Ella es la mayor de seis hermanos y siempre ha tenido una vida difícil.. Pero tiene la posibilidad de volver a vivir en un nuevo mundo y poder ser feliz ayudando a otros.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Condes Harrington 1
Unos días después, Rose llegó finalmente a la casa de cuidados.
Desde el primer momento le sorprendió.
Había imaginado que sería un edificio frío, parecido a un hospital.
Pero no.
Era una casa amplia y acogedora.
Tenía grandes ventanas, jardines bien cuidados y varios espacios preparados para recibir a personas que necesitaran atención.
No era un lugar exclusivo para nobles.
De hecho, precisamente lo contrario.
La casa había sido creada para ayudar a quienes necesitaban atención médica pero no podían pagarla.
Había salas donde los pacientes podían recibir tratamientos durante el día.
También había varias habitaciones destinadas a quienes necesitaban permanecer allí durante períodos más largos.
Rose caminó lentamente por uno de los pasillos.
Observó las habitaciones.
Los pequeños jardines.
Las salas de atención.
Los espacios comunes.
Y sonrió.
[Esto realmente me gusta.]
Había algo cálido en aquel lugar.
No parecía una institución.
Parecía un hogar.
Una de las personas encargadas la recibió y la acompañó hasta un pequeño salón.
—Los condes Harrington están esperándola.
Rose respiró profundamente.
[Primera impresión.]
[Importante.]
Acomodó su vestido.
Y entró.
Dentro había dos personas.
El conde Harrington era un hombre elegante.
Tenía un porte serio y una presencia que hacía evidente su posición.
Sin embargo, aquella expresión cambiaba por completo cada vez que miraba a su esposa.
Rose lo notó inmediatamente.
La condesa Harrington, por su parte, conservaba una elegancia absoluta a pesar de los años.
Su cabello estaba perfectamente arreglado.
Su vestido era sobrio, pero hermoso.
Y tenía una expresión amable.
Ambos se pusieron de pie para recibirla.
—Señorita Rose.
—Su excelencia.
Rose hizo una reverencia.
—Es un placer conocerlos.
—El placer es nuestro
respondió la condesa.
Le indicaron que se sentara.
La reunión comenzó tranquilamente.
Los condes querían conocerla.
Preguntaron por sus estudios.
Por la Academia.
Por sus conocimientos de administración.
Por su experiencia con la magia de luz.
Rose respondió con sinceridad.
Después, la condesa comenzó a explicarle el origen de aquella casa de ayuda.
—Este lugar fue creado por nuestra hija.
Rose levantó ligeramente las cejas.
—¿Su hija?
—Sí.
La condesa sonrió.
Y en ese instante, Rose comprendió inmediatamente cuánto quería aquella mujer a su hija.
—Ella siempre quiso crear un lugar donde las personas que no tenían recursos pudieran recibir atención.
El conde intervino.
—Ella siempre quiso ayudar a otros..
Su expresión se suavizó.
—Nunca pudo soportar ver a alguien sufrir sin intentar ayudar.
La condesa sonrió.
—Hace algunas semanas se casó.
Rose sonrió.
—Felicidades.
—Muchas gracias.
El orgullo en la voz de la condesa era evidente.
—Se marchó con su esposo y ahora viven lejos de nuestros territorios.
El conde suspiró.
—La casa quedó en nuestras manos.
La condesa lo miró.
—Aunque sabemos que algún día volverá.
—Por supuesto.
Los dos sonrieron.
Rose observó aquel intercambio.
Y por un instante...
Sintió una pequeña punzada en el pecho.
[Así se ve una madre cuando quiere a su hija.]
Intentó no pensar demasiado en ello.
Recordó a su propia madre.
Las cartas sin respuesta.
La despedida.
Las últimas palabras.
Sintió tristeza.
Pero rápidamente apartó esos pensamientos.
[No.]
[No vine aquí para pensar en eso.]
[Estoy aquí para comenzar mi futuro.]
Así que volvió a concentrarse en la conversación.
El conde continuó explicando.
—Nuestra hija se casó con un mago.
Rose se interesó inmediatamente.
—¿Un mago?
—Sí.
La condesa sonrió.
—Y él también trabajó aquí.
Rose comprendió entonces por qué la casa necesitaba nuevos trabajadores.
—Ahora que ambos se han marchado.. necesitamos reforzar algunas áreas.
La condesa asintió.
—Especialmente sanación.
—Y administración
Rose sonrió.
—Puedo ayudar en ambas.
Los dos parecieron satisfechos.
—Eso es precisamente lo que necesitamos
respondió la condesa.
Durante un rato hablaron sobre las tareas.
Rose se encargaría de parte de la administración.
Organizaría documentos.
Revisaría registros.
Ayudaría con los suministros.
Controlaría algunos gastos.
También colaboraría con los sanadores cuando fuera necesario.
Su magia de luz todavía no era extraordinariamente poderosa, pero sus conocimientos de sanación eran suficientes para ayudar en tareas básicas.
Rose estaba encantada.
[¡Es perfecto!]
Entonces llegó el momento de hablar del salario.
El conde mencionó la cantidad.
Rose casi se atragantó.
—¿Disculpe?
El conde repitió la cifra.
Rose lo miró fijamente.
[¿Eso es mensual?]
[¿O escuché mal?]
Era un salario bastante generoso para alguien que acababa de terminar la Academia.
—Es bastante
admitió Rose.
El conde sonrió.
—Lo sabemos.
La condesa explicó..
—Pero usted no tendrá una sola función. Administración y apoyo a los sanadores.
Rose asintió.
—Exactamente.
El conde continuó..
—Necesitamos a alguien que pueda comprender ambas áreas.
Rose pensó unos segundos.
No había razón para rechazarlo.
El trabajo le gustaba.
El lugar le gustaba.
Las funciones correspondían a lo que había estudiado.
Y, además...
El salario era excelente.
Sonrió.
—Acepto.
La condesa sonrió también.
—Entonces, bienvenida a la casa Harrington.
Rose hizo una pequeña reverencia.
—Muchas gracias.
Se levantó.
Y cuando salió del salón...
No pudo evitar sonreír ampliamente.
[¡Tengo trabajo!]
[¡Tengo un buen sueldo!]
[¡Y voy a ayudar a personas!]
Caminó por el pasillo.
Miró las habitaciones.
Escuchó algunas voces.
Vio a los sanadores trabajando.
Y sintió una extraña satisfacción.
Había pasado toda su primera vida trabajando para sostener a otras personas.
Pero ahora era diferente.
Esta vez tenía un trabajo que había elegido.
Un futuro que había elegido.
Y una vida que finalmente estaba construyendo con sus propias manos.
Rose respiró profundamente.
[Quizás...]
[Quizás realmente puedo ser feliz en esta segunda vida.]
Y con esa idea...
Comenzó oficialmente su nueva vida en la casa de cuidados Harrington.
me encanta muy divertida