Amor, venganza y secretos destruyen corazones destinados a reencontrarse nuevamente.
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Capitulo 19
Más tarde...
La oficina de Muriel estaba llena de notas adhesivas y ejemplares de prueba sobre la mesa de reuniones.
Frente a ella se encontraba Hugo Hernández, un escritor reconocido de novela histórica que llevaba semanas trabajando junto a la editorial en su próximo lanzamiento.
Muriel sostenía varias páginas impresas mientras hablaba con profesionalismo.
—La estructura del capítulo ocho funciona muchísimo mejor ahora —comentó mientras señalaba algunas líneas—. Pero todavía siento que el protagonista pierde fuerza emocional después del conflicto con su hermano.
Hugo asintió pensativo.
—¿Crees que debería reescribirlo completo?
Muriel negó suavemente.
—No. Solo necesitas hacerlo más humano.
Tomó otra hoja.
—Aquí… cuando él descubre la traición, reaccionó demasiado frío. El lector necesita sentir que algo dentro de él se rompe.
Hugo la observó atento.
Y volvió a pensar lo mismo que casi todos los autores que trabajaban con ella:
Muriel tenía un talento extraordinario para entender las emociones incluso cuando ocultaba las propias.
—Por eso eres la mejor editora —dijo él sonriendo.
Muriel soltó apenas una pequeña risa.
—Y por eso tú eres tan dramático escribiendo hombres emocionalmente reprimidos.
Ambos sonrieron brevemente.
Pero el momento se rompió abruptamente cuando la puerta de la oficina se abrió sin previo aviso.
Muriel levantó la vista de inmediato.
Y su expresión cambió por completo.
Omar acababa de entrar.
Muriel dejó lentamente las hojas sobre la mesa.
—¿Qué haces aquí?... estoy ocupada.
Omar cerró la puerta detrás de él con total tranquilidad.
—Lo noto.
Muriel cruzó los brazos.
—No puedes simplemente entrar a mi oficina así.
Pero Omar ni siquiera pareció afectado por el reclamo.
Caminó tranquilamente hasta el sofá y tomó asiento.
—Vine a tratar un asunto con mi esposa.
Aquellas palabras hicieron que el ambiente cambiara al instante.
Hugo abrió apenas los ojos sorprendido.
Su mirada pasó de Muriel a Omar lentamente.
Muriel tensó la mandíbula.
—No empieces.
Pero Omar seguía mirándola con esa calma peligrosa que comenzaba a desesperarla.
El silencio incómodo duró apenas unos segundos hasta que Hugo se aclaró la garganta.
—Eh… saldré a buscar agua.
Una pequeña sonrisa divertida apareció en su rostro.
—Seguimos en cuanto terminen.
...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...
Muriel lo miró con evidente frustración.
—¿Me puedes explicar qué haces aquí?
Omar permaneció cómodamente sentado en el sofá, observándola como si disfrutara demasiado alterarla.
—Nos faltó algo en la ceremonia.
Muriel frunció el ceño inmediatamente.
—No estoy para bromas.
Omar sonrió apenas.
—Yo tampoco.
El ambiente cambió de inmediato.
Muriel intentó mantener la distancia, pero con Omar aquello parecía imposible.
Omar se levantó despacio del sofá.
Sin dejar de observarla.
Muriel retrocedió apenas un paso por instinto.
—No te acerques.
Pero él siguió avanzando lentamente.
—Estamos casados, miel.
La voz grave le recorrió la piel como un escalofrío.
Muriel apretó la mandíbula.
—Eso solo fue un papel.
Omar quedó frente a ella.
—¿Segura?
El corazón de Muriel empezó a latirle con fuerza.
Omar inclinó apenas el rostro.
—Porque yo recuerdo perfectamente cómo temblabas...justo aquí y bajo la lluvia cuando te besé.
Muriel levantó la mirada inmediatamente.
—No te confundas.
Omar soltó una pequeña risa baja.
Y aquello fue peor.
El aire pareció desaparecer entre ambos.
Muriel intentó apartarse.
Pero Omar sostuvo suavemente su cintura antes de que pudiera escapar.
El contacto hizo que ambos contuvieran la respiración.
—Suéltame —susurró ella.
Pero la firmeza de su voz ya no era la misma.
Omar bajó lentamente la mirada hacia sus labios.
—No quiero.
Y entonces la besó.
Esta vez Muriel intentó resistirse apenas unos segundos.
Solo unos segundos.
Porque el momento en que sus labios se encontraron, toda la tensión acumulada entre ellos explotó brutalmente.
El beso fue intenso.
Hambriento y desesperado.
Como si ambos llevaran años conteniéndose.
Muriel terminó aferrándose a la camisa de Omar mientras él profundizaba el beso lentamente, sosteniéndola con fuerza contra su cuerpo.
La respiración de ambos se volvió errática.
Desordenada.
El mundo alrededor desapareció.
Solo existían ellos.
La necesidad.
La rabia.
El amor mal enterrado.
Omar deslizó una mano hasta su nuca, obligándola suavemente a recibirlo más profundamente mientras Muriel respondía el beso con la misma intensidad que intentaba negar.
Se estaban devorando las bocas.
Como si todavía fueran aquellos adolescentes incapaces de mantenerse lejos el uno del otro.
Cuando finalmente se separaron, ambos respiraban agitadamente.
Los labios de Muriel estaban ligeramente hinchados.
Y Omar seguía sosteniéndola demasiado cerca.
—Dime otra vez que esto no significa nada —murmuró él contra su boca.
Muriel respiró agitadamente intentando recuperar el control.
—Solo fue un beso...no sentí nada.
Mintió.
Muriel se apartó de él.
—Ahora vete. Tengo trabajo.
Omar suspiró suavemente, aunque seguía mirándola como si quisiera besarla otra vez.
—Tenemos que hablar.
—¿Sobre qué?
—Sobre nosotros.
Muriel soltó una pequeña risa incrédula.
—No existe un “nosotros”.
Omar ignoró completamente aquello.
Sacó el teléfono del bolsillo y caminó lentamente hacia el escritorio.
—Dime dónde puedo verte esta noche.
Muriel levantó una ceja.
—¿Tan seguro estás de que aceptaré?
—Sí.
Omar extendió el teléfono hacia ella.
—Anota tu número.
Muriel dudó apenas un instante.
Pero terminó tomando el aparato y anotándolo.
Luego le arrebató el suyo.
—No te emociones, señor Torrealba... te mandaré la ubicación de mi casa.
Omar sonrió satisfecho.
—Sabía que no podrías resistirte a mí.
Muriel rodó los ojos intentando ignorar el efecto que aquel hombre seguía provocándole.
—Ahora déjame trabajar.
Omar caminó hacia la puerta con tranquilidad.
Pero antes de salir, giró apenas el rostro hacia ella.
Y entonces dijo con voz grave:
—Adiós… señora Torrealba.
La puerta se cerró segundos después.
Y Muriel se quedó completamente inmóvil en medio de la oficina.
...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...
Omar llegó a casa todavía con el recuerdo de los labios de Muriel.
Pero apenas entró a la sala, la expresión de su rostro cambió.
Salomé estaba sentada en silencio, mirando un punto fijo.
—¿Mamá?
Salomé levantó apenas la mirada.
—Estoy bien.
Omar se sentó frente a ella.
—No lo estás.
Ella soltó una pequeña risa amarga.
—Supongo que no.
El silencio cayó unos segundos.
—Volver a este pueblo fue más difícil de lo que imaginaba.
Omar apoyó los brazos sobre las piernas.
—Lo sé.
Salomé tragó saliva lentamente.
—Todo aquí me recuerda a tu padre.
La mandíbula de Omar se tensó apenas.
Ella continuó:
—A veces todavía espero verlo entrar por esa puerta.
La voz comenzó a quebrársele.
—Y luego recuerdo cómo terminó todo…
Omar bajó la mirada un instante.
—Ese maldito nos destruyó la vida.
Omar levantó la vista inmediatamente.
—Mamá…
—No —lo interrumpió ella—. No voy a fingir que no lo odio.
Sus ojos brillaban llenos de dolor.
—Tu padre no merecía morir así.
Omar apretó la mandíbula con fuerza.
—Solo quiero que consigas las pruebas. —Y que pague por lo que hizo.
Omar sostuvo la mirada de su madre.
—Va a pagar.
Salomé cerró los ojos un instante.
—Prométeme que no perderás el enfoque por Muriel.
Aquello hizo que Omar tensara el cuerpo apenas.
—No la meteré en esto.
—Pero la amas.
Omar guardó silencio.
—Solo… no permitas que ese hombre vuelva a destruirnos.
Omar se inclinó hacia adelante y tomó la mano de su madre.
—Esta vez será diferente.
Y aunque lo dijo con firmeza…
En el fondo sabía que Muriel podía salir lastimada.
nada más quiere tantito para estar con el..
es hora de ser feliz mujer y más con el hombre que te ama ..
O Lauro se enredó con la mamá de Omar o la mamá de Muriel se enredó con el papá de Omar ......🧐🤔🤨🇨🇴🇨🇴🇨🇴🇨🇴