Es una historia de un matrimonio por contrato entre un CEO frío y una mujer que acepta casarse por necesidad. Lo que empieza como un acuerdo sin amor se convierte en una relación intensa donde ambos terminan enamorándose, pero deben enfrentar traiciones, separación y pérdida de memoria que ponen a prueba su relación.
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capitulo 23
El aire afuera del auto se sentía distinto.
Más frío.
Más real.
Como si el simple hecho de estar ahí, frente a frente, hubiera sacado a ambos del mundo que intentaban sostener.
Elena lo miraba sin moverse.
Pero por dentro… todo estaba en alerta.
Porque él había dicho esas palabras.
“Sobre lo de anoche.”
Y eso era exactamente lo que había estado evitando todo el día.
Leonardo estaba de pie junto al auto.
Firme.
Pero no completamente seguro.
Eso era nuevo.
—No hay nada que hablar.
Repitió Elena, esta vez más clara.
Pero su voz no tenía la misma firmeza de antes.
Y él lo notó.
—Sí lo hay.
Insistió.
Silencio.
Elena apretó los dedos alrededor de la correa de su bolso.
—¿Qué querés que diga?
Directa.
Sin rodeos.
—Que fue un error.
La frase cayó entre ellos como algo ya preparado.
Como si él la hubiera repetido en su cabeza antes de decirla.
Elena sostuvo la mirada unos segundos.
Y luego…
asintió lentamente.
—Ya lo dije.
Pero no sonó igual.
Porque no era convicción.
Era defensa.
Y ambos lo sabían.
Leonardo bajó la mirada un segundo.
Solo uno.
Y cuando volvió a mirarla…
ya no estaba igual.
—No suena como si lo creyeras.
Eso la tensó.
Porque era demasiado preciso.
Demasiado directo.
Demasiado cierto.
—No importa lo que suene.
Respondió.
—Sí importa.
Silencio.
Elena respiró hondo.
Miró hacia sus hermanas un segundo a lo lejos.
Riendo.
Viviendo.
Y luego volvió a él.
—Esto no cambia nada.
Repitió.
Pero esta vez…
no era firme.
Era intento.
Leonardo dio un paso más cerca.
No invasivo.
Pero suficiente.
—Ya cambió.
La frase fue simple.
Pero pesada.
Y esta vez…
ninguno la negó.
Elena bajó la mirada un instante.
Porque era verdad.
Pero admitirlo era otra cosa.
—No podemos actuar como si nada.
Continuó él.
—¿Y qué proponés?
La pregunta fue más baja.
Más cansada.
Leonardo dudó.
Y ese segundo…
lo delató.
Porque no tenía un plan.
Solo tenía lo que sentía.
Y eso no era algo que supiera manejar.
—No lo sé.
Admitió.
Honesto.
Por primera vez.
Elena lo miró.
Y eso la descolocó más que cualquier otra cosa.
Porque Leonardo no solía no saber.
Él controlaba.
Él decidía.
Él anticipaba.
Pero ahora…
no.
—Entonces no hay nada que hablar.
Dijo ella, intentando cerrar.
Y giró apenas el cuerpo.
Para irse.
Pero él la detuvo con la voz.
—Elena.
No fue orden.
No fue control.
Fue… otra cosa.
Ella se detuvo.
Sin girarse completamente.
—No me mirés como si no hubiera pasado nada.
Silencio.
Elena cerró los ojos un segundo.
Y cuando los abrió…
ya no estaba defendiendo.
Estaba cansada.
—No estoy haciendo eso.
—Sí.
Él no dudó.
—Lo estás haciendo.
Elena giró lentamente.
Ahora sí lo miró directo.
—Porque si no lo hago…
Pausa.
—esto se vuelve real.
Silencio.
Y esa frase…
lo cambió todo.
Porque lo había dicho en voz alta.
Porque lo había admitido.
Porque lo había puesto entre ellos.
Leonardo la observó sin hablar.
Y por primera vez…
no intentó corregirla.
Solo la miró.
Como si entendiera algo que no quería entender.
—Ya es real.
Dijo finalmente.
Bajo.
Sin defensa.
Elena negó apenas.
—No debería serlo.
—Pero lo es.
Silencio.
Esta vez no había discusión.
Solo verdad.
Elena exhaló.
Largo.
Y por primera vez…
no tuvo una respuesta inmediata.
Porque estaba agotada.
No solo físicamente.
Emocionalmente.
—No sé qué querés de mí.
Admitió finalmente.
Y eso…
sonó más peligroso que cualquier pelea.
Leonardo dio un paso más cerca.
Esta vez sin dudar.
—No estoy seguro de eso tampoco.
Silencio.
Y esa honestidad…
los dejó vulnerables a ambos.
Elena lo miró.
Y algo dentro de ella se aflojó apenas.
No mucho.
Pero suficiente.
—Entonces esto no tiene salida.
Susurró.
Leonardo no respondió de inmediato.
Porque no quería mentir.
—No lo sé.
Repitió.
Más bajo.
Más real.
Y esa vez…
no era evasión.
Era verdad.
Elena bajó la mirada.
Y cuando la levantó otra vez…
ya no había rabia.
Solo confusión.
Y algo más.
Algo que no quería nombrar.
—No puedo seguir así.
Dijo finalmente.
Y eso no era amenaza.
Era límite.
Leonardo la miró.
Sin interrumpir.
Sin presionar.
Solo escuchando.
—No puedo seguir fingiendo que no pasó nada…
Continuó.
—cuando todo cambió.
Silencio.
Y ahí…
ya no había contrato que sostener.
Solo dos personas.
Tratando de entender algo que los superaba.