Todo gira entorno a ;__"Ariana White: y su primer amor.
Amor a primera vista , algo que cambiara su vida de golpe y le demostrará que la madurez no está en los años que tienes, si no en como afrontas los problemas que se te presentan, tendrá la ayuda de su mejor amiga y cuñada, como ella la llama desde el inicio.
Acompañenme en esta nueva historia, espero que les guste
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¿Acaso te volviste loca?
La mañana que regresamos a la Academia St. Jude no era una mañana cualquiera; era el día de la rendición de cuentas. Yo había elegido mi atuendo con precisión quirúrgica: nada de vestiditos dulces. Llevaba un pantalón de vestir negro, una camisa de seda blanca y un blazer rojo que gritaba "Peligro, CEO en Entrenamiento".
—¿Lista para desmantelar al cretino? —me preguntó Fabiana mientras avanzábamos por los pasillos.
—Lista para demostrar que no se juega con el nombre de Ariana White —respondí, con la cabeza en alto.
Las miradas curiosas sobre mí eran palpables, pero las ignoré con la frialdad que papá me había enseñado. La inseguridad solo le da ventaja al enemigo me había dicho.
Localizamos a Fabrizzio cerca de mi casillero. Estaba apoyado allí, charlando con sus amigos, con esa arrogancia que ya me daba náuseas. Al vernos, su sonrisa se congeló y se enderezó.
Me acerqué directamente.
—Fabrizzio, tú y yo vamos a hablar ahora mismo —dije, sin darle oportunidad de replicar.
Él me miró con sorna. —Mira quién volvió, la damisela en apuros. ¿Ya superaste tú?..
—Cállate —lo corté, mi voz baja y firme—. Vas a hacer dos cosas. La primera: vas a disculparte públicamente. La segunda: vas a borrar de inmediato esa estupidez que posteaste.
Su rostro se contrajo. —¿Disculparme? ¿Por qué? Todo el mundo sabe que lo hiciste por mí, siempre has estado loquita por mi.
—Falso —dije, dando un paso hacia él—. Solo fue un maldito accidente, porque yo estaba furiosa por haber perdido mi tiempo con un cobarde como tú. Jamás, Fabrizzio, jamás me arrojaría a un auto y, menos, por ti. Las cosas entre nosotros terminaron porque yo las terminé. Así que acéptalo como un hombre y no seas un cobarde.
Dicho esto, me di media vuelta, lista para alejarme de ahí, dejando a Fabrizzio en shock.
Las miradas curiosas de sus compañeros, que habían escuchado todo, ahora se centraban en él con burla.
—¡Ariana! —gritó él, la vergüenza elevando su voz a un chillido.
Me detuve, sin darme la vuelta, y él continuó: —No te creas tanto. Sabes que todos los que estudiamos aquí venimos de buena familia. Tu familia y la de todos los que presentes aquí son las más poderosas, que te hace creer que puedes venir y hablarme así. ¿Acaso te volviste loca?, no intimidas a nadie Ariana y menos a mí.
—Quizás yo no te intimido —solté, dándole la espalda y caminando erguida con la cabeza en alto junto a Fabiana—. Pero una demanda por difamación y calumnia interpuesta por el Grupo White sí podría lograr que te disculpes ¿verdad?,sali de ahí como si solo hubiera hablado del clima.
Dejamos a Fabrizzio tragando saliva y a sus amigos riendo. La victoria fue rotunda y ejecutada con la frialdad que había aprendido en los almuerzos de negocios a los que mi padre me llevaba, él estaba labrando mi futuro y formándome para saber lidiar con problemas como estos.
Luego del día ajetreado y de la satisfacción de haber humillado justamente a Fabrizzio, Fabiana y yo volvimos a la mansión Thompson. La casa se sentía extrañamente silenciosa.
En el viaje de regreso, mi ánimo había cambiado drásticamente. Mi plan de conquista había fracasado en el primer intento por culpa Serena y el estúpido error de Liam de llevarla a nuestra cita.
Había desistido de mi plan de conquista a Liam, sintiendo que no ganaría nada bueno. Pensaba que todo ese sentimiento era unilateral. El recuerdo de su marca en el cuello, combinada con las palabras de mi madre sobre verme como una "pequeña hermana", me dolían más que el golpe de la bicicleta. Soy una chica con los valores muy altos, no estoy dispuesta a llorar en vano, cuando uno sabe que no va a ganar también debe saber perder, ley de vida.
No estoy lista para este tipo de dolor. Era una verdad difícil de aceptar.
Por su parte, Liam se sentía abrumado por la vergüenza. Estaba encerrado en su estudio, intentando concentrarse en un contrato, pero su mente volvía una y otra vez al mismo momento: la mañana al entrar en la sala y la intensa mirada de Ariana sobre su cuello.
Sabía que no había hecho las cosas bien. Sabía que no tenía cómo cambiarlas, atrapado como estaba entre la culpa hacia Serena y el respeto hacia sus padres. Pero mientras pensaba en el desastre de su vida, de repente, unos ojos azules y expresivos llegaron a sus recuerdos.
—¿Por qué esa niña me pone tan ansioso? —se dijo, pasando las manos por su cabello.
Ariana. La "pequeña" que lo había reprendido sin decir una palabra. La chica que había destacado ante Serena solo con su astucia. Su madurez no cuadraba con su edad. Su presencia en la casa, sabiendo su error con Serena, lo hacía sentir como un fraude.
Liam se levantó de su escritorio. No podía concentrarse. Se acercó a la pared que separaba su habitación de la de Ariana. Podía oír el silencio del otro lado, solo roto por el leve sonido de un televisor.
Es solo la amiga de Fabiana. Es solo una pequeña de la edad de mi hermana menor, se repetía.
Se obligó a recordar su acuerdo con ella: Si necesitas discutir economía global, mi puerta está abierta. Le dije hoy cuando iban a la escuela, ella solo asintió, pero sentí que algo había cambiado.
Esa claridad de Ariana, esa forma de poner límites, lo intrigaba. Era la primera vez que una mujer, y mucho menos una tan joven, lo ponia en su lugar sin decir una palabra , la desilusión en ella era palpable, pero el sentia que estaba pensando demas. Y justamente, ahora que él no sabia que le pasaba con esa pequeña, ella parecía haber puesto la muralla más alta y sólida que jamás había conocido.
la cena
la cita
el día siguiente
el día de su cumpleaños
sigo con la lista oh ya entendiste