Kira Drago conocida como la "Madrina". Una de las influencias más poderosas en la mafia italiana. Muere en un atentado orquestado por el señor Vittorio.
Kira le promete a su subordinado volver, pero sabe que es su final.
...
Feng Juexing la fénix nacida para gobernar a Yanhuang es envenenada e inducida a un sueño profundo justo antes de poder pasar el nirvana y renacer. Y todo esto, hecho por su hermana Feng Fuhuo y su propio esposo humano.
Misteriosamente Kira despierta en un cuerpo que no es suyo, sino de Juexing.
Ahora como la nueva fénix, se propone recuperar el trono, reconstruir Yanhuang y desterrar todos los secretos que este nuevo mundo guarda.
Pero pronto se da cuenta que hay algo más en Yanhuang. Una energía que no debería estar ahí y parece estar ligada a Anyue, su esposo humano.
Ahora el próximo plan es buscar respuestas y solo quizás reunir las almas de Anyue y hacer que vuelva a la vida.
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Capítulo 15: En dirección a Bei-lang.
El día que la comitiva saliera en dirección a Bei-lang llegó.
Pero Juexing no parecía entusiasmada como hace un par de días.
Aquel encuentro extraño con esa energía no paraba de darle vueltas a la cabeza.
¿Cómo podía una energía corrompida que desapareció junto a sus ancestros aparecer de la nada y todavía en manos de Feng Fuhuo, una tonta fenix arrogante?
Nada tenía sentido ahora. Creyó que encerrar a Fuhuo era suficiente para estabilizar el imperio, pero al parecer se equivocó.
Alguien debió entregarle aquello a esa mujer. Porque sabía que Fuhuo solo dependía de su fuego primordial para imponer órdenes. Su cultivo era un total fracaso, así que ni aunque quisiera jamás podría conseguir esa energía oscura. Además no era una persona que leyera los libros antiguos sobre los fénix y el señor Cang le había dicho que durante todo ese tiempo ella no había puesto un pie en la biblioteca.
Algo extraño estaba sucediendo y Juexing parecía estar en la oscuridad.
Volvió a mirar la daga en la cúpula que la había puesto desde que volvió.
Esa energía oscura y dorada seguía brillando.
Soltó un largo suspiro. Solo quería paz por una vez en su vida, pero los problemas parecían encontrarla a donde quiera que fuera.
Prometió a ese cuerpo que protegería su imperio, y esto no estaba en sus planes.
De pronto aquel fatídico día volvió a su mente, cuando era Kira Drago. Ese encuentro inesperado con el señor Vittorio. Los disparos. Y luego ella, moribunda entregándole el mando de su organización temporalmente a Lysander. Las lágrimas de Yulia, su más fiel amiga. La mujer a la que nunca vio derramar una lágrima, hasta ese momento.
Sintió una opresión en su pecho, un sentimiento amargo la envolvió.
Había luchado varios años para estar en ese puesto. Se lo merecía. Pero un solo disparo la quitó de ahí.
Y todo eso había sucedido porque subestimó a sus propios padres, a los Vittorio. Porque creyó firmemente que nadie amenazaría su posición. Se confío demasiado y al final pasó lo que pasó.
Apretó los puños con fuerza. Había muerto una vez y ahora vivía en el cuerpo de otra persona. Tenía una segunda oportunidad.
Esta vez definitivamente no dejaría que nadie amenazara su vida ni la del imperio Yanhuang.
Ahora como Feng Juexing aplastaría a cualquiera que intentara algo contra ella.
Y lo más importante, buscaría pistas sobre esa energía, porque si alguien le había entregado eso a Fuhuo. Sabía claramente que era una de las armas antiguas capaz de destruir a un fénix sin dejar rastro.
Aprovechó el odio de Fuhuo para usarla como conductor y matar a Juexing, la única fénix que desde hace milenios refinó su fuego. Sabía que ella era un peligro para su plan o quizás era parte del plan. La última fenix con el verdadero poder de su ancestro.
Pero ¿que era exactamente lo que planeaba hacer aquella persona?
¿Quién sería capaz de hacerlo?
Según los recuerdos de la verdadera Juexing, nadie más que los fénix y los descendientes de los dragones del reino inmortal conocían la historia de sus ancestros.
—Su majestad, el carruaje está listo para partir —la sirvienta avisó desde afuera de los aposentos de Juexing.
—Bien, estaré ahí enseguida —Dijo ella levantándose de su escritorio.
Los pasos de la sirvienta desaparecieron por los pasillos.
Juexing miró la daga otra vez, luego movió los dedos haciéndola desaparecer.
Necesitaba información, aunque no sabía si confiar en esos demonios o no. El señor Cang y Jian le habían demostrado lealtad, al igual que en los recuerdos de Juexing, siempre fueron leales y respetuosos. La opción de una traición en secreto tampoco podía pasarse por alto.
Conocía perfectamente a los hombres. Por un lado juraban lealtad y por el otro buscaban la manera de deshacerse de su líder.
La capitana de su escuadrón secreto parecía ser realmente leal, pero tampoco se dejaría engañar tan fácilmente.
Cada uno de los demonios que la seguían podría ser sospechosos.
Incluso el eunuco Mo o el ministro Gu.
—Que tenga un buen viaje, majestad —el eunuco Mo la despidió con una reverencia y una sonrisa amable.
Justo de quien pensaba.
Miró a los ministros que también se inclinaron ante su presencia.
Luego miró la puerta del carruaje que le abría el comandante Jin.
Posó sus ojos en cada uno de los demonios que la despedían con respeto.
Cada uno parecía ser un posible traidor ante su mirada fulminante.
Sin darse cuenta dejó salir esa presión asesina que un segundo después hizo a los presentes temer por sus vidas.
El ambiente cambió de un momento a otro.
Las bestias espirituales que estaban al frente de cada carruaje sintieron una opresión que los hizo bajar la cabeza y gemir de miedo.
La presencia de la emperatriz era demasiado para todos ahí. Esa aura que desprendía, parecía querer a punto de calcinar a cualquiera que hiciera un movimiento incorrecto.
—Majestad, ¿hay algo que le moleste? —Fue el eunuco Mo quien se atrevió a preguntar.
Juexing finalmente se dio cuenta de lo que provocaba.
Se aclaró la voz y volvió a la calma de siempre.
—Hasta que vuelva, cuiden de la capital —dijo.
—Como usted ordene —respondieron todos con otra reverencia.
—Que tenga un buen viaje, su majestad.
Los carruajes salieron de la capital, las bestias espirituales se movían ágiles por el camino jalandolas.
El viaje sería un poco largo hasta Bei-lang.
Juexing miraba por la ventana, las primeras hojas de los arboles cayendo, y el suelo cubriendose de un color amarillo. La energía espiritual chisporroteando en cada vida silvestre a la vista.
Hui Ying, capitana del escuadrón secreto sentada frente a a Juexing. Notó el ceño fruncido de su amiga y emperatriz. No dijo nada al principio, pero mientras el carruaje avanzaba, Juexing seguía con la expresión más seria que nunca.
—¿Algo te molesta? —Preguntó inclinando la cabeza a ella.
—En lo absoluto —Juexing negó.
—Claro que sí. Anda dímelo, para eso estamos las amigas —le sonrió Hui Ying tratando de darle confianza—. ¿Es un chico? ¿O es ese tonto humano otra vez?
—¿Ese humano? —la emperatriz alzó una ceja.
—Me refiero a Anyue —dijo la demonio águila con un tono casi de desdén en su voz.
—¿Por qué me importaría un traidor? —se cruzó de brazos Juexing.
—A eso me refiero. No vale nada de tu preciado tiempo. Te dije que desde que lo presentaste, los chicos y yo notamos algo extraño en él —le recordó ella con molestia apenas ocultada tras una voz que trataba de sonar calmada—. ¿Quieres que te presente un demonio más atractivo?
Juexing notó el tono con el que Hui Ying le hablaba, era protectora a su manera, y su última pregunta fue como queriendo borrar ese desenlace con aquel humano.
La Juexing verdadera confiaba plenamente en esa demonio, después de todo fue su primera amistad real fuera del palacio. Pero la Juexing de ahora, empezaba a dudar de todos y cada uno de ellos.
Quizás estaba pensando demasiado o tal vez tenía razón.
Necesitaba probarla antes de confiar en ella plenamente.
En estos momentos extrañaba a Yulia y de cierto modo esa demonio le recordaba a esa chica.