Ella renace en un mundo mágico lleno de reglas sociales y apariencias, pero ella decide ser feliz, siendo quien es y no cambiando por nadie.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Frank 2
Quedaba poco para que la subasta terminara cuando Frank apareció nuevamente junto a Kayla.
Tenía esa sonrisa pícara que ella ya había aprendido a reconocer.
Kayla lo miró con desconfianza.
—¿Qué quieres?
—Quiero presentarte a alguien.
Kayla apenas tuvo tiempo de responder.
—¿A quién...?
Frank prácticamente arrastró a un hombre hasta donde estaba ella.
Era alto.
Muy alto.
Tenía el cabello claro y unos impresionantes ojos celestes.
Vestía un elegante traje negro con profundos tonos azules que resaltaban todavía más el color de sus ojos.
El hombre tenía una expresión bastante seria.
Frank, en cambio, parecía encantado consigo mismo.
—Primita, te presento a mi amigo.
El hombre lo fulminó con la mirada.
Frank dejó de sonreír inmediatamente.
—Mi amigo Benjamin está sufriendo.
El hombre volvió a mirarlo.
Esta vez con una expresión que parecía decirle claramente que escogiera con cuidado sus siguientes palabras.
Frank carraspeó.
—Quiero decir... está sufriendo por su excelente corazón de amigo.
Kayla tuvo que contener una risa.
El hombre cerró los ojos durante un segundo, como si estuviera reuniendo paciencia.
Frank decidió continuar antes de que lo asesinaran con la mirada.
—Él es el duque Benjamin Laurent.
Kayla abrió ligeramente los ojos.
[¿El duque?]
Frank señaló al hombre.
—Sabe muchísimo sobre puertos, transporte marítimo y todo lo relacionado con el agua y el mar.
Kayla inmediatamente dejó de bromear.
Miró al duque.
Después pensó en las donaciones.
Las inundaciones.
Las familias afectadas.
Y finalmente comprendió.
—Espera...
Miró a Frank.
—Es cierto.
Frank sonrió.
—¿Ves?
Kayla comenzó a pensar rápidamente.
[¡No puedo simplemente enviar dinero si las personas que necesitan ayuda no tienen dónde comprar las cosas!]
[Primero hay que hacer llegar los alimentos, las herramientas, las medicinas y todo lo necesario.]
Sus ojos se iluminaron.
—Podemos enviar las cosas por barco.
Miró al duque.
—Eso sería mucho más práctico.
El duque asintió.
—El transporte marítimo puede ser una buena alternativa, dependiendo de la zona.
Su voz era tranquila, formal y distante.
Hizo una pequeña reverencia.
—Es un placer conocerla, Lady Kayla.
Kayla sonrió.
—Amigo de mi primo, me alegra que quieras ayudar.
El duque se quedó en silencio.
Frank también.
Benjamin giró lentamente la cabeza hacia su amigo.
Frank evitó mirarlo.
Porque la realidad era bastante distinta.
Benjamin acababa de enterarse de que Frank lo había ofrecido como experto en transporte marítimo.
Y ni siquiera le había preguntado.
El duque abrió la boca.
—En realidad...
Pero Kayla no le dio tiempo a continuar.
—¡Frank!
—¿Sí?
Kayla soltó un suspiro.
—Estoy agotada.
Frank la observó.
—¿Tan cansada?
—Sí.
Kayla miró sus zapatos con resentimiento.
—Quiero dejar de sonreír.
Frank soltó una risita.
—Eso ya lo noté.
—Quiero irme a dormir.
Hizo una pausa.
—O sacarme los zapatos.
Frank miró sus zapatos.
—Esos zapatos parecen una tortura.
Kayla asintió solemnemente.
—Lo son.
Y, sin pensarlo demasiado, puso una mano sobre el hombro del duque Laurent.
El duque se quedó completamente rígido.
Kayla le sonrió con una expresión inocente.
—Disculpe.
Y se quitó los zapatos.
Primero uno.
Después el otro.
Finalmente quedó descalza sobre el elegante suelo de la mansión.
Benjamin la miró como si acabara de presenciar una violación de todas las normas sociales existentes.
—Lady Kayla...
Ella levantó la mirada.
—¿Sí?
—No puede estar descalza.
Kayla parpadeó.
—¿Por qué?
—Es contrario a las normas de etiqueta.
Kayla miró sus zapatos.
Después miró al duque.
—Estoy cansada.
Benjamin abrió la boca.
—Pero...
Kayla señaló el suelo.
—Y esta es mi casa.
El duque se quedó sin palabras.
Frank, en cambio...
Estalló en carcajadas.
—¡JAJAJAJA!
Kayla lo miró.
—¿Qué?
Frank se llevó una mano al estómago.
—¡Te ves más pequeña!
Kayla frunció el ceño.
—¡No soy pequeña!
Frank señaló al duque.
—Al lado de él sí.
Kayla miró a Benjamin.
Después miró a Frank.
Y sonrió.
—Además, el duque Laurent es más alto y más guapo que tú.
Frank se llevó una mano al pecho.
—¡Eso me dolió!
Kayla soltó una carcajada.
—Es la verdad.
—¡Soy tu primo!
—Y él es más guapo.
Frank fingió tambalearse.
—No puedo creer que mi propia familia me traicione de esta manera.
Kayla se rio todavía más.
Mientras tanto, Benjamin permanecía completamente inmóvil.
Miraba a uno.
Luego al otro.
Después nuevamente a Kayla.
No parecía saber qué hacer.
Estaba acostumbrado a las reuniones de la nobleza.
A las conversaciones formales.
A las damas que hablaban con elegancia y medían cada palabra.
Pero aquella joven...
Se había quitado los zapatos en medio de una gala.
Había apoyado una mano en su hombro como si fueran viejos conocidos.
Había comenzado a bromear con su primo.
Y ahora ambos se reían a carcajadas mientras el evento todavía estaba en pleno desarrollo.
Benjamin miró alrededor.
Los demás invitados intentaban discretamente no observarlos demasiado.
Kayla, completamente despreocupada, volvió a mirar a su primo.
—Deja de hacer drama.
—Mi corazón está herido.
—Sobrevivirás.
Frank suspiró exageradamente.
—No sé...
Kayla volvió a reír.
Y Benjamin, por primera vez en mucho tiempo, no supo si aquella escena era completamente inapropiada...
O simplemente la cosa más extrañamente divertida que había presenciado en una gala noble.
Solo sabía una cosa.
La noche todavía no había terminado.
Y, de alguna manera, ya tenía la sensación de que conocer a Lady Kayla Fletcher iba a traerle muchos problemas.
Dos bombas sexuales🤭👏👏