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EL NIDO DEL FENIX. ALIANZA DE ALQUILER

EL NIDO DEL FENIX. ALIANZA DE ALQUILER

Status: Terminada
Genre:Reencuentro / Matrimonio arreglado / Matrimonio contratado / Romance / Completas
Popularitas:6.3k
Nilai: 5
nombre de autor: SIKEVALEN

Natalia tiene 25 años y es la exitosa CEO de un prestigioso bufete de abogados en Londres. Sin embargo, su imperio de cristal esconde un pasado oscuro: huyó de Zúrich para escapar de un matrimonio forzado impuesto por su multimillonario y arcaico padre. Cuando el patriarca la localiza y le lanza un ultimátum económico para arrastrarla de vuelta a Suiza, Natalia y su mejor amiga diseñan una solución desesperada: contratar a un marido de alquiler para blindarse legalmente.
Lo que Natalia no imagina es que el candidato enviado en secreto por su hermano es Óscar Alexander Sterling, su primer amor de la adolescencia. Nueve años de separación lo han transformado de un chico desgarbado con gafas en un imponente, musculado y sofisticado ingeniero naval. Ella no lo reconoce, y él decide ocultar su identidad para protegerla. Encerrados en una convivencia forzada dentro de un ático de una sola habitación, la pasión y los roces domésticos no tardarán en estallar.

NovelToon tiene autorización de SIKEVALEN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPITULO 14 EL RASTRO DEL TIBURON

El despacho principal de los astilleros de Zúrich seguía siendo el mismo templo de frialdad. Las paredes recubiertas de madera de nogal, los modelos a escala de los yates de lujo más caros del mundo protegidos por vitrinas de cristal y el gran ventanal con vistas al lago componían el entorno perfecto para un hombre que no entendía de sentimientos, sino de balances económicos.

Allí, sentado tras su imponente escritorio, Arthur mantenía la vista fija en una carpeta de cuero marrón que acababa de recibir de manos de su jefe de seguridad. Habían pasado cuatro largos años desde que su mercancía más valiosa —su propia hija— se había esfumado de Ginebra sin dejar rastro, rompiendo un acuerdo comercial millonario y dejando su orgullo de patriarca herido ante la élite de la ciudad. Cuatro años en los que Arthur no había escatimado en gastos, contratando a los mejores investigadores privados de Europa para buscar a Natalia hasta debajo de las piedras.

—¿Está completamente confirmado? —preguntó Arthur, con una voz grave que hizo eco en el silencio del despacho.

—Absolutamente, señor —respondió el jefe de seguridad, un hombre de traje oscuro que permanecía de pie con una postura rígida—. Nos costó rastrearla porque se cuidó mucho de no usar sus cuentas bancarias originales ni su apellido en los registros públicos de fácil acceso. Pero la firma de abogados que abrió en Londres ha ganado demasiada relevancia en la City este último año. Su socia se llama María, la misma compañera con la que coincidió en la Facultad de Derecho de Ginebra. Cruzamos los datos fiscales y los rasgos faciales de las cámaras de seguridad del edificio. Es ella. Natalia es la CEO de la firma.

Arthur abrió la carpeta. La primera página mostraba una fotografía reciente de Natalia. Salía cruzando una calle de Londres, vistiendo un traje de sastre impecable, con el cabello recogido y una mirada de absoluta seguridad mientras sostenía un maletín de piel. Ya no era la niña indefensa que él había enviado al internado en la frontera; era una mujer hecha y derecha, una alta ejecutiva que miraba al mundo de frente.

Un destello de furia, mezclado con una retorcida sensación de posesión, cruzó los ojos grises del magnate.

—Mírala... —susurró Arthur, apretando los dientes mientras sus dedos golpeaban el escritorio de forma rítmica, imitando el tic que tantas veces había aterrorizado a Natalia cuando era niña—. Cuatro años escondida en el Reino Unido, jugando a ser empresaria con el dinero que me robó y la educación que yo le pagué. Se cree muy lista. Cree que por haber cruzado el canal de la Mancha y haber puesto su nombre en un cartel de cristal se ha librado de sus obligaciones de sangre.

—Señor, la firma de su hija es muy respetada en el sector corporativo británico —advirtió el empleado con prudencia—. Tiene clientes de mucho peso y está totalmente blindada por las leyes locales. No será fácil realizar un movimiento legal directo contra sus activos sin levantar un escándalo internacional.

—No me importan sus leyes británicas ni su estúpido bufete —escupió Arthur, poniéndose de pie con brusquedad y caminando hacia el ventanal que daba al lago de Zúrich—. Natalia no es un individuo libre; es mi hija, lleva mi apellido y tiene un contrato matrimonial firmado desde el día en que nació con la empresa automotriz más grande de esta ciudad. Esa alianza es la clave para la expansión de mis astilleros. El padre de su prometido lleva cuatro años exigiéndome que cumpla con mi palabra, y no voy a permitir que una mocosa insolente destruya mi reputación comercial.

Arthur se giró, revelando un rostro endurecido por la rabia acumulada durante casi una década de rebeldía filial.

—Prepara el avión privado para mañana por la mañana —ordenó, mirando fijamente a su jefe de seguridad—. Voy a viajar a Londres personalmente. Quiero la dirección exacta de su torre de oficinas y los horarios de su personal. No voy a mandar a ningún abogado ni a ningún intermediario a hacer mi trabajo. Yo mismo iré a su preciado despacho, la miraré a los ojos y le haré entender que el juego se ha terminado. La arrastraré de vuelta a Zúrich, así tenga que usar la fuerza o destruir su bufete pieza por pieza. Va a cumplir con esa boda convenida, aunque sea lo último que haga en esta vida.

Mientras tanto, a ochocientos kilómetros de distancia, en la planta veinticuatro de la torre de cristal de Londres, yo continuaba con mi jornada laboral ajena a la tormenta que se estaba gestando en los Alpes. Había pasado la tarde revisando las actas de la junta de accionistas del caso de Victoria Croft y coordinando las reuniones de la semana siguiente. El éxito de la firma era innegable, y la sensación de control sobre mi vida me daba una paz que saboreaba con cada sorbo de café.

María entró en mi despacho con un montón de carpetas bajo el brazo, interrumpiendo mi lectura con su energía habitual.

—Bueno, jefa, todo el papeleo de la Croft está archivado y enviado al registro —anunció, dejándose caer en la silla frente a mí—. Hemos ganado otra batalla. Deberíamos cerrar ya por hoy e ir a cenar algo. Te estás convirtiendo en un mueble más de esta oficina.

—Solo un par de correos más, María, y nos vamos —respondí, sonriéndole sin levantar la vista de la pantalla—. Quiero dejar el lunes totalmente despejado.

—Eso dices siempre y terminas saliendo de aquí a las diez de la noche —se quejó ella con tono burlón, cruzándose de brazos—. En serio, Natalia, relaja un poco el ritmo. Ya tienes veinticinco años, el bufete va de maravilla y tu padre es solo un mal recuerdo en un mapa lejano. Estás a salvo aquí. Nadie puede tocarte en Londres.

Miré a mi mejor amiga y asentí de forma autómata, obligándome a creer en sus palabras. Apagué el ordenador, recogí mis cosas y guardé mi pluma en el cajón de seguridad, pasando los dedos una vez más por el terciopelo donde descansaba la llave de plata de Óscar. María tenía razón. Estaba en mi imperio, rodeada de mis leyes y de mi propio éxito. Era una CEO respetada y autónoma.

Sin embargo, cuando salimos del edificio y el ascensor nos dejó en el vestíbulo principal, un frío repentino me recorrió la espalda. Al cruzar las puertas giratorias hacia la calle lluviosa, me pareció ver un coche negro con matrícula extranjera estacionado en la esquina opuesta, con un hombre en el asiento del conductor que nos observaba con demasiada fijeza. Me ajusté el abrigo, intentando restarle importancia y convenciéndome de que era solo la paranoia habitual que me acompañaba desde mi huida de Ginebra. No podía imaginar que el rastro del tiburón ya había llegado hasta mi nido de cristal, y que el hombre que había vendido mi vida antes de que yo supiera hablar estaba a punto de cruzar las fronteras para reclamar su propiedad.

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Maria del Carmen Herrera
Una linda historia de amor, de sueños, de superación. Bien narrada. Me gustó! Gracias autora por brindarnos este material! Adelante!!
Adiana Navas
muy linda historiae enamoró
Maria del Carmen Herrera
Lindo capítulo 💕
Shony Zatarain
excelente 🌹
Monica R Briseño
Excelente y maravillosa novela, sin matadero y maldad, solo un padre que quiso someter a sus hijos a sus decisiones, sin importar lo que ellos querían, los hermanos apoyándose mutuamente....
Felicidades autora que sigan los éxitos!!! ☺️
Yolanda Vaca
Dicen 17 años y ella tiene 25 años y según la novela se firmó ese contrato cuando nació!!!
Maria del Carmen Herrera
Humm...ya sé...es ficción...Perooo...algo de cordura... La salida del problema no impediría que el padre, frustrado por no poder llevar a cabo su plan, igualmente destruya el prestigio de su buffet, aunque sea temporalmente. Solo por venganza
Eva Sirena
Enhorabuena de lo mejor que he leido, gran temática, buena redacción y se entiende perfectamente su drama. Muchas gracias y siga así
Helizahira Cohen
interesante una trama sencilla, pero ese padre es de lo último como es capaz de esa locura
Perla Arbos
Hermosa historia!!!. Felicitaciones!!!
Hiradia Cohen
Yo no puedo creer que ella ni el tono de voz le parezca conocido al menos algún rasgos se que son 9 años pero la voz sigue siendo la misma tengo 72 años y es mi misma voz físicamente uno puede cambiar algo pero no como para no reconocer nada
Helizahira Cohen
Va muy interesante y vi que es corta
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