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Tres Caminos, Un Destino

Tres Caminos, Un Destino

Status: En proceso
Genre:Mafia / Romance
Popularitas:255
Nilai: 5
nombre de autor: Amorina Soledad

este es una novela que habla de una chica que es en el salón de clases es muy tranquila pero afuera es todo lo contrario y además tiene a tres chicos y se queda con los tres por eso el nombre

NovelToon tiene autorización de Amorina Soledad para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 19: Lo que corre en la sangre

El tiempo no se detuvo.

Se fracturó en mil partes.

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Valentina no podía apartar la mirada.

Su cuerpo parecía responder al entrenamiento: quieto, firme, preparado. Pero su mente… su mente se desbordaba. Cada recuerdo, cada duda, cada pregunta sin respuesta regresaba al mismo punto.

A él.

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—No puede ser… —repitió, esta vez con más fuerza, como si al decirlo pudiera volverlo mentira.

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La figura avanzó otro paso hacia la luz.

No había apuro.

No había tensión.

Solo una calma que resultaba insoportable.

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—Sabía que reaccionarías así —dijo.

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Valentina apretó los dientes.

—Esto es un truco.

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—No —respondió él—. Esto es lo que siempre fue.

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Y entonces, sin dramatismo… sin esfuerzo…

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—Hola, Valentina.

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Silencio.

Pero no fue el saludo lo que la quebró.

Fue la voz.

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Una voz que había escuchado de niña.

Una voz que había desaparecido sin explicación.

Una voz que nunca pudo olvidar.

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—No… —susurró.

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Su respiración se volvió irregular.

Su pecho se tensó.

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—Estás muerto.

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Él negó suavemente.

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—Eso es lo que necesitaban que creyeras.

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El aire se volvió más pesado.

Más denso.

Más real.

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Porque no era solo parecido.

No era solo una ilusión.

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Era él.

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Su padre.

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Valentina retrocedió un paso.

Luego otro.

Como si la distancia pudiera devolverle el control.

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—No… esto no es real.

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Pero él no la siguió.

No la presionó.

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Solo la observó.

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Como si la estuviera viendo por primera vez en años.

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—Creciste —dijo, casi en un susurro.

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Esa frase…

La misma.

La misma que había escuchado antes.

Pero ahora…

Tenía sentido.

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Y eso la desarmó más que cualquier otra cosa.

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—Si sos él… —comenzó Valentina, obligándose a sostener la mirada— entonces explicame.

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Sus ojos se endurecieron.

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—Explicame por qué me abandonaste.

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Silencio.

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No hubo respuesta inmediata.

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Y por primera vez…

Él no parecía tener el control.

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—Nunca te abandoné.

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Valentina soltó una risa seca.

Dolorosa.

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—Desapareciste.

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—Para protegerte.

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—Eso no es protección —respondió con frialdad—. Eso es cobardía.

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La palabra quedó flotando.

Pesada.

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Pero él no reaccionó con enojo.

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—No entendías lo que estaba pasando.

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—Entonces decímelo ahora —exigió ella—. Sin mentiras.

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Un segundo de silencio.

Luego otro.

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Y finalmente…

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—No estaba luchando contra una organización.

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Valentina lo observó sin parpadear.

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—Estaba luchando contra un sistema.

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Se acercó apenas.

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—Uno que no se puede destruir desde afuera.

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Valentina sintió cómo las piezas empezaban a moverse.

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—¿Entonces…?

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—Tenía que entrar.

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El golpe fue inmediato.

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—No…

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—Sí.

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Su voz fue firme.

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—Me convertí en parte de ellos.

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El mundo se inclinó.

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—Eso no tiene sentido…

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—Es la única forma.

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Silencio.

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—¿Así que todo este tiempo…? —murmuró ella— ¿Estuviste con ellos?

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—Dentro —corrigió él—. Nunca con ellos.

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—Es lo mismo.

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—No.

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Sus miradas chocaron.

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—Porque yo no olvidé quién soy.

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Valentina respiró hondo.

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—¿Y yo?

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Silencio.

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—¿Qué soy yo en todo esto?

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Esa pregunta…

No era táctica.

No era política.

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Era personal.

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Y por primera vez…

Él dudó.

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—Eras lo único que no podía perder.

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Valentina cerró los ojos un segundo.

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Porque lo sintió real.

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Pero también…

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—Y aun así me perdiste.

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El silencio se rompió con un sonido seco.

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Una alerta.

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Su padre desvió la mirada apenas.

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—No tenemos mucho tiempo.

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Valentina no se movió.

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—No me voy sin saber la verdad completa.

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Él la miró fijamente.

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Y entonces dijo algo que cambió todo.

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—Vos no sos una consecuencia, Valentina.

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Una pausa.

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—Sos el origen.

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El mundo dejó de tener forma.

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—¿Qué significa eso…?

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Pero no hubo respuesta.

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Porque en ese instante…

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Las puertas explotaron.

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Lautaro entró primero.

Respiración agitada.

Herido.

Pero firme.

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—¡Valentina!

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Thiago detrás.

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Adrián cubriendo.

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Todos listos para pelear.

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Y entonces lo vieron.

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Al hombre frente a ella.

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Silencio.

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—No puede ser… —murmuró Thiago.

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Adrián no habló.

Pero su mente ya estaba trabajando.

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Lautaro dio un paso adelante.

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—Aléjate de ella.

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El padre de Valentina lo observó.

Con interés.

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—Así que ustedes son los tres.

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Una leve sonrisa.

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—Los caminos.

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Valentina avanzó un paso.

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—Nadie se mueve.

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Su voz fue firme.

Inquebrantable.

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Y todos obedecieron.

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Porque en ese momento…

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Ella era el centro.

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—Esto no es lo que creen —dijo él.

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—Entonces explicalo —respondió Adrián.

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Thiago cruzó los brazos.

—Y rápido.

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Lautaro no habló.

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Solo observaba.

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Analizando.

Midiendo.

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Y algo no cerraba.

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—Ellos ya saben que estás acá —continuó el padre—. Este lugar ya no es seguro.

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Valentina frunció el ceño.

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—¿Cómo lo sabrían?

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Silencio.

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Y entonces…

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Lautaro habló.

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—Porque alguien los guió hasta acá.

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El aire se volvió hielo.

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Todos entendieron.

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Valentina giró lentamente.

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—¿Quién?

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Pero en el fondo…

Ya lo sabía.

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Mateo.

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El silencio fue devastador.

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—No… —susurró Thiago.

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Adrián cerró los ojos un segundo.

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Lautaro no se movió.

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Pero su mirada se volvió más dura.

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—No es tan simple —dijo el padre.

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Valentina no apartó la mirada.

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—Entonces hacelo simple.

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Silencio.

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—Mateo no te traicionó.

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Una pausa.

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—Pero tampoco está de tu lado.

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Esa verdad…

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Fue peor que cualquier traición.

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Porque significaba algo mucho más peligroso.

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Que el juego…

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Era mucho más grande de lo que imaginaban.

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Y que incluso ahora…

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No sabían en quién confiar.

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Valentina respiró profundo.

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Y cuando habló…

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Su voz ya no temblaba.

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—Entonces se terminó.

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Todos la miraron.

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—Se terminó jugar a medias.

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Sus ojos brillaron.

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—Quiero la verdad completa.

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Silencio.

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—Aunque me destruya.

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Porque en ese momento…

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Valentina entendió algo.

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No se puede ganar una guerra…

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Si no estás dispuesto a perderlo todo.

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Y ella…

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Ya estaba lista.

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Continuará…

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