Lelia sale del convento para asistir a la boda de su hermana, estaba feliz al saber que se casaba por amor, pero nunca se imagino que su vida iba a cambiar.
Su destino la iba a llevar por un camino muy diferente al que pensó y le iba a poner pruebas muy duras.
¿Podrá Lelia superar todo lo que le prepara el destino?
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CAPÍTULO 22
Lelia se sienta en la silla que estaba enfrente de él, se le queda mirando y espero unos minutos antes de escucharlo decir.
—Mi tío me dijo que en tres días va a ser el cumpleaños de la reina, todos estamos invitados y yo, como un gran duque, tengo que ir.
Realmente no deseaba que fueras, pero eres mi esposa y, como escuchaste, todos los nobles, hipócritas y mis enemigos quieren conocerte.
Vas a tener que prepararte para cuando entremos al palacio; no va a ser fácil, tendrás que cuidar lo que dices y lo que haces, comportarte como un mueble.
Recuerda que no puedes hablar de lo que te gusta o no te gusta; tienes que evitar platicar de temas políticos y sociales.
Tienes que ser una mujer superficial; habla de vestidos, joyas y peinados. No importa si te miran como una tonta más de esta sociedad podrida; si dejas una actitud de una mujer superficial y derrochadora, para mí está bien. -
Lelia frunce el ceño y, algo molesta, le dice.
—Si mi hermana estuviera aquí, ¿podría hacer todo esto? -
Apolo se empieza a reír y divertido dice.
—Esa zorrita era de esa manera; la verdad, si ella fuera la que estuviera aquí, no me preocuparía, es más fácil que ella salga viva del palacio y que todos la admiren; en cambio tú… -
Lelia, molesta, le dice.
-Yo ¿Que?-
Apolo suspira profundamente, la mira a los ojos y le responde.
—Tú sabes jugar ajedrez, te gusta leer libros políticos y de historia; era una mujer que le gusta usar el cerebro y todo esto es un grave problema en el palacio. A nadie le gusta encontrarse con mujeres inteligentes y menos que piense.
No me malinterpretes; esta parte de ti a mí me gusta, pero en ese mundo, es un problema, y más cuando la mujer piensa, lo consideran muy vulgar. -
Lelia se le queda mirando tratando de entender sus palabras; realmente no sabía si la estaba halagando o la estaba ofendiendo.
No sabía cómo responderle, se le quedó mirando, pensando en lo que le había dicho y con inseguridad le preguntó.
—¿Tienes miedo de que te meta en problemas? -
Apolo pega su espalda al respaldo de la silla, frota su cabello y le responde.
—No quiero que salgas lastimada, es extraño, pero me gusta tenerte aquí; jugar ajedrez contigo es interesante, aún me hace falta derrotarte; antes de eso no puedo dejar que vayas a ningún lado. -
Lelia, al escuchar su respuesta, sintió que su corazón saltó de alegría; era lindo sentir que él la protegía. Le sonríe al momento de contestarle.
—No tienes que preocuparte, lo voy a hacer bien y te vas a sentir orgulloso de la esposa que tienes a tu lado. -
Apolo responde a su sonrisa; por un momento intercambiaron miradas y, después de unos segundos, le dijo.
—Ve a dormir, yo tengo que trabajar, parece que no podremos seguir juntos, tengo trabajo urgente que hacer. -
Lelia, sin decir nada, solo fue a sus aposentos, se puso su bata de dormir y se recostó en la cama; rápido se quedó dormida.
Se despertó a las 5:30 am; al ver a su lado, se dio cuenta de que Apolo no durmió. Se levanta, se cambia con uno de sus vestidos sencillos y va a la cocina; al entrar se encontró con el ama de llaves.
Le preguntó por Apolo y ella le dijo que seguía trabajando en el despacho; se le hizo algo extraño, pero no preguntó nada más.
Al ver a todos se dio cuenta de que nadie había dormido; después la cocinera le dijo que mientras el duque no durmiera, nadie en la casa dormía, por si ocupaba algo.
Lelia no hablaba mucho con los empleados; era muy cuidadosa con lo que hacía o decía, sabía que no podía dejar que nadie la descubriera, que no era Aelia.
Preparó el desayuno y esa mañana Apolo no estuvo con ella; su trabajo lo había atrapado en ese despacho.
No pudo evitar preguntarle al ama de llaves si eso pasaba seguido a Alicia le pareció extraña su pregunta; ya había estado más de una vez en la mansión y se había quedado a dormir, sabía muy bien las rutinas de Apolo.
Le contestó que era parte de su rutina cuando tenía mucho trabajo; desde ese día empezó a observar, a prestarle atención a lo que hacía.
Leila, para pasar el tiempo en esa enorme mansión, cocinaba todos los días; en ratos iba al jardín a cuidar de las flores, en otros momentos leía libros en la enorme biblioteca que Apolo tenía en la primera planta, enfrente de la sala, a un lado de las escaleras.
También tenía sus costuras, hizo algunos pañuelos para Apolo con el escudo de la familia, también bordó el escudo en sus camisas en la parte de la manga o cuello.
Siempre estaba haciendo algo y nada de lo que hacía era algo que Aelia haría, que una joven de buena familia haría.
Alicia y Paolo la estuvieron observando durante dos días, los mismos que Apolo se la pasó trabajando; apenas dormía algunas horas en la silla y solo salía cuando iba a bañarse.
Era el tercer día. Apolo llamó a unas mujeres para que ayudaran a su esposa a cambiarse y a estar lista para la 1 pm para ir al palacio.
Le había mandado hacer uno de los mejores vestidos de esos tiempos; quería que se viera perfecta.
Eran las 10 am, estaba con el joyero, viendo la joya que había mandado hacer para su esposa.
Quedó satisfecho con lo que le entregó y, una vez que se retiró, Paolo y Alicia entraron al despacho, cerraron la puerta para que nadie escuchara lo que iban a decirle.
Alicia lo miró y, sin andar con rodeos, le dijo.
—Ella no es Aelia, ¿quién es? ¿Por qué se parece tanto a Aelia? Será mejor que nos digas qué está pasando. -