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LA REINA DEL ASFALTO

LA REINA DEL ASFALTO

Status: Terminada
Genre:Autosuperación / CEO / El Ascenso de la Reina / Romance / Completas
Popularitas:3.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Dalianna Elizondo

Cuando era pequeña, soñaba celebrando llena de emoción, con una alegría que no sé cómo explicar; solo recuerdo que mi pecho se llenaba de una sensación abrumadora al levantar en mis manos una gran copa.
Sin embargo, jamás imaginé que, para plasmar esa fantasía, tendría que sacar una fuerza que ni siquiera sabía que tenía: una especie de coraje como el de una leona que protege a su familia con uñas y dientes, o la fortaleza de una madre en pleno alumbramiento.
Pero, en fin, esta es mi historia, que espero les sirva de inspiración para perseguir de manera incansable todos sus sueños, aunque el mundo se oponga y diga que no puedes lograrlo.

NovelToon tiene autorización de Dalianna Elizondo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 22

ISMARA

Después de esa agitada e inolvidable noche, Xiomara y yo entablamos una verdadera amistad. Sin embargo, era una relación que no quería echar a perder agobiándola con mis interminables problemas personales. Durante los días siguientes solo nos comunicamos por mensajes breves: conversaciones cotidianas sobre nuestros altibajos diarios y el trabajo, nada demasiado profundo ni controversial, evitando ahondar en mis miedos internos o en la pesada deuda pendiente que me ataba a Ethan.

A través de esos textos, Xiomara me contó que el innombrable de su esposo se había rehusado rotundamente a firmar los papeles del divorcio. Por esa razón, ella prefirió tomarse unas vacaciones de emergencia fuera del país para despejar la mente y evitar un encuentro inesperado que terminara muy mal mientras sus abogados se encargaban de resolver todo el litigio legal, ya que ella definitivamente no quería volver a ver a Rodrigo ni en pintura. Me confesó entrañablemente lo agradecida que estaba con su hermano Karl; por más que en su momento se molestó con él por su obstinación, comprendió que lo único que hizo fue protegerla, pues de lo contrario se hubiese aventado a un matrimonio sin paracaídas, obligándola con firmeza a firmar un estricto acuerdo prenupcial que ahora la protegía de la escoria de su exesposo y de sus nefastas ambiciones económicas.

Por otro lado, mis vacaciones finalmente llegaron a su fin. Tengo que admitir con vergüenza que no tuve el valor suficiente para enfrentarme cara a cara a mi abuelo; inventé una buena excusa para regresar antes a la universidad completamente sola, cargando con una culpa aplastante. La situación de Micky se había complicado: la justicia le concedió el beneficio de arresto domiciliario por no tener antecedentes penales mientras iniciaba el proceso formal, ya que la fiscalía había encontrado evidencias que debían investigarse a profundidad antes de declararlo inocente o culpable de la grave acusación de violación.

Me despedí de mis tíos percibiendo en sus miradas un reproche que no lograron ocultar del todo; en el rostro de la Nana Vicky vi una mezcla de alivio y tristeza por no haberle dicho la verdad al abuelo Ismael, mientras que en los ojos de él solo quedó flotando un enorme signo de interrogación. Subí al avión sin mirar atrás, desesperada por descansar de los demonios de la cobardía y el miedo que no dejaban de perseguirme. Pero también ansiaba distanciarme de los constantes e insistentes mensajes de Ethan Ferrara, los cuales, de una u otra forma, me recordaban segundo a segundo que tenía una obligación pendiente que saldar por la ayuda que me brindó con mi amigo aquella noche funesta en la que su vida cambió para siempre.

Al llegar a mi departamento me sentía exhausta, no solo por el cansancio físico del viaje, sino por el agotamiento mental de seguir huyendo de la verdad. Esa cobardía carcomía mi voluntad al no tener el coraje de ponerme de pie frente al gran Ismael Bodra para definir claramente lo que quiero hacer de mi vida, paralizada por el pavor de recibir su rechazo o su indiferencia cuando lo sepa, pues es, en teoría, mi única familia de sangre. En este instante me siento como una completa pusilánime por no tomar al toro por los cuernos de una maldita vez y aceptar lo que sea que tenga que pasar.

Mi teléfono volvió a vibrar sobre la mesa, tal como lo había estado haciendo desde que bajé del avión. Al mirar la pantalla, vi su nombre una vez más.

—¡Carajo! —balbuceé entre dientes.

Ya no podía seguir postergando esto. Hastiada de su insistencia, le envié un mensaje seco y cortante:

«Nos vemos a las 7 de la noche para saldar mi deuda.»

Su respuesta no tardó ni diez segundos en llegar:

«Perfecto, princesa. Te prometo que no te vas a arrepentir. Ethan.»

—Sí, cómo no, si ya estoy arrepentida... —bufé con fastidio, arrojando el móvil sobre las cobijas de la cama.

La habitación se sentía absurdamente vacía y silenciosa, pero solo me quedaba esperar que este compromiso se resolviera lo antes posible por el bien de Micky. Mientras me duchaba con agua fría buscando congelar los pensamientos que me abrumaban, intenté vanamente sopesar lo positivo del arresto domiciliario, que era un alivio a medias: una cadena invisible que nos mantenía separados mientras las autoridades decidían si la vida y el futuro de mi amigo valían algo frente a las mentiras de una mujer obsesionada con destruirlo. Yo lo conozco bien y estoy tan segura de su inocencia como de que me llamo Ismara Isabella Bodra.

Al salir del baño me vestí rápido: unos pantalones de mezclilla oscuros, botas de tacón alto, una blusa sencilla y mi inseparable chaqueta de cuero negra, obsequio de uno de mis tíos. Un maquillaje ligero fue suficiente para prepararme, mentalizada únicamente en saldar mi compromiso con el señorito Ferrara y lograr que por fin dejara de hacerme spam en el teléfono.

Salí del edificio faltando diez minutos para la hora pactada y, para mi sorpresa, vi su auto deportivo aproximarse a la acera. Ethan descendió del vehículo con soltura y se apresuró a abrirme la puerta del copiloto, inclinándose para darme un beso en la mejilla que apenas alcancé a esquivar.

—Princesa, estás verdaderamente hermosa —comentó, recorriéndome con una mirada cargada de fascinación.

—Gracias —respondí con frialdad, subiéndome de inmediato.

—¿Cómo está tu amigo? Vi en las noticias locales que lo están acusando formalmente de agresión sexual.

—Sí, así es... Pero él es completamente inocente —sentencié con firmeza.

—Pones las manos al fuego por él, por lo que deduzco a simple vista.

—Yo jamás dudaría de Michael Lumis —dije, dejando entrever mi molestia por su tono relajado.

—Bueno, preciosa, dejemos ese tema tan sombrío de lado y concentrémonos en nosotros.

—¿¿¿Nosotros??? —lo interrumpí, mirándolo fijamente—. Me parece que estás bastante equivocado, Ethan. Aquí no existe ningún "nosotros". Esto es simplemente una salida pactada para liquidar mi deuda por la ayuda que le prestaste a mi amigo aquella noche. Nada más.

—Tranquila, tranquila, no te alteres —soltó una risita burlona mientras ponía en marcha el motor—. No te caigo muy bien que digamos, ¿verdad?

—Ummm, si me simpatizas o no es lo de menos. Solo llévame a donde quieras para salir de esto de una vez —respondí, dándole la espalda para fijar la vista en la ventanilla.

—¿Tienes hambre, hermosa?

—No, la verdad no.

—Ummm, creo que por el momento podemos omitir la cena. Te voy a llevar a un lugar que estoy seguro de que te va a fascinar.

—Si tú lo dices... —contesté con evidente desdén.

Ethan aceleró con decisión, conduciendo hacia la zona industrial ubicada a las afueras de la ciudad. Tengo que admitir que, muy a mi pesar, la ruta empezó a despertarme cierta intriga.

—Espero que estés lista para tu sorpresa —murmuró con arrogancia.

A medida que nos adentrábamos en el sector abandonado, el silencio de las bodegas vacías se fue quebrando por una explosión sorda de decibelios. Al dar la vuelta en una esquina, el paisaje cambió drásticamente: destellos de luces de neón, motores rugiendo a máximas revoluciones, el chirrido ensordecedor de llantas contra el asfalto y el denso olor a gasolina quemada. Dos vehículos modificados se alineaban en una calle recta. Me quedé petrificada en el asiento; el aire literalmente vibraba y podías sentir el pulso de los pistones retumbando en la boca del estómago.

No había señales de inspectores de tránsito ni presencia policial por ningún lado. Solo una silueta firme en medio de la oscuridad que levantó los brazos y, con un gesto seco y drástico, liberó a las máquinas. En un parpadeo, la física se volvió violenta: las carrocerías se hundieron hacia atrás por la aceleración, la tracción luchó ferozmente contra el pavimento y el entorno se transformó en un borrón de luces desenfocadas.

—¡Carreras clandestinas de autos! —exclamé sorprendida, sin poder ocultar la reacción.

—¿Te gustó, princesa? —preguntó Ethan, disfrutando de mi impacto.

—Pero esto es completamente ilegal... —murmuré, sintiendo una violenta descarga de adrenalina recorrer mis venas, una sensación electrizante que intenté frenar de inmediato aplicando la lógica.

—Solo es ilegal si las autoridades nos atrapan —respondió con una sonrisa ladeada pintada en los labios, con la actitud de quien se siente dueño del mundo.

—Te has vuelto completamente loco. Eres un piloto profesional de la Fórmula 1, Ethan. ¿Por qué te arriesgas viniendo a lugares como este?

—¿Arriesgarme? —soltó una carcajada seca y desprovista de gracia, sin apartar los ojos del vehículo que acababa de cruzar la línea de meta envuelto en una nube de caucho quemado—. Ismara, en los circuitos profesionales de F1 todo está fríamente calculado: el ángulo exacto de la curva, la presión de los neumáticos, hasta cada una de las palabras que digo en las entrevistas... Todo tiene el sello de aprobación de mi familia y de los patrocinios. ¿No lo ves? Allá no soy un piloto, solo soy una marca registrada.

Hizo una pausa y pisó el acelerador para acercarse al epicentro de la pista improvisada. Las luces neón se reflejaban en sus pupilas, dándole una apariencia casi depredadora.

—Aquí no hay telemetría, no hay comisarios de pista ni patrocinadores vigilando mi comportamiento. Solo somos el motor y yo. En las pistas oficiales corro por el apellido Ferrara en el uniforme que me obligan a vestir; aquí corro porque me hace sentir vivo. Además —añadió, girándose hacia mí con una sonrisa que mezclaba arrogancia y encanto—, ¿no crees que el peligro es el mejor condimento para nuestra primera cita, preciosa?

—No sé qué ideas locas pasen por tu cabeza, pero te repito que esto es únicamente el pago de mi deuda por lo de Micky.

Ethan me miró detenidamente y entornó los ojos con malicia.

—Ummm, está bien... Aunque, ¿no se te ha ocurrido pensar que la grabación del sistema de seguridad de mi casa le sería de enorme utilidad a tu amigo?

—¿Qué?... ¿Tienes una grabación? —inquirí, sintiendo que una repentina luz de esperanza se encendía en mi pecho.

—Sí. Tengo registrado desde el momento en que lo subimos al auto en el club hasta que se fueron a la mañana siguiente. Todo está guardado en mis servidores... por si te interesa ayudar a probar su inocencia.

—¿Qué quieres a cambio, Ethan? —preguntó, furiosa por el descarado chantaje.

—Nada fuera del otro mundo. Solo que sigamos saliendo así, de manera inofensiva, para conocernos mejor.

—Ummm, ya veo...

—Y dime, Ismara... —añadió señalando la pista improvisada con un gesto desafiante—. ¿Te gustaría correr una manga para ver qué es lo que realmente tienes en las manos? ¿O vas a demostrar que eres solo una gallina cobarde?

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Olga Silva
muy bella felicidades autora 👏
DAKI: Muchas gracias
total 1 replies
Tere Jimenez
gracias empieza muy interesante
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