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Sané a Mi Alfa, Pero Él Marcó a Otra

Sané a Mi Alfa, Pero Él Marcó a Otra

Status: En proceso
Genre:Venganza / Hombre lobo / Mujer despreciada
Popularitas:19.1k
Nilai: 5
nombre de autor: JaQelinee Valenzuela

Valentina Solano entregó tres años de su vida para salvar a Sebastián Reyes, el Alfa moribundo con quien la obligaron a enlazarse.
Cada luna llena, su loba se apagaba un poco más para mantenerlo con vida. Ella perdió fuerza, sangre y dignidad. Él recuperó su poder.
Y cuando Sebastián por fin sanó, no la eligió a ella.
Eligió a Catalina del Valle.
Le quitó los Brazaletes de la Luna y le ordenó ponérselos a la mujer que quería marcar como su verdadera Luna.
Valentina no suplicó. No lloró. Solo pidió la ruptura del enlace.
Pero la loba que todos creían rota tenía secretos: un imperio comercial escondido, aliados en las sombras y una sangre marcada por la luna.
También tenía la mirada de Damián Montero sobre ella.
El Rey Alfa. El lobo más temido de todas las manadas. El único hombre que nunca la vio como una herramienta.
Sebastián la usó para vivir.
Damián está dispuesto a destruir el mundo para hacerla reina.

NovelToon tiene autorización de JaQelinee Valenzuela para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 11

Capítulo 11: Escribir A Papá

Tres días después, Valentina pidió papel.

Sofía creyó que iba a revisar cuentas. Lucía creyó que iba a redactar instrucciones para Solano Holdings. Ambas se equivocaron.

Valentina puso la hoja frente a ella, alisó los bordes con los dedos y sostuvo la pluma durante tanto tiempo que la tinta empezó a secarse en la punta.

Padre:

La palabra quedó sola.

Don Ernesto Solano no era un hombre fácil de conmover. Creía en el honor de la manada, en los apellidos puestos en orden, en la obediencia que una hija debía ofrecer incluso cuando nadie le ofrecía protección a cambio. Cuando Valentina aceptó el enlace de curación con Sebastián, su padre habló de deber. Su madre lloró por la distancia, pero no por el destino.

Ahora Valentina necesitaba pedirle algo que para él sonaría como vergüenza.

Apoyo formal para ruptura del enlace.

Sin la firma del jefe de su familia, el Tribunal de la Manada Real podía retrasar la petición durante meses. O años. Doña Milagros lo sabía. Sebastián quizá todavía no. Valentina sí.

La familia Solano no era poderosa. Don Ernesto había pasado media vida esperando ascensos que siempre llegaban tarde, favores que siempre costaban demasiado y permisos que se quedaban detenidos en escritorios ajenos. Por eso había entregado a su hija con tanta solemnidad: no solo la había casado, la había convertido en puente.

Valentina entendía esa palabra mejor que nadie.

Un puente no elegía quién lo cruzaba.

Un puente tampoco preguntaba si las pisadas dolían.

Durante tres años, cada carta que recibió de casa habló de paciencia, de gratitud, de mantener la cabeza alta. Ninguna preguntó cuántas veces había sangrado después de sostener el enlace de curación. Ninguna preguntó si dormía sola. Ninguna preguntó si Sebastián la miraba como esposa o como medicina que ya no hacía falta.

Por eso no iba a escribir una carta triste.

Las cartas tristes se podían guardar en un cajón.

Las cartas peligrosas obligaban a responder.

Respiró y escribió.

Padre:

Espero que usted, Madre y Mateo estén con salud. Si esta carta le causa preocupación, le pido que no la aparte antes de terminarla.

El enlace de curación ya cumplió su propósito. Sebastián Reyes vive. Su lobo está estable. La Manada Reyes obtuvo lo que pidió de mí.

La pluma se detuvo.

Sofía, junto a la puerta, no dijo nada.

Valentina continuó.

Yo, en cambio, no conservo nada que pueda llamarse matrimonio. He sido retirada del dormitorio principal, separada de toda autoridad real y presionada para aceptar una posición inferior bajo otra mujer. No le escribo desde la rabia de un día. Le escribo después de tres años.

Le pido, Padre, que respalde mi solicitud de ruptura del enlace.

La tinta brilló húmeda sobre la página.

Valentina dejó la pluma.

—¿Quiere que la selle ahora? —preguntó Lucía.

—Todavía no.

—¿Va a suavizarla?

Valentina miró la carta.

—No. Voy a hacerla imposible de ignorar.

Añadió una línea más:

Si me obliga a permanecer aquí por preservar el nombre Solano, ese nombre quedará unido a mi humillación, no a mi honra.

Sofía soltó el aire.

Lucía sonrió apenas.

—Eso sí lo va a leer dos veces.

Antes de sellar la carta, llegó Sebastián.

No tocó. Nunca tocaba cuando creía que aún tenía derecho a entrar.

—Tenemos compromisos sociales —dijo.

Valentina cubrió la carta con una hoja limpia.

—Buenos días, Alfa Reyes.

Él miró la mesa.

—¿Escribías?

—Sí.

—Luego. Necesito que asistas conmigo a las reuniones de la temporada. Hay un desayuno de manadas aliadas, la ceremonia de luna creciente y el cumpleaños del Gran Alfa. Después de lo ocurrido, conviene mostrar estabilidad.

Estabilidad.

Valentina casi admiró la palabra. Era increíble cuánto podía esconderse detrás de una sílaba bien vestida.

—Iré.

Sebastián pareció sorprendido.

—¿Así de fácil?

—No será gratis.

Su expresión se tensó.

—Valentina.

—Necesito una recomendación suya para Don Ernesto Solano ante el Tribunal de la Manada Real.

—¿Tu padre?

—Mi padre lleva años intentando que su expediente avance. Usted tiene influencia suficiente para respaldarlo.

—¿Y por qué debería hacerlo?

Valentina levantó la vista.

—Porque quiere que me siente a su lado y sonría cuando todos miren.

El silencio entre ellos ya no era matrimonial. Era contractual.

Sebastián lo entendió.

No le gustó.

—Antes no eras así.

—Antes yo tampoco sabía cuánto valía mi silencio.

Él caminó hacia la ventana, irritado.

—Es una recomendación. No una promesa.

—Una recomendación formal, sellada con su marca de Alfa.

—¿Y si me niego?

—Entonces tendrá que explicar por qué su Luna no aparece en los eventos donde la necesita.

Sebastián la miró durante un largo momento. Valentina no bajó los ojos.

Él había aprendido a negociar con otros Alfas, con comerciantes de ganado, con familias que querían acercarse a la Manada Reyes sin parecer demasiado hambrientas. Sabía cuándo sonreír, cuándo retrasar una firma, cuándo ofrecer una cena en vez de una promesa.

Pero nunca había imaginado tener que negociar con ella.

Eso, más que la exigencia, pareció ofenderlo.

—Usas mi posición contra mí.

—No —dijo Valentina—. Uso la única razón por la que usted todavía viene a buscarme.

Sebastián apretó la mandíbula.

La habitación seguía siendo pobre para una Luna: una cama estrecha, un baúl, una mesa, cortinas sin bordado. Sin embargo, por primera vez desde que la habían enviado allí, Valentina sintió que el espacio le pertenecía. No porque fuera cómodo. Porque dentro de esas paredes ya no estaba pidiendo amor.

Estaba cobrando deuda.

—Está bien —dijo al fin—. La tendrás.

—Gracias.

La palabra no sonó agradecida. Sonó cerrada.

Cuando Sebastián se fue, Sofía cerró la puerta con más fuerza de la necesaria.

—Me gusta cuando le habla así.

—No debería gustarte. Significa que todo lo que queda entre él y yo puede pesarse en papel.

Lucía tocó la hoja que cubría la carta.

—El papel también sirve para abrir puertas.

Valentina retiró la hoja limpia y leyó su propia letra.

Ruptura del enlace.

Recomendación.

Solano Holdings.

Tres columnas de una misma salida.

—Después de la ruptura no volveré a la casa Solano —dijo.

Sofía se quedó quieta.

—¿A dónde irá?

—A una propiedad mía.

Lucía asintió, práctica.

—La de la calle de los jacarandás puede estar lista en dos semanas. Está a nombre de un administrador, no de usted.

—Bien.

Sofía abrió mucho los ojos.

—¿Tiene una casa?

Valentina dobló la carta.

—Tengo más que una casa.

No lo dijo con orgullo. Lo dijo como quien por fin enumera armas guardadas bajo el piso.

Durante tres años, mientras todos creían que solo preparaba infusiones para Sebastián, Lucía movía inversiones, rentas, telas, bodegas y cuentas. Solano Holdings había crecido en silencio, lejos del apellido Reyes. Lejos de cualquier Alfa.

Valentina selló la carta.

—Cuando salga de aquí, no seré la hija devuelta ni la Luna descartada.

Sofía sonrió entre lágrimas.

—Será Valentina Solano.

—Exacto.

Lucía tomó el sobre.

—¿Está segura?

Valentina miró por la ventana. La luna no se veía a esa hora, pero su luz existía aunque el sol mandara.

—Nunca he estado más segura.

Lucía guardó la carta dentro de su chal.

Valentina volvió a tomar la pluma y escribió, en una hoja aparte, una frase que no enviaría a nadie.

En esta vida, no volveré a pertenecerle a ningún Alfa.

La dejó secar.

Luego la dobló y la guardó junto a su pecho.

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Nana Pelaez
24 capítulos y ella feliz sufriendo 😭😭😭
Marleys Sofia Cervantes
uffffffffffffffffffff
Marleys Sofia Cervantes
👏👏👏👏👏👏👏
Carla Carvajal
autora quise leer algunas de tus obras, ninguna de las que escogí está terminada, espero puedas terminar esta y sigas con las otras
Natt_Lpz
ne encanta.. pero creo q sabemos q Valentina es fuerte feroz pero xq sufrir tanto? me parte el alma 💔
gabriel rios
es el final o va a seguir
Carla Carvajal
ojalá está novela no sea tan larga, las novelas cuando comienzan a ser rebuscadas suelen aburrir al lector, solo es mi opinión, aburre leer muchos capítulos
Marleys Sofia Cervantes
Alguien sensato
Marleys Sofia Cervantes
Valentina es
Lola calamidades
Sofia Carruso
👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏
muy bien Damián
Marleys Sofia Cervantes
Hay va arder troya
Marleys Sofia Cervantes
Valentina si lleva porrazos
porrazos viene
porrazos van
Marleys Sofia Cervantes
le están buscando 5 patas al gato
Zaida Sanchez
toda esa gente no vale la
Zaida Sanchez: no valen la pena de sus esfuerzos 😡
total 2 replies
Marleys Sofia Cervantes
pisando en terreno mojado
Marleys Sofia Cervantes
Esa Catalina es un grano en la nalga
Marleys Sofia Cervantes
👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏
valentina
Marleys Sofia Cervantes
Doña aurora tiene más pelota que un poco jajajajaja y está vieja me imagino en sus años mosos
Marleys Sofia Cervantes
1 más 1 2
y estos ufff no se que esperan
Lilian Benitez
🤔no está completa
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