El dolor fue el puente. En un segundo, el Capitán de la Unidad de Élite sentía el frío del asfalto tras un tiroteo mortal. Al siguiente, sentía el peso sofocante de un cuerpo sudoroso y el hedor a rancio de una habitación cerrada.
-¡Quédate quieto de una puta vez!- rugió una voz ronca sobre él.
El policía abrió los ojos. No estaba en la morgue ni en el hospital. El techo estaba manchado de humedad y la luz de una bombilla desnuda oscilaba sobre su cabeza. Un hombre de hombros anchos y rostro desencajado por la ira lo inmovilizaba sobre un colchón mugriento.
En ese instante, una descarga de recuerdos que no le pertenecían inundó su mente como torrente de agua helada. Se vio a sí mismo o mejor dicho, al dueño de ese cuerpo, como un ser roto. Un omega llamado Ren, cuya existencia se reducir a cuatro paredes, golpes, y el miedo constante a un esposo alfa que lo trataba como ganado. Ren acababa de morir... (ambientado con el estilo staempunk)
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En los brazos del lobo
El trayecto de regreso a la mansión Volkov, fue un borrón de luces y sombras para Ren. Dentro del coche, el silencio solo era interrumpido por la respiración agitada del omega y el leve ro e de la tela del abrigo de Valerius contra su piel hipersensible.
El cerebro de Ren perdía la batalla. El celo era un incendio forestal que lo consumía desde adentro, convirtiendo su sangre en plomo derretido.
Valerius lo tenía apretado contra su pecho. Por primera vez el mafioso no sentía solo el deseo de poseer una herramienta valiosa. Sentía la punzada de algo mucho más humano y aterrador: la necesidad de proteger. Al oler el aroma de Ren, el lobo dentro de Valerius aullaba, exigiendo marcarlo, reclamarlo y esconderlo del resto del mundo para siempre.
-Más rápido- ordenó Valerius al conductor, con una voz que hizo que el chofer hundieron el pedal hasta el fondo.
Cuando llegaron a la mansión, Valerius salió del coche cargando a Ren, quien en ese momento deliraba abiertamente.
-¡Preparen la habitación del tercer piso!- rugió Valerius mientras subía las escaleras-¡Qué nadie se acerque! ¡Ni siquiera la servidumbre!-
Entraron a la habitación de Ren. Pero en cuanto quiso apartarse de la cama para buscar agua o ayuda médica, el omega soltó un quejido que le partió el alma.
-No... no te vayas.- Susurró Ren, sus dedos tiraron de la mano del alfa -Es una orden... oficial... quédate...-
Valerius se congeló. ¿Oficial? Esa palabra volvió a resonar en su cabeza. Ren se veía tan joven, tan pequeño en la cama, pero la autoridad que emanaba incluso en su estado de mayor debilidad era algo que el alfa no había visto en nadie más.
El alfa se sentó al borde de la cama y con un paño de agua fría limpió su frente. El omega soltó un suspiro de alivio.
-Aquí estoy, pequeño fantasma.- Murmuró Valerius, dejando que sus propios feromonas de bosque y lluvia llenaran la habitación para calmar el dolor de Ren. -Nadie te va a tocar. Estás bajo mi protección.-
Ren, sintió que el aroma de Valerius era como una manta pesada que apagaba el fuego de sus venas. Pero en su mente las imágenes de su otra vida seguían apareciendo. Veía su uniforme, escuchaba el sonido de las patrullas y veía el rostro de sus compañeros caídos.
-Tengo que volver...- balbuceó Ren -La unidad... me está esperando...-
Valerius le acarició la mejilla con el pulgar. No entendía de qué hablaba, pero sabía que ese omega escondía el alma de un guerrero que no pertenecía a este mundo de víctimas y verdugos. Por primera vez en su vida, el gran Valerius Volkov sintió miedo, miedo de que, cuando Ren despertara y el celo terminara, el "Fantasma" volviera a construir el muro de hielo.
Mientras tanto al otro lado de la ciudad, en una oficina llena de humo, el inspector se encontró frente a una pizarra, llena de fotos, mapas y notas. Su brazo izquierdo inmovilizado con un cabestrillo.
Vane no podía dormir. No era solo el dolor del hombro, era la mirada de Ren. No era una víctima asustada, era un depredador que le perdonó la vida por mera cortesía.
-"Civil"...- susurró Vane para sí mismo, mirando la palabra escrita en grande en el medio de la pizarra. -Ningún omega usa esa palabra para referirse a un policía.-
Vane comenzó a mover fotos para la investigación. Tenía registros, historial de abusos, venta del hermano de Ren... Pero ese historial no coincide con el Ren que lo sometió.
-El Ren Masson del registro era un desnutrido, asustadizo y sin educación -Vane se frotaba la sien -El Ren Masson que conocí en el teatro es un operativo táctico de otro nivel.-
El inspector examinaba una foto de Ren que fue tomada tiempo atrás. Tenía una postura encorvada y temerosa con el Ren que vestido de seda azul en el teatro.
-No es la misma persona.- murmuró Vane con un escalofrío -O es un impostor increíble, o algo le pasó a ese chico que le dio las habilidades de un comando de élite.-
Si Valerius se descubría que estaba investigando la verdadera identidad de su omega, no viviría para contarlo. Pero tenía honor policial. Si Ren no era una víctima ¿qué era? ¿Un espía? ¿Un mercenario?
De repente un viejo teléfono sonó. Era una fuente del hospital forense.
-Tengo los resultados de la autopsia del Ministro Weber- dijo la otra persona -Oficialmente fue un ataque al corazón, pero encontré una marca de aguja en la nuca. Alguien usó una aguja de acupuntura con veneno que imita al potasio en sangre. Es un método que solo usa...-
-La Unidad de Operaciones Especiales de los Territorios del Norte.- completó Vane con el corazón acelerado -Gracias, eso es todo lo que necesitaba saber.-
Vane colgó y miró fijamente la foto del omega.
-¿Quién eres realmente, "Ren"?- se preguntó en voz alta -Porque si eres quien creo que eres, Volkov no te tiene secuestrado... él tiene una bomba de tiempo durmiendo en su propia cama.-
El sol comenzaba a asomarse por el horizonte. La fiebre de Ren había bajado un poco, pero el celo aún no terminaba. Estaba en esa fase de sueño profundo y vulnerable donde las defensas caen por completo.
Valerius seguí ahí, sentado en el sillón, cuidándolo toda la noche. Lo observaba con una mezcla de adoración y desconfianza. Lo escuchó toda la noche balbucear sobre códigos de radio o perímetros de seguridad.
Ren se movió buscando algo. El alfa se acercó y le permitió que tomara su mano. Ren lo apretó con fuerza.
-Papá...- Susurró Ren -Papá te va a cuidar, Leo... nadie nos va a separar...
Esa frase desarmó por completo a Valerius. El malvado mafioso sintió un nudo en la garganta. No importaba quien fuera Ren en realidad, o cuantos secretos ocultara. El amor que sentía por ese cachorro era lo único real y puro en ese nido de serpientes que era Puerto Gris.
Valerius se inclinó y le dio un beso en la frente, aspirando su aroma qué ahora era más tranquilo, más parecido al jazmín después de la lluvia.
-Descansa, mi pequeño fantasma.- Dijo Valerius en voz baja -Mañana el mundo intentará seguirnos cazando, pero mientras yo respire, tú y el cachorro tendrán un hogar.-
La respiración de Ren se volvió más rítmica y profunda. Por primera vez en dos vidas, el Capitán no estaba vigilando la puerta. Se sentía, muy a su pesar, seguro en los brazos del lobo.
La mañana llegó a Puerto Gris con el anuncio de una nueva tormenta. Vane tenía una pista, Valerius tenía una obsesión, y Ren... Ren tenía un cuerpo que estaba mutando: un omega dominante con el corazón de un guerrero.