Cinco años atrás, Agustina perdió al amor de su vida. Hoy, Louis ha regresado.
Lo que él no sabe es que tiene un hijo.
Y acaba de salvarlo.
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No voy a permitirlo
—Yo no soy ningún tomatito —respondió Agustina, seria.
—Vamos, quédate. Mira, yo dormiré aquí, en el sofá, y mañana te vas —insistió Louis.
Agustina soltó un suspiro. Ya eran las dos de la mañana y Cristian no iba a estar en casa.
—Está bien...
Dejó su cartera a un lado.
Louis sonrió y la acompañó hasta la habitación.
—Aquí es. La habitación es bonita, ¿verdad? —comentó entre risas.
—Sí, es muy linda... Seguro que a tu esposa le va a gustar mucho.
Agustina se sentó en la cama.
—Bueno, digamos que no mucho. Ella todavía no quiere venir a vivir aquí —respondió Louis, sonriendo.
—Vi una foto de ella. Es bonita.
—Sí, pero nunca se va a comparar contigo.
Agustina lo miró de reojo.
—Sí, claro. ¿También habías pensado eso antes?
Se acomodó en la cama y apartó la mirada.
—Hasta mañana.
Louis solamente la observó, triste.
Luego salió de la habitación, se dirigió al sofá y se acostó. Miró el techo durante unos segundos, sonrió y cerró los ojos.
—Mi familia... —murmuró antes de quedarse dormido.
Al día siguiente
Agustina se despertó al sentir un delicioso olor.
—Mmm... —bostezó.
Salió de la habitación mientras se frotaba los ojos.
—¿Cristian? ¿Qué estás haciendo? —preguntó, todavía adormilada.
Entonces se dio cuenta de dónde estaba.
En la casa de Louis.
Antes de que pudiera decir algo más, Leo corrió hacia ella y le tomó la mano.
—¡Buenos días, mami!
El pequeño la llevó hasta una silla y la ayudó a sentarse.
—Aquí, mami. Papá hizo panqueques con mucha miel —anunció, feliz.
—Sí, hijo —confirmó Louis con una sonrisa.
Después, le acercó una taza de café a Agustina.
—Gracias —respondió ella, sonriendo.
Agustina tomó un sorbo y luego miró a Louis.
—Louis, ¿y el trabajo? escuché que tú suegro quiere que vuelvas rápido.
— Lo que sucede es que mi suegro quiere que atienda algunas cosas. Hay pacientes que necesitan un tratamiento especial, algo así como V. I. P.
Louis continuó comiendo.
Leo levantó la mirada, confundido.
—Papá, ¿qué tienen que ver los fans de BIGBANG con el hospital?
Louis soltó una carcajada.
—No, hijo. V. I. P. significa que son personas que pagan una obra social especial.
—Ah... —Leo asintió, aunque todavía parecía confundido.
Agustina sonrió y volvió a mirar a Louis.
—Oye, ¿y tu suegro es bueno?
Louis se quedó pensativo.
—En verdad, no sé mucho de él. Mi esposa lo adora. También tiene un hermano, pero él nunca está. Se llama Marcos. Aunque, no sé... nunca lo vi.
Agustina alzó las cejas.
—¿Y el día de tu boda tampoco lo viste?
—No. Me casé por civil y nada más. Fue así porque ella quiso.
Agustina bajó la mirada.
Cada vez que Louis hablaba de su esposa, notaba que lo hacía con cierta indiferencia. Como si aquel matrimonio no significara demasiado para él.
Después, volvió a preguntarle:
—¿Y tu hija? Es raro que no esté aquí.
—Ah, eso... Ella es pequeña. Todavía no entiende bien las cosas. Además, su mamá la lleva de un lado a otro —explicó Louis con un suspiro.
Mientras tanto, con Carolina
Carolina había ido al hospital donde trabajaba Kevin, el amigo de Louis.
Entró en su consultorio sin tocar.
—Pase... —murmuró Kevin, serio, mientras anotaba algo.
Carolina apareció con una sonrisa.
—Hola, Kevin.
Kevin levantó la mirada y frunció el ceño.
—Ay, no. Ya vino la niña de papá a molestarme.
—¿Por qué tan malo? Somos amigos desde la infancia —respondió ella entre risas.
—¿Amigos? Dejamos de serlo hace un montón.
Carolina ignoró el comentario y se acercó a su escritorio.
—Bueno, iré al grano. ¿Sabes algo sobre el hijo de Louis?
Kevin soltó una risa y dejó de escribir.
—Sabía que ibas a preguntar eso. La niña rica no podía quedarse tranquila.
Carolina lo miró con firmeza.
—Claro que me voy a meter. Tú sabes que Louis y yo nos amamos.
Kevin rio con incredulidad.
—¿Amarse? Tú lo perseguías. Yo solamente te lo presenté como mi amigo.
—Bueno, ya está. Claro que me voy a meter. Yo le di el lugar que tiene. Le pedí a mi papá que se lo diera. Aunque no niego que, con sus dotes, seguramente habría podido conseguirlo solo... pero conmigo tuvo más oportunidades.
Carolina sonrió con orgullo.
Kevin la observó en silencio.
—¿Y qué pasa si tiene otro hijo? Por lo menos se está haciendo cargo de él.
Carolina apretó los labios.
—Sí, tiene que ver conmigo. Toda mi vida soñé con un príncipe como él. Tuvimos a nuestra hija y nos casamos muy pronto. Ahora haré una gran boda para que todos sepan con quién está casado.
Kevin apoyó los brazos sobre el escritorio.
—Ve al punto. ¿Por qué sigues aquí? No te soporto.
Carolina lo miró con disgusto.
—No voy a aceptar que una cualquiera venga a quitarme a mi esposo, mi dinero y mi familia por un hijo de quién sabe quién. Ya veremos qué sucede cuando salga la prueba de ADN.
Se puso de pie con firmeza.
—Ya verá Louis que ser amable le va a salir caro.
Tomó su cartera.
—Iré a la casa a ver a mi esposo y al niño.
Carolina salió del consultorio.
Kevin se dejó caer contra el respaldo de su silla.
—Por fin se fue...
Miró el techo y soltó un suspiro.
—Maldita niña mimada.
Después volvió a escribir, aunque una pregunta no dejaba de rondarle la cabeza.
—¿Cómo puede estar con ella después de todo lo que pasó aquella vez?
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En la casa de Louis
Agustina estaba a punto de irse.
Había tomado su cartera y se dirigía hacia la puerta cuando Louis la alcanzó y le tomó la mano.
—¿Qué pasa? ¿Tienes alguna duda sobre Leo? —preguntó ella, curiosa.
Louis negó con la cabeza.
—No. Solo quería saber si podías quedarte.
Agustina lo miró con seriedad.
—No. Ya te dije que está mal. Además, tienes que estar con tu hijo.
Louis bajó la mirada y terminó soltándole la mano.
En ese momento, Agustina abrió la puerta.
Al otro lado estaban Carolina y la pequeña Erica.
Carolina miró a Agustina de arriba abajo, claramente celosa.
—¿Y tú quién eres?
Agustina se quedó callada.
Antes de que pudiera responder, Louis intervino.
—Es la mamá de mi hijo.
Agustina respiró hondo y extendió la mano.
—Sí. Mucho gusto. Agustina Torres. Vine porque Leo estaba mal.
Carolina observó su mano, pero no la estrechó.
—Entonces, ¿ya se va el niño? —preguntó con una falsa expresión de tristeza—. Yo quería conocer a mi hijastro.
Louis frunció el ceño.
—Espera... ¿qué?
—Si el niño se siente mal, tiene que estar con su mamá —respondió Carolina, sonriendo.
En ese momento, Erica señaló a Agustina.
—Bonita.
Carolina se puso seria.
—¿Y el niño? —preguntó, mirando hacia el interior de la casa—. ¿Por qué está la mamá aquí y el niño no?
Antes de que alguien pudiera responder, Leo apareció corriendo.
—¡Papi! ¡Mami! ¿Ya se van?
Al ver a Carolina, se detuvo.
—Señorita, hola. Soy Leo Torres.
Carolina entró a la casa con Erica en brazos.
—Hola, Leo. Yo soy Carolina Wilson y ella es mi hija, Erica Adams.
Leo miró a la pequeña con curiosidad.
—Hola. Soy Leo. Soy tu hermano mayor.
El niño extendió la mano para tocar a Erica, pero Carolina se la apartó.
—Ten cuidado. Es muy frágil. Además, serás su hermano mayor cuando salgan las pruebas de ADN.
Agustina se quedó completamente seria.
—¡Leo! —lo llamó mientras tomaba su cartera—. Agarra tus cosas.
El pequeño asintió, confundido.
Fue por sus pertenencias y regresó junto a su madre.
Sin entender qué había ocurrido, Louis salió detrás de ellos.
Una vez afuera, miró a Agustina con preocupación.
—¿Qué pasó? ¿Leo no se va a quedar?
Ella negó con la cabeza.
—No. Ya fue suficiente. No voy a permitir que le hagan comentarios pasivo-agresivos a mi hijo.
Louis permaneció callado.
Después de unos segundos, aceptó su decisión.