Nadie te advierte sobre la gravedad de las pequeñas cosas.
En los libros y en las películas, el amor se mide en grandilocuencias: carreras bajo la lluvia a través de un aeropuerto, declaraciones apasionadas frente a una multitud, bailes a la luz de las velas con música de cuerdas resonando de la nada. Te enseñan a buscar la chispa, el momento cinematográfico donde dos miradas se cruzan y el universo entero parece guardar silencio.
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Capítulo 21: El nuevo proyecto y las sombras de la envidia.
El sol de la mañana entraba a través de los grandes ventanales del estudio de diseño donde trabajaba Valeria, iluminando su mesa repleta de bocetos, muestrarios de colores y planos arquitectónicos. La semana había comenzado con un ritmo frenético, pero Valeria sentía una energía renovada. La paz conquistada en el apartamento 4B y la armonía alcanzada con Leo parecían haberle inyectado un impulso extra de creatividad.
A las diez de la mañana, la puerta de la oficina de dirección se abrió y el director creativo, un hombre de cabello cano y mirada perspicaz llamado Don Sergio, salió al pasillo central.
—Valeria, por favor, pasa a mi oficina un momento —pidió con tono sereno pero firme.
Valeria ajustó sus anteojos, tomó su libreta de notas y caminó hacia la oficina. Al pasar junto a la mesa de Lorena, su compañera de equipo, notó una mirada gélida y tensa. Lorena llevaba meses aspirando al puesto de diseñadora sénior para la cuenta corporativa del grupo hotelero Lumina, el proyecto más ambicioso del año.
—Toma asiento, Valeria —dijo Don Sergio, ofreciéndole una silla frente a su escritorio—. Iré directo al grano. La junta directiva de Lumina revisó los portafolios presentados la semana pasada. Les fascinó tu propuesta sobre el rediseño conceptual de sus suites ejecutivas. Tu equilibrio entre la funcionalidad moderna y el toque cálido te ha valido la asignación directa de la jefatura del proyecto.
El corazón de Valeria dio un vuelco.
—¿En serio, Don Sergio? Es una responsabilidad enorme, muchísimas gracias. No los voy a defraudar.
—Sé que no lo harás. Pero ten en cuenta algo: este proyecto requiere dedicación completa, viajes ocasionales a la sede de la costa y, sobre todo, liderazgo. Lorena estará bajo tu supervisión para la parte logística. Sé diplomática, Valeria. Sé cuánto deseaba ella esta oportunidad.
Al salir de la oficina, Valeria intentó mantener la compostura, pero la sonrisa en su rostro era innegable. Se acercó a la mesa de Lorena con la intención de tender un puente.
—Lorena, Don Sergio me acaba de comentar sobre Lumina. Me encantaría que trabajemos juntas en la fase inicial. Tu experiencia en logística de insumos nos vendría de maravilla.
Lorena ni siquiera levantó la vista de su monitor inmediatamente. Tecleó unos segundos con fuerza contenida antes de girar la cabeza con una sonrisa forzada que no le llegaba a los ojos.
—Felicidades, Valeria. Qué sorpresa tan... inesperada —dijo Lorena, remarcando la última palabra—. Por supuesto, cuenta con mi "ayuda". Es fascinante cómo consigues los mejores proyectos justo cuando más ocupada dices estar con tu vida personal.
—El proyecto se asignó por la propuesta de diseño, Lorena, nada más —respondió Valeria con tono tranquilo pero firme—. Mañana a primera hora tendremos la primera reunión de alineación. Te pasaré los entregables por correo.
De regreso en su escritorio, Valeria sintió una ligera opresión en el pecho. Sabía que el éxito profesional traía consigo fricciones, pero no estaba dispuesta a dejar que la envidia de otros opacara su logro. Sacó el teléfono y le envió un mensaje rápido a Leo:
"¡Nos dieron la cuenta del Grupo Lumina! ¡Soy la diseñadora principal! Te veo en casa para celebrar."
La respuesta de Leo no tardó ni un minuto:
"¡Sabía que lo lograrías, mi arquitecta estrella! Hoy la cena corre por mi cuenta. Te prepararé una sorpresa digna de una jefa de proyecto. Te amo."