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Una Segunda Vida Como El Joven Moretti

Una Segunda Vida Como El Joven Moretti

Status: En proceso
Genre:Mundo de fantasía / Romance
Popularitas:551
Nilai: 5
nombre de autor: Kye Soma

El profesor de lenguas Yoshiya Taksumagi ha recibido una segunda oportunidad de vivir. Pero este nuevo mundo le demostrará que una segunda vida no significa una vida perfecta.
Ahora, atrapado en el cuerpo de un niño llamado Joshua Moretti, deberá descubrir los secretos detrás de su llegada y enfrentarse a un destino que jamás pidió.

¿Cómo es que un profesor de una de las mayores facultades de Japón terminó siendo un simple niño en un mundo de magia?

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Padre e Hijo

Estando ya fuera de la casa de la familia Moretti, di pasos en línea recta. Las hojas secas que pisaba se escuchaban irritantes bajo mis pies, crujiendo con cada paso que daba. Sostenía el huevo del tamaño de mi cuerpo, abrazándolo con ambas manos como si fuera lo más valioso del mundo. Los pasos eran lentos y cuidadosos, no quería tropezar y romperlo después de todo lo que había pasado para traerlo hasta aquí. Tantas preguntas que tenía en mente, pero lamentablemente nadie responderá.

Qué injusto.

La noche estaba en su punto más oscuro, solo la luz de la luna y algunas estrellas me guiaban. El viento soplaba suavemente moviendo las ramas de los árboles que rodeaban la mansión. Me colé por la parte izquierda de la mansión, donde sabía que no había guardias. Intenté escalar por las paredes, pero mis manos eran tan pequeñas e inútiles. Las piedras frías y rugosas se sentían ásperas contra mis dedos, pero no lograba encontrar apoyo. Desistí y opté por la puerta principal.

Las lámparas mágicas estaban apagadas, sus cristales opacos reflejaban apenas un tenue resplandor. Incluso los sirvientes estaban dormidos a esta hora, lo cual era una suerte. Caminé hacia la puerta principal con el corazón latiendo con fuerza en mis oídos. Abrí la puerta con mucha precaución, haciendo el menor ruido posible. El chirrido de las bisagras sonó como un trueno en el silencio de la noche. Ya estando dentro, aceleré el paso.

Mis pies descalzos apenas hacían ruido contra el suelo de madera pulida. El huevo se sentía tibio contra mi pecho, como si tuviera vida propia. Subí las escaleras con cuidado, conteniendo la respiración en cada escalón que crujía bajo mi peso.

—¡¡Ahgg!! —Dejé escapar un grito del susto antes de caer al suelo.

Cerré los ojos y apreté el huevo con fuerza, protegiéndolo con mi propio cuerpo mientras caía de rodillas. El impacto contra el suelo fue sordo, pero el huevo seguía intacto entre mis brazos. Cuando me di cuenta, tenía a mi padre apuntándome con su espada. La hoja brillaba con un reflejo plateado bajo la tenue luz de la luna que se filtraba por la ventana. Mi expresión cambió y el rostro sombrío de mi padre se puso pálido.

—¿Joshua? —La voz de Ed se escuchaba desconcertada, casi temblorosa.

Dejé escapar una risa incómoda mientras jugaba un poco con mi cabello, intentando disimular el susto que aún recorría mi cuerpo. Ed bajó lentamente su espada y la envainó con un movimiento seco. Se acercó a mí dándome un abrazo. Sus brazos eran fuertes y cálidos, y por un momento sentí que todo estaba bien.

—Lo siento mucho —dijo, su voz ronca y cargada de preocupación.

Puse el huevo a un lado con cuidado y correspondí a su abrazo. Podía sentir su mano temblar ligeramente sobre mi espalda.

—No es tu culpa. Yo también hubiera reaccionado de esa manera —dije, intentando calmarlo.

Después de unos minutos, Ed me soltó y se fue a su habitación. Miró un poco extrañado al huevo, pero afortunadamente lo ignoró. Me levanté sacudiéndome el polvo de la ropa. Cogí el huevo y con pasos apresurados llegué a mi habitación. El pasillo estaba oscuro y silencioso, solo el sonido de mi respiración agitada rompía la calma.

Me acerqué al escritorio y debajo de las pequeñas tablas de huecos había un agujero. Lo puse allí. Busqué un papel y tinta que estaban encima de la mesa. Mis manos temblaban ligeramente mientras dibujaba una runa de luz en el suelo con la tinta, un círculo perfecto con un triángulo en su interior. La runa comenzó a brillar con una luz suave y cálida. La puse junto al huevo.

Esto hace crecer más rápido a los pollitos. Debería de funcionar también, ¿no? Arrastré el escritorio para tapar por completo tanto el agujero como la luz visible. El sonido de la madera arrastrándose contra el suelo fue lo único que rompió el silencio. Dejé escapar un bostezo, el cansancio comenzaba a pesar sobre mis hombros. Me quité la camisa que cargaba y me recosté en la cama.

El colchón era suave y las sábanas olían a lavanda. Pero mi mente no se detenía. ¿Por qué hice eso? ¿Por qué acepté un huevo de una desconocida? ¿Y por qué me llamó profesor Yoshiya? No lo sé. El sueño comenzó a nublar mis pensamientos antes de que pudiera encontrar una respuesta.

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A la mañana siguiente, me desperté estirando el cuerpo. Los rayos del sol se filtraban por la cortina, iluminando la habitación con una luz dorada. Mi cabello estaba desordenado y un poco de saliva salió por la comisura de los labios. Me la limpié con el dorso de la mano mientras parpadeaba para despejar la vista. Después de cepillarme los dientes, me duché con agua tibia, sintiendo cómo el calor relajaba mis músculos aún adormecidos.

Ya estando fuera del baño, envuelto en una toalla, me dirigí hacia el agujero donde estaba el huevo. Me arrodillé y moví el escritorio con cuidado. La runa seguía brillando débilmente, y el huevo se veía igual que la noche anterior. ¿Qué animal tendrá adentro? Espero que sea algo que me beneficie y no un monstruo que quiera devorarme.

Me vestí con mi uniforme habitual, ajustándome la corbata frente al espejo. Salí de la habitación y fui directamente al comedor. Al llegar, todos me miraron sorprendidos, a excepción de mi padre, que ya estaba sentado con una taza de té en la mano.

—Perdón por llegar tarde —dije mientras me sentaba al lado de Isabella.

El aroma a pan recién horneado y frutas llenaba el comedor. La mesa estaba cubierta con platos de porcelana blanca y cubiertos de plata que brillaban bajo la luz de las lámparas mágicas.

—¿Por qué no avisaste que estabas aquí? ¿Y en qué momento llegaste? —dijo Isabella, frunciendo el ceño con una mezcla de confusión y molestia. La sirvienta se apresuró a servir mi comida, colocando un plato humeante frente a mí.

—Simplemente no era necesario —respondí, tomando un trozo de pan y mojándolo en la sopa.

Isabella frunció el ceño aún más y Daniel me observó con rabia desde el otro lado de la mesa. Así son los niños, después de todo. Terminamos de comer en un silencio incómodo, solo roto por el tintineo de los cubiertos contra la porcelana. Cada quien se fue por su camino y yo me fui directamente a ver a Ed a su oficina.

Al llegar, él me miró confundido, levantando una ceja mientras dejaba el libro que estaba leyendo sobre el escritorio.

—Hola... padre. ¿Estás ocupado? —Me sentía extraño diciendo estas palabras, pero... ¿por qué simplemente le iba a pedir algo?

—No, no lo estoy —dijo Ed, recostándose en su silla con una sonrisa.

En mi rostro se dibujó una sonrisa.

—Entonces vamos a pelear —dije.

Mi padre dejó escapar una risita, una carcajada corta y sincera que iluminó su rostro.

Estando ya en el césped fuera de la casa Moretti, ambos sonreíamos sosteniendo una espada de madera cada uno. El sol calentaba mi espalda y el viento movía las hojas de los árboles cercanos. Ed aceleró su paso hacia mí. Dudé con la mirada, pero di un paso hacia atrás dando una patada hacia arriba que Ed bloqueó con la parte inferior de su brazo. El impacto vibró en mi pierna, pero no cedí. La sonrisa en mi padre aún permanecía en su rostro.

Poniendo su puño, me dio un golpe en el costado. Intenté defender con mis brazos, pero el golpe me hizo retroceder varios pasos. Entonces, un hilo de agua y luz tan fino que era invisible se enredó en los pies de Ed. Aproveché su momento de desconcierto, arrastré el cuerpo de mi padre y lo tiré hacia el suelo con un movimiento fluido. Cayó sobre la hierba con un ruido sordo, el polvo levantándose a su alrededor.

—Has crecido —dijo estando en el suelo, sin dejar de sonreír.

Una sonrisa se dibujó en mi rostro, más amplia que antes.

—Sí, pero aún me falta crecer —dije, tendiéndole una mano para ayudarlo a levantarse.

Él tomó mi mano y se puso de pie, sacudiéndose la hierba pegada a su ropa. —Eso es cierto —dijo, poniendo una mano en mi cabeza y desordenando mi cabello—. Aún te falta mucho, pero vas por buen camino, hijo.

Y por un momento, sentí que todas las dudas de la noche anterior se disipaban. No importaba lo que había pasado, ni quién me había dado ese huevo. En este momento, en este lugar, yo era Joshua Moretti, y eso era suficiente.

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