Sinopsis
Emilia Velázquez, una joven universitaria apasionada por las novelas románticas, descubre que le quedan pocos meses de vida y acepta la oferta de una misteriosa hechicera para reencarnar en el mundo de su novela favorita, ocupando el cuerpo de Ester, la villana destinada a la desgracia. Mientras lucha por adaptarse a un reino lleno de conspiraciones, magia, dragones ancestrales y peligros ocultos, intentará cambiar un destino que no le pertenece. Sin embargo, todo se complica cuando un extraño encuentro con el príncipe dragón Derek provoca un intercambio de cuerpos que amenaza con alterar el equilibrio de ambos mundos para siempre.
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Capítulo 23: La Biblioteca del Primer Rey
El Bosque de los Ecos volvió a quedar en silencio.
Las pequeñas luces azules desaparecieron entre los árboles, como si jamás hubieran existido.
Emilia sostenía la pequeña llave plateada.
Era fría.
Pero, al mismo tiempo, transmitía una extraña tranquilidad.
La giró entre sus dedos.
En ella seguía grabada la inscripción.
"Biblioteca del Primer Rey."
Derek se acercó.
—¿Qué crees que abra?
Ella sonrió ligeramente.
—Con todo lo que hemos vivido...
Tengo miedo de descubrirlo.
Y también muchas ganas.
Los dos comenzaron a caminar.
No notaron que, detrás de uno de los enormes árboles, una sombra los observaba.
No era el hombre de la máscara negra.
Era otra persona.
Una joven de cabello blanco y ojos negros.
Miriam.
La hermana de Derek.
—Así que era verdad.
Murmuró.
—Mi hermano ya no está solo.
Pero, en lugar de seguirlos, dio media vuelta y desapareció entre el bosque.
Emilia
Cada día me resulta más difícil recordar mi antigua vida.
No la estoy olvidando.
Solo siento que se aleja, como un sueño cuando llega el amanecer.
A veces intento recordar el camino hacia la universidad.
O el ruido de la ciudad.
Pero cuando cierro los ojos, lo primero que aparece es este bosque.
El Reino Dragón.
El castillo.
Y... Derek.
Miré la llave una vez más.
¿De verdad vine aquí por casualidad?
Por alguna razón, mi corazón respondió antes que mi mente.
No.
El camino terminó frente a una enorme montaña.
En su base había una gigantesca puerta de piedra cubierta por raíces.
Parecía abandonada desde hacía siglos.
Derek pasó una mano sobre la superficie.
Antiguas runas comenzaron a iluminarse.
—Estas letras...
Las conozco.
Emilia lo miró sorprendida.
—¿Las has estudiado?
Él negó con la cabeza.
—No.
Simplemente...
Las recuerdo.
Ambos se quedaron en silencio.
La llave comenzó a brillar.
Y salió volando de las manos de Emilia.
Se introdujo en una pequeña cerradura oculta entre las piedras.
Un fuerte estruendo recorrió la montaña.
La enorme puerta comenzó a abrirse lentamente.
Un aire antiguo escapó desde el interior.
Como si aquel lugar hubiera permanecido dormido durante miles de años.
La Biblioteca del Primer Rey era inmensa.
Columnas blancas sostenían un techo tan alto que apenas podía verse.
Miles de libros descansaban sobre estanterías gigantescas.
Cristales flotantes iluminaban el lugar con una luz azulada.
Emilia quedó maravillada.
—Es hermosa.
Derek también observaba el lugar.
Pero había algo que llamaba su atención.
En el centro de la biblioteca había una estatua.
Representaba a un dragón y a una mujer.
Los dos estaban tomados de la mano.
Y bajo ellos había una frase.
"Solo quien acepte su pasado podrá cambiar el futuro."
Emilia sintió un escalofrío.
Se acercó lentamente.
En cuanto tocó la estatua, una estantería comenzó a moverse.
Un pequeño compartimiento secreto apareció.
Dentro había un único libro.
La cubierta era negra.
Sin título.
Cuando Emilia lo tomó, el libro se abrió solo.
Las páginas estaban completamente en blanco.
Derek frunció el ceño.
—No hay nada escrito.
Entonces unas palabras comenzaron a aparecer lentamente.
Capítulo primero.
La niña que olvidó su hogar.
Emilia sintió que el aire le faltaba.
—No...
La escritura continuó.
Ella nació dos veces.
Y en ambas amó al mismo dragón.
El libro cayó al suelo.
Muy lejos de allí.
En el Palacio de Edredón.
Eduardo entrenaba con su espada.
Cada golpe era más fuerte que el anterior.
Rodrigo lo observaba.
—Está distraído, alteza.
El príncipe bajó la espada.
—General.
¿Puedo hacerle una pregunta?
—Por supuesto.
Eduardo respiró profundamente.
—¿Cree que una persona puede cambiar por completo?
Rodrigo pensó unos segundos.
—Sí.
El dolor cambia a las personas.
El amor también.
Eduardo miró el cielo.
—Entonces...
Quizás Ester nunca fue como yo pensaba.
Rodrigo sonrió.
—Tal vez apenas ahora está mostrando quién es realmente.
Pero ninguno de los dos sabía que, desde un balcón cercano, la reina Elena escuchaba la conversación.
Y aquello aumentó aún más sus sospechas.
Derek
Cuando vi aquellas palabras en el libro sentí miedo.
No por mí.
Por Emilia.
Porque vi sus ojos.
Ella también estaba asustada.
Quise decirle que todo saldría bien.
Pero no encontré las palabras.
Siempre fui malo expresando lo que siento.
Entonces recordé algo que mi madre me decía cuando era niño.
"Las personas importantes no necesitan grandes discursos. Solo necesitan saber que no están solas."
La miré.
Y simplemente tomé su mano.
Ella me devolvió una pequeña sonrisa.
Y comprendí que había hecho lo correcto.
En lo más profundo de la biblioteca apareció una luz.
Una figura anciana salió de entre las sombras.
Vestía una túnica gris y llevaba un bastón de madera negra.
Su larga barba blanca llegaba hasta la cintura.
—Han tardado mucho.
Dijo.
Emilia y Derek dieron un paso atrás.
—¿Quién es usted?
Preguntó Emilia.
El anciano hizo una pequeña reverencia.
—Fui el guardián de esta biblioteca.
Y llevo seiscientos años esperándolos.
Derek apretó la mano de Emilia.
—¿Nos conoce?
El anciano sonrió.
—Los conozco desde antes de que nacieran.
Los dos quedaron inmóviles.
—¿Qué significa eso?
El viejo los observó con tristeza.
—Significa que la historia volvió a comenzar.
Caminó lentamente hasta el libro negro.
Lo levantó.
Y se lo entregó a Emilia.
—Este libro escribe el destino.
Pero existe una regla.
—¿Cuál?
Preguntó ella.
El anciano miró a ambos.
—Cada vez que una verdad sea revelada...
Un recuerdo desaparecerá.
Emilia sintió un extraño vacío.
De repente intentó recordar una canción que su hermana Vivian solía cantar.
No pudo.
Solo quedaba un eco lejano.
Bajó la mirada.
Y por primera vez no sintió desesperación.
Solo una suave melancolía.
El anciano la observó.
—El mundo al que perteneces está comenzando a llamarte.
Ella levantó lentamente la vista.
Y, sin darse cuenta, respondió:
—Entonces... quiero conocerlo.
El guardián sonrió.
—Esa era la respuesta que esperaba.
En ese momento el libro negro volvió a abrirse.
Una nueva frase apareció.
"El siguiente recuerdo se encuentra donde duerme el Dragón Blanco."
El anciano dio media vuelta.
—Su viaje apenas comienza.
Pero antes de desaparecer añadió unas últimas palabras.
—Y recuerden esto...
No fue Emilia quien entró en la novela.
Fue la novela la que siempre estuvo buscándola.
La luz llenó la biblioteca.
Y, muy lejos de allí, en una habitación oscura, la verdadera Ester llevó una mano a su pecho.
Un recuerdo acababa de despertar.
Vio a una niña castaña leyendo un libro bajo un árbol.
Y, aunque jamás se habían conocido, sus labios pronunciaron un nombre.
—Emilia...