Se dice que existe una Primera Dimensión, el origen y el punto de unión de todas las demás. Un lugar donde los límites entre mundos se quiebran y nuevas realidades nacen, incluso en la era moderna, cuando la humanidad cree haber dejado atrás a los dioses. Mi nombre es EAU VITALE.Soy la última creación de la Diosa de la Nada, también llamada la Primera Diosa.
Fui la última humana que suplicó por su vida antes de ser asesinada por tres seres sobrenaturales que se proclamaron superiores incluso a los propios dioses. Pero la muerte no fue mi final. Como me dijo la diosa al rescatarme: la vida es un ciclo… y la reencarnación también. Mi reencarnación no es común. No regreso como humana. Renazco dentro de distintos seres sobrenaturales, una y otra vez, con el mismo propósito: equilibrar el poder que fue devuelto a estas criaturas cuando los dioses, desesperados, rogaron por la supervivencia de sus creaciones.
Soy el equilibrio entre dimensiones.
La consecuencia de la soberbia divina.
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Capítulo 9: La ley de MoonBlack
El omega fue llevado inmediatamente ante Vicente y Andrea.
Toda la sala principal de MoonBlack estaba llena.
Guerreros.
Omegas.
Ancianos.
Incluso algunos miembros se encontraban en reunión resolviendo problemas.
El aire dentro del salón era pesado, como si la propia manada contuviera la respiración.
Cuando trajeron al omega, el ambiente cambió por completo.
Pero apenas Vicente vio la marca roja en la mejilla de Bella…
El aura del alfa explotó violentamente.
Altair rugió dentro de él, golpeando su conciencia con furia primitiva.
Andrea tampoco estaba mejor.
Sus ojos azul hielo se oscurecieron con una calma peligrosa, de esas que anuncian tormenta.
Bella entró exagerando su dolor, tambaleándose ligeramente antes de correr hacia Vicente.
—¡Me golpeó! —sollozó, señalando su mejilla—. ¡Él me hizo esto!
Andrea dio un paso inmediato hacia ella.
—Traigan medicina ahora.
Un par de sirvientes se movieron de inmediato.
Vicente acarició el cabello de Bella con una suavidad que contrastaba con la violencia que emanaba de su aura.
Luego alzó la mirada.
Los guerreros entendieron la orden sin necesidad de palabras.
—Llévenlo al salón del juicio —dijo con voz baja.
Pero nadie se atrevió a cuestionarlo.
El omega fue arrastrado fuera.
Sus pies apenas tocaban el suelo mientras lo llevaban por los pasillos de piedra de MoonBlack.
El salón del juicio
El lugar estaba iluminado por antorchas negras que crepitaban con fuego azul.
Bella estaba sentada entre Rafael y Andy, aún fingiendo molestias mientras observaba todo con atención.
El pequeño hijo de Graham permanecía cerca de Carmilla, aferrado a su ropa.
El omega cayó de rodillas.
Temblaba tanto que sus manos golpeaban el suelo.
—A-Alfa… Luna… yo… puedo explicar…
—Silencio —gruñó Vicente.
La sola palabra hizo vibrar las columnas del salón.
El hombre cerró la boca de inmediato.
Antonio dio un paso adelante.
—El acusado atacó físicamente a la princesa Bella MoonBlack y también intentó agredir al hijo del líder duende.
Un murmullo recorrió el salón como un viento helado.
—¡Eso es imposible…! —intentó decir el omega—. ¡Ese niño no pertenece a la manada! ¡No es uno de nosotros!
Su voz se quebró antes de terminar.
Porque Charles levantó la mano.
Un símbolo violeta flotó en el aire como una marca invisible.
El omega abrió la boca… pero el sonido desapareció.
Silencio absoluto.
Ni siquiera su respiración parecía tener voz.
Bella abrió los ojos, sorprendida.
Era la primera vez que veía algo así sin rituales, sin preparación, sin advertencia.
Solo voluntad.
Charles inclinó ligeramente la cabeza.
—Estaba empezando a dolerme la cabeza escuchar tanta basura.
Vicente soltó un suspiro lento.
No de molestia.
Sino de contención.
Porque incluso él sabía que si no fuera un juicio… el hombre ya estaría muerto.
Uno de los ancianos avanzó con su bastón.
—Las leyes de MoonBlack son claras.
Su voz era firme, antigua.
—Cualquier agresión contra un cachorro protegido es un crimen de nivel sangre.
Otro anciano continuó:
—Y atacar a la hija del alfa es traición directa a la línea principal.
El omega empezó a temblar con más fuerza.
Sus ojos buscaban desesperadamente compasión.
No la encontró.
Andrea habló con una voz helada.
—El castigo será exilio permanente.
El silencio que siguió fue absoluto.
El omega abrió la boca, pero no había sonido.
Solo desesperación.
Dentro de los alfas
Altair rugía dentro de Vicente.
—Arráncale la garganta.
Naylam, dentro de Andrea, respondía con una calma aún más peligrosa.
—No es suficiente.
Vicente cerró los ojos un segundo.
—Aquí no.
Altair golpeó su conciencia otra vez.
—Atacó a nuestra cachorra.
Vicente apretó la mandíbula.
—Y va a pagar… pero no aquí.
Una sonrisa apenas perceptible cruzó su rostro.
Una promesa silenciosa.
El omega fue arrastrado fuera del salón.
Sus gritos sin voz quedaron atrapados en su garganta mientras desaparecía por los pasillos.
El eco de sus pasos fue lo único que quedó.
Bella observó todo en silencio.
Ya no fingía dolor.
Ahora solo pensaba.
Por primera vez, entendía algo nuevo.
No era solo la hija del alfa.
Era un símbolo.
La montaña norte
Más tarde, Vicente anunció oficialmente la decisión.
Graham y su gente ocuparían la montaña norte bajo protección directa de MoonBlack.
Muchos se removieron incómodos.
Duendes dentro de la manada no eran bien vistos.
Pero nadie habló.
No después del juicio.
La montaña norte era un territorio frío y antiguo.
El viento cortaba como cuchillas invisibles.
Pero también era rica en minerales y magia natural.
Perfecta para los duendes.
Graham observó el lugar en silencio.
—Nunca pensé que los de su especie… protegerían a los nuestros.
Andrea lo miró de reojo.
—No somos lo que crees.
Carmilla abrazó al pequeño, que miraba todo con cautela.
Charles dio un paso adelante.
Sacó un cristal oscuro.
El aire cambió.
El silencio se volvió denso.
El cristal flotó.
Y entonces… estalló en runas violetas que se expandieron como raíces vivas.
La montaña entera pareció respirar.
Una barrera invisible descendió lentamente, envolviendo el territorio.
Graham dio un paso atrás.
—Eso… no es solo protección.
Charles lo miró con calma.
—Es invisibilidad. Y advertencia.
El líder duende lo observó con más cuidado.
—¿Y si alguien intenta entrar?
Charles sonrió apenas.
—No saldrá.
La biblioteca
De regreso en la mansión, la noche era demasiado quieta.
Demasiado perfecta.
Charles lo notó desde el primer paso.
Algo estaba fuera de lugar.
Avanzó hacia la biblioteca.
Las luces estaban encendidas.
Eso no era normal.
Empujó la puerta.
Se detuvo.
Bella estaba allí.
Sentada en el sillón más grande, rodeada de libros abiertos como si hubiera construido un pequeño mundo de conocimiento a su alrededor.
Leía con una concentración feroz.
Charles sonrió ligeramente.
—Así que eres tú la invasora de mi biblioteca…
Bella levantó la vista.
Sus ojos grises brillaban con curiosidad pura.
—Charles…
Él inclinó la cabeza.
—¿Sí, pequeña loba?
Hubo un silencio breve.
Uno distinto al del juicio.
Más frágil.
Más humano.
—¿Todos pueden usar magia?
Charles no respondió de inmediato.
Por primera vez, no fue por arrogancia.
Sino por algo más complejo.
Como si la pregunta hubiera tocado algo antiguo dentro de él.
El brujo la miró en silencio.
Y la biblioteca, por primera vez en mucho tiempo… pareció demasiado grande incluso para él.