Lelia sale del convento para asistir a la boda de su hermana, estaba feliz al saber que se casaba por amor, pero nunca se imagino que su vida iba a cambiar.
Su destino la iba a llevar por un camino muy diferente al que pensó y le iba a poner pruebas muy duras.
¿Podrá Lelia superar todo lo que le prepara el destino?
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CAPÍTULO 18
Apolo se puso tan tenso con lo que hizo y lo que más le molestaba era que se sentía confundido. Rápido la suelta, se gira y empieza a caminar a la puerta al mismo tiempo que le dice.
—Vamos a probar tu comida y, si me gusta, dejaré que cocines cada vez que quieras. -
Lelia sonríe de emoción y se apresura a seguirlo; al estar en el comedor, ordena que sirvan la comida.
Esperaron un poco a que las empleadas dejaran los platos de comida, el pan y la ensalada.
Ella se le quedó mirando mientras lo miraba comer; se sentía algo molesta porque él no le decía nada, solo tragaba cada bocado en silencio y sin ninguna expresión en su rostro.
Al ver que no pensaba decirle nada, empezó a comer; en cada bocado sentía el ardor en sus labios por su herida, pero era más su enojo por no saber si le gustaba la comida.
Al terminar de comer, Apolo le dijo.
—Tenemos una semana para pasarla juntos antes de volver al trabajo; este es nuestro segundo día. ¿Te parece si vamos de compras? Quiero que tengas nuevos vestidos, algunas joyas y maquillaje.
Me doy cuenta de que no tienes casi nada y las vas a necesitar para cuando tengamos que ir a esas fiestas a las que nos van a invitar; algunas podemos rechazar, pero otras no podremos.
Ve a cambiarte con un mejor vestido para ir de compras; te espero afuera de la mansión. -
Lelia no era una mujer a la que le gustaran esas cosas; lo que le interesaba saber era si le había gustado la comida, pero solo lo miró levantarse sin decir nada de su comida.
Se le quedó mirando, se sentía molesta y triste, pero no se atrevía a preguntarle. Resignada, toma un pedazo de pan cuando lo escucha decir desde la puerta, a punto de salir.
—Tu comida es buena; espero probar más platillos cada día. -
Esas palabras la hicieron feliz; era lo único que quería escuchar. Deja la pieza de pan y se levanta para ir a sus aposentos a cambiarse.
Se sentía feliz, tomó el vestido más bonito que tenía y, una vez que estuvo cambiada, fue a buscarlo.
Apolo la llevó a varias tiendas; estuvieron toda la mañana de un lado a otro hasta que llegaron a un local donde vendían té y pastelillos.
Ella pidió uno de manzana y un té negro, mientras que Apolo ordenó solo un té negro; era un hombre al que no le gustaba mucho lo dulce.
Estaban sentados en una de las mesas que estaban afuera del local; tenía una hermosa vista del centro de la ciudad.
En ese momento, un marqués se acercó a ellos, la saludó con educación; después de ese saludo, hizo que Apolo lo siguiera para hablar de unos problemas.
Lelia estaba disfrutando de su té y de su pastel cuando un hombre se sienta enfrente de ella y lo escucha decir.
—Aelia, eres malvada, te casaste con ese duque cruel y te olvidaste de mí, pero ni creas que me vas a dejar en el olvido.
Te lo dije: lo nuestro no se termina hasta que yo lo decida y aún no me canso de ti.
Será mejor que busques la manera de ir a buscarme al lugar de siempre; si no lo haces, haré que tu adorado esposo se entere de tus actividades escandalosas que has tenido conmigo y con el joven marqués Enzo; también está el conde David y otros tantos más.
Son demasiado para mencionarlos en este momento, pero si no vienes a verme, te prometo que haré que el Duque se entere de que se casó con una inmoral, una lupanare (término que se usa para una prostituta); ya veremos si él se queda a tu lado después de saber tu oscuro secreto.
Aunque, sabiendo lo cruel que es el duque, seguro terminan quitándote la vida de la peor manera; te podría torturar hasta la muerte.
También tienes que explicarme cómo le hiciste para engañarlo y que no te descubriera que no eres una doncella en su noche de bodas. -
Lelia se quedó mirándolo, sorprendida con lo que escuchaba, dudando de lo que decía de su hermana; le parecía imposible que ella fuera una mujer lupanare, se negaba a creerlo.
Molesta, le contestó.
—No lo conozco, será mejor que se retire; mi esposo es celoso y no creo que le guste verlo aquí hablando conmigo. -
Lelia fue cortante y no pensaba creer en lo que me estaba diciendo, aunque deseaba golpearlo por difamar a su hermana de esa manera.
Tuvo que controlarse para no golpearlo; sabía que no era el lugar y un escándalo era algo que podía perjudicar la imagen de su hermana.
No entendí nada de lo que pasaba y, entre más estaba en la ciudad, descubría cosas nuevas de su hermana y eran desagradables.
Suspira profundamente antes de contestarle.
—No pienso ir; si quieres decirle algo al duque, puedes hacerlo. Mira, se está acercando, ¿por qué no aprovechas para decirle qué es lo que hicimos y todo lo que sabes de mí?
Ya veremos a quién le va a creer y espero que tengas más de una cabeza, porque seguro te corta esa que tienes encima; pienso que no va a estar muy feliz al escuchar que tú me invitas a un lugar a estar a solas y hacer cosas inmorales. -
Una vez que dejó de hablar, el hombre se puso nervioso y trató de levantarse rápido para alejarse, pero en el momento que se puso de pie, mira que Apolo ya estaba a su lado y su mirada era de una fiera enfurecida, con el deseo de sangre.