Él apostó que podía conquistarla.
Ella decidió demostrarle que no sería tan fácil.
Isabella no buscaba enamorarse. Sebastián solo quería ganar una apuesta.
Pero entre miradas, provocaciones y besos que empezaron como parte de un juego, algo inesperado comenzó a crecer entre ellos.
Porque cuando el corazón entra en juego, ya no existen apuestas seguras. ❤️🔥
NovelToon tiene autorización de FOAR para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
EL QUE ESTABA MAS CERCA
Isabella seguía mirando el mensaje.
“Daniel ya sabe que ustedes descubrieron la verdad.”
Sentía el corazón golpeándole con tanta fuerza que casi podía escucharlo.
—No puede ser —susurró.
Sebastián tomó el teléfono.
—Tenemos que salir de aquí.
—¿Y adónde vamos?
—A un lugar donde Daniel no pueda encontrarnos fácilmente.
Isabella negó con la cabeza.
—No.
Sebastián la miró.
—¿Qué?
—Estoy cansada de huir.
Ella tomó la fotografía.
—Si Daniel está detrás de esto, quiero saber por qué.
—Isabella, puede ser peligroso.
—También fue peligroso confiar en ti y lo hice.
Sebastián se quedó callado.
Ella lo miró directamente.
—Esta vez no voy a correr.
---
Salieron de la universidad sin decir una palabra.
Durante el camino, Sebastián intentó llamar a Daniel.
Una vez.
Dos.
Tres.
Nada.
—No contesta —dijo.
Isabella miraba por la ventana.
—¿Desde cuándo lo conoces?
—Desde hace años.
—¿Y qué sabes de él?
—Que siempre fue competitivo.
—¿Eso es todo?
—También estuvo involucrado en la apuesta original.
Isabella giró la cabeza.
—¿Qué?
Sebastián apretó el volante.
—Sí.
—Entonces sabías que podía estar relacionado con todo esto.
—No sabía que seguía involucrado.
—¿Y por qué nunca me lo dijiste?
—Porque pensé que ya había terminado.
Isabella cerró los ojos.
Otra vez.
Otra verdad que llegaba demasiado tarde.
—Estoy empezando a odiar esa frase.
—¿Cuál?
—“Pensé que había terminado”.
Sebastián no respondió.
---
Cuando llegaron al apartamento de Isabella, encontraron algo extraño.
La puerta estaba entreabierta.
Los dos se quedaron inmóviles.
—Yo la cerré esta mañana —susurró Isabella.
Sebastián se colocó delante de ella.
—Quédate detrás de mí.
Entraron lentamente.
Todo parecía estar en su sitio.
El sofá.
La mesa.
Los libros.
Pero sobre la mesa había un sobre.
Isabella lo reconoció inmediatamente.
—Otra vez...
Sebastián lo tomó.
Dentro había una fotografía.
Esta vez no era de Mariana.
Era de Isabella.
Saliendo de la universidad.
Luego otra.
Isabella entrando a una cafetería.
Otra.
Isabella caminando con Valeria.
Y otra...
Isabella besando a Sebastián.
Ella sintió que se le helaba la sangre.
—Nos estaban siguiendo.
Sebastián apretó los dientes.
—Desde hace tiempo.
Isabella tomó la última fotografía.
Al reverso había una frase.
“¿Todavía crees que fue casualidad?”
Isabella sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas.
—¿Cuánto tiempo?
—No lo sé.
—¿Cuánto tiempo llevan observándome?
Sebastián no respondió.
Ella dejó caer las fotografías sobre la mesa.
—¡Estoy cansada!
Su voz se quebró.
—¡Estoy cansada de descubrir cosas sobre mi propia vida que todos parecen saber menos yo!
Sebastián se acercó.
—Lo siento.
—No necesito que lo sientas.
—¿Entonces qué necesitas?
Isabella lo miró.
—Necesito saber si alguna vez estuve realmente a salvo.
Sebastián se quedó sin palabras.
Ella comenzó a llorar.
—Porque desde que apareciste, todo cambió.
—Lo sé.
—Y lo peor...
Se llevó una mano al pecho.
—Lo peor es que todavía te quiero.
Sebastián sintió que algo se rompía dentro de él.
—Isabella...
—Y eso me da miedo.
Él se acercó lentamente.
Esta vez no intentó tocarla.
Solo se quedó frente a ella.
—No voy a pedirte que confíes en mí todavía.
Ella levantó la mirada.
—¿No?
—No.
Sebastián respiró profundamente.
—Voy a hacer que vuelvas a sentirte segura, aunque tardes mucho en volver a confiar en mí.
Isabella no respondió.
Pero tampoco se alejó.
Durante unos segundos permanecieron así.
Hasta que el teléfono de Sebastián vibró.
Un mensaje.
Daniel: “Si quieres saber toda la verdad, ven solo.”
Sebastián lo leyó.
Isabella vio su expresión cambiar.
—¿Es él?
Sebastián asintió.
—¿Qué quiere?
—Que vaya solo.
Isabella tomó su chaqueta.
—Entonces vamos.
—Dice que solo yo.
—No me importa.
—Puede ser una trampa.
—Precisamente por eso no vas solo.
Sebastián la miró.
Y por primera vez desde que todo había comenzado, Isabella tomó su mano sin que él se lo pidiera.
—Vamos a terminar esto.
---
El lugar de encuentro era un viejo parqueadero abandonado.
Estaba oscuro.
Demasiado oscuro.
Sebastián bajó del automóvil.
—Quédate aquí.
Isabella negó con la cabeza.
—Ni lo sueñes.
Caminaron juntos.
—¡Daniel! —gritó Sebastián.
Nada.
De pronto escucharon pasos.
Daniel apareció desde las sombras.
Pero no estaba solo.
Camila estaba detrás de él.
Isabella sintió un escalofrío.
—¿Camila?
Ella sonrió.
—Hola, Isabella.
Sebastián se puso delante de Isabella.
—¿Qué están haciendo?
Daniel soltó una risa.
—Exactamente lo que ustedes hicieron durante meses.
—¿Qué quieres decir?
Daniel miró a Isabella.
—Jugar.
Isabella sintió que la rabia comenzaba a crecer.
—Yo no estoy jugando.
Camila dio un paso adelante.
—Eso es lo que tú crees.
—¿Qué quieres de mí?
Camila la observó durante unos segundos.
Después dijo algo que dejó a Isabella completamente paralizada.
—Quiero que Sebastián sienta exactamente lo que Mariana sintió.
Sebastián frunció el ceño.
—¿Qué tiene que ver Mariana contigo?
Camila sonrió tristemente.
—Todo.
Daniel miró a Sebastián.
—Porque hay algo que nunca te contamos.
—¿Qué?
Camila respondió:
—Mariana no se fue por la apuesta.
Silencio.
—Se fue porque descubrió quién había organizado realmente el juego.
Isabella sintió un escalofrío.
—¿Quién?
Camila miró directamente a Sebastián.
—Tu propio hermano.
Sebastián quedó completamente inmóvil.
Isabella lo miró.
—¿Tú tienes un hermano?
Sebastián cerró los ojos.
Y en ese momento Isabella comprendió que acababa de descubrir otro secreto.
Uno que Sebastián nunca le había contado.
Y esta vez...
Él no tenía ninguna explicación preparada.