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MI ESPOSA ME OLVIDO

MI ESPOSA ME OLVIDO

Status: En proceso
Genre:Embarazada fugitiva / Malentendidos / Traiciones y engaños / Salvar al hijo enfermo
Popularitas:27k
Nilai: 5
nombre de autor: CINTHIA VANESSA BARROS

Valentina tenía una sola cosa que proteger: a su familia.

Hasta que una noche, frente a todos, un video destruyó su matrimonio.

Su esposo, Rodrigo, creyó que lo había traicionado. Su suegra se encargó de humillarla y convertirla en la culpable perfecta. Y cuando Valentina dio a luz, Rodrigo le arrebató a su hijo y la obligó a firmar el divorcio mientras ella apenas podía mantenerse con vida.

Después de aquella noche, Valentina desapareció.

Diez años más tarde, vive bajo otro nombre y criando a un hijo que guarda un secreto que nadie puede descubrir.

Porque hay otro niño en el mundo que tiene su misma sangre.

Y cuando los dos hermanos se encuentran por casualidad, comienzan a hacer preguntas que alguien lleva diez años intentando mantener enterradas.

Rodrigo también ha seguido adelante… o eso intenta creer.

Hasta que una mujer aparece en su vida.

No recuerda haberla conocido.

No sabe quién es.

Pero cada vez que está cerca de ella, algo dentro de él se

NovelToon tiene autorización de CINTHIA VANESSA BARROS para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 7

El nombre no lo dejó dormir en todo el vuelo.

Rodrigo iba en la ventanilla con un whisky que no había tocado, repitiéndolo por dentro como quien aprieta un diente flojo solo para confirmar que sigue doliendo. Elena. Dos sílabas que su hijo le había entregado en un pasillo sin saber lo que entregaba, y que ahora ocupaban más espacio del que tenía sentido para una mujer con la que había cruzado cuarenta segundos de ascensor y dos horas de barra.

No era el beso. O no era solo el beso.

Eran los ojos. Llevaba diez años cerrando los suyos y viéndolos, y de pronto estaban en una desconocida pelirroja que se reía sin protocolo y se iba sin explicar, y el cerebro de Rodrigo —entrenado para encontrar el patrón en cualquier negocio, la grieta en cualquier cuenta— no lograba acomodar la coincidencia en ningún cajón que no le diera miedo.

A su lado, su hijo dormía con la frente contra la ventanilla.

Rodrigo lo miró un momento. El niño respiraba hondo, quieto, ajeno. Y por una vez no sintió esa cosa incómoda de siempre, esa necesidad de apartar la vista; lo miró sin que le pesara, y no supo por qué esta noche era distinta, y lo atribuyó al cansancio.

No supo que dormía junto al hijo de Elena. No supo nada, porque no había forma de que lo supiera.

Sacó el teléfono y escribió, en voz baja con el pulgar, un mensaje a la única persona que trabajaba a las tres de la mañana sin preguntar por qué.

Necesito que ubiques a alguien. Mujer, se hace llamar Elena. Hijo de diez años, esgrimista, ganó la categoría infantil en la Olimpiada. Compitió por el país once. La madre estaba registrada como acompañante. Quiero nombre completo, dirección y todo lo que haya. Para ayer.

Lo leyó dos veces antes de mandarlo. Le quedaba la sensación de estar haciendo algo que no debía, una de esas decisiones que uno toma de noche y no podría explicar de día.

Lo mandó igual.

Después apagó la pantalla, miró otra vez al niño dormido, y pensó —con la lógica fría que usaba para todo— que un hombre que tiene poder no se queda esperando a que las cosas le pasen. Las busca.

La encontraría.

No sabía que estaba a punto de tirar del único hilo que podía deshacer diez años de mentiras. O quizá lo intuía, y por eso le costaba tanto dormir.

La mansión era exactamente lo que un niño imaginaría de una casa rica y triste: grande, fría, demasiado limpia para que alguien la viviera de verdad.

Simón entró detrás de Rodrigo cargando la maleta que no era suya, archivando todo. La altura de los techos. El silencio. La forma en que el personal bajaba la cabeza al pasar. Aquí no se grita, pensó. Aquí pasa otra cosa. No sabía cuál. Le bastó el recibidor para sentir que su hermano había crecido en un lugar donde el aire pesaba.

—Llegaron. —La voz vino de la escalera.

Una mujer bajaba en bata, con una sonrisa puesta como un accesorio más. Tenía que ser Isabela; Mateo apenas la había nombrado —la novia de mi papá, vive casi siempre aquí, no me cae bien— y había cerrado el tema con esa forma suya de decir lo mínimo sobre algo que era mucho. Simón entendió, viéndola bajar, que el "no me cae bien" cargaba más de lo que su hermano había soltado.

—Mi amor —le dio dos besos a Rodrigo—, ¿cómo les fue?

—Segundo lugar —dijo Rodrigo, ya con el teléfono otra vez en la mano—. Tengo llamadas. Estaré en el despacho. —Y se fue por el pasillo sin más, dejando al niño en el recibidor con ella.

Isabela esperó a oír la puerta del despacho.

Entonces se giró hacia Simón, y la sonrisa siguió ahí, pero algo por debajo cambió, y Simón —que no sabía nada concreto, que no tenía un solo dato— supo igual, por la mirada y por la forma en que se acercaba, que no venía nada bueno. Era un instinto viejo, de los que no necesitan explicación. Se quedó quieto. Calló. Aguantó.

—Segundo —repitió ella, despacio, saboreándolo—. Después de todo lo que gastamos en ti.

Se acercó un paso más, le acomodó el cuello de la camiseta con dos dedos, maternal, por si alguien miraba, aunque no había nadie.

Y el otro pulgar bajó.

El pellizco entró justo debajo de las costillas, en la carne blanda donde nadie ve, y apretó —duro, retorcido, con una precisión que solo da la práctica— calibrado al milímetro para doler una barbaridad y no dejar marca. A Simón se le cortó el aire. Apretó la mandíbula y no soltó el grito que se le subió a la garganta, porque algo más fuerte que el dolor le dijo que llorar era darle lo que buscaba.

—Vas a tener que aprender —dijo Isabela, sin subir la voz, con la cara todavía dulce—. Creo que voy a dejarte sin comer más seguido. A ver si así te concentras.

Soltó. Le alisó la camiseta con una palmadita.

—Sube. Estás cansado del viaje.

Y se fue hacia la cocina sin mirar atrás, como quien acaba de regar una planta.

Simón se quedó solo en el recibidor con una mano apretada contra el costado y la respiración entrecortada, esperando a que el dolor bajara de agudo a soportable. No lloró. Pero le temblaban un poco las piernas, y le costó un momento entender que ese temblor no era miedo: era rabia.

Subió las escaleras despacio, contando peldaños para no pensar en el costado.

Una jaula de oro,pensó. Mi hermano creció en una jaula de oro con una carcelera que sonríe. Y entendió, de golpe y completo, todo lo que Mateo no le había dicho: el "no me cae bien", la forma de callar, el cuerpo siempre un poco tenso. No era un niño difícil. Era un niño que había aprendido a sobrevivir.

Encontró el cuarto por los trofeos de esgrima en fila y la ausencia total de fotos de familia. La habitación de alguien que aprendió temprano que dejar huellas era peligroso. Simón se sentó en la cama de su hermano, se levantó la camiseta y se miró el costado: rojo, ya empezando a doler sordo, pero sin marca que delatara nada. Claro. Por eso ahí.

Sacó el teléfono que ahora era el de Mateo y escribió.

No un reproche. No tenía sentido reclamarle a alguien que se había pasado años aguantando esto solo.

Ya conocí a tu madrastra. Entiendo por qué no me lo dijiste; no se cuenta fácil. Descuida, hermano. Sé lidiar con brabucones: la tía Carla me enseñó muy bien. Tú disfruta a mamá y averigua lo tuyo. De esta mujer voy a averiguar todo.

Lo leyó una vez. Lo mandó.

Después apagó la luz, se acostó del lado que no le dolía, y se quedó mirando el techo de la habitación de su hermano, planeando. Porque Isabela acababa de cometer un error sin saberlo: había maltratado al gemelo equivocado. A Mateo lo había domado en años. A Simón lo acababa de declarar la guerra en una sola noche.

Y Simón no perdía.

Abajo, Isabela sonrió y bebió otro sorbo de vino, Convencida de que seguía teniendo el control.

Arriba, en la habitación, Simón ya estaba haciendo una lista.

Y el primer nombre escrito en ella era el suyo.

1
Titisx
somo dos
Maigualida Ramirez
escritora busca la forma de que Carla quede con Damian
Limaesfra🍾🥂🌟
sera que la Lucia es tsn buenita xoko dicen xq tiwne como.un faro para interrumpir cualquier aclaracion.entre Damian y Carla
Maigualida Ramirez
que lastima lo cierto en todo esto es que ellos dos se aman y no es justo que no queden juntos porque se ve que es un amor bonito
Maigualida Ramirez
esa malvada Isabella me cae más mal
Maigualida Ramirez
por lo menos la pido rescatar ojala llegue con bien a casa
Maigualida Ramirez
bueno es la trama de la novela que coños
Maigualida Ramirez
si Rodrigo sabe que es una malvada vieja mal nacida porqué no le puso escolta con tanto dinero que tiene
mariela
Pobre Carla dejo a su amor se sacrificó para que no le pasará nada y el estuvo 10 años odiandola y con una verdad se dió cuenta de cuánto la ama pero Lucia una mujer dulce e inocente de todo se casará con él como dijo ella la verdad llegó demasiado tarde.
mariela
Pregunto si ella se enteró porque no confronto a Carla 🤔🤔🤔❓❓❓❓
Si tiene a los niños no le ha preguntado como se conocieron y que hicieron 🤔🤔🤔❓❓❓❓
Porque Rodrigo si es tan poderoso no se ha enfrentado a Estela su madre🤔🤔🤔🤔❓❓❓❓❓❓
mariela
Llegó Isabela con su maldad y todavía Rodrigo confiado que la protegía y dentro hay traidores que le hicieron llegar el sobre con la verdad y ahora que le dirás como enfrentarás esa verdad y Carla no se salvará por habérselo ocultado todo.
mariela
Damián reconoció entre líneas donde tenían a Valentina ahora vendrán los enfrentamientos entre madre e hijo porque Rodrigo no se quedará de brazos cruzados otra vez.
mariela
Estela un viejo plan te dió resultado por ahora porque lo que menos te imaginas es que te enfrentarás a tu hijo y está vez tienes las de perder todo e igual Isabela te queda grande decir mi Rodrigo.
Nancy romero
autora q pena por lucia pero carla merece ser feliz
Betty Saavedra Alvarado
Estela estás dando los últimos manotazos de ahogado Rodrigo no dejará que le hagas daño a vale o Elena
Betty Saavedra Alvarado
Rodri la encontrará todos trabajan para encontrarla
Betty Saavedra Alvarado
En las historias pasa de todo sin darnos cuenta Rodri si que te llegó la noche
Betty Saavedra Alvarado
Damián no te cases no amas a Lucia no conviertas tu vida en un infierno
Betty Saavedra Alvarado
Rodrigo te va a dar una neumonía
Maigualida Ramirez: te vas a enfermar hombre
total 1 replies
valeska garay campos
ahora vamos a ver que pasa con la bruja 🧙‍♀️
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