NovelToon NovelToon
LAS DOS CARAS DE LA MONEDA

LAS DOS CARAS DE LA MONEDA

Status: Terminada
Genre:Autosuperación / Amor-odio / Malentendidos / Completas
Popularitas:966
Nilai: 5
nombre de autor: Azly colon

En este juego de espejos, nadie es quien dice ser y la moneda está a punto de caer del lado de la justicia... o del caos.

NovelToon tiene autorización de Azly colon para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

capitulo 2

El segundo día comenzó con un despliegue de control disfrazado de generosidad. Isabella entró en mi cuarto sin llamar, rebosante de una energía que me resultaba casi violenta a esa hora.

—¡Arriba, cumpleañera de la vida nueva! —exclamó, saltando sobre los pies de mi cama—. Papá ha autorizado una extensión en mi tarjeta de crédito y vamos a transformarte. No podemos presentarte a la sociedad con ese... —señaló mi maleta abierta en el suelo— equipaje de supervivencia.

Pasamos la mañana en el distrito de lujo. Isabella se movía por las boutiques exclusivas como un general en un campo de batalla conocido. Los dependientes hacían reverencias casi imperceptibles al verla entrar. Ella elegía prendas sin consultar mi opinión: sedas, encajes, cortes minimalistas que costaban más de lo que yo había visto en una cuenta bancaria.

—Pruébate esto, Marina. No, eso te hace ver demasiado... funcional. Necesitamos que parezcas una De la Vega: etérea, inalcanzable —decía, mientras me observaba a través del espejo del probador.

Sus ojos azules no parpadeaban. En el reflejo, por un segundo, vi algo que no era cariño. Era la mirada de un escultor ante un bloque de mármol defectuoso que está obligado a pulir. Pero en cuanto me daba la vuelta, su sonrisa volvía a iluminar la estancia.

—Esta noche es tu cena de bienvenida oficial —anunció mientras volvíamos en el coche—. Vendrán los socios de papá y, lo más importante, vendrá mi círculo íntimo. Tienes que estar impecable. No te preocupes, yo te peinaré.

El ritual frente al espejo

Al caer la tarde, la mansión se transformó. El servicio corría de un lado a otro colocando arreglos de calas blancas y puliendo la platería. Isabella me sentó frente al tocador de su habitación, un santuario de perfumes franceses y maquillaje de alta gama.

—Tienes una estructura ósea interesante, Marina —comentó mientras aplicaba base sobre mi piel con una brocha suave—. Pero eres demasiado transparente. En este mundo, si la gente puede leer lo que sientes en tu cara, ya has perdido.

—Solo estoy nerviosa, Isabella. Es la primera vez que veré a tanta gente importante.

—Los nervios son para los plebeyos —sentenció ella con una risita cristalina—. Tú ahora eres una reina en potencia. Aunque... —hizo una pausa, dejando la brocha suspendida en el aire—, recuerda que en un palacio solo hay espacio para una corona principal. Papá y mamá me eligieron a mí para llevarla durante años. No intentes quitármela demasiado rápido, ¿vale?

Lo dijo en tono de broma, pero el frío en su voz me hizo estremecer. Antes de que pudiera procesarlo, me puso un collar de diamantes falsos pero visualmente impactantes alrededor del cuello.

—Un toque de brillo para la niña perdida —susurró a mi oído.

La máscara de amabilidad

La cena no fue la reunión familiar íntima que yo esperaba. Era una exhibición. Unas veinte personas, vestidas con una opulencia sofocante, llenaban el gran comedor. Arturo me presentó como si fuera un trofeo recién recuperado de una subasta de antigüedades.

—Mi hija, Marina. Ha estado estudiando en el extranjero —mintió mi padre con una naturalidad que me dio náuseas—. Ha vuelto para integrarse en los negocios familiares.

—Es un encanto, ¿verdad? —añadió Isabella, apareciendo a mi lado y entrelazando su brazo con el mío—. Me ha costado convencerla de que deje sus libros de economía para acompañarnos, es tan... intelectual.

Los invitados rieron. Isabella proyectaba la imagen de la hermana protectora y generosa, mientras yo me sentía como un animal de zoológico. A mi izquierda se sentó un hombre joven, de mirada gélida y mandíbula cuadrada. Era Federico, el prometido de Isabella y heredero de una fortuna bancaria.

—Así que tú eres la verdadera —dijo Federico, evaluándome con un desdén mal disimulado—. Isabella dice que eres muy... resiliente. Supongo que el internado te dio esa piel dura.

—El internado me enseñó a valorar la honestidad sobre las apariencias, señor —respondí, tratando de mantener la compostura.

Isabella soltó una carcajada encantadora, llamando la atención de toda la mesa.

—¡Oh, Marina! Siempre tan profunda. No le hagan caso, todavía tiene que acostumbrarse a nuestro sentido del humor. ¿No es adorable, mamá?

Beatriz, desde la cabecera, asintió con una sonrisa tensa. Vi cómo intercambiaba una mirada de alivio con mi padre. Isabella estaba haciendo el trabajo sucio: me estaba neutralizando bajo una capa de "amabilidad" condescendiente. Cada vez que yo intentaba hablar de mis logros o de mi visión del mundo, ella intervenía con una anécdota graciosa que me hacía quedar como una niña ingenua o socialmente torpe.

Me di cuenta de que Isabella no estaba presentándome a la sociedad; estaba marcando su territorio. Estaba dejando claro a todos los presentes que, aunque yo tuviera la sangre, ella tenía el control, el carisma y el favor de los reyes de la casa.

El veneno en la copa

A mitad de la cena, el vino empezó a fluir con más libertad. Isabella se inclinó hacia mí, aprovechando que el ruido de las conversaciones generales era más alto.

—¿Te gusta la cena, Marina? —preguntó, su voz bajando una octava—. Todo esto es gracias a que yo convencí a papá de no enviarte a un apartamento en las afueras. Yo quería que estuvieras aquí, bajo mi ala.

—Gracias, supongo —dije, sintiendo que el aire se volvía denso—. Aunque escuché a papá decir que mi presencia aquí es solo por un tema de acciones.

Isabella no se inmutó. Sus dedos jugaron con el borde de su copa de cristal.

—Papá es un hombre de negocios. Para él, todos somos activos o pasivos. Yo soy un activo valiosísimo. Tú... bueno, tú eres un activo nuevo que todavía no ha demostrado su rentabilidad. Pero no te preocupes por lo que digan. Lo que importa es lo que yo haga por ti.

En ese momento, un camarero se acercó para rellenar mi copa. Isabella, en un movimiento que pareció un accidente fortuito, tropezó ligeramente con el brazo del hombre. El vino tinto se derramó, no sobre el mantel, sino directamente sobre mi vestido de seda color crema, justo en el pecho.

El frío del líquido me hizo dar un respingo. El comedor se quedó en silencio.

—¡Oh, por Dios! ¡Marina, qué torpe soy! —gritó Isabella, exagerando su consternación—. Lo siento tanto, de verdad. ¡Camarero, rápido, traiga algo!

Se levantó y empezó a frotar la mancha con una servilleta, pero lo hacía con tanta fuerza que sentí que la seda se rasgaría. Su rostro estaba a centímetros del mío. Sus ojos estaban muy abiertos, fingiendo angustia, pero sus labios... sus labios estaban tensos, conteniendo una sonrisa de satisfacción pura. Me había marcado delante de todos. Me había convertido en el centro de atención por una humillación física.

—No pasa nada, Isabella —dije, apartando su mano con firmeza—. Iré a cambiarme.

—No, no, quédate —insistió Beatriz con voz cortante—. No vamos a interrumpir la cena por un descuido. Ponle una servilleta encima, Marina. No seas dramática.

Me quedé allí sentada, con la mancha expandiéndose como una herida de guerra sobre mi pecho, mientras Isabella volvía a su asiento y retomaba su conversación con Federico como si nada hubiera pasado. En ese momento, la máscara de amabilidad de Isabella cayó por un instante ante mis ojos. No fue un accidente. Fue una advertencia.

La revelación del poder

Después de la cena, los invitados se trasladaron al salón de fumadores. Me escapé hacia la terraza para respirar el aire fresco de la noche. El peso de la mansión me aplastaba. Sentía que cada estatua, cada cuadro y cada miembro de mi familia era una pieza de una maquinaria diseñada para triturarme.

—Es un vestido precioso, una lástima lo del vino —dijo una voz a mis espaldas.

Era Isabella. Había salido a la terraza y sostenía un cigarrillo largo y delgado. La luz de la luna le daba un aspecto fantasmal, casi irreal.

—¿Por qué lo hiciste? —le pregunté directamente, sin rodeos.

Ella soltó una voluta de humo y se apoyó en la barandilla de piedra, mirando hacia los extensos jardines.

—¿Hacer qué, Marina? Solo fue un tropiezo.

—Sabes perfectamente de qué hablo. Me estás ridiculizando desde que puse un pie aquí. Finges ser mi hermana, pero me miras como si fuera basura que el viento trajo al jardín.

Isabella soltó una risita suave, una que no tenía nada de la alegría fingida de la cena. Era una risa fría, calculada, que me heló la sangre. Se acercó a mí hasta que nuestras sombras se mezclaron en el suelo de piedra.

—Escúchame bien, hermanita —dijo, y esta vez no hubo rastro de dulzura—. Yo no pedí que volvieras. Yo he pasado diez años construyendo este imperio, ganándome cada mirada de aprobación de Arturo y cada gesto de cariño de Beatriz. Soy la hija perfecta porque me esforcé por serlo, mientras tú estabas en un internado jugando a las matemáticas.

—Soy su hija biológica, Isabella. Tú eres...

—¿Adoptada? —completó ella con una sonrisa gélida—. Dilo. No me duele. Porque en esta casa, la sangre es solo un líquido rojo. Lo que importa es la lealtad y la utilidad. Yo soy útil. Tú eres una contingencia legal. Disfruta de tus vestidos nuevos y de tu cama de seda, pero no te confundas. No somos iguales. Tú estás aquí para firmar unos papeles y luego desaparecer. Si intentas brillar más que yo, o si intentas ganarte un espacio que ya tiene mi nombre, te aseguro que el vino en el vestido será el menor de tus problemas.

Se dio la vuelta y comenzó a caminar hacia el interior, pero se detuvo antes de cruzar el umbral.

—Ah, y Marina... bienvenida a la familia. Mañana saldremos de nuevo. Hay mucha gente a la que todavía tengo que explicarle lo "especial" que eres.

Me quedé sola en la terraza, temblando bajo el frío nocturno. La máscara de Isabella se había resquebrajado lo suficiente para dejarme ver el monstruo que habitaba detrás de su belleza perfecta. Ella no quería una hermana; quería una mascota o una víctima. Y mis padres eran sus cómplices silenciosos, demasiado cautivados por el brillo de su creación adoptiva como para notar la oscuridad que emanaba de ella.

Miré hacia la mansión. Las luces brillaban con una intensidad hipnótica, pero ahora sabía que esas luces solo servían para ocultar las sombras. Había llegado buscando un hogar y me había metido en una jaula de oro donde el depredador más peligroso dormía en la habitación de al lado.

"Las dos caras de la moneda", pensé, recordando un viejo dicho de mi maestra en el internado. Una cara es la que le muestras al mundo; la otra es la que guardas para tus enemigos. Isabella acababa de mostrarme la suya. Lo que ella no sabía era que, aunque yo todavía era una presa asustada, la sangre de los De la Vega —esa sangre fría y calculadora que mi padre tanto valoraba— también corría por mis venas.

Esa noche no lloré. Me limpié la mancha de vino con un pañuelo y regresé al salón con la cabeza alta. Si querían una actuación, les daría la mejor de sus vidas. La guerra había comenzado, y aunque Isabella creía haber ganado la primera batalla con una copa de vino y una amenaza, yo estaba empezando a aprender las reglas de su juego.

Lo que Isabella no sospechaba es que, años después, yo regresaría para cobrarme cada una de esas humillaciones. Pero por ahora, solo era Marina, la hija recuperada, la niña que intentaba encajar en un mundo que ya había decidido su destino.

Cerré los ojos antes de entrar de nuevo al salón, preparándome para sonreír. Mi metamorfosis no empezaría con cirugías, sino con el endurecimiento de mi alma en ese mismo instante.

1
Hope Mag Vasquez
Wuaoooo!!!! hasta cuándo el tablero va a dejar de moverse /Frown//Frown/
Hope Mag Vasquez
Unas joyitas los de la Vegas..... se hicieron millonarios sobre bases de algodón
Hope Mag Vasquez
Quien sabe... a lo mejor sigue siendo estúpida.....
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Muy bonita la novela, muchas felicidades escritora y gracias por compartirla 👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Wow mas mentiras, quien es realmente el padre del niño, y que pasara con Julian y Marina?
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Hay tantos secretos entre todos que ya me late que son todos unos desgraciados infelices peleando como buitres
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Cuantas cosas ocultas mas tendrán que salir a la luz, esta muy buena 👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Hay cuantas cosas mas saldrán a la luz 😭👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Chuta, de quien eres hija Marina? 👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Esta muy buena e intrigante 👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
No entiendo porque Sebastian es su nieto, si Federico es el esposo de Isabella, pero el niño es con otra mujer 👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Ese hijo a de ser la recluta que escribía cartas que nunca se enviaron 👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Viejo desgraciado se a de están quemando en el infierno, nunca quisieron a nadie, ya que la vieja sabía todo igual 👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Al fin estas haciendo justicia, por ti, por Lucía y todos los que han sido estafados 👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Que pasara ahora, se mataran, oh Julian intervendra
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Trabajando juntos lo lograron, falta la zorra de Usabelja y su madre 👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Que desgraciado este viejo de Arturo, cree que hará tonta a Elena 🤣🤣👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Que bien Elena aprendiste con la mejor Maestra que jamas te unieras imaginado y con Julian de apoyo hará un gran equipo 👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Que bueno que Julian acepto aliarse con ella, asi se dará cuenta realmente quienes son esos desgraciados sin escrúpulos 🤭👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Yo creo que Julian ya sabía eso, ojalá se unan para acabar con esos desgraciados y también porque no enamorarse 🤭👏👏👏
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play