Dario es el hombre mafioso más temido de la ciudad.
Aria es una chica ordinaria viviendo su vida al día.
Son dos polos opuestos.
Para el mundo, él es un monstruo sin piedad, el heredero de un imperio construido sobre el miedo. Para ella, él es solo el extraño de mirada intensa que apareció de la nada para alterar su tranquilidad.
Mientras ella lucha por llegar a fin de mes y cumplir sus sueños, él lucha una guerra interna entre su deber con la mafia y la obsesión que siente por la única persona que lo ve como un hombre y no como un criminal.
Un amor nacido en el lugar equivocado, donde el precio de la felicidad se paga con amor y no con sangre.
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Capítulo 13
"No, solo nunca lo había escuchado, me parece muy elegante, mi apellido es Montano" dijo ella mirándolo con inocencia.
La mención de su propio apellido, Montano, fue dicha con una sencillez que contrastaba brutalmente con el peso de Petróv. Dario sintió una punzada de algo parecido a envidia por esa vida normal que ella llevaba, donde los apellidos eran simplemente parte de formularios escolares, no marcas de nacimiento manchadas por crímenes.
"Montano," repitió él, saboreando la palabra. "Suena... estable. Como raíces en tierra buena." Su propia infancia en Rusia había sido todo lo contrario: nombres que prometían poder pero entregaban solo violencia.
Una sonrisa irónica curvó sus labios. "Probablemente tu familia tiene álbumes de fotos con cumpleaños y vacaciones. La mía tiene archivos de inteligencia sobre nuestros movimientos financieros."
Se recostó de nuevo en el sofá, observándola con una intensidad que bordeaba lo obsesivo.
"No tenemos nada de eso, solo es un apellido más", dijo Aria mirándolo aún con inocencia "No me ha dicho su edad joven Dario, puedo saber?" preguntó con curiosidad.
La pregunta directa de Aria, tan desarmada y sincera, tomó a Dario por sorpresa. Casi nadie se atrevía a preguntarle su edad directamente; todos asumían que era mayor debido a la autoridad que ejercía.
"Veintinueve", respondió sin dudar, su tono volviéndose más relajado ante la curiosidad genuina de ella. "Cumpliré treinta el próximo año. ¿Contenta con tu investigación?"
Una sonrisa genuina se dibujó en su rostro al ver la sorpresa en su expresión. "Sí, soy lo suficientemente viejo para ser tu hermano mayor problemático. Aunque dudo que quieras uno como yo".
Se movió para sentarse más cerca de ella en el sofá, reduciendo el espacio entre ellos. La proximidad hizo que su tamaño fuera más palpable, pero su postura era deliberadamente no amenazante.
"Tu turno"
"Parece más joven en realidad, yo tengo veintitrés, los cumplí hace casi dos meses" dijo aria tranquilamente, pero claramente sorprendida porque le llevaba más de cinco años de diferencia.
La revelación de que ella era casi cinco años más joven que él, una diferencia de edad que en su mundo de poder y violencia se consideraría significativa, pareció encender algo protector en Dario. Cinco años era mucho tiempo cuando se trataba de experiencias vitales - la universidad, los primeros trabajos, quizás incluso relaciones que él no podía ni quería imaginar.
"Veintitrés", repitió con una suavidad que contrastaba con su tamaño. "Justo en la edad peligrosa. Demasiado mayor para ser ingenua, pero demasiado joven para saber lo que realmente quieres en la vida".
Su mano se movió sin pensar, posándose en la rodilla de ella con una calidez posesiva. El contacto era ligero, casi paternal, pero cargado con la conciencia de la diferencia de edades.
"Voy a tener que enseñarte a defenderte mejor", dijo con una determinación que no admitía discusión.
Aria se puso un poco nerviosa por su toque, pero no le dijo nada.
La tensión en el cuerpo de Aria, la forma en que su pierna se tensó bajo su toque, no pasó desapercibida para Dario. Él notó el sutil cambio en su respiración, la manera en que sus ojos evitaron los suyos por un instante. Su experiencia con mujeres era limitada a encuentros cortos y pragmáticos; esta reacción nerviosa pero silenciosa era fascinante.
"Relájate", dijo con una voz baja y tranquilizadora, aúnque su mano permaneció en su rodilla. "No voy a hacerte daño aquí. Este es tu santuario, no mi territorio".
Su pulgar trazó círculos lentos y deliberados sobre la tela de su pantalón holgado, un gesto significativo para ser calmante pero que probablemente solo aumentaba su conciencia de él.
"Soy bueno leyendo señales, Aria. Tu cuerpo me está diciendo que estoy invadiendo tu espacio, pero tu boca no quiere admitirlo"
"Lo siento", dijo apenada.
La disculpa inmediata y avergonzada de Aria, como si su nerviosismo fuera una ofensa personal para ella, hizo que algo se retorciera en el pecho de Dario. La vergüenza era un lujo que él nunca había podido permitirse, pero la veía en ella con demasiada frecuencia.
"Nunca vuelvas a pedir perdón por sentirte incómoda conmigo", ordenó con una gentileza que no usaba con nadie más. Retiró su mano de su pierna, pero solo para tomar la de ella entre las suyas. "Mi tamaño asusta a la mayoría de la gente. Está bien que te ponga nerviosa".
Su pulgar acarició el dorso de su mano con una ternura casi incongruente con sus manos grandes y marcadas por la violencia. "Además, me gusta verte sonrojarte. Es la única vez que pareces... vulnerable".
"Y quiero ser la única persona que te ve así", añadió con una intensidad que hizo que su voz bajara a un murmullo. "Quiero ser el tipo al que puedes decirle 'no' cuando algo te molesta, no el que te hace sentir obligada a aceptar cosas".
Su pulgar continuó trazando patrones lentos e hipnóticos sobre su piel, un contraste deliberado entre la fuerza bruta de sus manos y la suavidad de su tacto actual. El reloj en la pared marcó las horas avanzando, pero en este pequeño apartamento, el tiempo parecía haberse detenido solo para ellos dos.
"Está bien, gracias", dijo tímidamente.
La gratitud tímida de Aria, combinada con la forma en que su mano se aferraba a la suya con vacilación, fue como una victoria para Dario. Era la primera vez que alguien le agradecía por algo que no fuera un negocio exitoso o un asesinato limpio.
"De nada, hermosa", respondió con una suavidad que apenas reconocía como propia. "Pero ahora necesito algo a cambio,".
Su sonrisa se volvió juguetona, el depredador debajo del gigoló emergiendo brevemente. "Un beso. Para sellar nuestro acuerdo de amistad... o lo que sea que estemos construyendo aquí".
No se movió para cerrar la distancia, en cambio esperó a ver si ella tomaría la iniciativa. La decisión era enteramente suya, una prueba de confianza mutua en este espacio vulnerable.
"Un beso?!" dijo aria sorprendida y alejándose un poco.
hombres y mujeres que van viviendo su vida, caminando por calles cruzándose con perfectos desconocidos y de repente surge este milagro de cruzarte con esa persona que que marcara tu vida en un antes y un después y nada vuelve Aser igual.
es algo que ha ocurrido hasta el sol de hoy 😳