.
—Las veo más tarde.
Me despedí y salí de casa.
El camino a la veterinaria no era muy lejos, pero era suficiente para escuchar algunas canciones y disfrutar la fría mañana de invierno mientras revisaba los mensajes del chat de amigos.
...Grupo de amigos: Los destructores 🥰...
...— Mensajes no leídos —...
~Melanie:
Hola, chicos.
Sé que no me responderán, sin embargo me gustaría invitarlos a una pequeña reunión de excompañeros el día 18 de diciembre, a las 6 de la tarde en mi casa.
~Desconocido:
Oh, ¿En serio?
Yo me apunto entonces.
~Henry:
Nosotros estaremos solo si Cristani lo hace.
¿Cristani, dónde estás? Aparece.
🙃🙃
~Anthony :
Deja de molestar, Henry.
Es temprano para iniciar con tus tonterías.
~Henry:
¿Que? No he escrito nada malo.
~Sophia:
Chicos, no utilicen el grupo para discutir.
~William:
Sophia tiene razón, compórtense.
Y por cierto, Melanie. Intentaremos viajar ese día.
~Melanie:
¿En serio?
~William:
Por supuesto, también extrañamos estar ahí.
~Melanie:
Los estaré esperando entonces.
~Sophia:
¿Y Cristani?
~Melanie:
Hablaré con ella, seguro también estará feliz.
~Anthony:
No lo sé, Cristani no es el tipo de persona que le guste estar rodeada de gente. Quizás no vaya.
~Henry:
¡Fuera pájaro de mal agüero!
💢💢💢
~Sophia:
Chicos...
.
.
Reí ligeramente ante los mensajes que habían enviado, Henry y Anthony no perdían ningún momento para empezar su discusión sobre cualquier asunto.
Mientras que Sophia y William intentando que el mundo no fuera testigo de ello.
Mis dedos teclearon un —"Estoy realmente emocionada por volver a verlos, así que sí iré"— que quedó como un mensaje sin enviar, esas palabras sonaban raras incluso para mí. Pero era la forma de escribir como me sentía en ese momento.
Guardé mi móvil en el bolsillo de mi abrigo dejando ese mensaje en el olvido.
El día no fue tan aburrido y ni tan ajetreado, simplemente fue un día como todos.
Una anciana entró a la veterinaria con un lindo cachorro en brazos, se sentó en la sala de espera para que atendieran a su pequeño amigo, mientras tanto charló un rato conmigo para matar el tiempo.
Al finalizar mi horario de trabajo volví a casa, cruzando las calles que nuevamente estaban llenas de charcos. Otro gran aguacero en el transcurso de la tarde. El sol brillaba en las últimas montañas lejanas y su rojizo color pintando las nubes esparcidas por el cielo y la musica suave a través de mis audífonos hacía que todo pareciera perfecto. Fue entonces que recordé el mensaje sin enviar de la mañana que había olvidado.
Busqué mi teléfono en mi bolsillo y lo volví a encender. Busqué el grupo y ahí estaba, intacto el mensaje, sin haber sido borrado.
Suspiré como si esas palabras no pertenecieran a mi yo, sino que habían sido producto de un momento de descuido y emociones descontroladas, quizás había sido así.
~Tú:
Iré.
Fue el único mensaje que al final fue enviado, después de una discusión interna, tan yo y tan mi personalidad indiferente.
Pronto el grupo revivió con mensajes de todos. Pero antes de verlos, apagué nuevamente mi celular y seguí escuchando música camino a casa.