Dylan es un chico misterioso de 17 años, con un corazón que parecía estar hecho de hielo. Había llegado a la ciudad de Italia hace apenas una semana, y ya había causado un revuelo entre las estudiantes del colegio local.
Su llegada había sido silenciosa, sin anuncios ni fanfarrias. Simplemente, un día apareció en el colegio, con su mochila en la espalda y una mirada intensa en sus ojos. Los estudiantes se sintieron intrigados por su presencia, y pronto comenzaron a circular rumores sobre su persona.
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Química
El profesor entró en el salón y miró alrededor con una expresión seria. "Buenos días, estudiantes", dijo. "Hoy vamos a discutir el tema de la literatura romántica. Por favor, saquen sus libros y lápices".
Los estudiantes se movieron para sacar sus materiales, y el profesor comenzó a escribir en la pizarra. Emily se sentó un poco más erguida, con su libro abierto en la página correcta. Dylan, sentado en la parte trasera del salón, la miró brevemente, pero luego desvió la mirada hacia la pizarra.
El profesor comenzó a hablar sobre la literatura romántica, y los estudiantes se concentraron en tomar notas. Emily parecía estar particularmente interesada, y Dylan se encontró mirándola de nuevo, esta vez sin darse cuenta. Pero cuando se dio cuenta, desvió la mirada rápidamente, sin querer llamar la atención sobre sí mismo.
Durante el receso, los estudiantes salieron al patio para disfrutar del sol y la compañía de sus amigos. Tiffany, con su cabello rubio y su sonrisa radiante, se acercó a Dylan, que estaba sentado en un banco, mirando su teléfono.
"Hola, Dylan", dijo Tiffany, sentándose a su lado en el banco. "¿Qué pasa? ¿Estás bien?"
Dylan levantó la vista y la miró brevemente antes de volver a mirar su teléfono. "Sí, estoy bien", dijo. "Solo estoy revisando mis mensajes".
Tiffany se rió y se acercó un poco más a él. "Oh, Dylan, eres tan misterioso", dijo. "Nunca sabes qué estás pensando".
Dylan se encogió de hombros y siguió mirando su teléfono. "No hay nada que pensar", dijo.
Tiffany se rió de nuevo y puso su mano en el brazo de Dylan. "Oh, creo que sí hay algo que pensar", dijo, mirándolo con una sonrisa coqueta. "Creo que hay alguien que te gusta".
Dylan se sintió incómodo y se apartó un poco de Tiffany. "No sé de qué hablas", dijo.
Tiffany se rió de nuevo y se levantó del banco. "Bueno, no importa", dijo. "Pero si alguna vez necesitas alguien para hablar, sabes que estoy aquí para ti".
Dylan la miró brevemente antes de volver a mirar su teléfono. "Gracias", dijo.
El joven adolescente se levantó del banco y se dirigió hacia la cafetería, que estaba ubicada en el otro lado del patio. Mientras caminaba, estaba centrado en su teléfono, y no se dio cuenta de que Emily estaba caminando en la dirección opuesta, con una taza de café en la mano.
De repente, Dylan chocó con Emily, y la taza de café se derramó por todas partes.
"¡Lo siento!", exclamó Dylan, mientras se agachaba para ayudar a Emily a recoger los restos de la taza.
Emily se rió y se agachó también. "No te preocupes, no es tu culpa", dijo, mientras recogía los pedazos de la taza.
Dylan se sintió un poco torpe y se disculpó de nuevo. "Lo siento, soy un poco descoordinado", dijo.
Emily sonrió y se puso de pie. "No te preocupes, yo también soy un poco torpe", dijo. "¿Quieres un café para compensar?"
Dylan se sintió sorprendido por la oferta de Emily y sonrió. "Sí, gracias", dijo.
Emily sonrió de vuelta y se dirigió hacia la cafetería, con Dylan siguiéndola. Mientras caminaban, Dylan no pudo evitar notar la forma en que Emily se movía, con una gracia y una confianza que lo hacían sentir un poco más nervioso.
Ambos se sentaron en una mesa pequeña en la cafetería, con sus tazas de café frente a ellos. La charla comenzó de manera casual, hablando sobre la escuela y los profesores, pero pronto se convirtió en algo más profundo.
No fue lo que dijeron, sino más bien lo que no dijeron. La forma en que se miraban, la forma en que sonreían, la forma en que se inclinaban hacia adelante para escuchar mejor.
Dylan se sintió atraído por la forma en que Emily se reía, por la forma en que sus ojos brillaban cuando hablaba de algo que le apasionaba. Emily, por su parte, se sintió fascinada por la forma en que Dylan escuchaba, por la manera en que su rostro se iluminaba cuando hablaba de algo que le interesaba.
La química entre ellos era palpable, y ambos lo sabían. Pero no dijeron nada al respecto. Simplemente se sentaron allí, disfrutando del momento, disfrutando de la compañía del otro.
El café se enfrió en sus tazas, pero ellos no se dieron cuenta. Estaban demasiado ocupados en la conversación silenciosa que estaban teniendo, en la conexión que estaban estableciendo.
Finalmente, después de lo que pareció una eternidad, Emily miró su reloj y se levantó. "Tengo que irme", dijo, con una sonrisa.
Dylan se levantó también, y se quedaron allí, mirándose durante un momento. Luego, sin decir nada, Emily se dio la vuelta y se alejó.
Dylan se quedó allí, mirándola irse, sintiendo una sensación de vacío en su pecho. Pero también sintió algo más. Sintió una sensación de esperanza, de que algo nuevo y emocionante estaba a punto de comenzar.