César sueña con escapar de la pobreza a través de la música. Tras años de sacrificios, consigue un contrato discográfico, creyendo que su vida cambiará para siempre. Pero el éxito tiene un precio que jamás imaginó: manipulación, traición y la pérdida gradual de su esencia. Mientras su familia se vuelve interesada y los falsos amigos abundan, César deberá decidir cuánto está dispuesto a ceder de su dignidad por la fama internacional. En su camino conocerá luces y sombras, aprenderá que no todo lo que brilla es oro, y descubrirá si el sueño por el que tanto luchó vale realmente el infierno que vive.
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Capítulo 23: Un amigo verdadero
El regreso del pueblo fue más ligero que la ida, como si la confesión de Andrés hubiera soltado una carga que César llevaba meses arrastrando. Lucía manejaba en silencio, pero sonreía de vez en cuando, como quien sabe que ha sembrado una semilla que pronto dará frutos. César miraba por la ventanilla, pero su mente ya no estaba en la culpa. Estaba en la posibilidad de un futuro diferente. Un futuro donde la música volviera a ser suya.
Llegaron a la ciudad entrada la noche. Lucía lo dejó en la puerta de su apartamento con un apretón de hombro. "Mañana empieza la guerra", le dijo. "Pero hoy, descansa. Te lo has ganado."
César subió a su apartamento vacío. Las paredes blancas, los muebles impersonales, la nevera casi vacía. Nada de eso era suyo. Todo lo que lo rodeaba pertenecía a la disquera, incluso las horas que pasaba allí. Pero pronto, si todo salía bien, eso cambiaría. Por ahora, solo necesitaba una noche de sueño reparador.
A la mañana siguiente, mientras se preparaba un café instantáneo en la cocina, alguien llamó a la puerta. No esperaba visitas. Abrió con cautela y se encontró con una figura inesperada: Jonathan, el ingeniero de sonido, con una mochila al hombro y una expresión de determinación.
"¿Jonathan? ¿Qué haces aquí a esta hora?"
"Tengo que hablar contigo", dijo, entrando sin esperar invitación. "Anoche, después de que te fuiste, Esteban me llamó a su oficina. Me preguntó si sabía algo de tus movimientos. Si había visto algo raro, si habías grabado en otro estudio, si habías hablado con abogados."
César sintió un escalofrío. "¿Y qué le dijiste?"
"No dije nada. Pero me pidió que te espiara. Que le informara de todo lo que hicieras, dijeras o hicieras. A cambio, me ofreció un bono. Un bono grande."
César apretó la taza de café. "¿Vas a hacerlo?"
Jonathan lo miró fijamente. "Si te digo que no, mentiría. El bono es mucho dinero. Dinero que cambiaría mi vida. Pero si te digo que sí, no podría mirarme al espejo. Tú eres el único artista en ese maldito sello que trata a los técnicos como personas. El único que me pregunta cómo estoy, que me ofrece café, que me escucha cuando hablo. No voy a traicionarte por unos pesos."
César sintió un nudo en la garganta. "Jonathan, no tienes por qué hacer esto. Si ellos se enteran de que viniste a avisarme..."
"Que se enteren. Ya tengo otra oferta de trabajo en una disquera independiente. No es tan glamorosa como Melodía Records, pero es honesta. Y no tengo que espiar a nadie. Así que puedes contar conmigo. No voy a decirles nada. Y si puedo ayudarte de alguna otra manera, solo dímelo."
César dejó la taza de café y abrazó a Jonathan. Era un abrazo de hermano, de esos que se dan cuando alguien te demuestra que no estás solo en la tormenta. "Gracias", dijo, con la voz quebrada. "No sabes lo que significa esto."
"Sí lo sé", respondió Jonathan, separándose. "Porque si estuviera en tu lugar, me gustaría que alguien hiciera lo mismo por mí."
Se sentaron en la cocina y hablaron durante una hora. Jonathan le contó todo lo que sabía de los planes de la disquera: los movimientos de Esteban, las reuniones secretas de Mauricio, los intentos de encontrar pruebas en su contra. Le advirtió que habían contratado a un investigador privado para seguir sus pasos, y que probablemente ya sabían lo de la visita a Lucía y el viaje al pueblo de Andrés.
"Ten cuidado", le dijo Jonathan. "Esteban es un tipo peligroso. No solo te va a demandar. Te va a destruir personalmente. Va a ir tras tu familia, tus amigos, tu reputación. No se detiene ante nada."
César asintió. Lo sabía. Había visto la crueldad de Esteban en cada interacción, en cada amenaza velada, en cada sonrisa falsa. Pero ahora tenía algo que no tenía antes: aliados. Jonathan, Lucía, Andrés. Y quizás, en el futuro, otros más.
"¿Qué puedo hacer?", preguntó.
"Primero, no vayas a la gira. Si te vas del país, te tienen atrapado. Segundo, presenta la demanda lo antes posible, antes de que ellos puedan preparar su defensa. Tercero, no confíes en nadie más. Ni siquiera en la gente que parece amable. En este negocio, las apariencias engañan."
César tomó nota mental de cada palabra. Cuando Jonathan se fue, se quedó solo en el apartamento, sintiendo el peso de la decisión que tenía que tomar. La gira internacional empezaba en cinco días. Si no subía al avión, incumplía el contrato y activaba todas las cláusulas punitivas. Pero si subía, se alejaba de su tierra, de su familia, de sus aliados. Y quizás, cuando regresara, ya no tuviera nada que defender.
Llamó a Lucía. "Tengo que presentar la demanda ahora. Antes de la gira."
"¿Estás seguro? Aún no tenemos todas las pruebas."
"Ya no importa. Si espero más, me van a sacar del país y no podré hacer nada. Tengo que hacerlo ahora."
Lucía se quedó en silencio un momento. Luego dijo: "Está bien. Mañana a primera hora presento la demanda. Pero prepárate. Cuando esto salga a la luz, no va a haber vuelta atrás."
"No quiero vuelta atrás. Quiero adelante."
Colgaron. César miró su apartamento, sus paredes blancas, su vida prestada. Todo iba a cambiar. Pero por primera vez, no tenía miedo. Tenía esperanza.
Salió al balcón y miró el cielo de la ciudad, salpicado de estrellas apenas visibles entre las luces de neón. En El Rincón, las estrellas se veían más claras. Y en su mente, una canción empezó a tomar forma. Una canción sobre un hombre que decide ser libre, aunque el precio sea alto. La llamó "Alas rotas". Y supo que esa canción sería la primera que grabaría como hombre libre.
Si es que algún día llegaba a serlo.