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El renacer de la esposa humillada

El renacer de la esposa humillada

Status: Terminada
Genre:CEO / Traiciones y engaños / Amante arrepentido / Venganza de la Esposa / Completas
Popularitas:267
Nilai: 5
nombre de autor: Santi Suki

Astrid lo tenía todo: un matrimonio con el exitoso doctor Lucas Morgan, una hija pequeña llamada Ariana y una vida que parecía perfecta. Pero detrás de la fachada, Lucas la traiciona con otra mujer y su propia suegra, Marta, la humilla sin piedad, convencida de que Astrid nunca fue lo suficientemente buena para su hijo.

Cuando la verdad sale a la luz, Astrid pierde mucho más que un esposo. Pierde la dignidad, la seguridad económica y casi la voluntad de seguir adelante. Con Ariana apenas en brazos, se ve obligada a empezar de cero en un mundo que le dio la espalda.

Lo que nadie anticipó fue la transformación de Astrid. Con inteligencia, trabajo implacable y una determinación que nadie le conocía, reconstruye su vida paso a paso. En el camino se cruza con Mateo Romano, un empresario íntegro y reservado que no busca rescatarla sino caminar a su lado. Lo que comienza como respeto mutuo se convierte en un amor profundo que redefine lo que significa ser pareja.

Pero las sombras del pasado no se rinden fácilmente. Lucas enfrenta las consecuencias legales de sus actos y termina en prisión. Marta, consumida por el arrepentimiento, busca a Astrid en sus últimos días para pedirle perdón. La familia que Astrid construyó con Mateo —incluyendo a los pequeños Emiliano y Gael— se ve amenazada cuando Lucas sale libre y reaparece en sus vidas.

La historia da un giro inesperado cuando Ariana, ya adulta y estudiante de medicina, se enamora de Noel, un joven brillante cuyo hermano gemelo murió en una operación fallida realizada por Lucas años atrás. El amor entre Ariana y Noel queda atrapado entre la culpa heredada y un odio que ninguno de los dos eligió cargar.

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Capítulo 23

Pasaron diez minutos sin que ocurriera nada. Lucas solo hablaba de Ariana y de planes para unas vacaciones en familia. De vez en cuando hacía reír un poco a Astrid.

Astrid, por su parte, interpretó su papel a la perfección. Ni demasiado cálida ni demasiado fría. Lo justo para que Lucas se mantuviera cómodo.

Pasaron veinte minutos y seguía sin pasar nada. Ninguna llamada sospechosa. Ninguna conversación sobre bienes. Ninguna mención de la casa heredada. Solo una cena común y corriente.

Mateo empezaba a perder la paciencia.

—Me estoy empezando a sentir como un idiota.

Julio le dio un sorbo a su café.

—Te encanta decir eso.

Mateo le lanzó una mirada fulminante hacia la mesa de al lado.

—Gracias por tu solidaridad.

Julio soltó una risita. Pero al cabo de unos segundos su expresión se tornó seria de nuevo.

—Justamente eso es lo que me inquieta.

Mateo arqueó una ceja.

—¿A qué te refieres?

Julio observó a Lucas, que le sonreía a Astrid.

—Alguien como Lucas no cambia de la noche a la mañana.

Mateo siguió la dirección de su mirada. Lucas se veía relajado.

—¿Y entonces?

—Si esta noche no hace nada... —Julio se detuvo un instante—. ...significa que está construyendo la confianza de Astrid.

Mateo entendió al instante. La comprensión le endureció el semblante.

Porque así era exactamente como operaba un manipulador. No atacaban cuando la víctima estaba alerta. Primero hacían que se sintiera segura.

Mientras tanto, en la otra mesa, Lucas no tenía la menor idea de que lo estaban observando. Seguía conversando tranquilamente con Astrid. Incluso sonreía complacido al ver las reacciones de su esposa. En su mente, todo marchaba según lo planeado.

Astrid empezaba a confiar de nuevo y volvía a estar bajo su control. Al menos eso era lo que Lucas creía.

Pero detrás de la sonrisa serena que Astrid exhibió esa noche, la mujer examinaba cada uno de sus movimientos con más cautela que nunca.

La cena terminó sin ningún incidente importante. No se reveló ningún secreto. Lucas no cometió ningún error. No apareció ninguna prueba nueva.

Sin embargo, cuando Lucas fue a pagar la cuenta, Mateo alcanzó a enviarle un mensaje breve a Astrid:

[No hizo ningún movimiento esta noche. Pero estoy seguro de que está preparando algo grande. Ten cuidado.]

Astrid leyó el mensaje a escondidas. Luego guardó el celular en el bolso. Su mirada se desvió hacia Lucas, que estaba de pie en la caja del restaurante.

Por alguna razón, el mal presentimiento volvió a brotar en su pecho. Porque una noche demasiado tranquila muchas veces era la señal de que una tormenta más grande esperaba a la vuelta de la esquina.

La lluvia caía desde temprano. Las gotas salpicaban el cristal de la ventana del estudio de Astrid en el segundo piso. El cielo se veía plomizo, y el interior se sentía más silencioso que de costumbre. Ariana, que solía parlotear sin parar, dormía profundamente envuelta en una cobija caliente.

Sobre el escritorio ordenado se extendían varios documentos dispuestos con esmero. Algunos ya estaban marcados con resaltador, mientras que otros tenían pequeñas anotaciones en los márgenes.

Astrid llevaba casi una hora sentada ahí. Hasta que finalmente su mirada volvió a caer sobre el documento que estaba encima de todos.

Demanda de divorcio.

Las letras se veían nítidas frente a ella. Astrid exhaló despacio. Los dedos se deslizaron hasta tocar la esquina del papel con cuidado, como si esa hoja pesara mucho más que un simple documento legal.

El pecho se le oprimió, pero no por amor. Ese sentimiento se había ido hacía mucho. Quedó enterrado el día en que descubrió la infidelidad de Lucas. Se hizo pedazos cuando las mentiras de su marido fueron cayendo una a una ante sus ojos.

Lo que le pesaba a Astrid era la certeza de que el matrimonio por el que luchó con todo su corazón terminaba así. No porque se les acabó el amor ni porque el destino los separó, sino por las mentiras, la traición y la ambición.

Astrid cerró los ojos un momento. La imagen de sí misma de unos años atrás surgió en su mente. Una mujer que confiaba ciegamente en su esposo. Una mujer orgullosa de presentar a Lucas ante todo el mundo. Una mujer que se sentía afortunada de tenerlo como compañero.

En aquel entonces creía de verdad que envejecerían juntos. Que Lucas sería el refugio seguro para ella y para Ariana. Pero ahora, esos recuerdos se sentían como la historia de otra persona.

Un toque suave en la puerta hizo que Astrid abriera los ojos. Recompuso su expresión de inmediato.

—Adelante —dijo.

La puerta se abrió despacio. Mateo entró con una carpeta gruesa color café en la mano.

En cuanto dio un paso adentro, su mirada cayó directamente sobre el documento de divorcio que descansaba en el escritorio. No habló enseguida. Se quedó de pie unos segundos observando a Astrid.

Después caminó hacia ella y se sentó en la silla de enfrente.

—¿Entonces ya tomaste la decisión? —preguntó en voz baja.

Astrid esbozó una sonrisa tenue. Una sonrisa que nunca le llegó a los ojos.

—Creo que más bien me tardé demasiado en tomarla.

Mateo soltó un largo suspiro. Sabía muy bien cuánto había soportado Astrid durante años. Por eso no intentó disuadirla. Tampoco cuestionó su decisión. Al contrario, sintió alivio de que por fin Astrid se eligiera a sí misma.

—¿Lucas ya sabe? —preguntó.

Astrid negó despacio.

—No.

—¿Tu suegra?

—Tampoco.

Mateo asintió.

—Eso es más seguro.

El hombre colocó la carpeta que traía sobre la mesa.

—Cuanta menos gente lo sepa, menor la posibilidad de que le llegue a Lucas.

Astrid asintió en acuerdo. Esa era exactamente la razón de su sigilo. No por miedo, sino para no darle a Lucas oportunidad de armar una nueva estrategia.

—Solo se lo he dicho a unas cuantas personas —dijo Astrid.

Mateo la miró.

Astrid continuó:

—A ti... a Julio... y a Guillermo.

Mateo esbozó una leve sonrisa al oír el nombre. Guillermo era el abogado que él mismo le había recomendado personalmente a Astrid hacía unas semanas.

Era un hombre conocido por su meticulosidad, difícil de presionar, con una reputación excelente en casos de divorcio y disputas patrimoniales.

—Guillermo es la persona indicada —dijo Mateo reclinándose en la silla—. Si ya aceptó tu caso, quiere decir que todos los pasos legales se van a preparar con rigor.

Astrid asintió. Ella misma se había dado cuenta después de reunirse varias veces con Guillermo. El hombre hablaba poco. Pero cada pregunta que hacía daba justo en el blanco. Cada paso que daba estaba calculado.

La mirada de Astrid volvió a caer sobre la demanda de divorcio que estaba en el escritorio. El destello en sus ojos se fue volviendo cada vez más firme.

—No quiero que me arrastre más —la voz de Astrid sonó baja, pero cargada de convicción.

Astrid respiró hondo antes de continuar. Su mirada se desvió hacia la ventana salpicada de gotas de lluvia.

—No sé cuántos delitos ha cometido Lucas. Pero sé una cosa.

Mateo la observaba en silencio.

Astrid volvió a mirarlo. Esta vez el brillo de sus ojos era contundente.

—No me voy a hundir con él.

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